La familia, en esta España degradada y sometida a una pésima clase dirigente, empeñada en demoler la prosperidad, los valores y la convivencia, es el principal motivo de esperanza para los demócratas y la gente de bien, del mismo modo que el aleccionador espectaculo del mas de medio millon de españoles que, con sus hijos y nietos, llenaron la plaza de Colón de Madrid, el pasado dia 28, soportando el frío gélido, constituye todo un hermoso símbolo de que existe una parte sana de la sociedad española dispuesta a resistir.
Si la "resistencia" está plasmada en el medio millón de españoles congregados en Colón para defender la institución de la familia, la "demolición" y el mal estilo de gobierno están representados "magistralmente" por la figura de Fernando Moraleda, miembro del "sequito" de Zapatero, cuando dijo recientemente en las Cortes que "si quieres tener más hijos, te jodes".
España, como casi siempre, se encuentra dividida, pero hoy la división es más palpable, hiriente y desquiciada que en otras etapas de su historia, una división estúpida y crispada que se parece cada día más a la que llevó a España hasta la ruina durante la II República, en vísperas del capítulo bochornoso de nuestra guerra civil, un episodio siniestro que sólo es achacable al mal gobierno y al déficit de solvencia y ética que el liderazgo español padece hoy y ha padecido durante nueve de cada díez momentos de su larga historia.
En la víspera del "Dia de los Inocentes", el presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, dio su "inocentada" a los españoles al dirigirse a los pobres, desempleados y descamisados de España, las principales víctimas de su mala gestión, para pedirles que confien en el gobierno y que, por muy mal que vengan las cosas, el Estado cuidará de ellos.
Zapatero dijo: "Quiero decir a las personas que han perdido su empleo que el Gobierno está pensando en ellos y trabajando para ellos". y agregó que a quienes tienen la "angustia" de haber perdido su empleo, "les quiero decir que tenemos un sistema de protección por desempleo que garantiza por dos, catorce o dieciséis meses una renta", y además si la evolución de la actividad económica "nos pusiera en más dificultades, el Gobierno será sensible a esta situación".
Al contemplar el espectáculo esperpéntico del causante de los grandes males convenciendo a sus víctimas de que, aunque perdieran el trabajo y la dignidad, "Papá Estado" los cuidaría, sentí una profunda pena y dolor al comprender que el desarrollo y la riqueza de los últimos años no han conseguido cambiar una sociedad española semianalfabeta que siempre ha admirado a los "señoritos" y "caciques" y que, históricamente, adoró a sus peores verdugos y castigó a sus mecenas y salvadores.
Pero lo mas triste del deprimente espectáculo es que Zapatero parecía feliz al proyectar la imagen de un Estado consolador, paternal y absurdo que, después de arruinar a los ciudadanos y de arrebatarles la dignidad que sólo da el trabajo libre, justifica su nefasto papel porque los acoge con subsidios y limosnas miserables.
Pero la parte más triste y deprimente del espectáculo es saber de antemano que esas víctimas a las que Zapatero daba la "inocentada", en lugar de rebelarse porque ni siquiera poseen ya un puesto de trabajo donde ganarse la vida con dignidad, seguirán actuando como borregos sometidos y votando en las urnas al mismo lobo que les subyuga y devora.
El 30 aniversario de la Constitución y el final del 2008 han sorprendido a España en un momento especialmente difícil de su historia, inmersa en un grave proceso de deterioro democrático y de desmoralización de la sociedad, donde los ciudadanos desconfían en sus dirigentes y de un sistema cada día más sospechoso de corrupción y de estar sustentado en la mentira y el engaño.
Los políticos españoles no son conscientes del peligro que están asumiendo ni de la gravedad que encierra el que los ciudadanos estén dejando de confiar en el poder. La confianza es la base de la política y de la economía y sin confianza sólo queda espacio para el caos y la degradación. En España, el rearme moral y la reforma del liderazgo son ya tan urgentes como la recuperación de la economía.
Lo más grave de la actual crisis económica es que ha disparado la desconfianza y el recelo de los ciudadanos frente al poder. El avance de la pobreza ha provocado que los ciudadanos pierdan la escasa confianza que tenían en sus dirigentes. El espectáculo de la corrupción política, la inflación de mentiras y engaños que se lanzan sobre la sociedad desde el gobierno y los partidos políticos y el fracaso general en la conducción de una España, antes próspera y pujante, que avanza ahora, con paso firme, hacia la pobreza, han convertido al español medio en un ser políticamente frustrado, preso de la desilusión y descontento con el liderazgo que soporta y padece.
Ese ciudadano, inmerso en un acelerado proceso de divorcio con sus líderes, ya apenas cree en sus políticos, ni en las grandes instituciones del Estado, ni en la Justicia, ni el sistema, al que ya em¡pieza a percibir como cualquier cosa menos una democracia.
En su reciente balance sobre la situación económica, Zapatero ha mentido de nuevo y lo ha hecho ante todo el pueblo español, sin sentir vergüenza, demostrando que la necesidad más urgente de España es el rearme ético de su liderazgo. Refiriéndose a España y a la crisis, ha dicho que "la tempestad es fuerte, pero tenemos un barco muy sólido", ignorando algo que es obvio y patente: que España es hoy cualquier cosa menos un barco sólido. Mas bien parece un cascarón a la deriva en un mar embravecido, con el timón en manos de un grumete iluminado.
¿Donde está la solidez de España? ¿Es sólida por la cohesión, hecha añicos por el nacionalismo insolidario y separatista, alimentado de manera insensata por el propio Zapatero, sin otro fin que mantenerse en el poder? ¿Es sólida España por su economía, desarbolada, poco competitiva y en recesión, capaz sólo de fabricar desempleados y pobres, especializada únicamente en proveer clientela para los comedores de Cáritas? ¿Es sólida por su democracia, una de las de peor calidad en el mundo desarrollado, divorciada de los ciudadanos, con la Justicia politizada y convertida, por obra de los políticos, en una oligocracia que actúa como una dictadura legalizada por las urnas? ¿Nos viene la solidez por la confianza, destruida y despedazada por el mal gobierno, con unos ciudadanos que se fían menos de sus dirigentes políticos que de los banqueros y que, según las encuestas, no perciben ni una ráfaga de esperanza en el horizonte? ¿Acaso la solidez que menciona Zapatero se deriva del liderazgo político, lamentable y dañino, que está llevando a España hacia la ruina tras destruir la convivencia, la cohesión, la competitividad, el sistema educativo, la igualdad entre las distintas regiones y pueblos, los grandes valores y la armonía?
Algunos creen que la epidemia más destructiva de la historia humana y el motivo principal de las muchas desgracias del hombre ha sido la guerra, causante de cientos de millones de muertos, más de cien millones sólo en el siglo XX; otros creen que fue el totalitarismo, encarnado en fantasmas como la tiranía, el absolutismo, la plaga asesina bolchevique y el totalitarismo enloquecido nazi y fascista, culpables de opresión y de exterminios ideológicos y culturales masivos; otros señalan al egoismo, el odio y la violencia como las plagas humanas que nos han llevado al desastre.
Nosotros creemos que el virus más letal y dañino de la Historia ha sido el mal gobierno, el verdadero causante de la guerra, del hambre, de la violencia, la injusticia y casi la totalidad de los males de la raza humana.
El mayor drama de la historia humana ha sido el fracaso del liderazgo y de los políticos, que, a pesar de contar con todo el poder, los privilegios y los recursos, han sido incapaces de cumplir con su misión de mejorar el mundo y de solucionar los grandes problemas de la Humanidad.
Si alguien duda de esta tesis que señala al gobierno como el principal causante de los males del hombre, que analice cómo está siendo gestionada la actual crisis, una de las peores de la Historia, y comprobará toda la injusticia y la ineficiencia del poder, intervencionista, parcial, inepto e incapaz de atajar el mal, arbitrario a la hora de repartir los recursos comunes, que están siendo desviados hacia la banca y la gran empresa, dejando desamparados a las pequeñas y medianas empresas y a las familias y ciudadanos, mientras que los líderes de la comunidad exhiben su blindaje ante el drama colectivo subiendose sus sueldos, asegurando sus cargos e incrementando sus privilegios, que ya antes eran hirientes e injustos.
Creemos que Zapatero "NO" bajará los impuestos porque el presidente sólo cree en las recetas del socialismo desfasado. Él es un aprendiz de brujo, próximo a esas fuentes autoritarias que sólo creen en el Estado y que, en el fondo, desprecian la libertad del mercado y la capacidad de los ciudadanos para pensar y tomar decisiones. Zapatero, al igual que Lenin, Fidel y otros socialistas empedernidos, cree que el mundo debe ser gobernado por una élite profesional preparada para el liderazgo y que las masas deben mantenerse al margen del proceso de toma de decisiones.
Nosotros, los demócratas, creemos justamente lo contrario.
Ante un año 2009 que amenaza con ser "muy malo", Dominique Strauss-Kahn, el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha pedido públicamente a los gobiernos de todos los países que impulsen políticas de estímulo fiscal para que la crisis económica no empeore. La mayoría de los gobiernos del mundo ya han emprendido esa ruta y están bajando los impuestos, consiguiendo así frenar el desempleo y algunos éxitos en la reactivación del dañado tejido productivo, pero el español Zapatero se niega a hacerlo y ha decidido que todos los recursos de España sean gestionados por los políticos, una casta bajo sospecha que ha demostrado hasta la saciedad su ineptitud para el mando y su profundo déficit ético y democrático.
Zapatero no sólo no baja los impuestos, como están haciendo la mayoría de los paises democráticos y prósperos del mundo, sino que los está subiendo de manera semiclandestina, no deflactando este año el índice de inflación, restando ventajas fiscales al contribuyente, incrementando las tasas municipales, potenciando las inspecciones de hacienda y urbanísticas, en busca de recaudar más por multas y penalizaciones, al mismo tiempo que multiplica por cuatro las multas de tráfico y pone en marcha otras decenas de trucos y mecanismos, todos ellos ideados para arrebatar al ciudadano parte del dinero que conserva en sus bolsillos para trasladarlo al de los políticos.
El socialista Zapatero está volcando casi todos los recursos del Estado en ayudas a los banqueros, a los que sí ha reducido la fiscalidad, y a los grandes capitalistas y empresarios, mientras que hace recaer todo el peso de la crisis sobre los trabajadores, profesionales y las clases medias. Toda una desvergüenza para alguien que se autoproclama "de izquierdas".
Por culpa de las recetas erróneas que administra el presidente del gobierno de España ante la crisis, la economía española marcha hoy peor que las demás de la Europa comunitaria, con más desempleo, más inflación, más cierre de empresas, más pobreza y mas depresión en todas las líneas de producción y creación de riqueza.
El rey de España de dirigió a los españoles, como es costumbre, en la Noche Buena de 2008 y, lamentablemente, perdió una oportunidad de oro para hablar con sinceridad, para afrontar con firmeza y verdad los auténticos problemas de España. Prefirió decir más o menos lo que se esperaba, un discurso que sobrevuela los dramas de España, pero cuidadoso para no herir a la casta política, prudente, para que el ciudadano no se preocupe demasiado, afirmando cosas en las que, probablemente, ni siquiera él cree, verdaderas pamplinas que, en tiempos de zozobra, suenan distantes y alienadas a los demócratas españoles.
Dijo, por ejemplo, que "Gracias a nuestra Constitución, España ha vivido por primera vez treinta años de democracia plena", ignorando que la España en la que él reina, la de la Justicia intervenida por los partidos políticos, la corrupción galopante, los ciudadanos marginados, los partidos políticos insaciables de poder y el despilfarro incontrolado de un poder político que ya ni siquiera conecta con la ciudadanía, está, por desgracia, a años luz de distancia de lo que él llama "democracia plena".
El rey parecía un extraterrestre cuando decía que hay que "tirar del carro en la misma dirección", sin especificar si en la dirección que quiere Cataluña, es decir dos para mí y uno para tí, o en la que quiere el PP, o la que pretende el PSOE, o la que quieren los pocos demócratas que subsisten, o en la dirección que tiran los corruptos. Tanía que haber dicho en qué dirección hay que tirar, pero no se atrevió porque penetrar en el corazón de los problemas puede irritar a los poderes que sostienen a la Corona.
También dijo que hay que "recuperar la confianza", pero no se atrevió a decir que la confianza existía hace apenas unos años, pero hoy la han perdido los españoles porque ya no se fían de sus líderes, ni de sus banqueros, ni del poder político, que les ha demostrado hasta la saciedad su ineptitud, sus mentiras reiteradas, su desprecio por los grandes valores, su baja inclinación hacia lo corrupto, su capacidad de despilfarrar, su elitismo inaceptable, sus subidas semiclandestinas de sueldos en tiempos de crisis, sus coches de lujo, adquiridos mientras cientos de miles de españoles caminan ya hacia los comedores de Cáritas.
La Navidad del 2008 ha sorprendido a España con la conciencia sucia, con una masa creciente de ciudadanos conscientes ya de que su democracia es una cloaca y que está gobernada por una partitocracia cuyas injusticias y abusos quedan sin castigar, sólo porque la ley actual, arbitraria y antidemocrática, está hecha y funciona para beneficiar al poder.
Quizás lo único bueno de esta crisis terrible que padecemos es que está abriendo los ojos a los ciudadanos, que ya empiezan a descubrir que la famosa "democracia" española es un bodrio y que el tan cacareado "progreso" de Zapatero conduce a la indigencia y a los comedores de Cáritas.
Cuando la sociedad era próspera y había dinero para todos, las tropelias y abusos del poder eran soportados por una sociedad cobarde como un mal inevitable. Así, dentro de la opulencia que vivió nuestra sociedad durante la última década, las continuas e injustificadas subidas de sueldos de los políticos, sus tarjetas de crédito ilimitadas, pagadas por todos nosotros, sus coches oficiales de lujo y hasta sus abusos de poder e incansable ineficiencia y torpeza podían soportarse porque todos estábamos insensibilizados por la abundancia.
Pero ahora, cuando la pobreza cubre cada día más la sociedad con su manto negro de tristeza e infelicidad, el abuso de poder, la ostentación de los poderosos y la desigualdad, alimentada a diario desde las alturas del poder político, empiezan a ser percibidos por el ciudadano como delitos que nos avergüenzan, merecedores de castigos ejemplares.
Mientras que los ciudadanos caminan hacia la indigencia, no es tolerable pagar más de once millones de euros (casi 2.000 millones de pesetas) de dinero público a un presunto artista, amigo de Zapatero por pintar con mangueras y brochas gordas la cúpula de la sede de la ONU en Ginebra, como tampoco deben tolerarse las subidas semiclandestinas de sueldos autoaprobadas por muchos políticos españoles, ni el "perdón corporativo" de una justicia polítizada al juez Tirado, responsable de dejar en libertad a un pederasta asesino, ni el castigo desproporcionado impuesto a Calamita, juez de Murcia, que cometió el error de enfrentarse al poderoso lobby gay, incrustado en el poder, al retrasar una adopción por parte de una pareja de lesbianas.
En tiempos de crisis, cuando la mayoría de los españoles padecen los zarpazos del desempleo y la pobreza, no deberían tolerarse los abusos del poder y las muchas injusticias lacerantes que protagonizan los reyezuelos de la política española, tanto desde la Administración central como desde las taifas regionales y municipales.
Algún dia, cuando la ciudadanía española se sacuda la espantosa cobardía que la paraliza y haya conseguido dignificar la política e instaurar una democracia de ciudadanos, serán considerados delitos los actuales abusos del poder.
Ojalá ese momento llegue pronto porque el hedor que despide la España pública es ya insoportable.
Imagen de www.lakodorniz.com
El gobierno de Bélgica es el primero que cae como consecuencia de la crisis y lo ha hecho por presionar al Tribunal de Apelaciones. Si en España se aplicaran las mismas reglas éticas, el gobierno debería haber dimitido hace meses.
El primer ministro de Bélgica, el democristiano flamenco Yves Leterme, se ha convertido en el primer líder europeo que pierde el poder por causa de la crisis económica en Europa. Y lo hizo no por gestionar mal la crisis en general, sino por presionar al Tribunal de Apelaciones de Bruselas para evitar la paralización de la venta de Fortis.
Si en España se aplicasen las mismas normas éticas y democráticas vigentes en la política belga, el gobierno español, que no necesita presionar a los altos tribunales porque nombra, incluso, a sus miembros, debería haber dimitido hace mucho tiempo.
El Tribunal de Casación belga, similar al Supremo español, concluyó en informe de gran dureza, que hay "indicios serios" de la intervención del Gobierno para presionar a los jueces, lo que provocó un escándalo político que no dejó a Leterme más salida que presentar la dimisión de todo el Ejecutivo ante el rey.
Para países como España, donde las democracias han sido desarboladas y degradadas, lo que convierte a los gobiernos en prácticamente blindados e impunes, lo ocurrido en Bélgica es todo un ejemplo a considerar.
Sus discursos son populistas y se presentan como salvadores de pobres y descamisados, pero en realidad benefician a los ricos. Ningún gobierno español, desde la muerte de Franco, ha ayudado, protegido y privilegiado tanto como el de Zapatero a los grandes capitalistas y banqueros. ¿Cómo es posible explicar esa brutal e injusta constradicción ideológica en un gobierno que se proclama de izquierdas?
El Consejo de Ministros aprobó el pasado 31 de octubre una importante rebaja fiscal a los miembros de las cúpulas de bancos y cajas y a sus familias, sin ni siquiera debatirlo. Algunos ministros conocieron lo que habían aprobado el jueves 18 de diciembre, al leer el periódico "El Mundo", que publicó esa información en exclusiva.
La medida, aprobada con opacidad por un gobierno de izquierdas que debería avergonzarse de los privilegios que otorga al gran capital, a los banqueros y a sus familias, ha sido considerada como 'evidentemente ilegal' por Francisco de la Torre, secretario de la Organización de Inspectores de Hacienda del Estado.
Los privilegios fiscales para banqueros y familiares, nada democráticos no sólo por la forma opaca como se han aprobado sino porque constituyen una ruptura de la igualdad y de la equidad garantizadas a los españoles por la Constitución, son el último capítulo de una larga e inexplicable saga de privilegios, ventajas y apoyos directos del gobierno socialista que preside Zapatero a los banqueros y a los grandes capitalistas españoles.
Parece increíble, pero Zapatero, en teoría un dirigente de izquierdas, pasará a la historia de la España moderna postfranquista como el presidente del gobierno que más protegió y ayudó a los grandes empresarios y capitalistas españoles, incrementando sustancialmente sus millones.
Los amigos de Zapatero, con su ayuda, han conseguido "pelotazos" memorables, algunos de ellos perjudiciales para los intereses españoles y para la salud financiera del país.
Algunos de esos "pelotazos" del pasado fueron:
El gobierno de Bélgica es el primero que cae como consecuencia de la crisis y lo ha hecho por presionar al Tribunal de Apelaciones. Si en España se aplicaran las mismas reglas éticas, el gobierno debería haber dimitido hace meses.
El primer ministro de Bélgica, el democristiano flamenco Yves Leterme, se ha convertido en el primer líder europeo que pierde el poder por causa de la crisis económica en Europa. Y lo hizo no por gestionar mal la crisis en general, sino por presionar al Tribunal de Apelaciones de Bruselas para evitar la paralización de la venta de Fortis.
Si en España se aplicasen las mismas normas éticas y democráticas vigentes en la política belga, el gobierno español, que no necesita presionar a los altos tribunales porque nombra, incluso, a sus miembros, debería haber dimitido hace mucho tiempo.
El Tribunal de Casación belga, similar al Supremo español, concluyó en informe de gran dureza, que hay "indicios serios" de la intervención del Gobierno para presionar a los jueces, lo que provocó un escándalo político que no dejó a Leterme más salida que presentar la dimisión de todo el Ejecutivo ante el rey.
Para países como España, donde las democracias han sido desarboladas y degradadas, lo que convierte a los gobiernos en prácticamente blindados e impunes, lo ocurrido en Bélgica es todo un ejemplo a considerar.
Si la causa de la caída del gobierno belga ha sido su intervención ante una Justicia que debe ser independiente en democracia, los gobiernos españoles, desde el socialista de Felipe González, que decretó la "muerte" de Montesquieu y tuvo la osadía de someter a control los altos tribunales de Justicia, hasta el actual, sin olvidar al de José María Aznar, que reforzó, incluso, el intervencionismo del gobierno, deberían haber dimitido no sólo por interferir, sino por algo todavía más grave: por intervenir hasta el extremo de nombrar a los magistrados y tal vez hasta por controlar la cúspide del sistema español de Justicia.
Existen palabras cargadas de fuerza y significado que expresan acertadamente una situación o una actitud concreta. En Venezuela tienen la palabra "conchupancia", que deberíamos adoptar en España porque expresa mejor que cualquier otra algo que ocurre a diario en nuestra decadente democracia: el contubernio o la "alianza dolosa entre políticos".
El Diccionario de la Real Academia Española registra la palabra "conchupancia" con marca de venezolanismo, y la define como "contubernio", y a renglón seguido precisa que conchupancia es sinónimo de contubernio en la tercera acepción de este vocablo: "alianza vituperable". El estupendo Diccionario de venezolanismos, de María Josefina Tejera (Universidad Central de Venezuela / Academia Venezolana de la Lengua / Fundación Edmundo y Hilde Schnoegass), define el término con más precisión: es una expresión coloquial con el significado de "Contubernio, alianza dolosa, especialmente entre políticos".
Cuando se aprueban casi en secreto ventajas fiscales para los banqueros y sus familias y la sociedad conoce esa aprobación opaca del gobierno mes y medio después, estamos ante una más que probable "conchupancia". Cuando Touriño se compra, con el dinero de los españoles y en tiempos de crisis, un coche de medio millón de euros y, como consecuencia, su partido le reelije como candidato a seguir presidiendo la Xunta, ambas partes están "conchupando", al igual que "conchupan" los muchos alcaldes que recalificaron terrenos de sus amigos, los recaudadores de los distintos partidos y los políticos de diferente pelaje que han cobrado comisiones por favores y se han enriquecido a velocidad de vértigo, sin poder justificar sus cuantiosos ingresos. "Conchupan", entre otros muchos, los que apoyan el abuso de la SGAE cuando cobra el canon por discos vírgenes o por sevillanas del siglo XIX, que están libres de derechos.
En términos populares, la "conchupancia" es un sinónimo de corrupción política y define el acto de chupar o robar del erario público en grupo, como suelen hacerlo los políticos corruptos, que roban amparados por el partido o por un grupo de poder concreto y activo.
Los españoles nos reíamos hace tres décadas, en los años finales del Franquismo y en los primeros de la democracia, de las muchas expresiones latinoamericanas que definían la corrupción o la degradación política, males que en aquella España honrada y esforzada se desconocían y se miraban como pintorescos y ajenos. Nos impresionaba que la policía mexicana "mordiera" y nos reíamos de ese concepto de "mordida", expresión gráfica y potente del cohecho y de la corrupción de la autoridad o del poder público. Nos reímos todavía más de aquella expresión de los periodistas corruptos mexicanos cuando reclamaban "colirio" (dinero) a los jefes de prensa de los ministerios, "para poder ver bien la noticia". Nos carcajeabamos de expresiones tan gráficas y contundentes como "remamahuevos", ofensa que unos políticos lanzaban contra otros.
Aunque cada día resulta más difícil distinguir a la izquierda de la derecha, ya que ambas partes del espectro político practican con idéntico fervor el populismo, el engaño y el culto ciego al voto y al poder, hasta ahora resultaba evidente que dos valores que seguían vinculados a la izquierda, al menos en teoría, eran la igualdad y la solidaridad.
Pero en esta España insólita, tierra de contrastes, paradojas y contradicciones, esa vinculación de la izquierda con lo igualitario y lo solidario también ha saltado por los aires, inaugurandose un cuadro que, probablemente es inédito en el mundo democrático: la derecha defendiendo la redistribución de la riqueza (que beneficia sobre todo a Andalucía y Extremadura) y el PSOE propiciando políticas y aprobando estatutos que benefician al rico frente al pobre (que a su vez vota a los que les perjudican).
Los acontecimientos demuestran que la paradoja española es una realidad: la política del socialismo gobernante ante la crisis parece diseñada para que sean los pequeños empresarios, los pobres y las clases medias las que financien el drama con toda su crudeza, mientras que los ricos, los grandes empresarios y, sobre todo, los banqueros, reciben la protección del Estado en forma de inyecciones de dinero público. El otro gran monumento a la insolidaridad y la desigualdad es el Estatuto de Cataluña, propiciado por los socialistas, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente, Gracias a ese estatuto, Cataluña ha dejado de sufragar el PER y de pagar los distintos fondos solidarios que compensan a las autonomías más pobres de España. Cualquiera que adquiera un producto catalán, debe ser consciente de que los impuestos que paga y las plusvalías que genera contribuyen, exclusivamente, a enriquecer a la ya rica Cataluña.
El resto de las regiones, sobre todo Madrid y Valencia, autonomías prósperas y de más rápido crecimientos, gobernadas por la derecha, asumen la carga de compensar a regiones atrasadas como Andalucía y Extremadura, gobernadas por el PSOE.
Por fortuna para los más atrasados, esa regiones no cuentan, por ahora, con estatutos egoístas e insolidarios como el catalán.
Cosas veredes Sancho amigo. España es toda una paradoja alucinante. En España, a juzgar por la esquizofrenia política y el liderazgo insensato, tiene más sentido dividir la sociedad no en derecha e izquierda, sino en una parte totalitaria y otra escasamente democrática.
Así quedan más claras y evidentes las fronteras, las traiciones y las miserias.
El Fraude Madoff, de más de 50 mil millones de dólares, que ha implicado a inversores, instituciones, empresas y bancos de todo el mundo, es ya el mayor de la historia, pero también el que más interrogantes plantea y el que más perfiles y rasgos oculta, a pesar de que el mundo vive hoy en una pretendida era democrática, donde la transparencia es preceptiva, y también en la "era de la información", donde se supone que la información fluye con más libertad e intensidad.
Al parecer, hay mucho dinero público y de partidos políticos de todo el mundo "atrapados" en la "estafa Madoff", pero ningún gobierno o partido lo ha reconocido en público. El gurú judio neoyorkino era conocido en los círculos mejor informados como "el banquero de los políticos", un rasgo que le otorgaba mayor credibilidad y solvencia ante los incautos.
Otra de las grandes incognitas del caso es cual ha sido el papel de las autoridades reguladoras estatales, cuyo fracaso ha pretendido ocultarse desde el principio de la crisis, pero que, con el escándalo Madoff, ya aparece nítido, hasta el punto de poder afirmarse que los estados han sido por lo menos ineptos, ineficientes y negligentes al no haber cumplido su misión de vigilar, regular y garantizar el funcionamiento del sistema financiero.
La comunidad financiera internacional se pregunta hoy cómo Madoff pudo ocultar el agujero durante tanto tiempo.
Una de las incognitas más inquietantes es saber cómo es posible que los bancos europeos se hayan visto expuestos al fraude. Por lo que hoy se sabe, a diferencia de grandes fortunas particulares, ningún banco invirtió directamente en los fondos de Bernard Madoff. Si existió una implicación indirecta que afecta a dos ámbitos: algunos bancos invirtieron el dinero de sus clientes en sus propios fondos alternativos o especulativos, fondos que a su vez colocaron sumas en los fondos de Madoff. Por otro lado, varias entidades prestaron dinero a los fondos especulativos, quienes lo invirtieron en Bernard Madoff Securities.
La gigantesca estafa piramidal montada por el magnate estadounidense Bernard L. Madoff es la prueba palpable de que los gobiernos han fallado a la hora de controlar las finanzas, como era su deber. Los mecanismos de control y órganos reguladores han fracasado y los gobernantes, a los que el ciudadano otorga poder y paga precisamente para que controle y evite las injusticias y abusos, ni siquiera saben ahora como solucionar el gran caos financiero creado por su ineficacia.
No saben qué hacer. Ante la nueva crisis económica que asola la sociedad mundial, están más desorientados y confusos que los pueblos que gobiernan. Las recetas que aplican, a pesar de ser las más potentes de la Historia y tan costosas que endeudarán a sus países durante décadas, no funcionan. Pero, en lugar de reconocer que tampoco saben solucionar este problema, mienten y engañan a unos ciudadanos cada día más empobrecidos, a los que prometen que pronto saldrán de la depresión.
Winston Churchill, cuando todo parecía perdido para Inglaterra en su lucha solitaria contra la poderosa Alemania de Hitler, habló claro a sus conciudadanos y les dijo … “sólo puedo ofreceros sangre sudor y lágrimas… pero ganaremos". Si nuestros políticos de hoy emplearan la verdad, como hizo Churchill, para afrontar la crisis, los ciudadanos podrían valorar su honradez, pero, al refugiarse en el engaño, ni siquiera merecen respeto.
Al igual que en aquel terrible año 1941, cuando las armas del totalitarismo nazi parecían invencibles, hoy también perece invencible esa crisis económica mundial que fabrica desempleados a ritmo de vértigo y que inunda el mundo con pobreza y angustia. Pero entonces existió un liderazgo honrado y veraz que recurrió a la verdad y al esfuerzo para vencer al drama, mientras que hoy, nuestros políticos, desconocedores del esfuerzo y enfermizamente aficionados al privilegio, solo saben recurrir al engaño y a las falsas promesas.
Tal vez sean más cobardes que ineptos cuando se niegan a reconocer en público que el mundo que han construido durante décadas, basado en la producción y el consumo masivo ha fracasado y que el la secuencia "cunsumir más para producir más" nunca podrá retornar.
La tesis de que el poder político en España se sustenta sobre una peana de falsedades resulta cada día más sólida y convincente. Los engaños y las estafas desde el poder se suceden en España y el denominador común de toda esa maraña truculenta siempre es la mentira, convertida en un invisible pero dominante Superministerio de la Trampa.
La gran estafa piramidal del magnate estadounidense Bernard L. Madoff, cifrada en 50.000 millones de dólares, gracias a la cual ha estafado a decenas de miles de ahorradores de todo el mundo, en su mayoría ricos usuarios de la banca privada, no ha sorprendido ni conmovido a la sociedad española, tristemente acostumbrada a convivir con el engaño y la estafa de los poderosos.
La prensa de hoy en España es un ejemplo palpable y sobrecogedor de lo que es un país dominado por una pirámide de mentiras. Los titutares del escándalo internacional de Madoff comparten portadas con otras estafas "made in Spain" igualmente plagadas de truculencias y despreciables mentiras.
La primera es la protagonizada por la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, que ha intentado ocultar a la opinión pública el hundimiento de uno de los túneles por el que pasará el AVE Madrid-Valencia, ocurrido el pasado martes, que, por suerte, sólo sepultó a varios camiones pero que podría haber causado un alto número de víctimas. Ese asunto, de alto interés para la sociedad, sólo ha salido a la luz pública porque se enteró un periódico y lo publicó.
La otra está también protagonizada por otro ministro del gobierno, esta vez el de Trabajo, Celestino Corbacho, que, para ocultar la sangría de bajas que se está produciendo en la Seguridad Social, está inscribiendo a jóvenes menores, como si fueran trabajadores, algo que no está claro que sea legal.
Pero el pueblo español, acostumbrado a las mentiras del poder, ni siquiera parece escandalizado. La causa de la indeferencia española ante la estafa quizás resida en que el actual gobierno ganó las últimas elecciones montado sobre la cresta de una gran mentira, negendo una y otra vez la existencia de una crisis que ya causaba estragos en la economía española. Votar y otorgar el poder a un partido que miente constituye una responsabilidad colectiva y un triste mérito para los electores españoles, que tal vez les impida reclamar ahora, cuando está siendo bombardeado a diario por nuevas estafas y engaños.
Nuevamente se falsea la realidad desde el poder. El verdadero debate no es entre Estado y Mercado, sino entre Estado e Individuo. Con ese falso debate, la propaganda gubernamental oculta la vergüenza que representa, para un gobierno que se autoproclama democrático la existencia de un conflicto serio entre el Estado y el ciudadano. Ese conflicto, filosóficamente imposible entre una verdadera democracia y sus ciudadanos, dueños de la soberanía, es la prueba irrefutable de que la democracia ya no existe en España y que el poder ha sido tomado por un sistema oligárquico indigno.
El aparato de propaganda del PSOE, con Pepiño Blanco al frente, asegura que las posiciones y propuestas españolas frente a la crisis están obteniendo aceptación y éxito entre los países europeos y Estados Unidos, incluyendo la importante cumbre de Washington, donde, según la propaganda gubernamental española, la principal conclusión fue que hace falta más Estado y menos Mercado. La tesis es falsa y, como suele ser habitual en la política española, está destinada a engañar a la sociedad. En Washington se decidió justo lo contrario: que había que estimular el tejido productivo mediante rebajas fiscales e inyeciones de dinero que debían llegar a las pequeñas empresas y a las familias.
La "maniobra" propagandística desvela con claridad meridiana los rasgos oligárquicos y antidemocráticos del poder político en España.
Ayer, Diaz Ferrán, máximo representante de los empresarios españoles, reclamó a Zapatero que el dinero que el gobierno emplea para hacer frente a la crisis no está llegando a las empresas pequeñas y medianas, ni a las familias, mientras que la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, calificó la opaca entrega masiva de dinero a los bancos por parte del gobierno como un "escándalo" intolerable y habló de que esa enorme masa de dinero representa una deuda de un millón de las antiguas pesetas para cada español, incluyendo a los ancianos, parados, viudas y a la cada día más nutrida legión de los pobres y desamparados.
Pese al drama que supone endeudar a las próximas tres generaciones de españoles, los partidarios del intervencionismo y de engordar todavía más al Estado no renuncian a su lucha y no aflojan su presión sobre la garganta de la libertad. En un nuevo engaño a los ciudadanos, se está vendiendo la existencia de un falso debate entre Estado y Mercado, cuando en realidad lo que se está librando es una nueva pugna entre las dos fuerzas claves de la Civilización, que no han cesado de enfrentarse a lo largo de la Historia: la opresión y la libertad.
Publicamos hoy el artículo de Javierito, un lector-colaborador de Voto en Blanco, seleccionado por su interés y fuerza:
El problema de España es que jamás en toda su historia ha tenido una democracia. Siempre hemos estado oscilando entre la dictadura y la partitocracia, que no es otra cosa que un interregno entre dictadura y democracia. Es un estado intermedio donde hay algunas libertades, como la de expresión, pero donde los profesionales de la política ejercen una verdadera dictadura de intereses, los del partido de turno y los que les apoyan, donde la participación de los ciudadanos en los asuntos de la polis está cercana a cero, limitándose a elegir al amo que mejor les seduce, para pastorearle, es decir, para decirle en todo momento lo que tiene que hacer, decir, pensar, comer, etc.
La Constitución española se ha demostrado nefasta, principalmente porque consagra la dictadura de partidos y porque ha montado un tinglado ruinoso, disparatado, que hace a España inviable: las autonomías. Lo peor de todo es que los “paganos” de toda esta demencia somos la sufrida clase media, auténtico sostén del inmenso despilfarro que supone este Estado y su casta. Lo más triste es que la mayoría de la gente al votar en este sistema, da un cheque en blanco a lo que muy acertadamente Enrique de Diego llama “Casta Parasitaria”, es decir, toda esa inmensa colección de políticos profesionales, sindicalistas, subvencionados, asesores (ni todos los países del mundo juntos creo que se acerquen a la cifra de los enchufados que soportamos aquí) y otras hierbas.
Hay que rescatar algunas de las cosas buenas que tenía la dictadura de Franco para sacar a España de la ruina a la que la conducen los políticos profesionales. Me estoy refiriendo a su Estado minúsculo, diminuto, donde casi no había impuestos. Ni alcaldes ni concejales cobraban un duro. Se me dirá que trincaban de otra forma, efectivamente, igual que ahora, pero con el agravante de que ahora el trinque es infinitamente superior y los sueldos astronómicos. Y no solo eso, disponen de fastuosas flotas de cochazos que cuestan más allá de lo imaginable por un mortal. Ejemplo, el progre del PP, Gallardón, circula por ahí con un coche de 100 millones de ptas. Este chico es tan valioso que no podemos permitirnos perderlo bajo ninguna circunstancia. Qué sería de nosotros sin su luminosa conducción del ayuntamiento de Madrid al que ha endeudado en un billón de ptas. Pronto se irá a otro puesto y ahí quedará la deuda, a pagar por los nietos de los actuales ciudadanos. ¡Pero qué fácil se gasta el dinero de los demás!.
Las revueltas callejeras de Grecia no remiten y se reproducen cada noche, contagiando ya a otras sociedades europeas. No son la respuesta airada al asesinato del joven Alexandros Grigoropulos, de 15 años, por el disparo de un policía, sino la rebelión de los jóvenes, convertidos en vanguardia de la sociedad, contra la injusticia y la falta de horizontes y de esperanzas, frutos de un estilo falso y estafador de hacer política en paises que, sin merecerlo, se autoproclaman "demócratas".
La rebelión de los jóvenes griegos no debe entenderse como una reacción violenta al abuso policial que constituyó el asesinato del joven Grigoropulos, sino como un brote de indignación y de rechazo frente a la lacra del mal gobierno y a una forma bastarda de hacer política en Grecia y en numerosos países del mundo que se autoproclaman democracias, donde los privilegios de la casta política, la corrupción y la ineficacia están abonando el terreno para que los ciudadanos salgan a las calles con la esperanza de expulsar a sus dirigentes del poder.
Los griegos ocupan, desde hace décadas, uno de los últimos vagones del tren de la prosperidad en Europa. Su sociedad empieza a estar desesperada y ha decidido enfrentarse al Estado utilizando el "fuego griego", después de comprobar que es ridículo enfrentarse a los políticos con banderitas y silbatos.
La forma más inteligente de analizar los socesos de Grecia es entendiéndolos como una "tarjeta amarilla" mostrada por los ciudadanos a los políticos que están prostituyendo las democracias en todo el mundo.
La sociedad griega, como muchas otras sociedades del mundo desarrollado, está cansada de que le engañen y le estafen, de los miserables salarios que reciben, de las pésimas condiciones laborales, de la corrupción y del cúmulo de abusos que perpetra la clase política, así como de la inseguridad y de la injusticia que rodea sus vidas, mientras soportan impotentes que sus dirigentes electos, convertidos en una casta elitista, arrogante e inepta, vivan en una burbuja de privilegio, lujo y poder.
Han sido elegidos para que gestionen una empresa llamada Estado, propiedad de los ciudadanos, y se han apropiado de ella, marginando a sus dueños y sometiéndolos a humillaciones y expolios inicuos.
El ciudadano, cansado de ser escoria y de quedar al margen de las decisiones, quiere ser respetado por los políticos a los que paga y empieza a estar dispuesto a conseguirlo en las calles, con su protesta.
Cuanto más culta es una sociedad (y la griega es heredera de una de las culturas más sorprendentes y espectaculares de la Historia) menos dispuesta se siente a seguir siendo estafada por sus dirigentes políticos.
En todas las democracias degradades de Ocidente huele a podrido. Hasta en Estados Unidos, reserva de los demócratas, ha penetrado el lodo de la corrupción. El gobernador del estado de Illinois acaba de ser detenido porque puso en subasta el cargo de senador que dejó libre Barak Obama. En otras latitudes, en teoría democratas, monarcas, políticos, jueces, militares, funcionarios y altos cargos, todos ellos en teoría servidores del Estado y del pueblo que les paga, se hacen ricos a velocidad de vértigo sin que sus ingresos legales lo justifiquen, sin que jamás sufran castigo por sus delitos.
La respuesta es evidente: El PSOE necesita mantener viva a ETA hasta el final de la actual legislatura para firmar entonces la paz con la banda y, empujado por el prestigio de haber terminado con el terrorismo etarra, ganar las próximas elecciones generales, neutralizando así todo el desgaste que le habrá producido el mal gobierno de España y la pésima gestión de la crisis económica.
Zapatero y los suyos estaban en un aprieto ante la propuesta del PP de expulsar a los proetarras de ANV de los 42 ayuntamientos que controlan. Era una propuesta que contaba con el apoyo mayoritario de la opinión pública, pero han encontrado una infantil y poco creible excusa para rechazarla, alegando que el PP tenía que haber consultado antes su propuesta con los socialistas. Al afirmar que hay que acabar con ANV, pero cumpliendo la ley y sin hacer nada de los que después los demócratas tengan que arrepentirse, también han exhibido unos escrúpulos legales que no tuvieron cuando negociaban a escondidas con la banda o cuando apadrinaron la presencia de ANV en esos mismos ayuntamientos, en las pasadas elecciones municipales.
Las excusas son malas y tramposas, pero sirven en España, un país sin apenas ciudadanos libres, poblado por manadas de borregos anestesiados y dominados.
El veto del PSOE en la Junta de Portavoces del Congreso ha obligado a aplazar hasta el próximo periodo de sesiones, en febrero de 2009, el debate abierto por el PP para disolver los 42 consistorios vascos y navarros en los que gobierna ANV-ETA. La clave de la "jugada" está en que, con este retraso, los proetarras podrán cobrar las ayudas que el Ejecutivo socialista va a dar a todos los consistorios de España, lo que supondrá una inyección importante de dinero para los terroristas y sus entornos.
Las cámaras de comercio y las asociaciones empresariales están advirtiendo con preocupación que la crisis económica está disparando entre los jóvenes estudiantes el deseo de ser funcionarios o políticos, mientras que la opción de ser empresario se debilita y retrocede.
El resurgimiento entre los jóvenes españoles del sueño de formar parte del sector improductivo y gastador, integrado mayoritariamente por políticos y cargos de las administraciones públicas, es consecuencia directa del lamentable espectáculo de la España actual, víctima de la crisis: las empresas cierran y los empresarios, trabajadores y profesionales pierden sus empleos, mientras que los funcionarios y los políticos no sólo mantienen sus puestos de trabajo sino que incrementan sus ingresos y privilegios.
Potenciar la parte parásita de la sociedad española a costa de la productiva es una estúpida y suicida política que emana de los partidos políticos y de las administraciones públicas, cuyos privilegios y ventajas cada vez escandalizan más a la ciudadanía. La conclusión para el ciudadano es tan evidente como desoladora: conviene más vivir del presupuesto que producir y crear riqueza.
Es la consagración del principio de que "el que parte y reparte se lleva la mejor parte", una filosofía que está en los cimientos de la corrupción, del abuso del poder y de la ruina de los pueblos.
El asesinato del joven Alexandros Grigoropulos, de 15 años, que resultó muerto el pasado sábado por el disparo de un policía, ha sido sólo el detonante pero no la causa de los disturbios que arrasan Grecia. La violencia desatada es toda una rebelión de los jóvenes contra el estilo falso y estafador de hacer política que está vigente en Grecia, en Europa y en buena parte de ese mundo actual que, sin merecerlo, se autodenomina "demócrata".
La sociedad griega, donde los jóvenes han asumido el papel de vanguardia, está cansada de los miserables salarios, de las pésimas condiciones laborales, de la corrupción y del cúmulo de abusos que perpetra la clase política, así como el sistema económico/finananciero en el que viven.
La brutalidad de la represión policial es sobrecogedora, pero no sirve ya para frenar la rebeldía y el deseo de mejorar de los jóvenes, mientras que las pérdidas causadas por la revuelta superan ya los 150 millones de euros, sin contar los efectos sobre la economía que tendrá la huelga general.
Al gobierno griego no le ha bastado con convertir al policía asesino en el chivo expiatorio de sus errores y carencias democráticas. Desesperados y sin horizonte, la juventud griega ha descubierto que el país necesita un profundo baño de ética y que sólo ellos pueden generarlo con la rebelión.
Se niegan a bajar los impuestos para reactivar la economía deprimida, no quieren conceder una moratoria del IVA a las empresas situadas al borde del abismo y parecen preferir la ruina de España antes que renunciar a sus privilegios e ingresos como "casta" política. Nuestros políticos están decepcionando a la ciudadanía en esta crisis, no porque no sepan hacer frente al drama de la recesión y la pobreza, sino porque están demostrando una despreciable insensibilidad ante el sufrimiento del pueblo y una voracidad recaudadora insensata y dañina.
Los tres millones de parados que ya hay en la antes próspera España no son solo víctimas de la crisis sino también del mal gobierno.
En lugar de facilitar el crédito y bajar los impuestos, única receta garantizada para reactivar la economía y evitar que las empresas cierren en masa y que miles de trabajadores engrosen cada día las filas del desempleo y la pobreza, han decidido que el Estado sea el gran empresario de la nación, el único con dinero en una país acosado por la crisis. Hablan de "Inversión productiva" del Estado, pero ocultan que esa receta nunca ha funcionado y que en los países donde se ha desplegado, en la URSS de Stalin, en la China de Mao o en la Cuna de Fidel, sólo ha generado pobreza, opresión e infelicidad.
Para colmo de males, con el fin de disponer de dinero fresco y abundante, se están endeudando y ya han hipotecado la riqueza de las tres próximas generaciones de españoles. El año próximo sobrepasarán los límites permitidos por la Unión Europea y hasta podríamos ser expulsados del Euro.
El pueblo, sobre todo si está oprimido, es creativo y suele generar frases de gran expresividad y fuerza, que plasma en parcartas y grafittis. En este post hemos seleccionado algunas de las mejores y lo ilustramos con la imagen de un famosa pancarta que desfiló por el centro de la Ciudad de México en junio de 2004, exhibida por ese sufrido pueblo mexicano, que ha tenido que soportar dosis casi letales de políticos y partidos corruptos y antidemocráticos.
Los políticos y los pañales deben cambiarse con frecuencia; ambos por la misma razón
En España tenemos los mejores políticos que el dinero permite comprar
Si quieres que un político trabaje no los reelijas
Errar es de humanos; culpar a los demás es de políticos
Que nos gobiernen las putas porque sus hijos han fracasado
La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos.
En su disputa con Bush, Zapatero ha quedado subcampeón
Vota por el político que menos promete... Será el que menos te decepcione
Si todos prometen y nadie cumple, hay que votar por nadie
Si votar sirviera para cambiar las cosas, no habría elecciones
Si robar es un delito, ¿por qué el gobierno anda suelto?
Si los impuestos son para el pueblo y nosotros somos el pueblo, entonces ¿para qué los pagamos?
Debía ser concejal porque quería pagar la Visa con la Mastercard
La mayoría nunca se equivoca. Coma mierda porque millones de moscas no pueden equivocarse.
La verdadera regla de oro: quien tiene el oro hace las reglas
A los militares habría que hacerles un monumento, pero encima.
Los ricos mueren de Monopoliomielitis
Algunos nacen con suerte; otros en España
Franco, regresa, aunque sea de sargento
Ama a tu prójimo siempre que no sea mi señora.
El dinero no lo es todo; también existen los cheques
El príncipe Felipe sabe que los reyes son los padres
YANKEES GO HOME... pero llevenme con ustedes.
Si un pajarito te dice que estás loco, debe ser cierto porque los pajaritos no hablan
Si te caes a un abismo, no te agarres que es lo mismo
Muchos expertos policiales, incluyendo a los especialistas franceses en lucha antiterrorista, están aconsejando al gobierno español que desencadene ahora una ofensiva final contra ETA, aprovechando la coyuntura favorable de que la banda se encuentra dividida, desmoralizada y con menos apoyos que nunca, pero el presidente Zapatero y su equipo más próximo de la Moncloa se niegan a hacerlo.
La sorprendente negativa de Zapatero, que incluso ha decidido demorar la expulsión de los proetarras de los ayuntamientos que controlan en el País Vasco, tiene una explicación: Zapatero lo tiene todo programado y quiere culminar su segunda legislatura con la firma de la paz con ETA, lo que le permitirá, según sus estrategas, neutralizar el terrible desgaste que le están causando la crisis económica y su mal gobierno, ganar las elecciones de 2012 y pasar a la historia de España como el político que acabó con el terrorismo etarra.
La estrategia que se recomienda y que el gobierno rechaza comienza con el acoso a los proetaras de ANV, a los que se les puede expulsar de los ayuntamientos que controlan con la ley vigente, sin tener que realizar reformas jurídicas, combinada con declaraciones de apoyo a la paz emitidas por presos etarras de prestigio, que están convencidos de que la organización debe abandonar las armas, para terminar con una detención de los muchos cuadros del ala más radical de ETA que están localizados y bajo vigilancia permanente de las fuerzas de seguridad españolas y francesas, proporcionando así a la organización un golpe demoledor y concentrado en el tiempo del que difícilmente podría recuperarse en las actuales circunstancias de debilidad.
Pero, según nuestras fuentes consultadas, Zapatero prefiere retrasar el golpe final a la banda y hacerlo coincidir con una negociación que termine con el fin espectacular, solemne y ampliamente publicitado de la lucha armada, un acontecimiento que se debería producirse unos diez meses antes de las elecciones generales de 2012.
La estrategia del Estado contra ETA, como toda la política española y la acción de gobierno, queda así supeditada al único fin supremo y prioritario de ZP y su partido: ganar las próximas elecciones generales y mantenerse en el poder.
La Constitución Española, querida y admirada por los españoles en sus primeros años de vida, cumple hoy el 30 aniversario en su peor momento, con su prestigio en caída libre y abandonada por la ciudadanía ante el hecho incuestionable de que el Estado que ha ayudado a crear es un fracaso insostenible, incosteable y plagado de enchufados y parásitos, mientras que el régimen que sustenta no es una democracia, como los españoles querían, sino una vulgar oligocracia sin ciudadanos, que sólo beneficia a los políticos, a sus partidos y a sus aliados.
Al cumplir sus primeros 30 años de vida, se abre camino el criterio de que España, más que reformas constitucionales, lo que necesita ya es una reforma plena del Estado y, sobre todo, de su clase dirigente, políticamente quemada, profesionalmente inepta y moralmente degradada.
La elefantiasis de la administración autonómica es inasumible para los demócratas. La carga de las autonomías pesa como una losa de plomo sobre los ciudadanos y solo es agradable para los privilegiados que ordeñan al Estado. La invención del Estado de las Autonomías, a juzgar por los resultados visibles, es un lacerante fracaso. Los abusos y derroches a costa del erario público hieren la conciencia de un pueblo atrapado en el paro y de unas clases medias que ya empiezan a vislumbrar la pobreza.
Aquellos padres de la patria que redactaron la Constitución en 1978, considerados héroes de la democracia durante muchos años, son hoy personajes sin relieve histórico que han perdido su brillo. Algunos sobrevivientes están enfermos o retirados de la política, pero otros siguen en activo, lastimosamente aferrados a sus poltronas, sueldos de lujo y coches oficiales, sometidos al nuevo poder, ajenos a las superiores normas comunes que ellos mismos redactaron y en vergonzosa complicidad con los abusos del nacionalismo, con los que persiguen a los castellanoparlantes y con los que aprueban estatutos autonómicos desiguales e insolidarios.
Los socialistas que gobiernan Sevilla, con su prestigio en declive, perdiendo apoyo popular y con su propio partido moviéndoles la silla, se sienten tan fascinados por el éxito de Obama en Estados Unidos que han decidido imitar sus estrategias, para lo cual han invitado a tres asesores del futuro presidente de Estados Unidos con el fin de que enseñen a los asesores del alcalde sevillano las técnicas que llevan hasta el éxito.
El asesoramiento de los asesores costará un riñón a los sevillanos y dejará todavía más esqueléticas las ya flacas y endeudadas arcas del Ayuntamiento sevillano, pero lo importante para Monteseirín y sus asesores es descubrir qué hay que hacer para ser admirados y mantenerse en el poder.
Monteseirín y los suyos dicen que han hecho cosas importantes en Sevilla, pero que no saben "venderlas". Es cierto que han hecho grandes obras, pero lo que no dicen es que también han hecho barbaridades, que se venden solas, como las corruptelas, los amiguismos y el nopotismo, plasmados en escándalos como los de las facturas falsas y los amigos y familiares del poder contratados con sueldos de oro.
Lo primero que dirán los hombres de Obama en Sevilla es que, para ganar, hacen falta dos factores: un buen candidato y un uso correcto de las técnicas de comunicación. Es probable que en los dos dias que permanezcan en la ciudad descubran pronto que en Sevilla ni existe un candidato comparable a Obama, ni son aplicables las técnicas empleadas en Estados Unidos.
La misma contratación de los asesores de Obama se ha convertido ya en un nuevo escándalo que sacude al Ayuntamiento sevillano porque los ciudadanos creen que los más de 100.000 euros que terminará costando la "aventura" podrían habérselos ahorrado si hubieran pedido el diagnóstico a algunos de los buenos expertos en comunicación que tienen su sede en la ciudad y que ya prestan sus servicios a empresas como Gas Natural, Telefónica, BP y otras muchas, casi todas con más empaque y prestigio que el ayuntamiento de Monteseirín. Pero recurrir a un experto local es menos espectacular que contratar a los asesores de Obama y ya sabemos que los políticos no buscan resultados sino efectismo, portadas en prensa y fotos.
El periodismo español está en crisis y el hundimiento de su prestigio e imagen solo es comparable al de los políticos, todavía más intenso. Los miles de periodistas españoles que han renunciado a la independencia crítica y abandonado el servicio a la verdad para tomar partido han dejado de ser periodistas y se han convertido en comisarios políticos y en miembros de la odiosa "policía del pensamiento".
Por desgracia, quedan pocos periodistas verdaderos en este país, donde la mayoría ha desertado de la verdad y de la independencia y ha tomado partido por el poder dominante. Conscientes de lo bajo que han caído, deberían irse voluntariamente de las asociaciones de la prensa y crear nuevas asociaciones gremiales de "propagandistas", "publicistas" o "agitadores", porque en el periodismo democrático ya no tienen sitio.
El periodismo atraviesa momentos muy difíciles en España y reclama una revolución que le devuelva la dignidad. Los profesionales debemos asumir que, cuando alguien abandona la independencia y se alinea con alguno de los poderes dominantes, también abandona voluntariamente una profesión que nació vinculada a la verdad.
Desgraciadamente, el grueso del periodismo español, consciente o inconscientemente, ya ha tomado partido y sirve hoy a alguno de esos partidos políticos que pugnan más por la conquista del poder que por servir a la ciudadanía. A cambio de su sumisión al poder, reciben dinero, protección y privilegios, o al menos esperan recibirlo.
El análisis es duro pero impecable: aquellos periodistas "sobre-cogedores" que recibían dinero de sus fuentes, erradicados en los primeros años de la democracia, vuelven ahora a nutrir las asociaciones de la prensa españolas y crecen cada día en las redacciones. El "sobre" no suele ser ahora un vulgar fajo de billetes, sino que adquiere la forma de cargos destacados, puestos en tertulias de radio o televisión, asesorías bien pagadas, presencia en consejos de administración, encargos bien remunerados por el partido o el gobierno, etc. Pero el resultado es el mismo que cuando recibían el antiguo sobre corrupto: traición a la independencia y a la verdad, corrupción en definitiva.
En Europa y Estados Unidos están cada día más sorprendidos y preocupados ante la gestión del gobierno español ante la crisis: en lugar de austeridad, gasto, en vez de bajar impuestos, subirlos, mientras se contratan más funcionarios, se dispara el gasto público, se empeña más del 20 por ciento de la riqueza nacional en medidas de socorro que no surten efecto alguno y se abandonan a las empresas a su suerte, sin hacer nada para evitar que cierren en masa. El resultado es aterrador: el número de parados, en crecimiento vertiginoso, supera ya los tres millones y la economía se hunde ante una crisis que en España, por culpa del mal gobierno, es más letal que en cualquier otro lugar del mundo.
Ante las sorprendentes medidas adoptadas y ante el error persistente de los que mandan, muchos se preguntan ya si España está gobernada por una casta política irresponsable o si el gobierno está fuera de control. Quien quiera saber el grado de preocupación que existe en Europa sobre el liderazgo de Zapatero España que escuche los comentarios que hace Joaquín Almunia en privado, o los diagnósticos casi apocalípticos de Felipe González.
La prensa destaca que el 20 por ciento de los españoles viven ya por debajo del umbral de la pobreza, todo un miserable "record" para los fracasados gobernantes españoles, pero Zapatero y su gobierno sonrien y exhiben la imagen del esperpento y del surrealismo español más puro: mientras España se hunde con sus empresas cerrando en masa y fabricando desempleados y pobres a ritmo de vértigo, ellos se sienten felices y triunfadores porque la inflación desciende y ya está en el 2.4 por ciento, el nivel más bajo desde agosto de 2007.
La imagen del ZP sonriente ante el desastre de España es tan ridícula y absurda como la de un pavo real haciendo la corte y luciendo su hermosa cola en la cubierta del Titanic, ya inclinada y descendiendo hacia el abismo. Rosa Diéz dice con razón que el presidente está en una burbuja de soberbia y que solo escucha a los que le adulan y le doran la píldora, aunque diga estupideces.
La política de ineficiente derroche del gobierno de España sigue su curso. Fiel a las recetas socialistas, que son las peores para tiempos de crisis, Zapatero ha aprobado nuevas dotaciones económicas de "socorro", destinadas, según él, a rreactivar la economía y a dotar de fondos a los arruinados ayuntamientos. Por su naturaleza, son nuevas medidas ineficaces que, como las anteriores, no tendrán efecto alguno sobre la crisis galopante que empobrece a la mal gobernada España.
Incapaz de ayudar a las pequeñas y medianas empresas con créditos blandos y rebajas fiscales, Zapatero sigue adoptando medidas inútiles y endeudando sin escrúpulo a las generaciones futuras de españoles, convirtiendo al gobierno en el único que es rico en medio de la pobreza general. ¿Para qué quiere el Estado ese dinero? ¿Para pagar sus sueldos a los cientos de miles de parásitos que tiene colocados a la sombra del poder?
Lo único que está consiguiendo al inyectar dinero en el sistema es demostrar a los ciudadanos que lo que merece la pena en España es ser político o funcionario porque ellos están blindados ante la crisis, mientras que los empresarios y trabajadores que prodecen riqueza están siendo masivamende destruidos por la imparable depresión.
Si no fuera tan terco y obtuso, Zapatero haría lo que están haciendo sus colegas de la Unión Europea y de otros países desarrollados: rebajar los impuestos o reducir el IVA para que las empresas no tengan que cerrar. Pero él, insensible al drama que cada día se desarrolla en el tejido empresarial español, donde cientos de empresas y miles de ciudadanos caen en el pozo de la ruina y el paro, prefiere destinar el dinero al gobierno, fiel al principio socialista radical de que el Estado es el mejor empresario y, si puede, el único.
La mejor política social es crear empleo y la peor, destruirlo. El gobierno socialista de Zapatero se ha convertido en la más eficiente e inmisericorde fábrica de parados de Europa. En estos momentos está produciendo una media de 6.000 parados al día y la cifra trágida de tres millones de parados ya ha sido superada, mientras todos los expertos creen que lo peor está por llegar.
Después de asumir las conclusiones de la cumbre de Washington, entre las que destacaban los incentivos fiscales a las empresas para mitigar el desempleo y activar el tejido productivo, Zapatero, al llegar a España renegó de esos acuerdos y afirmó que la receta española sería la de la "Inversión Productiva del Estado", lo que quería decir que de reducción fiscal nada, sino más dinero para los políticos, todo un drama demencial que empuja cada día más a España hacia su ruina y que él se atreve a perpetrar desde la impunidad que le confiere su cargo de líder de una democracia sin ciudadanos.
Durante tres décadas, la Transición y la Constitución de 1978, los dos pilares que sostienen el actual Estado español, constituyeron un "tabú" que no podía cuestionarse. Ahora, después de tres décadas de sumisión absurda y de silencio, una parte de la sociedad española, precisamente la que se considera más demócrata y crítica con los abusos de la actual partitocracia, ha decidido por fin cuestionar el "tabú" y alcanzar dos conclusiones saludables y necesarias: que España no es una verdadera democracia y que el actual Estado, enfermo de obesidad mórbida e hipertrofiado hasta el ridículo, es insostenible y dañino para la nación y sus ciudadanos.
Esa importante tendencia a la crítica veraz de los dos pilares de la España del presente, hasta ahora intocables, blindados y protegidos en una absurda burbuja de respeto, tuvo una manifestación de especial relieve este fin de semana, cuando saltaron por los aires, por primera vez en la historia de la España postfranquista, en un debate abierto emitido por el canal de televisión Intereconomía donde los tertulianos, demostraron con sus palabras e ideas que sabían pensar y hablar en libertad, sin censuras y libres del paralizante respeto y el reverencial miedo que han protegido hasta ahora a la Constitución, a la Corona, a la Transición y a una presunta democracia española que fue un engaño histórico que jamás existió.
Las principales ideas que emergieron de ese valioso debate fueron que la Transición fue un error lamentable porque no cambio nada en profundidad, ni creó una democracia verdadera, limitándose a sustituir el franquismo por una partitocracia deleznable; que la Monarquía española no se ha mantenido, como era su deber, al margen del poder ejecitvo y ha intervenido frecuentemente en política y en los negocios, sin que sea cierto ese principio de que el Rey reina pero no gobierna; y que el Estado que surge de la Transición y de la Constitución no es democrático, entre otras razones porque carece de la necesaria separación de poderes, ni es sostenible, porque se ha convertido en un monstruo burocrático que sustituye el viejo estados franquista por 17 estados autonómicos transformados en satrapías, dirigidas por políticos reyezuelos y preñadas de funcionarios y de enchufados, en constante crecimiento, imposibles de costear por cualquier país moderno sin que sus ciudadanos terminen aplastados y esquilmados por los impuestos.
La denuncia lanzada por el diario El Mundo de que el gobierno de Zapatero utilizó los fondos públicos del Instituto de Crédito Oficial (ICO), teóricamente destinados para apoyar a la pequeña y mediana empresa, para ayudar al empresario Luis del Rivero, presidente de Sacyr Vallehermoso y amigo personal de Zapatero y del rey Juan Carlos, junto con los reiterados escándalos de despilfarro y astentación política en tiempos de crisis, como la millonaria remodelación del despacho de Belloch o los cuatro lujosos coches del sátrapa gallego Touriño, impiden a los últimos reductos de la verdadera izquierda española seguir votando al PSOE e IU y los empujan hacia el voto en blanco.
Los hombres y mujeres auténticos de izquierda en España se sienten huérfanos, tras comprobar hasta la saciedad que el PSOE no representan sus principios y valores y sí los de la derecha más capitalista. La realidad ha demostrado hasta la saciedad dos cosas: que la corrupción y la arrogancia se han adueñado de los partidos de la izquierda española y que los grandes empresarios y banqueros españoles constituyen el principal apoyo de esa nueva versión degradada del PSOE que comanda Zapatero, un partido que acentúa cada día más su divorcio con los obreros, los trabajadores autónomos y los pequeños y medianos empresarios, dato que constituye, para la poca gente honrada de izquierdas que queda en el país, la prueba más evidente de que el PSOE traiciona la ideología y las tradiciones.
Izquierda Unida está en proceso de desaparición, tras haber aceptado convertirse en poco menos que un apéndice del PSOE, lo que la inhabilita como refugios de la gente pura y honrada de izquierda, que se siente sin partido y que se inclina hacia opciones electorales como el voto en blanco o la abstención.
Sobre el la orfandad de la verdadera izquierda y sobre el Voto en Blanco, Carlos Dafonte, en el articulo Frente al bipartidismo neoliberal, un voto en blanco para reconstruir la izquierda, publicado en vísperas de las elecciones de marzo de 2008, dice:
"Los electores de izquierdas se encuentran en un dilema, o quedar en casa, engordando la abstención, o votar aceptando la dinámica del bipartidismo que PSOE, PP y todos los medios que los apoyan potencian. Es decir, votar, siguiendo esa dinámica a aquella fuerza que se considere “la menos mala”, votar como se dice vulgarmente “tapándose la nariz”. Lo que representa entrar en el juego del poder y ser prisionero de ese mecanismo perverso que es el bipartidismo.
No es que estemos pasando estos intrincados desfiladeros de la negada crisis económica ni que estemos sufriendo la recesión que nos cubre de negros nubarrones europeos, es que España no puede mantener este pesadísimo tinglado que la partitocracia con su carga de apandadores, aprovechados y nuevos caciques ha instalado en poltronas, despachos y lujos interminables. El gobierno admite ya la debacle. La Eurozona ha entrado en recesión; en opinión de Montoro “sufrimos una recesión de caballo”. España será el país con más paro y menor crecimiento en 2009, según la OCDE, con un periodo prolongado de debilidad económica; ya en enero augura, que tendremos los tres millones de parados.
El derroche galopante y golfante corroe las astillas de las arcas del erario. Las Autonomías en una nación pequeña, como esta, no caben, son una invención costosísima e innecesaria, no es posible mantener este ineficaz conglomerado y boato. A tenor de su preocupación por el colapso que padecen los juzgados españoles, F. de Rosa, vicepresidente del CGPJ dice: "España no puede tener diecisiete justicias distintas"; no tiene espera una la reforma eficaz de la Administración de Justicia. No existe la cohesión territorial; es intolerable que en España, varíen significativamente las condiciones laborales y sociales según el lugar de residencia, incluso, en el marco sanitario, se experimentan hirientes desigualdades en métodos de diagnóstico, tratamientos, acceso a nuevas terapias y en el desarrollo de las estrategias que entrañan distintas esperanzas y un diferente goce de supervivencia; no es tolerable esta clase política, empeñada en desmembrar las competencias esenciales del Estado para satisfacer el apetito insaciable de las diecisiete taifas que dividen a España. Se hace necesaria una cobertura integral y estatal, al menos, en Hacienda, Sanidad, Justicia y Educación y la supresión de las Diputaciones y gran parte de las concejalías municipales.
En la TV3 catalana, donde mandan los socialistas y sus aliados nacionalistas, apareció recientemente la imagen del PP dentro de una diana. Dijeron que fue un "accidente", pero muchos sospechamos que fue un episodio más de corrupción y de malas artes políticas.
Las "malas artes" se han instalado en la política española y la han podrido hasta la médula. En la práctica, son utilizadas por todos, pero de un modo magistral por el gobierno de Zapatero, que las emplea para alcanzar tres grandes objetivos: para fortalecer su poder, para evitar el terrible desgaste que proporciona la crisis económica y el mal gobierno y para engañar a la oposición y a los ciudadanos. El PP también las utiliza, pero su habilidad en el uso de los trucos, trampas y engaños es muy inferior, al igual que su osadía en la utilización de la guerra sucia.
En la pasada legislatura, las mentiras y los trucos alcanzaron niveles que parecían insuperables, desde las mentiras en la negociación con ETA a los famosos “errores técnicos” del gobierno, algunos tan sonados como el SMS de Moraleda, Secretario de Estado de Comunicación, que acusaba al portavoz popular, Eduardo Zaplana, de corrupto en el caso “Terra Mítica”, y las imágenes que la televisión pública española difundió de Mariano Rajoy, mezcladas con otras de torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib.
Aquellos errores y otros muchos del mismo estilo que se han producido no eran errores reales sino parte de la "estrategia de las puñaladas" que tan hábilmente practica el PSOE.
Las malas artes se utilizan, sobre todo, para confundir y engañar a los ciudadanos. Quizás el mejor ejemplo de la utilización de la mentira y la conspiración en España sea el asunto de Sacyr Vallhermoso y Repsol, en el que primero se habló de que sería una empresa rusa pública la que compraría la compañía energética española, después apareció Lukoil y finalmente se habla de la francesa TOTAL, sin que nadie sepa desde cuando el gobierno conoce esta amenaza, qué papel están desempeñando el gobierno y la Casa Real, ni cuales son los objetivos reales de Zapatero, aunque todos sospechamos que el prioritario es ayudar a su amigo Luis del Rivero, presidente de Sacyr.
¿Por qué los políticos no preguntan a los ciudadanos lo que piensan sobre la democracia?
Simplemente porque no quieren saber lo que realmente pensamos de un sistema que, aunque nunca fue una democracia auténtica, en los últimos años se ha degradado hasta convertirse en una sucia oligocracia que no merece respeto cívico.
Estamos cansados de oír y leer que la democracia española está degenerada, degradada o que ni siquiera existe, pero los políticos ignoran esos criterios y, seguros de su poder, ni se preocupan de esas críticas que les cuestionan y les quitan la legitimidad. No es cierto que las voces críticas contra la democracia española procedan de gente extremista o resentida, como afirman los políticos, sino que el coro de luchadores por una democracia auténtica gana cada día adeptos entre intelectuales, periodistas, profesores universitarios, expertos y ciudadanos inquietos, formados y sensibles.
Cada día, las filas de los que consideran necesaria y urgente una reforma drástica de la democracia española están más nutridas y son más solventes, por cantidad y calidad.
Pero, ante el fenómeno, los políticos se amparan en el apoyo que reciben de la “mayoría”, un concepto importante en democracia, aunque no el único ni el principal, conscientes de que siempre existe en la sociedad una masa poco culta, mentalmente débil, fanatizada y fácilmente manipulable a través de la información, el entretenimiento y el engaño profesional.
La democracia no es sólo un conjunto de leyes y normas, ni únicamente un sistema de gobierno, ni la utilización libre de las urnas para elegir a los gobernantes. La democracia es, además de eso y, sobre todo, un estado mental, producto de un pacto entre ciudadanos iguales, basado en la confianza, para vivir en armonía y ser gobernados por personas dignas, que han sido elegidas y que permanecen unidas a los ciudadanos por un vínculo de confianza. Cuando ese vínculo se rompe, el poder, que tiene un vital matiz fiduciario que obliga a los políticos a hacer sólo lo que quiere el pueblo, queda deslegitimado. Sin legitimidad, el gobierno es sólo un estorbo.
Nadie hace una encuesta seria en España sobre el estado de satisfacción real de los ciudadanos con el sistema política vigente. A los políticos, que viven en la endogamia de sus militantes , clientelas y aliados, no les interesa saber hasta que punto hoy son rechazados por el pueblo. Si lo supieran, estarían obligados a reformar un sistema que han modulado a placer y en secreto, en contra de los deseos de la mayoría y también en contra de las reglas de la misma democracia.
José María Aznar ha lanzado un torpedo letal a la línea de flotación de Rajoy al declarar en Madrid, ante el sector más rebelde y pujante del Partido Popular, el que encabeza Esperanza Aguirre: "Necesitamos un gran entrenador, equipo y estrategia, pero sobre todo, si salís al partido, salir a ganarlo. En política no se está ni para empatar ni para heredar, se está para ganar. Cuando hemos salido a ganar el partido lo hemos ganado, y cuando hemos salido a heredarlo, nos quedamos sin nada".
El ataque es frontal contra la estrategia de Rajoy y altamente dañino porque se produce cuando el grueso del PP empieza a pensar que la estrategia de su líder no funciona, como lo demuestra el sorprendente hecho, reflejado una y otra vez por las encuestas, de que Zapatero no retrocede ni el PP avanza en valoración ciudadana e intención de voto, a pesar del enorme desgaste que deberían estar sufriendo Zapatero y su gobierno por su mala gestión de una crisis que está fabricando parados a ritmo de vértigo, cerrando millares de empresas y empobreciendo a España, a marchas forzadas.
Mariano Rajoy se está hundiendo irremediablemente ante su incapacidad para ganar simpatías y ante el rechazo generalizado de sus votantes a la estrategia de "oposición complaciente" que está desplegando el PP, un comportamiento que está provocando una sangría enorme de votos que se orientan hacia el voto en blanco, la abstención o el apoyo a opciones más compremetidas y aguerridas como Unión Progreso y Democracia o Ciudadanos.
Rajoy ha asumido como propias las tesis del sociólogo Arriola, según las cuales en España no se ganan nunca las elecciones sino que se pierden por el desgaste inevitable que padecen los gobiernos, lo que aconseja a la oposición desplegar una política de espera prudente, sin cometer errores ni sufrir desgastes innecesarios, posicionandose ventajosamente ante el electorado para tomar el relevo.
Tras la reciente captura en Francia de Txeroki, número uno del aparato militar, consulto a un amigo, experto y vinculado a seguridad e inteligencia, el cual me asegura que el gobierno español está muy cerca de alcanzar una victoria rotunda frente a ETA, tras haber desarrollado una política muy inteligente y eficaz en su combate contra el terrorismo vasco, al que ha conseguido debilitar y dividir.
Tras asegurar que la lucha contra ETA quizás sea el única actividad verdaderamente brillante del gobierno Zapatero, me explica que la clave del éxito reside en que ha sabido crear una creciente y profunda división interna en el grupo terrorista, lograda a través de varias líneas de actuación. Una de ellas consiste en fomentar el deseo de negociación en una parte importante del movimiento etarra, sobre todo entre los presos. Otra se centra en perseguir y cazar a los terroristas más radicales, mientras permite más libertad de movimiento a los partidarios de la negociación. La tercera es el buen funcionamiento de la cooperación internacional y, sobre todo, de los servicios de inteligencia.
Estas estrategias están llevando a ETA a una profunda división interna que ya es, de hecho, una quiebra de la unidad en toda regla. El terrorismo está dividido en dos grupos perfectamente diferenciados y en creciente enfrentamiento: el de los partidarios de la línea dura y de seguir adelante con la lucha armada y el de los partidarios de la negociación y de una paz negociada que transforme el movimiento armado en una fuerza política con posibilidad de ganar muchos votos en el escenario vasco.
El gobierno está alimentando la división de manera astuta, inteligente y pertinaz, hasta el punto de que entre los grupos dirigentes de ETA ya no existe la confianza ni la cohesión que existían en el pasado. La labor entre los presos ha sido muy eficaz, al igual que la influencia que se está ejerciendo sobre los terroristas a través de gobiernos extranjeros y movimientos internacionales con pasado terrorista. El papel de los irlandeses que fueron miembros del IRA y que optaron por una salida negociada está siendo especialmente relevante.
Mientras nuestro país se hunde en la pobreza y retrocede, víctima de dos dramas, uno universal, como es la crisis económica, y otro genuinamente español, el de padecer un gobierno inepto y dañino, la sociedad española, idiotizada, debate sobre la compra de Repsol por una empresa rusa o descubre olvidos dolorosos como las fosas comunes de los asesinados en la Guerra Civil o los niños que fueron arrebatados a sus padres para ser adoptados por los vencedores.
Zapatero parece abrir las puertas a la compra de Repsol por una empresa de magnates rusos controlada por el Kremlin, mientras que su ministro de Industria, Miguel Sebastian, afirma que Repsol seguirá siendo española. ¿Discrepancia en el seno del gobierno o estrategia de confusión para que la gente no piense en lo que realmente es grave, que España se va a pique bajo la dirección de un gobierno inepto?
España está idiotizada y convertida en un país de estúpidos gobernados por ineptos. Las intervenciones de Zapatero y los debates que suscita están diseñados para distraer a los imbéciles y evitar que mediten sobre el gran drama de una nación mal gobernada que despilfarra, cierra empresas, fabrica parados mejor que nadie y se hunde sin remedio. Las palabras de ZP son como la orquesta del Titanic, que amenizaba la fiesta mientras el banco se iba al fondo de los mares.
El espectáculo de un país que discute sobre si abrir o no abrir las fosas de la Guerra Civil mientras el gobierno endeuda a las tres próximas generaciones de españoles, hunde la economía y supera el déficit permitido por la Unión Europea, arriesgando que le expulsen del Euro, es grotesca, pero fiel reflejo del mundo que se avecina: una pocilga indecente en la que los demócratas y los ciudadanos libres no tendrán sitio.
Acaba de afirmar Zapatero justo lo contrario de lo que se acordó en la reciente cumbre de Washington, que en España no habrá incentivos fiscales para reactivar la economía, sino más gasto público, una receta desfasada, de fracaso demostrado por la Historia y suicida, que nos llevará hacia el hundimiento a velocidad de vértigo.
La decisión de Zapatero parece demostrar que es un intervencionista peligroso y que su sueño, como el de Lenin, es convertir al gobierno en el gran empresario de la nación y, si es posible, en el único.
Pretender que confiemos en el Estado para que nos salve de la crisis por medio del gasto público es toda una locura. El Estado y, especialmente, el español no ha dejado de demostrar su incompetencia año tras año. Recientemente, bajo el mandato de Zapatero ha negado la crisis, la ha minimizado, la ha atribuido a fuerzas externas (Bush), ha sacado pecho, haciendo el ridículo ante el mundo, ha suplicado un puesto de segunda en la "cumbre" de Washington, ha empeñado la dignidad de España y ha pretendido engañar a todos, mientras que en España ha mostrado su peor estilo como líder lanzando contra el sufrido contribuyente, en tiempos de crisis, a una legión de inspectores y policías con la orden de recaudar a base de multas y denuncias, para que no les falte dinero a la inepta casta del poder, entre cuyos "méritos" figuran dos dignos de ser destacados: haber liquidado la democracia, convirtiéndola en una sucia oligocracia de partidos, y habernos empujado con fuerza e ineptitud hacia el actual estado de crisis y postración.
Que nadie olvide que el Estado del que habla Zapatero, el que pretende salvarnos con gasto público, es un Estado insostenible, de los más hipertrofiados, absurdos y caros del mundo, que ha triplicado el número de funcionarios en las últimas dos décadas y que ha multiplicado por veinte el número de asesores, enchufados y "clientes" colocados por el poder, actualizando las Taifas que creímos superadas por la Historia, creando cortes suntuosas en cada autonomía y en cada provincia, hasta alcanzar la cifra de tres millones de funcionarios y trescientos mil asesores y enchufados, muchos de ellos "adornados" con coches de lujo, secretarias, tarjetas de crédito y mil privilegios más, todos pagados por los esquilmados contribuyentes de España, generando una burocracia estatal y elitista tan antidemocrática, costosa y monstruosa que pocos países del mundo, incluyendo a los más ricos, podrían costearla.
Oficialmente, se han reunido en Washington para reformar las finanzas, pero en el denso corazón de muchos líderes latía el deseo de empujar el socialismo para reforzar el Estado y para que los gobiernos acumulen más poder. Por fortuna, el agonizante Bush los ha frenado en seco afirmando que el libre mercado capitalista, mezclado con las libertades y derechos, sigue siendo el mejor sistema posible. Pero, ¿cuanto tiempo podrán ser frenadas las bestias? Detrás de la crisis financiera y económica palpita una crisis mayor y más trascendente: la del liderazgo. Los políticos, frente a una ciudadanía cansada de ineficiencia política, de corrupción, de ser atracada por los cobradores de impuestos y de soportar problemas que ellos jamás resuelven, tienen ya menos credibilidad que los banqueros de Wall Street ¿Cómo pretenden los políticos que les respetemos y sigamos sus órdenes cuando muchos de ellos, además de robar, destilar arrogancia y militar en las filas de la corrupción, demuestran cada día más torpeza e ineficacia? Desprestigiados y sin altura moral para ser líderes, solo consiguen que acatemos su lamentable gobierno porque tienen la fuerza de su parte.
Lo más positivo de la cumbre de Washington, el frenazo dado por Bush al intervencionismo de los estados, durará poco, quizás lo que dure su presidencia porque el mundo, lamentablemente, se dirige hacia una especie de socialismo light que, sin embargo, conserva del viejo socialismo histórico el papel protagonista del Estado y la devaluación del ciudadano, cuyo destino es ser manipulado y engañado por la "casta" del poder político.
Si nadie lo remedia, el mundo se arrastrará hacia un intervencionismo descarado, una especie de dictadura del proletariado soft. Es decir, una oligarquía controlada por políticos ineptos pero sedientos de poder y de privilegios que únicamente serán maestros en el engaño, en hacer creer al pueblo que es el que manda con la ayuda de unos medios de comunicación sometidos que nos destacarán a diario la soberanía popular y la importancia de los ciudadanos y de sus votos.
Zapatero anunció en Washington que pronto lanzaría en España un nuevo plan de choque para reactivar la paralizada economía, basado en lo que define como "Inversión productiva del Estado". Al llegar a España aclaró que aquí no habrá rebaja fiscal para estimular la economía. Su receta, puramente socialista, jamás ha funcionado en ningún lugar del mundo y siempre que se ha aplicado ha generado pobreza, opresión e infelicidad en los pueblos que la han padecido.
Zapatero ha ocultado conscientemente en Wasington su rostro intervencionista y autoritario. Cuando la cumbre aprobó estímulos fiscales a la economía, lo asumió, pero solo aparentmente. Si no ha defendido en la capital del Imperio una solución socialista de la crisis, ha sido por miedo a quedar en ridículo ante los líderes mundiales, casi todos liberales, más demócratas que él y opuestos al desatado intervencionismo del Estado, pero en España, en su territorio, donde ni siquiera tiene enfrente una oposición seria, no nos quedará otro remedio que soportar sus recetas socialistas desfasadas, inútiles y dañinas.
Muchos creímos que asumiría la sabia receta de las rebajas fiscales, también exigidas por la derecha de Rajoy, pero nos equivocamos. En España, donde Zapatero ejerce su dominio sin contemplaciones, no solo no baja los impuestos sino que los está subiendo, junto con las tasas, las inspecciones de Hacienda y las multas, cerrrando empresas y destruyendo puestos de trabajo masivamente, sin otro fin que conseguir fondos de los ciudadanos para que el Estado, convertido en empresario, intervenga y gestione la economía.
El presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, se lamenta en su libro "La audacia de la esperanza" de no conocer el idioma español, pero se consuela con que sus hijas lo estén estudiando con aprovechamiento. Es paradójico que Barak Obama aprecie el español más que la caterva de nacionalistas radicales que en España acosan y persiguen a la lengua común, una decisión propia de dementes que está empobreciendo y aislando a sus desgraciados "subditos".
Una cuarta parte de la población del mundo hablará español a mediados de este siglo XXI, lo que significa que esa lengua, que hoy representa para España una riqueza real y contante del 16 por ciento del PIB, se elevará hasta el 20 por ciento, facilitando también el comercio, la influencia y la relevancia de España en el concierto mundial, así como la facilidad de trabajo y de promoción de los hispanoparlantes en el mercado mundial.
A toda esa riqueza renuncia el aquelarre nacionalista vasco, catalán, gallego y, últimamente, también el mallorquí. Y lo hace únicamente para alimentar su victimismo demente, gracias al cual ganan los votos de los más incultos y débiles, con lo que garantizan sus privilegios, su opresión, sus sueldos inmerecidos, sus coches de lujo y demás ventajas del poder abusivo y antidemocrático que exhiben con impunidad en una España permisiva, donde la ley, muchas veces, deja impunes las barbaridades y errores nocivos de los políticos.
Por sectores, la relevancia económica del idioma alcanza los porcentajes más altos en educación, comunicaciones, industrias culturales y otras actividades empresariales. Según ha declarado el presidente de Telefónica, César Alierta, 'el español es un valor transversal que afecta a contenidos y a tecnologías. Es ya un valor instalado en pleno corazón de la sociedad de la información'.
Está claro que Aznar realizó una política económica impecable, pero también es evidente que sus errores y carencias prepararon el aterrizaje en el gobierno español de un tipo como Zapatero. Hasta que el PP no asuma, con todas sus consecuencias, que es culpable de muchos de los actuales males de España, no podrá redimirse como partido y volver a ganar unas elecciones.
José María Aznar, desde su atalaya de FIES, augura una crisis de seis a diez años y 4 millones de parados. El ex presidente pretende instalarse ahora en las alturas del análisis y consagrarse como observador privilegiado de la realidad española, por encima del bien y del mal, como han hecho a lo largo de la Historia otros altos dirigentes políticos en retirada. Pero él quizás no merezca alcanzar esa cuota de prestigio y solvencia intelectual mientras no reconozca que es culpable, en buena medida, de muchos de los males que acosan a la España actual, en especial de que un político de tan escaso nivel y calidad como José Luis Rodríguez Zapatero haya alcanzado la presidencia del gobierno español y nos represente hoy de manera lamentable ante la comunidad mundial.
Un gobernante como Zapatero, torpe, escasamente preparado y falso como una moneda de plomo jamás habría podido llegar al poder en España si previamente un tipo como José María Aznar no le hubiera preparado el aterrizaje. Los graves errores y carencias democráticas del periodo de Aznar le convirtieron en el verdadero porgenitor político de un gobernante de tan baja calidad democrática, política y cultural como Jose Luis Rodríguez Zapatero.
En gran pecado de Aznar es no haber sabido demostrar durante los ocho años que estuvo en el poder que la derecha, en España, era diferente a la izquierda. Los españoles le votaron y le hicieron presidente del gobierno hastiados de la corrupción, del déficit democrático y de la ineficacia del gobierno de Felipe González, pero Aznar consiguió en ocho años lo que parecía imposible: hacer bueno a su predecesor, con lo que propició la derrota de la derecha en el año 2004.
El verdadero culpable de que Zapatero subiera al poder en las elecciones de 2004 fue el mismo Aznar, no aquellos terroristas islamistas que volaron los trenes y sembraron Madrid de cadáveres, como afirma la derecha tozuda. Hasta que la derecha no reconozca los errores del periodo Aznar y el hecho de que, a pesar de sus grandes éxitos económicos, terminó causando en el electorado cansancio, frustración y rechazo, no podrá retornar al liderazgo en España.
Cuando la aristocracia perdió el poder al ser derrocada la monarquía absoluta como régimen dominante, no fue sustituida en la gestión de Estado por la burguesía, la clase emergente, que tuvo miedo y rechazó asumir el poder, prefiriendo dedicarse a ejercer influencia y a sus negocios y asuntos privados, sino por los "políticos profesionales", la nueva "casta" que gobierna nuestras democracias, que ha resultado ser una de las plagas más terribles de la historia humana.
Los profesionales de la política ni siquiera llevan dos siglos en el poder, pero durante ese tiempo han demostrado ser, con mucho, la peor casta gobernante de la historia de la humanidad. Su bautizo como grupo ya maduro para el poder fue en la Revolución Rusa de 1917, cuando los bolcheviques, verdaderos profesionales del poder, encabezaron el derrocamiento del zar y lo sustituyeron por una dictadura más implacable, cruel e ineficiente, la encabezada por Lenin y continuada por el asesino en serie Josef Stalin.
Desde entonces, las "fechorias" de la "casta profesional" son incontables: han deteriorado la democracia, que fue concebido como el mejor y el más justo sistema para la dignidad humana y la convivencia; han perdido el prestigio que siempre ha acompañado al gobierno; han deteriorado sus lazos con la ciudadanía, han destruído la confianza en el liderazgo, imprescindible para la armonía social, y han creado un liderazgo nefasto, propagador de la desigualdad, del privilegio y de la gestión corrupta de la cosa pública, que ha sido incapaz de solucionar ni siquiera uno solo de los grandes problemas de nuestro mundo: ni la violencia, ni la guerra, ni la pobreza, ni el hambre, ni la inseguridad, ni el miedo... Como consecuencia, el liderazgo global, el sistema democrático y la esperanza humana están hoy inmersos en una crisis peligrosa y de consecuencias preocupantes.
Dos signos más sobre la marcha atrás de este país. La gente, como en la posguerra, va más al cine, donde se olvidaban de la realidad, se soñaba con el ambiente de lujo de las películas de Hollywood, casas enormes, salones inmensos, vestidos despampanantes, coches “haigas” y, además, se estaba caliente. Todo por un módico precio. En los cines de sesión continua, podías ver las pelis dos veces.
Otro signo son las colas allí donde se reparte gratis un plato de comida. ¡Qué contraste con el ambiente en que se mueven los políticos! Hoy no solo hacen cola para una comida caliente gratis aquellos ciudadanos que por accidente, enfermedad, problemas familiares, alcoholismo, drogas la vida les trata mal. Hoy vemos, y en cantidad, otro tipo de cliente. Aún no se aprecia en su cara ni en su vestimenta que pertenecen, en contra de su voluntad, a una clase social que los políticos ignoran, ni la mencionan, son como apestados para los políticos tan ocupados ellos en sus coches millonarios, despachos de sultanes, sueldos millonarios con dietas más lo que afanaren. Es la nueva clase de ciudadanos que come caliente una vez al día gracias a iglesias y ONG como Cáritas. Tal vez, si estos progres anti iglesias, que miran hacia otra parte ante los nuevos pobres, no hubiesen animado a dejar en blanco la casilla de ayuda a iglesias en la declaración de la renta, hoy habría más platos de sopa al día, más duchas, más pastillas de jabón. No he oído que estas monjas, hermanos, pastores, voluntarios exijan mostrar la declaración de la renta con la casilla cubierta para entrar en el comedor.
Aseguran dentro del Partido popular que Mariano Rajoy, desesperado porque no avanza en intención de voto, ha exigido a sus asesores un drástico cambio de imagen. Pero su verdadero problema no es el deterioro de su imagen sino el creciente rechazo que provoca en el electorado tradicional de la derecha.
Muchos ciudadanos, pensadores y analistas observan perplejos cómo Mariano Rajoy no consigue avanzar y colocarse por delante de Zapatero en las encuestas de intención de voto, a pesar del terrible desgaste que está sufriendo el gobierno español por causa de la crisis, del hundimiento de la economía real, de los más de 6.000 parados que "fabrica" cada día y por el empobrecimiento veloz de una sociedad española que hasta hace un par de años era de las más prósperas y pujantes del mundo.
El último sondeo del CIS revela que PP y PSOE están empatados en intención de voto, pero Zapatero mantiene una mejor valoración que Rajoy, a pesar de que el 83% de los españoles culpan al líder socialista de la crisis económica. Más claro imposibles: la encuesta revela con claridad meridiana que Zapatero no se desgasta porque Rajoy es un lider rechazado.
El reciente vencedor Barak Obama sí ha sabido aprovechar la crisis económica que azota a Estados Unidos para conectar con el electorado, despertar la esperanza y derrotar al partido gobernante. La crisis es un fenómeno tan poderoso y desquiciante que ha sido la condición imprescindible para el triunfo de Obama en Estados Unidos, pero, al parecer, no tiene fuerza suficiente para elevar al triste Rajoy. En términos de marketing político, Rajoy, comparado con Obama, parece un becario deprimido.
De nanera sorprendente e incomprensible, Zapatero, que, en buena lógica y ante el drama de España, debería estar hundido en las encuestas, se está librando de pagar la factura de su torpeza e incapacidad como gobernante.
La única explicación razonable y técnica de la sorprendente resistencia del liderazgo de Zapatero es la incapacidad de Rajoy como líder y la constatación de que no reune las condiciones mínimas para derrotar a Zapatero, ni siquiera con la ayuda de la feroz crisis económica que está colocando de rodillas a la sociedad española.
Es un tiempo este de degradación, desenfoque e incertidumbre. El paro galopa sin contención hacia el monto de los tres millones de pobres gentes que quedan fuera del trabajo, la crisis negada y obcecada ha abocado a la recesión y la "cosa" pública anda cada vez más anodina, cansina y alejada del interés ciudadano.
La mentalidad social en gran parte enflaquecida por estas LOGSES y ESOS y minada por esa izquierda progresista, que bufa y respira sumisa a su mísero laxismo y zafio relativismo, se muestra ostensiblemente escorada y enquistada. ¡Hay que ver la que han armado porque la Reina, personaje de respeto y seriedad, ha opinado con absoluto derecho y propiedad y ha colocado en el estricto marco de la verdad, cuestiones que deben quedar en el ámbito de la conciencia personal! Hasta un portavoz del PP se atrevió a corregirla y darle lecciones sobre el uso de su libertad.
Y es que este PP, que salió del Congreso de Valencia enjuagado y no purificado por una limpia votación entre varios candidatos, no acaba de aterrizar y encontrar su sitio; dejando en la cuneta aquel fulgor de poderoso partido animoso y vencedor, ha perdido su camino hacia el Centro Democrático. Se le ve desvalido y desinflado, no se mueve, no saca puños ni se esfuerza. Son muchos sus errores. No puede andar anclado en esa cursi cortesía de interiorización del modelo político de la izquierda.
Es doloroso reconocerlo, pero dudamos que España se merezca estar en la cumbre de Washington. Es ridículo querer contribuir a la reforma del liderazgo y de la economía mundial cuando España posee uno de los déficits democráticos más intensos de Occidente, un país cuyo Estado, uno de los más costosos e hipertrofiados del planeta, es insostenible, con su economía colapsada y fabricando parados a ritmo vertiginoso, con su democracia en caida libre, con su cohesión como nación resquebrajada y con su liderazgo político desprestigiado y en acelerado devorcio con la ciudadanía.
Antes de dar doctrina en Washington, el próximo 15 de noviembre, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, debería arreglar su propia casa, España, una nación urgentemente necesitada de reformas y colocada en situación ruinosa por su propio gobierno.
¿De qué va a hablar en Washington Zapatero? ¿De que su "régimen" elimina las emisoras disidentes en Cataluña, como acaban de hacer con tres de Vocento y dos de la COPE? ¿De que posee un Estado tan monstruoso e hipertrofiado que es económicamente insostenible, con más de tres millones de funcionarios y más de 300.000 asesores y enchufados del poder viviendo del erario público? ¿Piensa hablar acaso del famoso diseño del Estado de las Autonomías, convertidas en 17 taifas incontroladas y engreídas que únicamente realizan a la perfección las tareas del enchufismo, el clientelismo, la corrupción y el despilfarro? ¿Se atreverá a hablar del desprestigio de la democracia en España, que hace apenas una década era uno de los países más entusiastas con el sistema y que hoy empieza a cuestionarlo con la misma vehemencia que antes lo aceptaba? ¿Hablará del Estado de Derecho y de como en España la ley se aplica según convenga al poder, como reconocio su propio ministro de Justicia? ¿Hablará del vertiginoso ritmo impuesto por su gobierno a la máquina de fabricar parados, más de 6.000 al día? ¿Se atreverá a contar el desastre de su fallida negociación con el terrorismo de ETA, cuya comparación con el proceso de negociación entre el gobierno británico y el IRA causa rubor? ¿Va a explicar al G-20 cómo España, que ya tenía enterrado su vergonzoso pasado de guerra civil sangrienta, lo está resucitando ahora, abriendo tumbas y retroalimentando el odio, bajo la tutela irresponsable del mismo gobierno? ¿Piensa Zapatero poner como ejemplo su liderazgo personal, ocultando, desde luego, que gobierna sólo para la mitad de los españoles porque ha sido incapaz de practicar una política de concordia y de unidad de esfuerzos ante el destino común?
Sinceramente, no sabemos de que puede hablar Zapatero en la cumbre de Washington. Tal vez se atreva, como dice, a poner como ejemplo el sistema bancario español, ciertamente sólido, pero no tanto si al final ha necesitado inyecciones de masas de dinero, superiores al 15 por ciento de la riqueza nacional, proporcionalmente más que lo que han destinado al socorro financiero los Estados Unidos o los demás países de Europa. A lo mejor se atreve a hablar a los líderes mundiales de nuestras cajas de ahorros, sobre todo de las pequeñas, donde los políticos han entrado y, desde sus presidencias y consejos, contribuyen diariamente a su ruina rápida. Quizás de lo único que Zapatero pueda alardear allí es de que España tiene más coches oficiales para sus políticos que Estados Unidos.
La faceta más siniestra y amenazadora del próximo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es su fe en el intervencionismo del Estado, un vicio europeo más propio de los totalitarismos que de las democracias, del que hasta ahora se habían librado los Estados Unidos.
Si su vicepresidente, un probado liberal, sus asesores y el aparato de su partido no consiguen neutralizar esa preocupante tendencia de su personalidad política, es más que probable que la esperanza en Obama se transforme en pesadilla y que los demócratas terminemos maldiciendo pronto la jornada del 4 de noviembre de 2008 como una de las más negras de la historia moderna.
En sus discursos pronunciados en la larga campaña electoral, el senador Obama se mostró partidario de incrementar la deuda norteamericana, que ya es sideral, y el gasto público, lo que representaría colocar el déficit público en niveles estratosféricos, y de acelerar el ritmo de las máquinas de fabricar billetes y bonos, ya recalentadas.
Uno de los colaboradores de Voto en Blanco repite con acierto y precisión gráfica "lo fácil que resulta ser político porque siempre se aplica la misma receta para todos los problemas: subida de impuestos y emisión de deuda pública. Al final paga el de siempre, el contribuyente. Aunque ahora el contribuyente tiene un problema, está tan endeudado que no puede pagar lo que debe, por lo que no sé muy bien quien va a pagar esta factura". Otro colaborador de este blog recuerda la frase "La gente vota por aquel que mejor le engaña" y afirma que "una época de vacas flacas no es la adecuada para repartir y Obama ha hablado claramente de repartir en una campaña claramente socialista. Primero habrá que crear la riqueza y después repartirla."
Ante la crisis y ante el crecimiento desenfrenado del desempleo, que ya se acerca a los tres millones a un ritmo endiablado, el gobierno que preside Zapatero, aunque tarde, ha lanzado algunas iniciativas. Las más potentes se orientan a reforzar la solvencia de la banca y las más recientes a apuntalar la economía de los más necesitados, permitiendo que los parados aplacen el pago de la mitad de sus hipotecas. Sin embargo, a los observadores les sorprende que el gobierno no haya lanzado todavía ni una sola iniciativa sería para reforzar a las pequeñas y medianas empresas, que son las grandes olvidadas del poder político, a pesar de que dan trabajo a casi el 90 por ciento de los españoles.
Mientras que el débil y poco convincente Rajoy reclama ayudas para las familias y las pymes españolas, el gobierno de Zapatero contempla impávido como cierran diariamente cientos de empresas pequeñas y negocios de autónomos, abonando así el pesimismo general y generando una insoportable sangría a la economía española. La gente tiende a creer que el paro es una maldición, pero olvida que sólo se produce porque las empresas cierran o porque se contraen ante la crisis y la presión fiscal.
El gobierno, acostumbrado al despilfarro y consciente de que el sector púbñlico ha crecido tanto que necesita masas aterradoras de dinero para subsistir, se niega a bajar la presión fiscal a los pequeños y medianos empresarios, a pesar de que es la única medida de eficacia garantizada contra la crisis, puesta ya en marcha en la mayoría de los países prósperos y desarrollados del mundo.
El cambio, inserto en el sentir popular, se ha hecho realidad. La comunidad negra ha confirmado su ansiada liberación. Barack Obama ha cumplido su sueño, el más auténtico y genuino sueño americano que promete la igualdad de oportunidades en pro de esfuerzo y determinación. El fecundo sueño americano ha llegado a calar y fructificar, aupado por la crisis económica y los errores patentes de la etapa Bush. Un día histórico, proclama la Prensa hoy, porque un carismático Barack encarna sin duda, al que va a ser el jefe de Estado, líder del Gobierno y comandante general de una nación, en que hace menos de ciento cincuenta años era legal tener esclavos negros.
Martín L. King está, allí Arriba, llorando lágrimas de emoción y orgullo desbordantes junto con el reverendo Jesse Jackson y los millones de seguidores que anoche derramaban la suyas jubilosos y extasiados. Allá y aquí resonaban aún las célebres palabras de su glorioso discurso, que ha quedado grabado en la memoria colectiva: "Sueño con que mis cuatro hijos vivan un día en un país donde no se les juzgue por el color de su piel". Ese sueño, hace cincuenta años en los EEUU, parecía una quimera imposible de alcanzar. Tenía Barack sólo un año, cuando John F. Kennedy tuvo que enviar cuatrocientos agentes federales y tres mil soldados, para detener las violentas manifestaciones de blancos segregacionistas que bufaban y obstaculizaban que un estudiante negro se matriculase en la Universidad de Misisipi; tal estudiante, James Meredith, ayer, a sus setenta y cinco años, presenció la victoria de un congénere, que se sentará en la Casa Blanca.
Estuve esta semana en un comedor sevillano regentado por monjas. Estaban allí los necesitados de siempre, pero también otros pobres distintos, gente bien vestida y con rostro digno, aunque humillado por la pobreza. Son los nuevos pobres de la crisis. Muchos no pudieron entrar y fueron reenviados a comedores de Cáritas porque no quedaba espacio ni comida. Uno de los que lograron un sitio, hablando con su compañero de mesa, le decía: "Fíjate que vergüenza, la Iglesia ayuda a los pobres y el PSOE a los ricos".
La frase, escuchada en un comedor de caridad que acoge a los indigentes de siempre y a los nuevos pobres generados por la actual crisis, cada día más numerosos, suena dura y terrible pero está cargada de verdad. Ante el embate salvaje de la crisis contra la prosperidad, el socialismo español ha concentrado su esfuerzo en apuntalar a los banqueros y al sistema financiero, mientras que la Iglesia Católica, odiada por el poder y denostada como "amiga de los ricos", está concentrando sus energías en ampliar sus servicios sociales y en atender a la creciente masa de nuevos pobres producidos por la crisis.
Los comedores de Cáritas y de otras instituciones religiosas están desbordados, mientras que Zapatero y los suyos están obsesionados por ser invitados a la cumbre de Washington y por demostrar que existen fondos ilimitados para garantizar los depósitos y la fiabilidad del sistema bancario.
Es dudoso que España sea la octava economía del mundo, como alardea Zapatero, pero no hay duda alguna de que España es uno de los paises más desiguales y de mayor densidad de pobres posee entre las naciones ricas del mundo.
Los políticos españoles, acostumbrados a mentir a los ciudadanos, ocultan el dato vergonzoso y terrible de que España supera ya los nueve millones de pobres. Cáritas acaba de publicar el dato: son nueve millones las personas que viven en España con menos de 6.800 euros al año, nada menos que el 16.6 por ciento de la población. A pesar del extraordinario crecimiento de la economía española en los últimos quince años, el número de pobres no ha descendido en ese tiempo, lo que significa que la riqueza se ha distribuido mal y que la mayor parte del botín ha sido para los ricos. Ahora, por causa de la crisis, la pobreza en España tiende a crecer espectacularmente.
Mientras tanto, Zapatero y sus adláteres, con mentalidad hortera de nuevos ricos, no paran de exhibir por el mundo la riqueza de España. Para que le inviten a la reunión que los líderes mundiales celebrarán en Washington, el 15 de noviembre, Zapatero repite que "somos la octava economía del planeta", una mentira más porque en realidad somos la número once. Por su parte, Carme Chacón, ministra de defensa, ha diche en el Chad que "somos el octavo país más rico del mundo", otra falsedad mayúscula porque en riqueza real estamos muy cerca del lugar treinta.
La última encuesta de Cáritas sobre el índice de pobreza en España es una bofetada a la mentira política practicada con terquedad por el poder político y una llamada de atención a la conciencia de una ciudadanía integrada mayoritariamente por cobardes y desinformados que son incapaces de exigir a sus dirigentes o de rebelarse ante el engaño y el mal gobierno.
El mundo está dividido frente a la feroz crisis, ante el papel que deben desempeñar los políticos y los gobiernos y ante la próxima cumbre de Washinton. Para algunos, esa cumbre es la esperanza, pero otros la consideran ya una botellona de piratas.
Unos creen que los políticos lo están haciendo bien al inyectar rios de dinero en la banca y ni siquiera les importa que esas inyecciones, como en el caso de España, sean opacas y sin control garantizado, pero otros creen que los políticos no son la solución sino el problema porque han sido ellos los que han llevado a nuestro mundo hasta el caos.
Personalmente, soy de los últimos, de los que creen que los políticos son el problema, no la solución, y que es absurdo pensar que los mismos que han creado el problema vayan a solucionarlo.
Como manejan el engaño con precisión y tienen de su parte a los grandes medios de comunicación, quieren convencernos de que el problema mundial es de liquidez, cuando es de desconfianza; que ésta es una crisis "cíclica", cuando es terminal, y que los malos de la película han sido los banqueros y tiburones que han llegado demasiado lejos en el mercado, cuando la verdad es que son los políticos los que han fallado al permitir la locura financiera sin controlar el mercado, como era su deber, desde los bancos centrales y los disitntos órganos reguladores, todos controlados por los gobiernos.
Sólo los muy ilusos o los que están interesado en que el drama siga avanzando, quizás porque ellos se benefician de la catástrofe, creen que los políticos pueden remediar lo que ellos mismos han destruido.
Aunque lo disimulen y se muestren seguros, los políticos están aterrorizados porque temen que el rebaño sometido de los ciudadanos se canse de padecer ineficiencia y opresión, se rebele y los expulse de un poder que han ejercido con inigualable incapacidad, empeorando todos y cada uno de los problemas de la Humanidad: pobreza, violencia, desigualdad, inseguridad, miedo, odio...
Como es habitual en Voto en Blanco, elevamos a la categoría de post el comentario de uno de los lectores del blog, enviado el mismo día de las elecciones, cuya calidad nos parece destacable:
Desde hace tiempo vengo observando en la mayoría de los medios de comunicación una Obamamanía u Obamafília lamentable, particularmente cuando casi nadie entiende el inglés ni tiene idea de lo que dice, pero como el chico es negro/mulato y dicen que habla muy bien, pues queda muy moderno demostrar lo progresistas que son.
Pero vamos a ver, este individuo, ¿qué ha hecho en su vida, qué ha demostrado, qué ha gestionado, qué problemas ha resuelto, qué experiencia tiene? Lo único que ha demostrado es que tiene la labia de un psicólogo argentino, que es un seductor, un gran orador. ¿Y eso le faculta para dirigir la mayor empresa de un país, el Estado?
La fe es la aceptación ciega de algo que no se puede demostrar, por eso debe estar restringido su ámbito al mundo de la religión. Y eso precisamente es lo podemos observar por todo el mundo, una postración y una fe en Obama como si fuera El Elegido, El Enviado, El Esperado, El Ungido, como si tuviera la piedra filosofal o la ciencia infusa para resolver los asuntos de una país. Por favor, pero si es un político profesional. Una persona que con 47 años no ha hecho nada ni ha demostrado nada, ¿es la Gran Esperanza para llegar al paraíso prometido? Cada día la humanidad me parece más patética y lamentable, buscando un pastor que la guíe, aunque más bien parece buscar un amo. Nuestra cultura cristiana nos induce a estar siempre esperando salvaciones y guías que nos conduzcan al cielo soñado. Todos los políticos que aspiran a ocupar la poltrona suelen vender su mercancía con las palabras mágicas: “esperanza” y “cambio”, como Obama. Pobres de los pueblos que se dejan seducir por cánticos de esperanza y siguen a un Caudillo. También Hitler, otro gran orador, vendía esperanza y cambio. No conozco ningún caso de un político que después de una gran ilusión y esperanza no acabe produciendo una gran decepción. Ninguno. Lo reconozco, a mí este individuo me parece un cantamañanas (el otro candidato, algo parecido), y por higiene mental tiendo a desconfiar de los vendedores de ilusiones.
La victoria de Barack Obama y su próxima presidencia son acontecimientos que refuerzan la democracia en el mundo y ratifican que el sueño americano, a pesar de las críticas y jugarretas de los autoritarios de todo el planeta, sigue vivo y alimentando la esperanza.
Es cierto que Obama asumirá el poder de la primera potencia mundial sin experiencia suficiente, cargado de incognitas y sin otros valores demostrados que los que ha exhibido durante su larga campaña, en especial un discurso atractivo y brillante, pero no es menos cierto que la otra opción, la derrotada de McCain, no era mejor. Ambos eran, por encima de todo, políticos profesionales.
Pese a todo, la victoria de Obama, un desconocido hace apenas dos años, sobre las poderosas maquinarias electorales de los Clinton y del Partido Republicano demuestra que las ideas siguen teniendo valor, que la sorpresa todavía es posible y que en América, quien demuestra su valía personal puede llegar a lo más alto, aunque sea negro, se llame Hussein y sea un americano reciente, hijo de inmigrantes.
Los que acusaban a Estados Unidos de racista y de ser una sociedad controlada por los grandes lobbys de siempre, en la que el poder era un monopolio de los blancos anglosajones, han quedado desacreditados. En América, los hombres, las ideas, la libertad y la conciencia son más fuertes que los partidos políticos y que los grandes poderes organizados, lo que constituye no sólo un reflejo de auténtica democracia, sino también una esperanza para todo el mundo.
El periódico francés Le Monde, biblia del progresismo e inspirador del socialismo europeo durante décadas, ha tocado el tema clave del retroceso del la izquierda en todo el mundo y lo ha hecho, sorprendentemente, con cierta crudeza, aunque sin toda la que requería el análisis. Ha reconocido que la socialdemocracia no es capaz de dar respuesta a los desafíos de la globalización, pero ha silenciado que los socialdemócratas están abandonando la democracia y deslizándose peligrosamente hacia el populismo y hacia ciertos ámbitos totalitarios del socialsimo real.
En un artículo de Henri Weber, publicado en Le Monde, se afirma que aunque cada país tiene sus particularidades, el declive de la izquierda europea es indiscutible. "Eso no quita para que se esté reafirmando una tendencia general, y sería absurdo negarlo". Para el autor, la izquierda no ha sabido reaccionar a los últimos retos de la globalización.
“Se suceden las derrotas electorales, cae el número de militantes y se debilitan los vínculos con los sindicatos. Hace tan sólo siete años, trece gobiernos de la UE estaban dirigidos por socialistas. Hoy éste sólo es el caso de España, Portugal y –no se sabe por cuánto tiempo- de Gran Bretaña. Evidentemente, debemos analizar estos resultados con precaución. Las elecciones nacionales de cada país tienen sus particularidades, pero eso no quita para que se esté reafirmando una tendencia general, y sería absurdo negarlo”.
“La crisis de la socialdemocracia proviene, según el último análisis, de su incapacidad de poner en marcha una respuesta europea a los desafíos de la globalización. Su renovación pasa por el relanzamiento y la reorientación de Europa. Tanto es así que el crecimiento fuerte y duradero, la protección de los asalariados frente a todos los riesgos locales, la lucha contra el calentamiento climático, el dominio de la inmigración, la regulación del capitalismo globalizado, exigen una Unión más voluntaria, más ambiciosa y más social”.
Weber evita hacer sangre al no señalar los dos grandes dramas de la socialdemocracia y las dos causas principales del fracaso de la izquierda contemporánea: su rechazo al libre mercado y a la iniciativa privada, a la que siempre aspira a sustituir convirtiendo al gobierno en una gran empresa torpe e inoperante, y su escasa fe en la democracia, lo que conlleva una irrenunciable tendencia a suplantar al ciudadano y a la iniciativa privada desde el poder gubernamental, una opción que, históricamente, siempre ha conducido al fracaso, al empobrecimiento de los pueblos y a la opresión.
Cuando empecé a hablar del nacionalismo gallego en este blog, el tema fue recibido como una curiosidad. El silencio generalizado a mis intervenciones lo interpreté como el reflejo de lo que pensaban los lectores: “Ligur, te has pasado tres pueblos” o “tienes alucinaciones”. De aquellos primeros artículos y comentarios hace casi tres años. Hoy pocos dudan que el nacionalismo gallego ya es una serpiente adulta, capaz de morder y de reptar por el noroeste de España, cargada de vileza y esparciendo el veneno de la discordia.
En esta ocasión les hablo y les aviso del nacionalismo canario, representado por Coalición Canaria y su mandamás, Claudina Morales, y por una prensa que se hace eco de su ideología independentista, como El Día, con escritos incendiarios y removiendo el eterno pleito insular entre Tenerife y Gran Canaria. A mi juicio, como al de muchos canarios, ese del enfrentamiento es un tema algo obsoleto, impropio de una sociedad desarrollada, únicamente útil para reírse en carnavales con las murgas que ridiculizan la situación. ¿Qué sería de las murgas sin la rivalidad entre Chichas y Canariones?
La pérdida de protagonismo de algunos políticos y su insaciable ansia de poder les ha llevado a mutar y expandir el victimismo y el virus nacionalista, a reiventar la historia, a crear una identidad con silicona y a sacarse de la manga persecuciones de seis siglos. Lo único que es auténtico en el nacionalismo canario es la obsesión de medrar de los políticos, el sueño de llegar a ser un Carod, un Benach un Touriño. Algunos de ellos ya empiecen a frotarse las manos y visitar concesionarios de coches.
Por si alguien tenía dudas, la última "fechoría" del poder político español, la de ocultar a los ciudadanos los nombres de los bancos que se acogen a los fondos públicos de rescate, afianza a España como uno de los países más opacos del mundo desarrollado.
Los bancos justifican esa ocultación con el argumento de que al publicarse los nombres de los que se acogen al socorro público, esos bancos pueden sufrir daños de imagen, un argumento genuinamente totalitario que esconde la verdad y desprecia el derecho sagrado ciudadano a "saber" lo que los políticos hacen con el dinero de todos.
De consumarse, como parece probable, esa opción, España se convertiría en el único país de Europa y del mundo presuntamente democrático que abraza la opacidad al ocultar a sus ciudadanos el destino de los ingentes fondos públicos destinados a apuntalar a la banca en dificultades, sin establecer tampoco controles visibles y garantizados a ese dinero. La ruta opaca española esta en abierta contridición con la democracia, que es el reino de la luz, de los taquígrafos y de la verdad.
Algunos pensadores ya alertan de que la opacidad, cuando se despliega en un sistema corrompido y con déficit democrático, facilita el tránsito desde la oligocracia a la cleptocracia, lo que representa algunos pasos más en el hundimiento moral y jurídico de la política.
Pero los españoles no deberían sentirse sorprendidos ante el nuevo atentado contra la democracia porque España, donde el desprecio de los políticos al ciudadano y la falta de controles al poder son ya famosos y sintomáticos, era ya, desde los tiempos de Felipe González y José María Aznar, uno de los paises más opacos del mundo desarrollado.
Me piden los lectores que opine sobre las palabras pronunciadas por la reina Sofía a través del libro de Pilar Urbano. No me gusta el tema, pero no lo eludo:
La reina ha hablado y el país se escandaliza. El problema es que las opiniones de la reina van contra la línea de flotación de la izquierda y de la dictadura de la progresía, imperante en España. Si la reina hubiera dicho algo parecido a lo que dijo su esposo, el rey, no hace mucho, cuando alabó a Zapatero o mando callar al gorila rojo de Venezuela, no habría surgido el escándalo porque aquellas declaraciones beneficiaban a los dictadores.
Pero la reina ha dicho cosas que galpean el corazón de la "religión progre" que el Estado protege y propaga. Ese es, al parecer, su único pecado.
La reina ha tocado temás intocables, como el aborto libre, pero sus palabras más "dañinas" son las que fustigaban al poderoso lobby gay español, muy influyente en la izquierda y también (aunque menos) en la derecha.
Las palabras que más "heridas" han causado son las siguientes:
"Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿Que se suban a una carroza y salgan en manifestaciones?"
"Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios y casarse, pueden estar en su derecho, o no, según las leyes de su país: pero que a eso no le llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles: contrato social, contrato de unión."
No pude conocer al “Che” cuando viví en Cuba porque él ya había muerto, pero seguí su rastro como un podenco y pude comprobar que el argentino era violento, inmisericorde y de gatillo fácil, todo un adicto al asesinato, un personaje en nada parecido al romántico e idealista luchador que se presenta en la película “Che: El argentino”, dirigida por Steven Soderbergh, protagonizada por Benicio del Toro y estrenada recientemente.
La película, basada en la obra del propio Che “Recuerdos de la guerra revolucionaria cubana” (1963), es parcial y escasamente crítica con el revolucionario, cuyos valores destaca y cuyos defectos ignora.
Llegué a Cuba en 1977, con 28 años, como corresponsal de la Agencia EFE, y permanecí allí dos años. Reconozco que llegué admirando la revolución cubana, como tantos jóvenes de mi generación, y que salí de la isla muy distante, tras haber comprobado “in situ” y personalmente que la famosa “Revolución” era un timo que poco tenía de libre, igualitaria o justa.
Buena parte de mi tiempo la dediqué a seguirle el rastro a los antiguos compañeros de armas de Fidel, a Camilo Cienfuegos, Hubert Matos, el Che, Gutiérrez Menoyo y otros. Entrevisté a muchos compañeros de lucha del revolucionario argentino, incluyendo a su padre, Ernerto Guevara Linch, con quien pasé una tarde periodísticamente memorable en el Hotel Habana Libre, y a Jorge “Papito” Serguera, que también era comandante y, junto con el Che, presidía los juicios a los partidarios de Batista.
Tras mis investigaciones, la conclusión sólida fue que “el Che” era un radical peligroso e incómodo, de gatillo fácil, que estorbaba a todos en Cuba, incluyendo al propio Fidel, a Raúl y al resto de los comandantes de la revolución, la élite de la Cuba castrista.
Soy de los que temen que la Tercera Guerra Mundial sea una revuelta desesperada de los pueblos, cansados de explotación, ineficacia, injusticia y corrupción, contra sus propios gobiernos. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, cuyo mejor activo político es la intuición, ya ha advertido que el futuro próximo puede traer revueltas populares.
La actual crisis, que no es cíclica sino terminal de un sistema que no funciona porque ya no genera confianza y porque es injusto, podrido y antidemocrático, coloca a la Humanidad frente a un escenario que se parece mucho a los terrores descritos por el Apocalipsis, en el que la desconfianza, el miedo y las revueltas populares de los marginados y los hambrientos se combinarán con el resurgir del totalitarismo y la inmersión en la pobreza de muchos pueblos acostumbrados a la opulencia y ál derroche.
Un grupo de dirigentes destacados del mundo se reunirá el próximo 15 de noviembre en Washington para buscar y aplicar soluciones a la actual crisis demoledora y frenar los desastres que se avecinan. Pero el problema de esa "cumbre" es que nace castrada y que no puede solucionar un problema que han creado los mismos políticos que se reunen para solucionarlo.
Alienados, arrogantes, opulentos, nada demócratas, temerariamente divorciados de los ciudadanos y cargados de ineficacia y fracaso, los políticos profesionales que han conducido el mundo hasta la peor crisis de la era moderna no pueden ser los mismos que la solucionen.
Esta generación de políticos, cuyo mayor pecado es haber asesinado, de espaldas al pueblo, la democracia, para sustituirla por una oligocracia de partidos políticos, arrojando al ciudadano al exilio, no ha sabido solucionar ni uno sólo de los grandes problemas de la Humanidad, a pesar de haber acumulado más poder para el Estado que en ninguna otra época, incluyendo el Egipto teocrático de los faraones. Todo ese poder casi absoluto, inflado por dinero abundante, armas letales, ejércitos de servidores, leyes que le benefician, servicios de inteligencia, medios de comunicación controlados y tecnología punta, no les ha servido para que el mundo que gobiernan sea más justo, menos violento, menos desigual o menos inseguro, ni para erradicar la miseria, el hambre, la guerra, la injusticia y la indecente indefensión de los pobres frente a los poderosos.
La doctrina dominante se ha esforzado con aceptable éxito en negar cualquier alternativa política al capitalismo, en difundir la tesis de que el capitalismo existió siempre y que sus leyes básicas son parte de la naturaleza humana y una consecuencia inevitable del devenir histórico. Aunque esa afirmación no resiste un análisis serio, buena parte de la humanidad ha aceptado que el capitalismo es el sistema económico propio de la democracia. Algunos, incluso, han llegado al extremo de bautizar la democracia dominante como “democracia capitalista”, convencidos de que el capitalismo no puede desarrollarse sin la democracia, ni la democracia si no va unida a un sistema económico capitalista. Sin embargo, capitalismo y democracia son dos sistemas opuestos e incompatibles, como afirma Miliband. El capitalismo es un sistema económico que exige un grupo relativamente pequeño que acumula capital y monopoliza la actividad industrial, comercial y financiera, mientras que la verdadera democracia es lo opuesto, un sistema en el que el poder es ejercido por el pueblo, que garantiza una igualdad de condiciones y de oportunidades y que no admite elite dominante alguna.
La realidad mundial demuestra precisamente que el capitalismo recela y huye cuando la democracia se hace igualitaria, libre y participativa, y prospera allí donde la democracia está más devaluada o, mejor todavía, donde existen dictaduras implacables que no respetan derechos ni libertades. China, un totalitarismo con escaso respeto a los derechos humanos, salarios bajos, poca protección social y menos democracia, es hoy la meca del capitalismo mundial, mas que Estados Unidos o Gran Bretaña. Parece lógico que capitalismo y democracia sean más bien incompatibles si se tiene presente que el capitalismo no tiene como objetivos el bien común, la cohesión social, la libertad, la igualdad de oportunidades, la libre competencia, ni nada que se le parezca, sino, simplemente, ganar dinero, cuanto más mejor, a costa de lo que sea.
Si capitalismo y democracia son incompatibles, ¿cómo explicar entonces que el matrimonio capitalismo-democracia funcione tan perfectamente en nuestros tiempos? La única explicación lógica es que lo que funciona no es el binomio capitalismo-democracia sino el formado por el capitalismo y la oligocracia, una mutación devaluada de la democracia que desprecia a los ciudadanos, les arrebata su derecho al autogobierno y deposita todo el poder en unas elites políticas.
El economista Robert Basso, de Harvard, en un valioso artículo que publicó en 1996 en Journal of Economic Growth, recogía los resultados de un estudio realizado en un centenar de países entre 1960 y 1990 y llegaba a la sorprendente conclusión de que las tasas de crecimiento en esos países eran inversamente proporcionales a su grado de democracia. La estadística demuestra que cuanto más democrática sea una sociedad, más dificultades tiene para crecer en el capitalismo, algo que dinamita la teoría de que capitalismo y democracia son un matrimonio perfecto.
El mundo entero y, especialmente, España, necesitarán altas dosis de sacrificio, quizás hasta de heroísmo, para salir de la presente crisis económica, una auténtica depresión, más profunda y grave que la simple recesión. Sólo los pueblos que sean capaces de realizar un esfuerzo colectivo cargado de ilusión podrán abandonar el pozo. España, en sus actuales condiciones de desconfianza, de rechazo a sus líderes y de desilusión generalizada ante la corrupción y la injusticia reinantes, permanecerá en el foso de la miseria porque será incapaz de realizar el esfuerzo que necesita ¡Que nadie tenga la menor duda!
Los grandes dramas requieren soluciones heroicas. Los españoles trabajamos duro y con ilusión en la última etapa del Franquismo y, sobre todo, después de la muerte del dictador, cuando la sociedad española vivió una etapa de ilusión colectiva y de rearme moral porque todos creíamos que estábamos construyendo una auténtica democracia, un sistema justo por el que merecía la pena esforzarse. Gracias a ese esfuerzo ilusionado despertamos la admiración del mundo y creamos nuestra actual riqueza.
La España actual, postrada en la depresión y sin una economía que funcione, necesita más que nunca del esfuerzo ilusionado y heroico de los españoles, pero ese esfuerzo resulta ahora imposible porque ya todos sabemos que aquella democracia construida ha resultado ser una estafa, porque nadie se fía de sus líderes, ni del sistema político imperante, ni cree que el esfuerzo a realizar sirva para el bien común. La injusticia, la ostentación arrogante del poder, el divorcio creciente entre ciudadanos y dirigentes políticos, el abuso de poder de los partidos y la caída generalizada de los valores actúan como una enorme losa de plomo que impide la esperanza y el resurgimiento de la sociedad española.
Un ejemplo elocuente de la degradación: el actual presidente de las Cámaras de Comercio de España, el exministro socialista Gómez Navarro, ante el dato de que el absentismo laboral casi se ha duplicado en los últimos años, acaba de pedir a los sindicatos, que son los más íntimos aliados del gobierno, que dejen de proteger a los vagos. Ha olvidado decir también que las Cámaras no sirven para nada y que las empresas deben financiarlas de manera obligatoria, contra la voluntad mayoritaria de los empresarios, forzados por el poder político.
El fracasado pintor y denostado político Adolf Hitler regaló en 1939 un Mercedes 540. G-4 al horrible guionista cinematográfico Jaime de Andrade, (Recuerden la película “Raza”) y despreciable o brillante estadista, según quien le mencione, Francisco Franco. Un coche blindado, seis ruedas y gratis. A nadie le amarga un dulce, sobre todo en esa época. El embajador alemán, barón Von Store, nunca podría imaginar que ese coche, años más tarde, sería con el que Franco conduciría, en 1953, al general Eisenhower, convertido ya en presidente de Estados Unidos, desde El Pardo a su lugar de residencia en Madrid.
Pero hete aquí, que otro gallego nos sorprende con megalomanía e inusitadas necesidades de emular y sobrepasar al Abuelo. No uno, sino cuatro coches oficiales necesita Touriño para visitar sus feudos y súbditos, que cuando todos están en casa son 2,6 millones. El reino lo recorres, de norte a sur o de este a oeste, ida y vuelta, en una mañana. Desayunas y comes en casa.
El último coche, de 480.000, euros sale a la luz en pleno plan de austeridad, de congelación de sueldos y dietas, que anuncian los socialistas en reunión en Vigo, a la que asisten José Blanco y el ministro Corbacho. En su resolución, el PSOE destaca que los ciudadanos "exigen" a los gobiernos y los partidos, en momentos de dificultad, la responsabilidad de "aunar esfuerzos y arrimar el hombro" para hacer frente "todos juntos" a la actual crisis económica.
Cuando el país está atenazado por la crisis y miles de españoles engrosan cada día las filas del desempleo y la pobreza, resulta que Emilio Pérez Touriño, político profesional que preside Galicia representando al PSOE, se compra un coche blindado de lujo por 480.000 euros. Es el cuarto que adquiere y su gesto ha provocado en los ciudadanos escándalo e indignación. La Xunta de Galicia predica la austeridad en el gasto aunque es la propia administración la primera que incumple lo que exige a los ciudadanos gallegos.
Ese gesto, tan elocuente como reprochable, es revelador y sintomático de la naturaleza corrupta e indecente de la actual política española.
Comprar ese coche no es ilegal, pero es indecente. Mientras que lo iindecente y lo ilegal no sean sinónimos, la política será un basurero y los que vivan a gusto en esa pocilga no merecerán respeto alguno del ciudadano.
Zapatero, desde Pekín, a donde ha ido para buscar apoyos y poder ir a la cumbre de Washington del 15 de noviembre, afirma que España tiene mucho que decir en esa cumbre para contribuir en la tarea de cambiar el mundo y asegura que "ya está bien de tanta avaricia". Para que sea creíble y demostrar que lo suyo es algo más que palabrería hueca, podría comenzar condenando el comportamiento de su compañero de partido Touriño, simbolo de derroche, arrogancia, avaricia y de otras actitudes inmorales y odiosas en ese liderazgo político que ha conducido a nuestro mundo hasta el caos. Frente a fenómenos tan tristes como el de Touriño, Zapatero debería comprender que el mundo que ellos gobiernan necesita más inyecciones de ética y decencia que de dinero.
Si quiere ir a Washington para proponer decencia en el liderazgo político mundial y cambios éticos, que siga luchando por un asiento en la cumbre, pero si sólo va a apoyar nuevas inyecciones de dinero y más declaraciones arrogantes de los poderosos, en busca de una confianza ya perdida, que se ahorre los esfuerzos y el ridículo internacional que está protagonizando.
Si Zapatero fuera sabio y supiera interpretar los signos de los tiempos, en lugar de atentar contra la dignidad de España al mendigar un puesto en la cumbre sobre la crisis financiera internacional, convocada para el próximo 15 de noviembre en Estados Unidos, en presencia de los líderes del G-20 y llamada a refundar los principios del capitalismo, se sentiría feliz de no asistir a una cumbre que pasará a la historia por su fracaso.
Pero nuestro dirigente no es un analista perspicaz ni se ha distinguido nunca por su capacidad de anticiparse al futuro. Es la suerte la que le salvará, una vez más, del desastre y del fracaso. Su ausencia de esa cumbre quizás le convierta en un héroe para las generaciones futuras.
Sarkozy, que ha visto los riesgos de formar parte del grupo que se reunirá en Washington para fracasar, ya ha advertido del riesgo que representa esa reunión de poderosos: “Esta reunión no debe ser una cita para nada. Y yo no iré para asistir a una cita fallida. Si logramos juntos con todos los responables políticos de los grandes países industrializados y emergentes definir estas nuevas reglas que necesita la economía global entonces habrá una posibilidad para que de esta crisis salga un mundo mejor”, ha dicho el francés que, movido por el miedo, agregó: “No tenemos el derecho de fracasar porque eso significará que el mundo que saldrá de la crisis será peor que el de antes”.
Desgraciadamente, eso es lo que ocurrirá porque, como decían los filósofos primitivos griegos cuando colocaban las primeras piedras de la sabiduría universal, "No puede salir el pelo del no pelo", ni el fuego del agua, ni la tierra del aire. Del mismo modo, los políticos, que son el problema, no pueden producir la solución.
¿Que pueden hacer los líderes de los países ricos y emergentes ante la crisis? Únicamente lo que han hecho ya: inyectar dinero, el que tienen y el de las generaciones futuras, en un sistema que, a pesar de esas ayudas masivas, sigue cadavérico, sin reaccionar, con las bolsas en caída libre y la economía real paralizada y en recesión.
Zapatero, por fin, se quedará fuera de la cumbre mundial que buscará medidas contra la crisis que tiene postrado al mundo. Todos los jefes de Estado y de gobiernos convocados hablan de grandes cambios y algunos, los más osados, hablan, incluso, de "refundar el capitalismo", pero ningún político ha dicho todavía la verdad: que lo más urgente y vital para el planeta es "refundar la democracia".
El capitalismo está fuera de control, pero hay que admitir que los fallos del capitalismo se deben a fallos previos de las democracias más desarrolladas, cuyos gobernantes, responsables de controlar el sistema financiero, han sido incapaces de evitar el caos y la desolación de la banca y de los mercados.
Es cierto que los ciudadanos ya no se fían de los bancos y que el pánico domina a muchos ahorradores, que sacan sus ahorros del sistema bancario, contratan cajas de seguridad para llenarlas de billetes o compran compulsivamente lingotes de oro, pero no es menos cierto que la gente cree todavía menos en los políticos y que los dirigentes, por mucho que lo intenten, no son capaces de generar confianza porque el deterioro de la democracia es decenas de veces superior al deterioro de los bancos.
La mayor diferencia entre la crisis económica y la política es que los políticos quieren salvar a la banca, pero ni siquiera son conscientes de que las democracias que gobiernan están más podridas que el sistema financiero y que ellos mismos tienen menos crédito ante el pueblo que los brokers de Wall Street.
"Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el que los jefes politicos y su ejercito de colaboradores pudieran gobernar una poblacion de exclavos sobre los que no fuese necesario ejercer coaccion alguna pues amarian su servidumbre." Aldous Huxley, en 1931.
Los partidos políticos actuales han alcanzado en España casi el poder absoluto, un poder que aterroriza a los demócratas, un poder equiparable o superior al que tuvo el dictador Franco en su tiempo. Los partidos políticos son hoy la peor paradoja de la democracia española y su mayor pesadilla porque nacieron para revitalizarla, pero hay se han convertido en el mayor obstáculo para que la verdadera democracia pueda existir.
La aprobación en las Cortes de los planes de socorro a la banca, que empeñan más del 15 por ciento de la riqueza española en el rescate del dañado sistema financiero, demuestra que el poder político en España ha alcanzado un poder casi absoluto y que la incipiente democracia española, cuyas dos principales exigencias son el equilibrio entre los distintos poderes y la vigencia de fuertes controles al Ejecutivo para que no se convierta en un poder arbitrario, descontrolado y absoluto, ha sido asesinada y enterrada en silencio.
Han empeñado buena parte de la riqueza de la nación y han garantizado que las próximas generaciones de españoles vivan endeudadas sin ni siquiera consultar a los ciudadanos, los cuales son, en teoría, los soberanos y dueños del sistema democrático. La asurpación del poder popular, la humillación de la voluntad política ciudadana y la degradación de la democracia no pueden llegar ya más lejos en España.
Del sueño democrático español que se inició con la muerte del dictador ya no queda nada porque los partidos políticos, tras haber acumulado un poder aterrador, han dominado el sistema hasta degradarlo, han subyugado al ciudadano, en teoría el soberano de la democracia, y se han convertido en el mayor problema para que la democracia tenga vigencia. Los partidos no sólo son los principales culpables de la muerte del sistema, sino que han emprendido un camino que conduce directamente al exterminio de la ciudadanía libre y a la dictadura.
Las máquinas de fabricar billetes están funcionando a pleno pulmón, produciendo rios de dólares y de euros, por orden de los políticos, que quieren atajar la crisis como sea. Sin embargo, las soluciones del poder no están funcionando esta vez porque los ciudadanos y la economía en pleno ya no se fían del "dinero político", unos billetes sin relación alguna con el valor y la riqueza real, sin otro respaldo que el de una confianza política, que está hecha añicos.
Los gobiernos, al inundar el mundo financiero con billetes para salvar un sistema que se muere por falta de credibilidad, están consiguiendo el efecto contrario. Dicen que falta liquidez, pero el problema real es que falta solvencia y credibilidad en los que mandan. Por eso las bolsas caen y la economía no se reactiva, a pesar de la verdadera lluvia de dinero que está inundando los mercados y de las cataratas de promesas que realizan los políticos desde cumbres y foros cada vez más numerosos y cargados de grandeza y solemnidad.
Desde que fue eliminado el patrón oro, la moneda es sólo una cuestión de confianza y vale lo que los políticos dicen que vale. Pero esos políticos que tenían que sostener el sistema han perdido ya todo su crédito ante los ciudadanos y ni siquiera la banca y los mercados ya creen en ellos.
La gran verdad que se esconde detrás de esta crisis, distinta de las anteriores porque no es cíclica sino terminal, es que los políticos han acabado con su crédito y han demostrado hasta la saciedad que no son de fiar.
Han acumulado todo el poder posible; han destruido la democracia y la han sustituido por oligocracias de partidos; han expulsado al ciudadano de los procesos de toma de decisiones; han convertido a los partidos políticos en monstruos insaciables de poder; han manipulado las elecciones de manera que sean los partidos los que elijan, arrebatando al ciudadano su derecho democrático a elegir en plena libertad a sus representantes; han logrado la ignominia de que los representantes electos rindan cuentas no al ciudadano sino al partido que los nombra; han violado todos los cerrojos y controles de la democracia, invadiendo la sociedad civil, sometiendo a la Justicia, controlando a la prensa crítica, impidiéndole que cumpla su vital misión de fiscalizar a los grandes poderes; han podrido el sistema financiero mundial mediante abusos de poder, sometiéndolo a controles políticos excesivos e, incluso, sentando a políticos torpes y al servicio de los partidos en los consejos de administración y en las presidencias de muchos bancos y cajas.
La publicación en Voto en Blanco del artículo titulado "¿Cuanto tardaremos en añorar a Franco?" y el posterior "Franquismo y Democracia" han generado nuevos comentarios de lectores de Voto en Blanco que, por su interés, hemos considerado conveniente reproducir:

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Buen artículo Don Francisco. Nací en 1943. Es decir que nadie me puede venir a contarme la Historia reciente. Como dice Dámaso,"...Hoy día hay mucha gente que cambiaría la libertad de decir que el Sr. Rodríguez es un mamarracho o que los del PP son unos "asesinos" por un puesto de trabajo estable, un piso y poder andar tranquilamente a cualquier hora por la calle. Lo demás son demagogias de una privilegiada clase poítica y allegados, cada vez más abundantes..." No añoro a Franco,sino la tranquilidad que su gobierno proporcionó. La libertad estaba como hoy en mi mente.Nunca sentí necesidad de pertenecer a partido político alguno. ¿Que no se votaba,bueno?¿A alguien con dos dedos de frente le produce algún placer el votar cada cuatro años?A alguien que sabe que su voto, no sirve para nada o en el peor de los casos,para que los partidos políticos-esas mafias del enchufismo- se alien con otros de ideología contraría para llevar a cabo sus proyectos.
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Yo creo que el balance del régimen de Franco es altamente positivo para España. Franco sacó a España del subdesarrollo, gracias a convertir al paupérrimo proletariado español, en una pujante clase media. Nunca se hizo más por el obrero: seguridad social, universidades laborales, pagas extraordinarias, vacaciones remuneradas, construcción de infinidad de barriadas para obreros... Todo ello propició una paz social gracias a la cual la Transición se pudo hacer sin grandes sobresaltos. No es casualidad que la democracia cuajara en España en 1.978 y no en 1.931.
Esto, por lo que se refiere a la cuestión social. En lo nacional, ni qué decir tiene que España era entonces España; hoy ya no sabemos ni qué es.
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La forma en que nos representan los partidos políticos quedó bien patente en las declaraciones de la senadora del PP por Valencia en la legislatura 2000-04, Mª José Mora Devis: "lo pasábamos muy bien nos invitaban a fiestas y recepciones al Senado solo íbamos a apretar el botón" y luego añadió "la lealtad se la debes al partido que te ha proporcionado el escaño, no a los votantes"
Más claro, agua
Numerosos lectores de Voto en Blanco, entre ellos algunos que se identifican como portadores de toga o como miembros de los cuerpos de seguridad, nos repiten con insistencia que los delitos son muy superiores en España a lo que reflejan las estadísticas, que son falseadas y manipuladas. Nosotros no tenemos forma de verificar si esa denuncia es cierta, pero somos sensibles a la sospecha y a la duda.
A continuación publicamos la última denuncia recibida en ese sentido:
Desde hace muchos años el ministerio del interior español, a través de la secretaria de estado para la seguridad (in), y de su putrefacta dirección general de la policía (hoy en día compartida- más bien absorbida- con la de la guardia civil):
Llevan falsificando datos sobre el número real de delitos y faltas que se cometen, desde hace muchos años, concretamente desde el mismo año en que se implantaron. Hay incluso comisarios de policía, cuya única misión en sacarse de “encima delitos”, con el fin de que los contabilicen en la comisaría de al lado. Otros tantos hechos delictivos no se contabilizan. Se pierden en el limbo o se disfrazan de simples faltas. E incluso dentro de las faltas, en calificaciones carentes de significado y trascendencia social. Añada que, por diversos procedimientos, se hace desistir a los denunciantes en las mismas oficinas de denuncia o previas a ello, mediante el uso de la palabra, en el ambiente deplorable de esas habitaciones o del aburrimiento en esperas interminables, o les dicen que deben denunciar en otro lugar u organismo, cuando no "se pierde la denuncia" a la que previamente ni se ha registrado, y por lo tanto contabilizado en ningún lugar, y al ciudadano, se le da una supuesta copia con un sello, y con ello va tan contento, y en ningún centro oficial le pondrán problemas en presentarla para realizar otro tramite, como por ejemplo renovar el DNI robado, o la tarjeta de débito.
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Queda más. Muchos ciudadanos que ya fueron víctimas anteriormente de estos delitos, ya ni se molestan en denunciar, si no tienen un seguro de robo que les obligue a hacerlo.
Al final el número real de hechos delictivos cometidos tendría que multiplicarlo por no menos de 4.
Sobre este tema, conozco más de lo que imaginar pueda.
¿Sabe de donde puede sacar datos muy fiables? ¡Le puedo indicar unos cuantos!
Le voy a pedir algo: No sea usted portavoz de los datos falsos que proporciona el ministerio del Interior.
Quizás tenga razón Roger Cohen, del International Herald Tribune, famoso e implacable analista, cuando define al español Zapatero como persona sin valores, poco apasionada por la democracia y con una visión relativista, poco ética, del mundo.
Cohen ha escrito: “A pesar del pasado dictatorial de España bajo Franco, Zapatero me pareció muy complaciente con el totalitarismo y la tiranía. Su discurso leguleyo me trasmitía relativismo moral. Explica por qué Orwell se sintió obligado a decir que no basta con ser antifascista, también debes ser antitotalitario”.
El gobierno español que preside Zapatero se ha mostrado dispuesto a financiar con hasta 400 millones de euros a la dictadura criminal de Cuba. Por lo pronto, ha acordado financiar con 24,5 millones de euros un plan de apoyo a la reconstrucción de las zonas afectadas por los huracanes Ike y Gustav, que, según las autoridades castristas, han provocado pérdidas por valor de 3.600 millones de euros.
El anuncio ha sido realizado con motivo de la visita a España del canciller cubano, Felipe Pérez Roque, que tuvo el atrevimiento de invitar al presidente del gobierno español a visitar Cuba, invitación aceptada, según el ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, el cual fue corregido inmediatamente por el propio Zapatero, que dijo que tendría que reflexionar sobre esa invitación.
Cuando los observadores en España se esperaban cierta "frialdad" en el trato al "duro" castrista Perez Roque, tras la reciente e inexplicable detención y humillación de una cooperante española en Cuba, surgió la sorpresa del "idilio" y de los regalos millonarios de la presunta democracia española al castrismo, precisamente en el momento en que los disidentes y refugiados denuncian que el régimen comunista de Cuba retorna a sus prácticas más duras y represoras.
Un participante en los debates de Voto en Blanco escribe un comentario que, como es habitual en este blog, lo elevamos al rango de post por su evidente interés:
El comunismo instauró el llamado “capitalismo de Estado”, el capitalismo en su última escena está inaugurando el “comunismo de Estado”. Quieren nacionalizar también las empresas industriales a lo que Trichet se ha opuesto por no existir reglas pero “las estudiarán”. En sus atropelladas reuniones todavía hablan de “democracias” y “Estados” para no decidir conjuntamente y sin “legalidad”, lo que supone un atraco histórico a millones de europeos o norteamericanos y solo hace unos días declararon que
cada uno se las apañe como pueda.
Del mismo modo que el tsunami bursátil ha ido ascendiendo en el rango económico y político hasta llegar a las más altas cimas, también la mentira, el fraude y la estafa alcanzan hoy en el mundo sus más elevadas cotas. Si los primeros en caer fueron los bancos inversores y después los bancos comerciales, las aseguradoras y las empresas industriales, todos han recalado en los bancos nacionales y la última ficha del dominó es la cúspide donde están los propios Estados hechos banqueros: todo el recorrido se ha realizado y no hay montaña más elevada.
También la política ha hecho su trayectoria de abajo arriba: desde los representantes y diputados a los jefes de gobiernos, llegando finalmente a las más altas instancias nacionales y mundiales. La principal receta para este desastre terminal ha consistido siempre en la inyección de dinero en el sistema, y su máxima, definitiva e ilimitada entrega ha sido ayer domingo por medio del Eurogrupo que ha decidido “prestar” a los bancos todo el numerario que precisen, aunque arguyen que “solo” hasta finales de 2009 para enmascarar el delito.
Arquímedes precisaba un punto de apoyo para mover el mundo, pero a los capitalistas no les queda sino crecientes y gigantescas mentiras para tratar de esconder la apocalíptica realidad. Suponiendo que lograran insuflar la confianza que se ha esfumado y las bolsas se recuperaran, no conseguirían más que una ínfima parte del capital que el sistema precisa, pues por mucho dinero que fabriquen, las empresas industriales lo perderían si lo invirtiesen en una producción que nadie consumiría por falta de poder adquisitivo.
Los acontecimientos más recientes de la crisis, en especial la cumbre europea que decidió impulsar y sacralizar el intervencionismo de los gobiernos en las finanzas, son terribles para la democracia y la libertad. El miedo instaurado en la sociedad por la crisis económica ha permitido a los gobiernos y a los partidos acumular todavía más poder y ha hecho retroceder al ciudadano, que sigue perdiendo posiciones en las degradadas democracias europeas, cada día más intervencionistas y sin controles democráticos.
Como ocurre siempre, el miedo, que es el alimento de los cobardes, ha permitido que el poder político avance y ha arrinconado todavía más al ciudadano, que ya no es sino una sombra de lo que llegó a ser en el pasado, cuando fue definido como soberano y señor de la democracia.
La crisis ha permitido a los gobiernos intervenir en la economía y penetrar sin oposición en las instituciones financieras, que son uno de los santuarios decisivos de la sociedad civil, donde, incluso, se disponen a arrebatar el control a los accionistas, sin que nadie proteste, sin resistencia alguna, ante unos ciudadanos vergonzosamente transformados en borregos sumisos.
El silencio del rey Juan Carlos es cada día más inquietante y decepcionante. Silencio frente a la corrupción que envilece a España, ante las negociaciones entreguistas del gobierno con ETA, ante la creciente inseguridad ciudadana, ante el inconstitucional Estatuto de Cataluña, rompedor de la igualdad y de la unidad de España, que el rey debe cuidar por mandato constitucional, silencio ante el auge del nacionalismo disgregador y radical, silencio ante la crisis económica galopante que empobrece a los españoles... ¡Menudo porvenir le espera a una Corona que no se preocupa de los dueños de la misma!
Muchos ciudadanos no entendemos el silencio del monarca ante asuntos que nos preocupan y que a él le competen como Jefe del Estado, sobre todo ante fenómenos tan graves como el anticonstitucional deterioro de la democracia y su transformación en una oligocracia de partidos, el divordio profundo entre políticos y ciudadanos y el desprestigio generalizado de lo público.
El rey permanece incomprensiblemente mudo ante el deterioro de la Justicia española y la descarada e inconstitucional intervención de los partidos en el poder judicial.
Ante la crisis, el presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha reaccionado tarde y mal, como corresponde a un gobernante torpe, pero cuando por fin ha reconocido la existencia de la crisis, tras haber negado y ocultado sus indicios y anticipos durante más de un año, ha afirmado que la receta adecuada es más control del Estado sobre las finanzas, más socialismo en definitiva. Su tesis es una nueva gran mentira porque no existe un sector más regulado y controlado por el poder político que el financiero. Echar la culpa a los banqueros del drama actual es cobarde e hipócrita. La culpa principal es de los gobiernos, que tenían la obligación de controlar el sistema y no han hecho nada para evitar la tragedia de la economía porque el dinero fluía con abundancia mientras la burbuja se hinchaba como un globo. Los banqueros y operadores del mercado, con sus fallos, chapuzas y sueldos altos, han obrado siempre con la aprobación o el consentimiento de los organismos reguladores del Estado, que, en todo caso, no intervinieron ni corrigueron el rumbo demente de la economía.
Han sido tan cobardes e hipócritas nuestros gobernantes que ahora echan la culpa de la crisis a los banqueros y brokers, afirmando que los mercados y las finanzas deberían haber tenido mayor control del Estado, todo un engaño a la ciudadanía porque ocultan su propia responsabilidad, que el sector financiero es el más regulado por el poder político y que en la banca difícilmente puede realizar operaciones y movimientos sin la autorización o el consentimiento del poder público.
Los expertos se asombran porque las medidas de los políticos para frenar la crisis no funcionan. En España han garantizado los depósitos hasta 100.000 euros, han creado un fondo de garantía de 50 mil millones de euros y hasta han bajado los tipos de interés, pero el virus de la crisis sigue activo, destruyendo la confianza y el tejido productivo, generando cada día tres mil parados y el cierre de más de más de 300 empresas.
¿Qué está pasando? ¿Por qué esas medidas, que parecen las adecuadas, no surten efecto?
La respuesta es evidente: la gente se fía todavía menos de los políticos que de los tiburones y brokers que han convertido las finanzas mundiales en un basurero.
Pero los políticos se niegan a aceptar que ellos son la parte principal del problema, porque no les interesa. Por eso se resisten a adoptar la media principal, la única que acabaría con la marea de desconfianza y recelo que alimenta a diario la crisis: "castigar a los rufianes" y expulsarlos del poder para "depurar el sistema". No sólo hay que acabar con los que han creado fondos basura y contaminado las finanzas mundiales con humo y engaño, sino que también hay que arrojar fuera del sistema a los aventureros, los corruptos y los aprovechados que viven al amparo del poder, los que ordeñan a diario la teta del Estado y piensan que robar en nombre del partido es lícito.
No es de recibo que el presidente de una caja de ahorros, de esas que están tomadas por los políticos, gane varios millones de euros al año y que, al marcharse, después de haber realizado un trabajo nefasto que beneficia a su partido pero que perjudica a los ahorradores, se lleve indemnizaciones millonarias que solucionan el resto de sus vidas y el futuro de su prole. Permitir que los ineptos y aprovechados al servicio del partido permanezcan en sus puestos sin ser depurados es corrupción con mayúsculas, mientras que apoyarlos y sostenerlos es delito.
En Estados Unidos y en otros países desarrollados se han bajado los impuestos a los ciudadanos y a las pymes para evitar el cierre de las empresas y estimular la economía ante la feroz crisis que conmueve al mundo entero, pero en España el gobierno avariento e insensato de Zapatero tiene otros métodos: sube veladamente los impuestos, no garantiza que los fondos de reserva lleguen a las empresas y ordena a las fuerzas policiales y de inspección del Estado que recauden cientos de millones a través de denuncias, sanciones y multas.
Como consecuencia de esa insensata avaricia, más de 300 empresas españolas, casi todas pymes y negocios de autónomos, están cerrando cada día, lo que produce más 3.000 nuevos parados diarios, una locuraque ninguna economía puede resistir a la larga, pero el gobierno de Zapatero se niega a bajar los impuestos para mantener a toda costa el sobrecargado, absurdo e inutil aparato burocrático, con casi tres millones de funcionarios y trecientos mil enchufados y asesores viviendo del presupuesto, cuando hace dos décadas ese ejército estatal superfluo e inútil tenía apenas la mitad de esos efectivos.
Las noticias de que Zapatero mantiene en la Moncloa a casi 700 aesores personales y que una decena de asesores del presidente de la Diputación de Almería, todos ellos piezas del PSOE, cobraban de esa institución sin trabajar, han indignado a los ciudadanos, que cada día soportan menos la arrogancia, la desfachatez y la corrupción del poder político.
Han elevado el IRPF más del cinco por ciento ocultamente, sin que haya existido debate alguno, por miedo a perder votos ante una medida tan impopolar e inadecuada, porque el gobierno se ha negado a deflactar la inflación, como venía haciendo cada año, mientras que se han elevado enormemente el precio de los servicios públicos y las tasas que cobra la administración a los ciudadanos, lo que implica una presión fiscal todavía mayor para los españoles.
Las medidas, las más inadecuadas en una crisis, cuando lo que se necesita es bajar impuestos para frenar el desempleo y conseguir que la economía se active, reflejan una avaricia insensata por parte del gobierno, que parece preferir el hondimiento del tejido productivo antes que someter al Estado enfermo a la saludable cura de austeridad y adelgazamiento que todos los expertos le recomiendan.
La ciudadanía española, ante esa situación injusta e inconveniente para la nación, se deja esquilmar mansamente, sin protesta ni digna rebeldía.
viñeta de www.lakodorniz.com
No sé si Rosa Díez (R-10) es consciente de que el tiempo y los acontecimientos le ayudan y que ella encarna hoy la luz y la esperanza en el oscuro túnel de la política española. No sé si ella lo sabe, pero el pasado 4 de octubre, cuando su partido, UPyD, celebraba con un acto su primer aniversario, sus seguidores sintieron ese espíritu mesiánico y pionero que suele iluminar las grandes aventuras y gestas.
UPyD nació hace un año en medio del escepticismo y del desprecio, pero hoy es un partido que crece en intención de votos, que concita esperanzas en el desolado panarama político español y que cada día arrebata más adeptos tanto a la izquierda como a la derecha.
El nuevo partido ha sabido conectar con un sentimiento incipiente en España, el del rechazo a la partitocracia y a sus arrogancias y abusos, que hoy es apenas un movimiento que florece entre intelectuales y ciudadanos libres, pero que, como ocurrió en la Italia de los años noventa, pronto se convertirá en la pólvora (Manos Limpias) que se llevará por delante a la corrupta e ineficiente oligocracia de partidos que nos gobierna. El de Rosa Díez es un partido que más que apostar por las ideologías, frágiles y desgastadas, ha apostado por los derechos civicos y los valores, que no se desgastan jamás.
La Iglesia Católica española, acobardada, desorganizada y sin empuje, está desaprovechando una de sus mejores oportunidades históricas al mostrarse incapaz de liderar la recuperación de los valores y de la ética que la sociedad española ansía, tras haberlos perdido en las últimas décadas como consecuencia del mal gobierno, la degeneración de la democracia y la corrupción generalizada del poder político.
Ante el mal gobierno, la degeneración de la política, la caída de los valores y la corrupción, muchos ciudadanos miran a la Iglesia con la esperanza de que, desde los púlpitos y las diócesis, se lance el esperado movimiento de resurrección de España, pero la Iglesia española, acomodada, acobardada y sin empuje, continua manteniéndose en la somnolencia, lejos del activismo regenerador que encarna la doctrina del Maestro Jesús.
El cardenal Rouco Varela, líder de la Conferencia Episcopal, es capaz de decir frases tan interesantes como "o colocamos el poder bajo el imperio de la moral y la ética o vamos al desastre", pero todo queda ahí, sin que las desordenadas y divididas fuerzas católicas sean capaces de liderar el movimiento de recuperación de los valores perdidos que la parte más libre y sana de la sociedad española ansía.
Recientemente me decía un católico practicante y socialmente activo, miembro de Cáritas, que en España existen condiciones similares a las que existían en la Polonía de los años setenta y ochenta para que la Iglesia encabece o, por lo menos, impulse la lucha del pueblo contra el mal gobierno y la recuperación de la decencia, pero se lamentaba de que los curas son incapaces de hacer nada a pesar de que basta entrar en una Iglesia para ver que casi únicamente los viejos que se acercan a la muerte se acuerdan de Dios.
Las medidas de rescate y la subida de las garantías para los depósitos bancarios no detienen las caídas de las bolsas ni frena la crisis, que sigue avanzando imparable y perfilándose como peor que la de 1929 y la más grave de la era capitalista.
Lo peor de esta crisis es que se llevará por delante la prosperidad de España y África volverá a empezar en los Pirineos. No es pesimismo sino análisis sin miedo y sin peajes. Sin una industria competitiva, con un Estado hipertrofiado donde sobran más de dos millones de funcionarios, asesores, enchufados y compañeros colocados del partido, con una formación inedecuada de los jóvenes, minada por el mal gobierno y presa de la corrupción y de la caída de los valores, España no es viable como país próspero y avanzado.
Las crisis son procesos dolorosos que sirven también para hacer limpieza y colocar a cada uno en su sitio. De esta crisis, con esfuerzo y cambios profundos, saldrán adelante los países que tengan las bases sanas, pero no los que están enfermos. España, sin otra riqueza real y competitiva que su turismo e infectada de males tan terribles como el despilfarro público, la insoportable obesidad del Estado, la corrupción, la caída de los valores, la pérdida del sentido del esfuerzo, la degradación de la democracia y el mal gobierno, es un país sin sitio en la prosperidad.
Nuestras credenciales reales son tan preocupantes como vergonzosas: primer consumidor y distribuidor de drogas en Europa; primer consumidor de alcohol; número uno en prostitución, líder en impuestos; los índices de delincuencia, inseguridad, fracaso escolar y retraso en innovación disparados; primer puesto en decepción ciudadana frente a la política y un Estado insaciable que se lleva el 37 por ciento del PIB en forma de impuestos, atosigando al ciudadano y al tejido productivo.
El gobierno de Zapatero, abrumado por una crisis que empobrece en masa a los españoles, con miles de empresas cerrando y millones de ciudadanos perdiendo prosperidad, ha logrado el milagro de compartir toda esa mugre con la oposición más inepta de la historia moderna de España. Zapatero ni podía soñarlo, pero ha conseguido que, ante los ojos del ciudadano, Rajoy sea tan responsable como él del desastre de España. Ahí están las encuestas para demostrarlo. A pesar del drama y de su probada incompetencia, el PSOE sigue por delante en intención de voto.
Si se contempla la "lucha" entre Zapatero y Rajoy, entre gobierno y oposición, uno tiene la sensación de estar viendo un combate de boxeo entre un púgil viejo, cansado y marrullero (ZP) contra un niño de seis años (Rajoy) al que, indefenso y torpe, le dan golpes por todas partes. Y entonces descubrimos que la mal llamada "democracia española" no sólo carece de atributos claves como la independencia de la Justicia, el respeto al ciudadano, el imperio de una ley igual para todos o la existencia de una sociedad civil vigorosa y capaz de operar como contrapeso del poder político, sino que le falla también la esencia del juego del poder: una oposición crítica, capaz de controlar al gobierno.
El gobierno de Zapatero debería estar desgastado y al borde del colapso, víctima de su nefasta gestión de una crisis económica que está arruinando a España a velocidad de vértigo y de sus múltiples fracasos: en política exterior, donde es poco apreciado y respetado, en política autonómica, donde alimenta la disgregación de España, y en casi todos los campos que toca, pero la oposición que lidera Rajoy es incapaz de capitalizar esos fracasos, ni de causar el más mínimo desgaste al peor gobierno que ha tenido España desde la muerte de Franco y, probablemente, también desde los tiempos del nefasto Fernando VII.
Si algo está quedando claro en la presente crisis es que el mundo debe cambiar porque tal como está organizado funciona mal y de manera injusta. La clave del asunto es que la política mundial, el liderazgo, la sociedad y el poder están construídos de manera bastarda sobre la abrupta falacia de que los partidos políticos representan a toda la sociedad, cuando en realidad sólo representan a sus propios afiliados.
Amparados en que los partidos representan a toda la sociedad, los políticos acaparan todo el poder, tras haber tomado y ocupado la sociedad civil, penetrando y controlando espacios e instituciones que la democracia, por razones de salud y de control del poder, les prohibe expresamente, como son las universidades, las cajas de ahorros, las asociaciones, fundaciones y empresas de interés público, etc. Cada vez que invaden uno de estos territorios vedados por la democracia, lo hacen afirmando que ellos son "la expresión de la soberanía popular", toda una mentira gigantesca.
La democracia es clara al establecer que la sociedad civil debe existir al margen de la vida política y con independencia, precisamente para que sirva de contrapeso al poder político. Pero los partidos, ambiciosos e irrefrenables, han ocupado la sociedad civil y la han asfixiado hasta dejarla al borde del coma, con lo que han prostituido la democracia.
Si se abandona el bastardo principio de que los partidos políticos tienen el monopolio de la representación y se admite el más justo y democrático principio de que únicamente representan a sus afiliados, entonces las cosas pueden cambiar y este mundo, transformado en oligárquico por los partidos políticos, podría llegar a ser democrático.
El principio de que "todos los males de la democracia se solucionan con más democracia" tiene ahora una vigencia plena.
La publicación en Voto en Blanco del artículo titulado "¿Cuanto tardaremos en añorar a Franco" ha generado una lluvia de análisis y comentarios de los lectores con interés suficiente para ser resumidos en un nuevo post.
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... aquel régimen tenía cosas despreciables (la prepotencia y los abusos de la guardia Civil de la época, por ej., etc.), pero tenía bastantes cosas buenas, visto así en la distancia. Tantas, que renuncio en este momento a enumerarlas, pero que favorecían no solo a los de siempre, sino que iban también a favor de la clase obrera (curiosamente en el mismo sentido que en la URSS: paternalismo y necesidades básicas, seguridad, estudios y promoción para los más capaces...) que renunciaba, a cambio a la "libertad" formal que es la que tenemos ahora. Pero los que luchamos por la libertad auténtica vemos lo que actualmente tenemos, la degeneración de los servicios sociales, educativos y sanitarios que contribuimos con nuestros padres a crear -ojo, para nuestros hijos, no para dilapidarlos en solidaridades impuestas-, vemos la inseguridad y la delincuencia, la corrupción y el pillaje que afecta hasta los cuerpos de seguridad..., vemos que el subtrabajo es la norma, que "el mercado" no tiene cortapisa alguna y se pisotea laboralmente todos los días a quienes no tienen otra cosa que ofrecer que su fuerza de trabajo con la complicidad de los secuestradores de la democracia (politicastros que solo están por la perpetuación en el cargo y por su particular bolsa...)
¡Para qué seguir!"
¿Este es el precio que hay que pagar por la libertad?
No, creo, porque en Europa hay libertad con orden, equilibrio y justicia más o menos logrados y no este CAOS organizado, salvaje, con la excusa de la globalización o mundialización que nos han encasquetado.
Aquí prima la ley del más fuerte. A la explotación económica se añade ahora la inseguridad física. Y no hay inspector ni polícia, ni justicia que controle nada.
Pero esto no es nada con lo que se ve venir.
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Yo he vivido 25 años de mi vida bajo el franquismo, y los treinta siguientes bajo la democracia. No siento ninguna añoranza de mi juventud, que, por razones que no vienen al caso, no fue nada feliz. Por todo eso creo que puedo opinar sobre antes y despues del "hecho sucesorio" desde una razonable imparcialidad.
Es tan escasa la confianza que los ciudadanos tienen en los políticos que ha bastado que Solbes dijera el martes 30 de septiembre que los ahorros de los españoles están garantizados para que miles de ciudadanos acudieran a los bancos para retirar sus fondos. Todavía no es una estampida, pero se ha notado, según nos lo han confirmado en numerosas instituciones financieras, donde saben que los políticos, como los banqueros, han perdido ya todo el crédito ante la ciudadanía.
Durante la otra gran crisis económica, la de los años treinta del pasado siglo, los políticos perdieron también su prestigio y credibilidad, aunque el deterioro de su imagen no llegó a ser tan grave como ahora. El desprecio de los ciudadanos a los políticos llegó a ser tan intenso que el presidente de Estados Unidos, F.D. Rooselvet, se vio obligado a salir al paso con esta recomendación: “Tenemos que luchar para que la palabra político deje de ser un insulto”.
En España, el gobierno está llegando a extremos inéditos y hace méritos para ser considerado por muchos ciudadanos como un adversario. Falta poco para que lo consideremos como nuestro peor enemigo. La última prueba: Zapatero beneficia con más dinero a las autonomías gobernadas por el PSOE y penaliza con menos inversiones a las gobernadas por el PP. También sirve como ejemplo el que Rubalcaba aumente un 20 por ciento los "fondos reservados", a pesar de la crisis, mientras que las empresas están asfixiadas y a Solbes no se le ocurre otra cosa que ordenar a Hacienda inspecciones a malsalva. Algunos empresarios, desesperados por el acoso de los impuestos en estos tiempos de angustia, piensan en la objección fiscal o en cerrar sus empresas.
Las víctimas, como siempre, son los más débiles. Cada día, casi setecientos jóvenes pasan a engrosar el paro, mientras que Zapatero ni siquiera es capaz, como han hecho otros países, de garantizar los depósitos bancarios o de subir el mínimo garantizado para los ahorradores, que en España es de 20.000 euros, uno de los más bajos del mundo desarrollado. El presidente, alienado y víctima del famoso "síndrome de la Moncloa", que hace de los presidentes ineptos arrogantes en su segundo mandato, habla ahora del sentido del humor y sigue alardeando de la fortaleza de un país que, mal gobernado, cada días es más pobre, más desigual y más injusto.
Existe una nueva izquierda millonaria que es furiosamente antiyanky (todavía más anti Bush) y que considera al cristianismo un enemigo más peligroso que el mismísimo islamismo radical. Nadie sabe de donde ni cómo ha surgido esa nueva izquierda, ni hacia donde se dirige, pero sí se sabe que no es obrera, que ama la buena vida, que está tan lejos de la lucha de clases como la derecha tradicional, que a sus líderes les gusta mucho el dinero y que no está contenta con el mundo globalizado, de inspiración liberal, que les ha tocado vivir.
Es una izquierda nueva que se abre camino en Europa y en el mismo corazón del imperio americano, que lee a Noam Chonsky y se siente calurosamente identificada con el nuevo libro de George Soros “The Age of Fallibility – Consequences of the war on terror”.
Es una izquierda que ya no considera como sus predilectos a los obreros y a los desamparados, sino que dirige su discurso a las masas de ciudadanos más incultos y manipulables, donde están los caladeros de votos que otorgan lo que a ellos de verdad les interesa: el poder.
En Europa, donde está encarnada por el español Zapatero y por otros líderes con menos proyección, esa nueva izquierda es antiyanky y más próxima al islamismo radical que al catolicismo, cuyo poder temporal e influencia social y cultural les enerva. En Estados Unidos, se oponen al presidente Bush, al que consideran un fascista peligroso, se alinean con el candidato demócrata Obama y critican el “estúpido” sueño estratégico americano de expandir la democracia a través de la guerra, entre otras razones porque dicen que los valores no se pueden exportar, sobre todo porque no existen las condiciones adecuadas. Pero la verdad oculta de su antiamericanismo es que, en el fondo de sus almas, odian la democracia porque es un sistema que controla el poder y limita la ambición de los dirigentes.
Hace pocos días escuché en Sevilla a un dirigente socialista andaluz pontificar con cierta lucidez acerca de que el mercado y el sistema financiero tendrán que estar bajo control en el futuro. Afirmaba que, cuando superemos esta crisis, no podemos permitir los excesos de un mercado libre y sin control, ni de un sistema financiero que ha ido demasiado lejos vendiendo opciones, opciones de opciones, bonos y basura sin respaldo real alguno. Decia que, en España, por ejemplo, no podemos permitir en adelante que se construyan cada año más del doble de las viviendas que se necesitan, aunque las demande el mercado. "El gobierno tiene que controlar esos abusos", afirmó
Al escuchar quien iba a ser "el controlador" me indigné y le repliqué de inmediato que la crisis actual no es sólo económica sino también política, porque el liderazgo ha fallado en todo el mundo y no ha sabido detener la locura hasta que ha estallado. Y le dije: "Los políticos, al igual que los banqueros, ya han agotado su crédito en este mundo que se derrumba. Si vuestra receta es que sea el Estado el que controle el mercado, entonces vamos directo hacia el fracaso porque los que controlan el Estado han perdido la confianza de los ciudadanos porque sólo cuidan su bolsillo y sólo luchan por más poder y privilegios".
Empezó a gritar y hasta pronunció la palabra "antisistema", pero todos los presentes en la mesa se pusieron de mi parte, lo que le obligó a retroceder. Le expliqué entonces que la burbaja inmobiliaria española ha sido alimentada no sólo por los empresarios insaciables del sector, sino también por el mismo Estado, que se financiaba y se enriquecía con el "boom", y, sobre todo, por los ayuntamientos, que, abandonados por el gobierno central, sobrevivían gracias a las licencias de obras e impuestos del ladrillo. Le dije que al lado de un empresario especulador casi siempre hubo un político corrupto, generalmente un alcalde o un concejal, además de un recaudador del partido.
El rey Juan Carlos presidió ayer uno de los espectáculos más lamentables de la podrida democracia española: la Apertura del Año Judicial, una ceremonia vergonzante porque la Justicia, en España, al estár contaminada y dominada por el poder Ejecutivo, ha dejado de ser independiente y democrática. El Rey y la Corona asumen una gran responsabilidad ante el futuro al prestarse a presidir un acto de tan escaso contenido democrático.
La Justicia española, aunque funcionara bien, arrastraría siempre el vicio de origen de su sometimiento a la política y a los partidos, lo que la degrada y envilece. Pero es que, además, funciona mal, como lo demuestran sus limitaciones en medios y sus constantes fallos y escándalos.
Mientras que la Constitución consagra la independencia del poder judicial, la mal llamada democracia española, violando la Carta Magna, ha legalizado la irregularidad de que los partidos políticos nombren a los jueces y controlen los grandes tribunales y el vital Consejo General del Poder Judicial, recién renovado, cuyos veinte vocales juraron sus cargos el pasado martes y un día después eligieron a su presidente, Carlos Dívar, que debe su alto cargo a un pacto entre Zapatero y Rajoy.
Dentro de la tristeza general del espectáculo, destacó la intervención del Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, que tuvo la desfachatez de vanagloriarse de haber expulsado a los acólitos de ETA (ANV y PCTV) de las instituciones, sin reconocer que fué él mismo, siguiendo órdenes de Zapatero, quien permitió que los testaferros políticos de ETA participaran en las elecciones, obtuvieran representación en decenas de municipios y recibieran cientos de millones de euros en ayudas públicas.
El nuevo presidente del CGPJ, Carlos Divar, habló de la independencia de la Justicia y pidió a los jueces que hagan sentir sus opiniones en el discurso de la sociedad española, pero esos valiosos deseos cerecen de altura porque la Justicia española está viciada de origen y contaminada con una politización que es antidemocrática.
Imagen: Carlos Divar
Juzguen ustedes si son únicamente responsabilidades políticas o si llegan más lejos, pero Zapatero, como jefe del gobierno de España y como responsable de la política, ha contraído responsabilidades que, cuando se analizan con serenidad desde la democracia y desde la constancia de que en España los políticos son prácticamente impunes, producen escalofrío y asco.

Tras las bombas en Santoña, Ondarroa y Vitoria y el asesinato por ETA del brigada del ejército Luis Conde de la Cruz, conviene recurrir a la memoria y recordar lo siguiente: que Zapatero es la persona con más poder en España y el máximo responsable institucional de la política española, lo que le convierte en responsable de lo que ha hecho el gobierno en los últimos años. Que entre esas responsabilidades adquiridas destacan algunas inquietantes y vergonzantes, como haber decidido que el terrorismo etarra estuviera presente en las instituciones, de las que había sido expulsado, y de que en ese periodo los terroristas hayan recibido cientos de millones de euros en subvenciones públicas.
Zapatero es también responsable de haber aplicado oxigeno a ETA cuando estaba exhausta y de haber expedido certificados de "hombres de paz" a los mismos terroristas que hoy ponen bombas y asesinan.
También es responsable de haber abierto a los testaferros de ETA las puertas del Parlamento Europeo, donde recibieron un reconocimiento político y una legitimidad internacional que no merecían los asesinos y que hoy clama al cielo.
El declive de Sevilla es tan palpable como triste y paralelo al del avance de la corrupción, la ineficiencia y el descaro de sus dirigentes políticos. Los escándalos políticos son tan frecuentes como los atascos de tráfico. Las tres últimas notas estridentes en el decadente concierto político sevillano han sido la dimisión del concejal de Izquierda Unida Lolo Silva, envuelto en escándalos de corrupción por contratos otorgados a dedo y por beneficiar con privilegios a su madre y a otros miembros de su familia, las declaraciones de la portavoz socialista en el ayuntamiento, según la cual el amiguismo y el enchufismo no son delitos, y haber negado una calle a las víctimas del terrorismo para dedicársela en su lugar a Pilar Bardem.
Pero los de Silva y Bardem no son, ni mucho menos, los únicos episodios que revelan el mal gobierno, el decaimiento y la corrupción en Sevilla. Su alcalde, el socialista Sánchez Monteseirín, enfrentado con su partido, que parece querer relevarlo porque está causando un desgaste insoportable al socialismo, también acusado de beneficiar a familiares y amigos, es señalado como el principal culpable del retroceso de la ciudad, cuya imagen vuelve a ser tan negativa como en la década de los ochenta, con Juan Guerra, los maletines cargados de billetes y las comisiones y negocios oscuros que se hacían al amparo de la Expo 92.
La ciudad que fue sede en 1992 de una de las grandes exposiciones universales del siglo XX y que pugnaba entonces por formar parte del selecto y exclusivo club de las ciudades más avanzadas y competitivas del mundo, hoy ha perdido el empuje, vive envuelta en el atraso y está dominada por un gobierno municipal donde abundan los mediocres, ignorantes y fanáticos.
Con su manifestación de hoy, en Barcelona, contra el acoso al idioma español por parte de los nacionalistas, "Ciudadanos" ha demostrado que es uno de los escasos partidos decentes y democráticos del espectro político español. Ha tenido que ser "Ciudadanos", un partido nuevo que rechaza la partitocracia antidemocrática que veneran los grandes partidos españoles, el que ha tenido la decencia de rebelarse contra la imposición lingüística, que es una agresión totalitaria a la sociedad perpetrada por el nacionalismo.
Partidos como el PSOE y el PP han demostrado con creces su cobardía y su incapacidad para plantar cara a los abusos del nacionalismo, porque su obsesión es gobernar y los votos nacionalistas tienen gran valor para deshacer los empates. Izquierda Unida, un partido en decadencia que antepone el poder a la ideología y a los principios, tampoco quiere enfrentarse a la injusticia del nacionalismo porque es cómplice de los nacionalistas allí donde tienen poder, como en el País Vaco y Cataluña.
La imposición lingüística no es un abuso sino un delito político y cultural que no está tipificado en el código penal, pero sí en una Constitución que los partidos dicen respetar pero que nadie cumple. Impedir a los padres que sus hijos sean educados en la lengua común de los españoles e imponer la enseñanza obligatoria en catalán es un atentado nazi contra los derechos humanos elementales. Los ciudadanos y los partidos que no lo ven así es porque han perdido el norte de la democracia o porque, al ser víctimas de su obsesión por el poder, también han abandonado la decencia.
El presidente de la República de Francia, Nicolás Sarkozy, ha dado en el clavo y ha demostrado su solvencia al señalar a los políticos como los principales culpables de la crisis que está amenazando la prosperidad mundial. Sostiene que en todos los países hay mecanismos reguladores, que son responsabilidad del gobierno, los cuales deberían haber controlado a los bancos y a los mercados financieros, pero esos controles han fallado.
Sarkozy rechaza la tesis oportunista de que lo que ha fallado ha sido el capitalismo y el mercado porque lo que ha fallado realmente es el control ético y riguroso que los gobiernos deberían haber ejercido sobre unos responsables del sistema financiero que han ido demasiado lejos y que deben ser "sancionados financieramente" porque "la impunidad sería inmoral".
Tras reclamar una reforma del podrido sistema financiero mundial, al igual que hizo Bretton Woods tras la Segunda Guerra Mundial, Sarkozy, en el momento cumbre de su discurso, reconoció que "Hemos financiado al especulador en lugar del empresario", cuando debió haberse hecho lo contrario. Esta crisis financiera "marca el fin de un mundo", afirmó.
Mirenló eufórico y sonriente en Nueva York, mientras su país y el mundo entero luchan contra la ruína. La sospecha de que Zapatero se siente a gusto con la crisis y que, por esa razón, está feliz y no hace nada por mitigarla, toma cada día más cuerpo entre los analistas y observadores políticos y económicos españoles. ¿Cómo se puede bromear y exhibir humor y euforia mientras cientos de miles de españoles pasan del empleo y la tranquilidad al paro y al miedo? En términos ortodoxos, la crisis, para los radicales socialistas como Zapatero, es una derrota del liberalismo, del capitalismo y del mercado y una victoria del socialismo, que propugna la desaparición del mercado para que todo funcione bajo control estatal. Cuanto más avance la crisis, -afirman- más destruido y debilitado quedarán la libre empresa y el libre mercado, los mayores adversarios del socialismo, así como el mito de que sólo la libre empresa es capaz de crear empleo y riqueza.
A juzgar por las medidas que adopta contra la crisis, el gobierno que preside ZP también se siente agusto en la crisis. Prefieren ver cómo cierran miles de empresas antes que bajar impuestos como el de sociedades, que constituye un dogal para los negocios y la vida empresarial. Prefieren no cumplir con promesas firmes, como el aumento de las pensiones a las viudas o la ayuda a los ancianos e impedidos (Ley de Dependencia) antes que aflojar la presión fiscal sobre el ya agobiado país para que la economía, en crisis, se reactive. En lugar de flexibilizar el empleo, algo que facilitaría nuevas contrataciones, sobre todo de jóvenes, prefiere ordenar a los inspectores de Hacienda y a la policía, a espaldas de la opinión pública, como es su estilo, que recauden más a través de inspecciones y multas.
Los medios de comunicación españoles están en crisis porque la publicidad, su principal fuente de financiación, está reduciendo su factura a gran velocidad. Las primeras reacciones están siendo ahorrar gastos, reducir plantilla y ajustar tiradas. La publicidad es, junto con los bancos y las empresas constructoras y promotoras inmobiliarias, una de las grandes víctimas de la actual crisis económica que sacude al mundo desarrollado. El gran riesgo para el ciudadano y para las libertades es que esos medios, para sobrevivir, se vendan todavía más a los grandes poderes, sobre todo al político, al que nunca le falta el dinero porque los obtiene sin misericordia de los impuestos.
La publicidad está agonizando porque ya era poco efectiva antes de la crisis. Ahora, ante la irrupción de la crisis económica más preocupante desde 1930, las empresas, muchas de las cuales mantenían su presupuesto publicitarios para ganarse el favor de los medios, están retirando ya sus anuncios, lo que coloca contra las cuerdas a los medios de comunicación, a las agencias de publicidad y a las poderosas centrales de compras.
De alguna manera, las empresas han aprovechado la oportunidad para retirarse a tiempo de una actividad ruinosa y ya desfasada. Hay tantos mensajes publicitarios que, para defenderse de la agresión, los receptores han generado defensas. La publicidad ha perdido casi toda la credibilidad y hay quien defiente la tesis de que, ante la inflación de impactos y de mensajes, es ya contraproducente. En Estados Unidos han comprobado que el público rechaza la publicidad que se inserta en las interrupciones de las películas y de los grandes espectáculos deportivos. En cualquier caso, el abuso de los mensajes los ha hecho prácticamente inservibles.
Ciudadanos, una de las mejores bocanadas de aire fresco que ha recibido la podrida democracia española en las últimas décadas, ha convocado una digna y valiente manifestación a favor del bilingüismo para el próximo domingo 28, en Barcelona, la ciudad que opera como punta de lanza del peor nacionalismo para acosar al idioma castellano y aplastar los derechos constitucionales de los ciudadanos que desean aprender y expresarse en la lengua común.
Por fin, Ciudadanos, la más esperanzadora bocanada de aire fresco y democrático recibida por la podrida democracia española en las dos últimas décadas, parece resucitar y ha convocado una digna y valiente manifestación a favor del bilingüismo y contra la opresión del nacionalismo, que acosa y viola los derechos constitucionales de los que quieren expresarse en la lengua común.
La cita es el domingo 28, a las 11 horas, en Barcelona, y ya han confirmado su presencia en la manifestación dirigentes del Partido Popular y ocho asociaciones cívicas.
La convocatoria de esta manifestación representa, de algún modo, la resurrección de Ciudadanos, el grupo dirigido por Albert Rivera, poco presente en los últimos meses en la política española, aunque activo en Cataluña, donde libra una honrosa y digna guerra contra el abuso y la opresión del nacionalismo extremo catalán.
Los dirigentes de Ciudadanos deberían saber que, aunque Cataluña es su cancha preferencial para el combate, porque es allí donde el abuso y las miserias del nacionalismo alcanzan sus más despreciables cotas, también en el resto de la España dominada por los viejos partidos de derecha e izquierda, anquilosados en el pasado y empeñados en acumular poder y olvidar el interés general, se necesita su limpieza, descaro y frescura política.
Aunque parezca increíble, muchos socialistas españoles piensan que la actual crisis económica no es tan mala y la contemplan como una valiosa oportunidad para impulsar el socialismo y reforzar el poder de la izquierda, no solo en España sino en todo el mundo, invirtiendo así su actual declive.
Muchos izquierdistas radicales españoles, militantes de Izquierda Unida y del PSOE, contemplan la crisis económica con esperanza e ilusión porque la consideran como un fracaso del capitalismo y de la economía de mercado y como un éxito de las tradicionales tesis de la izquierda inspiradas en Lenin, según las cuales no debe existir otro empresario, patrono, rector y dueño que el Estado.
Tenemos constancia de que algunos miembros del PSOE (de la corriente oficialista, mayoritaria, zapaterista y radical) están analizando la crisis con dosis de cinismo aterradoras y con enfoques ideológicos tan pervertidos y antidemocráticos que producen escalofríos.
Lo que sigue es la esencia del discurso que se escucha con bastante insistencia en numerosas agrupaciones de la izquierda española:
"No os preocupéis demasiado porque la crisis no es tan mala como dicen. Por lo pronto, los Estados Unidos, que son los principales culpables del problema, están mordiendo el polvo y perdiendo poder. Es cierto que la crisis podría empobrecernos un poco, pero recordad que los pobres siempre votan a la izquierda. Hay otras muchas ventajas en la crisis y una de ellas es que el mercado perderá protagonismo y el papel del Estado en la economía será más importante. El que más pierde con la crisis es el capitalismo y quien más gana es el socialismo. Gracias a la crisis podemos controlar más a los ricos y el sector público ganará poder, como conviene al socialismo. Es posible, aunque lo dudo, que España sea más pobre con la crisis, pero también será más justa. Tendremos que suplir desde el gobierno a las empresas fracasadas. Debemos aprovechar la oportunidad de la crisis para proletarizar a las clases medias. A la larga, la crisis beneficiará a la izquierda, entre otras razones porque la gente culpará del desastre a la derecha y al capitalismo y demandará más socialismo. Sin la menor duda, si jugamos bien nuestras cartas, tendremos más votos y seguiremos en el gobierno por muchos años".
El tercer gran partido político de España no está inscrito en el registro, ni tiene militantes con carné, ni se presenta a las elecciones, aunque tiene unas ideas claras que cada vez le distancian más de la izquierda y de la derecha. Es el partido de la COPE, que aglutina a gente que añora los valores perdidos y que es cada vez más crítica con una democracia que, según dicen, nos ha hecho retroceder en muchos aspectos.
Su gran "pastor" es Federico Jiménez Losantos, quizás el único periodista con alta audiencia en España que es capaz de criticar por igual a la derecha y a la izquierda, lo cual, al margen del rechazo que producen sus fobias, filias y duro estilo, es de agradecer en un país donde la inmensa mayoría de los medios, periodistas e intelectuales están sometidos a los grandes poderes y sólo critican al bando contrario, un rasgo preocupante que empuja el sistema hacia el totalitarismo.
El partido de la COPE tiene hoy unos dos millones de votos, lo que le convertiría en el tercer gran partido del país, después del PSOE y del PP, pero si la política sigue deteriorándose en España y los políticos perdiendo solvencia, respeto y prestigio, víctimas de su torpeza, ineptitud, ineficacia y amor obsesivo por el poder y los privilegios, pronto tendrá cuatro millones de votos.
El paro camina imparable hacia la fatídica cifra de los tres millones; y este Gobierno, que se dice socialista, sigue, salvo sus tímidas y frágiles medidas, sin atajar seriamente esta crisis económica. Hasta los neófitos en economía vieron y advirtieron ya, a principios del 07, que se avecinaban las vacas flacas, a causa, es cierto, de la situación internacional, pero, sin duda, por la desastrosa gestión gubernamental, el despilfarro y, en especial, por la inopia y pasividad de los responsables del área económica. No se puede soportar impasiblemente la caída en el pozo del desempleo a tantas criaturas cada día, que no alcanzarán a llevar el pan a su mesa. España registra el mayor incremento y se convierte en el país de mayor tasa de paro de la UE. El 25% de los jóvenes españoles está en paro.
En lugar de zafarse de esa gente inútil, y consultar y estudiar con expertos el modo de solventar el problema y aplicar los remedios necesarios y contundentes, llaman al ínclito juez, para hurgar y listar los muertos y a una pléyade de amiguetes proclives al aborto, exterminio de la vida naciente, para distraer y ocultar la terrible crisis. Y el colmo de la cuestión está, en que a pesar de que los socialistas estuvieron antes trece años, en el poder y, ahora cinco, culpan, en su bífido talante lenguaraz, a los gobiernos del PP, de que hayan aumentado las mujeres y las clínicas que practican el aborto. “España, ha dicho G. Pons, está en una profunda crisis y al Gobierno sólo se le ocurre el suicidio”. Pero quédense tranquilos, con estos debates, carentes de urgencia, consenso y necesidad social, no van a poder solapar la crisis.
Publican los medios que el alcalde de Zarza de Tajo, pequeño pueblo conquense de sólo 200 habitantes, ha sido denunciado por sus vecinos porque ha logrado reunir en poco tiempo un enorme e inexplicable patrimonio, pruducto quizás de la recalificación de terrenos, compuesto por varias casas, 27 coches, alguno de ellos de lujo, e incluso una avioneta.
El de este alcalde, de nombre Roberto López Infantes, que ya ha comparecido ante el juez, es sólo un ejemplo más entre los muchos miles que existen en España de políticos enriquecidos ilegalmente, a toda prisa y sin justificación posible. Sus delitos suelen quedar impunes y apenas uno de cada mil comparece ante la Justicia. Gracias a ellos, España ya es considerada abiertamente en el mundo como un país corrupto en el que los empresarios saben que hay que pagar tres veces más sobornos que en el resto de Europa.
Los ciudadanos españoles son perfectamente conscientes de que ese enriquecimiento ilícito e inmoral de los políticos existe y reaccionan de distinta forma: unos desprecian el poder político y pierden la fe en el sistema, otros luchan por eliminar la podredumbre y muchos roban también lo que pueden, siguiendo así el mal ejemplo de sus líderes.
Es la España inmoral que nuestros políticos nos han construido en las tres últimas décadas de falsa democracia. Algunos ciudadanos ya se atreven a decir que los políticuchos presuntamente demócratas están haciendo bueno al dictador Franco y a su régimen.
Los políticos españoles que han gestionado la democracia han cosechado un rotundo fracaso, a juzgar por sus frutos. La España que se dice democrática ocupa hoy los primeros puestos europeos en mala calidad de la enseñanza, fracaso escolar, divorcios, destrucción de empleo, abortos per cápita, consumo de drogas, prostitución e incremento de la inseguridad ciudadana y de la delincuencia.
Hay otros capítulos, tan vergonzosos que ni siquiera se someten a estadísticas, seguramente porque no le conviene al poder, en los que España también ocuparía la cabeza del ranking europeo. Nos referimos a factores como el número de ciudadanos que caen en la pobreza, la pérdida de los grandes valores, la insolidaridad, la arrogancia del poder, el sometimiento de la Justicia al poder político, el hundimiento de la calidad de la democracia, el deterioro de la convivencia, la crispación en la vida política, el control gubernamental de los medios de comunicación, la marginación política del ciudadano, el desprecio ciudadano a los políticos, el desprestigio de la clase gobernante, la hipertrofia del Estado, el despilfarro de dinero por parte del poder, la creciente distancia entre ricos y pobres, la desigualdad y la corrupción.
Aunque no se midan, algunos de esos datos sí tienen referentes elocuentes. Los políticos españoles, para vergüenza de esa clase dirigente, aparecen ya en las encuestas entre los diez mayores problemas de la nación. En los sondeos, los partidos políticos figuran como las instituciones más corruptas, por delante, incluso, de la policía.
Esta es la España que nos han fabricado aquellos partidos políticos que fueron tan deseados en tiempos del dictador, transformados hoy, paradójigamente, en el principal obstáculo para que España sea realmente una democracia. La decepción es tan alta entre los demócratas que algunos ya se atreven a decir que "éstos están haciendo bueno al viejo general".
Algunos de los políticos españoles ni iquiera saben lo que se les viene encima. Esclavo de su antiamericanismo e incultura, el inefable ZP sonríe cuando contempla el hundimiento de LEHMAN BROTHERS y cree que con ese banco caerá todo el Imperio. El muy tonto ignora que antes de que caiga el corazón del Imperio tendrán que hundirse las sucursales. Ni siquiera se le ha pasado por la cabeza que él, miembro de una clase política insuficientemente preparada, sectaria, ineficiente y que miente con una frecuencia aterradora, es un claro ejemplo del fracaso mundial del poder y uno de los culpables de que el mundo que hemos conocido esté sucumbiendo envuelto en el fracaso.
Dicen que la actual crisis es económica, pero en realidad es política, una crisis de liderazgo causada por el poder, que no ha sabido conducir a la Humanidad con eficacia y decencia. Los bancos se hunden y las empresas se arruinan porque el liderazgo ha fallado, porque los que tenían la obligación de construir un mundo de valores y de principios han cosntruido un mundo de mentiras y falsedades en el que el ciudadano, que debería haber sido el puntal del sistema, ha sido expulsado de los procesos de toma de decisiones y tratado como ganado estúpido. Nuestro mundo, ese mundo que ahora contemplamos horrorizados porque los grandes bancos se arruinan y las grandes empresas se desmoronan, ha sido la obra de rufianes y de egoístas que han confundido el sentido del poder, olvidando que debían ser ejemplares y servidores de la camunidad y actuando como pastores de manadas aborregadas de ciudadanos sometidos.
Lo que llamamos "crisis" es mucho más que una crisis. Es todo un estertor de muerte del que tiene que surgir un mundo nuevo que sustituya al actual, fracasado y despreciable. La mala gente nos ha llevado a la catástrofe. El Estado, paradigma del poder, ha sido el mayor fracaso de la civilización. Los malos políticos, los malos empresarios y los malos financieros han construido un mundo demencial en el que los estados estafan, roban y asesinan a sus ciudadanos, gobiernos corruptos e ineficaces que no solucionan los problemas, bancos que se arruinan y que se llevan consigo los ahorros de millones de incautos y empresas que no son capaces de dar garantía alguna. Entre todos han construido un mundo indecente en el que no existe ni justicia, ni igualdad, ni una vida digna para la mayoría de los seres humanos. Quizás esta crisis, en la que los grandes pilares del sistema se conmocionan y comienzan a caer, sea el principio del gran cambio necesario, un salto adelante importante hacia ese mundo mejor que el ser humano ha buscado sin éxito desde el principio de los tiempos.
La crisis de Georgia ha demostrado una vez más que es urgente suprimir a la ONU, organismo inoperante que únicamente sirve a los intereses de los países más inmorales, y sustituirla por una Liga Mundial de las Democracias, en la que únicamente puedan ingresar los países que respeten los derechos humanos, las libertades individuales y las reglas de la democracia.
Tanto Obama como Mc Cain han hablado de esa sustitución en sus respectivos programas, pero los expertos creen que ninguno de los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos será capaz de afrontar ese saludable reto expulsando a la corrupta e inoperante ONU de Nueva York y sustituyéndola por una organización ética que respete las libertades y los principios democráticos.
En la actual ONU sólo se sienten hoy a gusto totalitarismos como Rusia y China, que poseen derecho de veto en el Consejo de Seguridad, los países más radicales del planeta, como Irán, Siria, Libia y Cuba, entre otros, y otros internacionalmente aislados y con escasa fe democrática.
Existen en España miles de ejemplos que demuestran que el dinero público es utilizado para premiar a los amigos del poder y para marginar a los adversarios. Pero quizás ninguno de esos ejemplos sea tan elocuente como el trato preferente que reciben los actores y cineastas que se alinean con el PSOE y sus campañas.
La prensa informa que el Ministerio de Cultura ha subvencionado con 60.000 € a Pedro Almodovar, el director estrella del cine español, un viaje al festival de Cannes. Pero la subvención no fue suficiente y pagó, además, los gastos, cifrados en otros 60.500 euros.
Si la "generosidad" del Ministerio fuera igualitaria y subvencionara también los viejos promocionales a otros cineastas o a científicos y escritores españoles de mérito, nada tendríamos que decir, pero, desgraciadamente, el dinero público sólo es pródigo con los amigos del poder y suelen obedecer a "recompesas" por servicios y apoyos políticos.
España, ya con más de 2.5 millones de parados y fabricando desempleados al ritmo de casi 60 por hora, se hunde, víctima de la crisis y de un gobierno nefasto, pero los sindicatos, subvencionados, comprados, sometidos y degradados, afirman que las medidas del gobierno son las correctas, tras guardar un silencio cobarde que nos avengüenza a todos. El papel de la patronal no es más digno: En lugar de rebelarse porque las empresas cierran en masa, son complacientes con el poder.
Que nadie se extrañe de lo que está ocurriendo: el mayor éxito del gobierno no es haber sido reelegido por once millones de ciudadanos, parte de los cuales ya deben estar arrepentidos, sino haber comprado, silenciado o controlado a todas las instituciones, gremios y sectores que podían disentir e influir sanamente en la sociedad española, defendiendo la verdad y la eficacia frente a la mentira y al fracaso oficial, desde periodistas a empresarios, sin olvidar a sindicalistas e intelectuales.
En la oposición decente, en el lado de la verdad, apenas quedan algunos medios de poca fuerza, pocos periodistas independientes que se mueven por Internet, el débil reducto de los auténticos demócratas y la Iglesia Católica, que es la única gran institución española que todavía se resiste al dominio del poder político.
Se está destruyendo empleo a un ritmo mayor que en tiempos del desastroso Solchaga, ministro de Economía de Felipe. Más de medio millón de puestos de trabajo se han deshecho en 12 meses, traspasando ya la barrera psicológica de los 2,5 millones de parados, y, en estas circunstancias dramáticas, muchos nos preguntamos: ¿Dónde están los sindicatos? ¿Dónde la Patronal? ¿Por qué no dan la cara después de conocerse los datos? ¿Qué grado de apaleamiento a los obreros sería suficiente para sacar a los sindicatos del regazo del gobierno? ¿Cuantas empresas tienen que cerrar para que los sometidos de la patronal, representantes de los empresarios, se rebelen? Algo huele a podrido en UGT, CCOO y CEOE. ¡Poderoso caballero es don dinero!
Ligur, colaborador de Voto en Blanco, propone una magnífica idea para que los ciudadanos demostremos nuestro poder en esta España donde únicamente los políticos dominan y mandan. Voto en Blanco considera que eliminar del dial de nuestros televisores las costosas y sometidas televisiones autonómicas, que únicamente sirven como juguetes adoctrinantes y controladores del pueblo, en manos del poder político de turno, es una iniciativa brillante, positiva para la democracia y la sociedad.
Muchos demócratas españoles se preguntan qué hacer para protestar ante los abusos del poder y el asesinato de la democracia en España. Sospechan que la palabra y la condena no bastan y se sienten atraidos cada vez más por los gestos y los testimonios. Encontrar una respuesta ciudadana contundente y serena al abuso político y al deterioro del sistema es difícil porque España es, en teoría, una democracia, pero creo que deberíamos aprender de los polacos.
Hace años fui testigo directo de la resistencia polaca al régimen de Jaruselsky, impuesto por la URSS. Una de sus brillantes gestos de resistencia consistía en sacar los aparatos de televisión a la ventana, con la pantalla hacia la calle, cuando el gobierno les obligaba a tragarse un discurso o programa político de adoctrinamiento. Otra idea polaca fue no comprar periódicos un día a la semana, una clara protesta ante el periodismo sometido al partido comunista y a una prensa controlada por el régimen. Otras veces dejaban inocentemente una flor en una esquina, una ventana, al pié de un monumento, en una plaza y, en pocos minutos aquella flor estaba acompañada de miles de flores o de velas, formado enormes cruces en las plazas.
La experiencia del gobierno español de Zapatero, que se ha mostrado incapaz de gestionar con eficacia la prosperidad y ahora la crisis, es un ajemplo más de que la clase política es un rotundo y lamentable fracaso. Han convertido el mal gobierno en una plaga y no están a la altura. El ciudadano debe exigirles más o sustituirlos por gente con más dignidad, capacidad y entrega. Pero el fracaso de la clase política española, aunque notable, no es un caso aislado. El mundo está plagado de políticos ineptos y nefastos para sus pueblos.

La clase política que dirige las democracias ha fracasado. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo estaba dividido en dos grandes bandos irreconciliables, con los misiles atómicos permanentemente apuntando sobre nuestras cabezas, los políticos y sus partidos reclamaron todos los poderes y se los dimos. Dijeron que arreglarían el mundo, pero la verdad es que no han conseguido casi nada. Las mismas lacras siguen avergonzándonos: hambre, pobreza, violencia, desigualdad, injusticia, ventajas para los ricos y miseria para los pobres y, lo que es peor, han construido un mundo en el que los débiles son aplastados por los fuertes y en el que la brecha que separa la pobreza de la riqueza sigue ensanchándose.
No han solucionado los grandes problemas pese a disponer de un poder enorme y legitimado en las urnas, además de todos los recursos del Estado, de nuestros impuestos, del ejército, de la policía y de libertad plena para rodearse de legiones de funcionarios y servidores.
Inauguramos una serie sobre "ideas para la crisis", con la que esperamos ayudar al gobierno a que supere, gracias a ideas e iniciativas brillantes, la dura crisis que azota a España. Nuestra segunda aportación es la "Privatización de las televisiones del poder".
Invitamos a nuestros lectores que aporten ideas, las cuales serán publicadas si superan los inevitables controles de calidad.

El Estado español necesita someterse a dieta y adelgazar con urgencia, no sólo porque el Español es uno de los estados más obesos e irracionales del planeta, sino porque en tiempos de crisis no hay dinero para alimentar al monstruo. La idea de privatizar Telemadrid, lanzada por el PP madrileño, bien acogida por la sociedad, ha suscitado una reacción feroz de los socialistas, que temen que el buen ejemplo cunda y tengan que prescindir de un instrumento de adoctrinamiento y dominio tan eficaz como las televisiones autonómicas, a pesar de que son pozos sin fondo por los que se escapa la riqueza de España.
Nuestra idea para la crisis es que se privaticen las televisiones públicas, no sólo porque representan un gasto insoportable y superfluo que sólo beneficia a los políticos, sino porque en realidad esas televisiones incumplen su cometido como televisiones del Estado, sin garantizar mayor calidad en los programas o una información más veraz y de interés cívico. En realidad, las televisiones autonómicas españolas son sólo juguetes del poder, juguetes caros donde colocar a los amigos, comprar periodistas, emplear a intelectuales vendidos, adoctrinar y someter al pueblo.
Para Andalucía, líder del desempleo y la pobreza en España, privatizar Canal Sur sería una medida de profilaxis económico, político y moral. Canal Sur sólo sirve a los intereses del poder y sus aportaciones a la cultura andaluza son nulas, mientras que el apoyo a la cohesión del territorio, real, puede alcanzarse a un precio cien veces inferior a través de la contratación de espacios en cadenas privadas.
Las altas esferas del poder en España están divididas por primera vez desde 2004. Algunos siguen confiando en Zapatero y en su portentosa capacidad de propaganda y engaño, pero la mayoría empieza a considerarlo amortizado y hasta dentro del PSOE ya le están buscando sustituto.
En las más altas esferas del poder dominante en España, incluso en el mismo PSOE, se ha abierto ya una profunda brecha en relación con Zapatero. Una parte le sigue considerando válido y se siente fascinado por su capacidad de propaganda y engaño, pero otra, la mayoritaria, ya le busca un sustituto porque su capital político se diluye a toda velocidad, víctima de sus mismas mentiras y, sobre todo, de una crisis económica que será su tumba política. En esos mismos círculos crece la preocupación ante la magnitud de una crisis económica española, que, si persiste durante un año más, obligará a adelantar las elecciones porque el gobierno habrá perdido toda su credibilidad y autoridad ante los ciudadanos.
En los ámbitos que realmente influyen en el país, donde operan las alianzas entre políticos, multimillonarios y grupos mediáticos, ya están enterrando a ZP. Incluso dentro del PSOE se han iniciado sus funerales. En ciertos círculos socialistas muy influidos por el grupo PRISA se señala a Carme Chacón, actual ministra de Defensa, como posible sustituta de Zapatero, pero en otros, con el influyente sector que capitanea Felipe González al frente, se piensa que la ministra, a pesar de ser mujer y catalana, dos rasgos que le distancian de Zapatero, no es la candidata apropiada y se busca a un rostro nuevo y sin pasado alguno en el "zapaterismo", un "tapado novato" que sea capaz de conducir al PSOE a través del desierto cuando el fracaso de Zapatero deje al partido semidestruido.
El nacionalismo es un virus corrosivo que infecta y destruye. Cuanto más perdura, más maquina y arrasa, enquistado en su rancio y anacrónico ideario. Es aleccionante hoy, tras las andanzas, disposiciones y discursos, que hemos vivido y que soportamos, recordar que, en la Transición, fue calificado por algunos ilusos de progresista. Término, que, por otra parte, siempre nos resulta absurdo, pues no tiene especificidad, desde la constatación de que nadie anda para atrás, salvo el zafio cangrejo.
La muestra patente está en la trayectoria vasca desde el silenciado Arzallus, hasta el locuaz Ibarreche, en la incisiva influencia del minúsculo nacionalismo catalán, en la política balear y, recientemente, en Galicia. El colmo aberrante se ha producido ahora mismo. Léase el blog de ese fulano, miembro del Tripartito, que, desde Barcelona, arremete con purulenta pluma contra M. Caballé, Vargas Llosa y Abel Boadella, que, descerebrados los tres, han firmado el Manifiesto en defensa del Español, se sienten y declaran Españoles y patriotas de la Sagrada Unidad de España y piensan, como la mayoría de esta Nación, que “El Castellano es la Lengua Española oficial del Estado” (Art. 3 de la Constitución de 1978), la primera en el Currículum Escolar y querida y respetada en todo el ámbito hispanohablante de más de quinientos millones de usuarios. La agudeza tozuda y persistente de estos grupúsculos es de un pragmatismo muy adecuado al mundo globalizado y sin casi fronteras, en el que priman el español, inglés y, ya, el chino, ellos comerciarán y negociarán en sus lenguas regionales, ínclitas, pero, reducidas y desconocidas, salvo en su pequeño marco.
El PSOE y el PP han culminado una "fechoría" contra la democracia al acordar un reparto de poder en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), máximo órgano de gobierno de los jueces. La medida iguala a los dos grandes partidos políticos españoles en antidemocracia y viola el que quizás sea el más sagrado e imprescindible principio del sistema democrático: la independencia de los poderes básicos del Estado y, sobre todo, de la Justicia.
La renovación del órgano de gobierno de jueces y magistrados ha representado una larga negociación con mucho chalaneo, sobredosis de descaro y demasiada decepción para los demócratas, que no necesitaban esta nueva prueba para asumir con plenitud que la democracia ya ha sido asesinada en España por los partidos políticos y sustituida por una sucia oligocracia.
La renovación del CGPJ estaba pendiente desde hace casi dos años, tiempo en el que los dos partidos mayoritarios no habían conseguido ponerse de acuerdo sobre los 20 vocales del nuevo Consejo.
Tras un compromiso formal alcanzado el pasado mes de julio entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy, PSOE y PP acordaron ultimar el acuerdo a comienzos de septiembre, con el límite de hoy lunes, día 8, a las ocho de la tarde, para presentar las listas de candidatos.
La "fechoría" antidemocrática de los dos grandes partisos españoles ha quedado culminada.
Tras observar con horror el lamentable comportamiento y el reiterado fracaso de nuestros políticos a la hora de conducir la nave de España, sin dudarlo votaría por Rafael Nadal como presidente de un futuro gobierno español que nos libre de la opresión de los partidos políticos, de la torpeza reinante, de la ineptitud dominante y de la corrupción generalizada. Sin la menor duda, Rafa Nadal es mejor que Rajoy, Zapatero, LLamazares y demás peones conocidos de la indecente partitocracia española.
Nadal es un modelo que encarna los valores que España ha perdido y que necesita recuperar con urgencia: limpieza, franqueza, esfuerzo, honradez y éxito. Si se compara la imagen del número uno del tenis mundial y campeón olímpico con la imagen de cualquiera de nuestros políticos, Nadal gana por cien a cero.
Estoy seguro que, tras ser elegido, Nadal nombraría un gobierno sin políticos, encargando a El Corte Inglés la cartera de Economía, y a Iberdrola o Endesa la de Industria y Energía. La cartera de Justicia sería para un juez anónimo y limpio, al que habría que buscar con lupa por los pueblos de España. Es más que probable que Nadal eligiera a sus colaboradores tras analizar sus valores, su preparación, su carga ética, sin tener en cuenta su posicionamiento en el partido, su amistad con el lider o los méritos acumulados en el pasado como mamporreros o recaudadores ilegales.
Parte de la Iglesia Católica española cree que su actual enfrentamiento con el gobierno de Zapatero es pura resistencia a un tipo de tiranía que quiere deificar el Estado y convertirlo en el único poder con capacidad de influir en la sociedad.
Con razón o sin ella, una parte importante de la Iglesia Católica española, encabezada por la mayoría de la jerarquía, aunque no en su totalidad, está convencida de que su principal misión en el presente es hacer frente a la ofensiva laicista del poder político, a la que identifica como el germen de una tiranía que quiere "deificar" el Estado, erradicar al verdadero Dios y eliminar la influencia cristiana en la sociedad, por la única razón de que es el mayor obstáculo para el dominio absoluto del Estado.
Creen que la instauración de un Estado poderoso como la única gran institución influyente en la sociedad española es, en realidad, un intento de tiranía que persigue los mismos fines que otros dos intentos desplegados en los últimos siglos: el de la Masonería, que quiso instaurar en el siglo XIX, sobre las cenizas de la vieja religión, un Estado poderoso, inalcanzable y tirano; y el del comunismo, que logró imponer durante algunas décadas un estado tiránico, aplastando la religión, en pleno siglo XX.
El laicismo estatal que desarrolla el gobierno de España, entre otros, es el nuevo intento, adaptado a las condiciones del siglo XXI, para volver a imponer la tiranía del Estado sobre la sociedad y el individuo, aplastando las libertades y derechos individuales y a la sociedad civil desde un Estado poderoso, influyente, manipulador y engañador, muy reforzado gracias a los grandes recursos económicos y culturales que maneja y a sus alianzas de intereses con el gran capital y los medios de comunicación.
Inauguramos una serie sobre "ideas para la crisis", con la que esperamos ayudar al gobierno a que supere, gracias a ideas e iniciativas brillantes, la dura crisis que azota a España. Nuestra primera aportación son las "Brigadas de asesores y enchufados".
Invitamos a nuestros lectores que aporten ideas, las cuales serán publicadas si superan los inevitables controles de calidad.

Nuestras fuerzas armadas, mal pagadas, son escasas y carecen de los efectivos suficientes para hacer frente a las numerosas obligaciones internacionales (de paz, nunca de combate) que tanto gustan al gobierno de Zapatero: misiones humanitarias, de salvación, de rescate, de paz y de interposición. Como en España faltan soldados pero sobran asesores y enchufados inútiles en las distintas y obesas administraciones públicas, nuestra “idea para la crisis” es reciclarlos y crear con ellos relucientes brigadas de paz.
Tan sólo el presidente de la Diputación Provincial de Cádiz tiene 14 asesores, con el padre de la ministra Aído (igualdad) a la cabeza. Imaginemos cuantas brigadas y destacamentos podríamos “armar” si juntásemos los enchufados, asesores inútiles, beneficiados de los partidos, paniaguados, amantes, cuñados, primos, expertos en muchas cosas, embuchados (gente con el buche lleno) y demás personal que hoy nutre las diferentes administraciones públicas españolas, una de las mejor dotadas del mundo.
Acabamos de leer en la prensa que los parlamentarios andaluces pretenden subirse nuevamente el sueldo, tras haber digerido con asco las reiteradas autosubidas de sueldos de políticos en Castilla la Mancha y otras regiones y ciudades de España, un asunto que escandaliza y produce nauseas a la ciudadanía, sobre todo cuando se produce en tiempos de crisis, en los que gran parte de la población tiene dificultades para llegar a fin de mes. La "voracidad" insaciable de nuestros políticos nos trae a la memoria el edificante ejemplo del nuevo presidente de Paraguay.
Fernando Lugo, el ex obispo católico que tomó recientemente posesión como nuevo Presidente de Paraguay, ha dado un ejemplo notable a nuestros políticos al renunciar a su sueldo y a su residencia presidencial, devolviendo así a la política aquel caracter "amateur" y ejemplar que tuvo la democracia en sus orígenes, ahora desaparecido y que nunca debio perderse.
El ejemplo de Lugo nos lleva a compararlo con los políticos españoles, donde cualquier alcalde de pueblo gana más dinero y se mueve con más boato que la mayoría de los presidentes de América Latina y África.
He leído estas vacaciones el libro "El Gran Capitán", una detallada biografía sobre Gonzálo Fernández de Córdoba, uno de los españoles con mayor temple, categoría y valor en toda nuestra historia, escrita por el periodista Fernando Martínez Laínez y el general José María Sánchez de Toca, y publicada por EDAF.
Lo recomiendo porque su lectura abre las puertas a la esperanza y permite soñar en una España mejor que la actual, políticamente podrida, depravada y dominada por rufianes y sinvergüenzas
La biografía del Gran Capitán alimenta el orgullo de ser español en estos tiempos de decadencia política y moral y nos traslada a una época brillante de la historia de España en la que se forjó un imperio y los valores y los principios se impusieron sobre las vergüenzas y las miserias. Pero lo que más me ha impresionado del libro es la constatación de que la España actual, corrupta, mal gobernada y plagada de rufianes, muy parecida a la que vivió el Gran Capitán en su infancia, puede resucitar, como ocurrió entonces con la llegada al poder de los Reyes Católicos.
La España de hoy, como aquella de Juan II y su indolente hijo Enrique IV, estaba envilecida por su gobierno pero la llegada al poder de los Reyes Católicos, honrados, inteligentes y legales, hicieron posible que todo cambiara y que lo que era una pocilga se transformara en la primera potencia mundial.
El gobierno de Zapatero está preocupado y furioso porque, a pesar de que controla o tiene alianzas de hierro con gran parte de los medios de comunicación españoles, no ha sabido controlar la información en torno al reciente accidente aéreo de Barajas, sobre el que se está publicando una información libre y crítica que no conviene al poder, que está desacreditando a la ministra "Maleni" y que pone en evidencia tanto la ineficacia del gobierno como los enormes fallos que existen en la seguridad aérea española.
La verdadera democracia siempre ha identificado como un peligro insoportable la concentración de medios de comunicación en torno a un gobierno, a una persona con unas ideas políticas determinadas o a una empresa multinacional u organización concreta. La concentración informativa siempre fue considerada como un peligrio por los politólogos clásicos y la dispersión y la pluralidad como un síntoma saludable. Sin embargo, muchos gobiernos que se dicen democráticos están obsesionados por el control mediático, por cercenar la información libre, practican sin el menor rubor el control de la prensa y la utilizan para engañar a los ciudadanos sin remordimiento y sin tener conciencia de que violan la democracia y la degradan.
El Estado español actual, acostumbrado a nadar en la opulencia, ha crecido desordenadamente y se ha hecho tan derrochador y manirroto que ahora es incapaz de adaptarse a la crisis. Receptora de decenas de millones de turistas, España ha sido en los últimos años un paraíso del consumo capaz de llenar las arcas del Estado con impuestos directos e indirectos. Cada vez que un español o un extranjero llenaba el depósito de su coche o tomaba unas cervezas, nutría las ricas arcas del Estado. Ahora, cuando la crisis ha limitado el consumo y los ingresos públicos, el Estado español, enfermo, obeso y caprichoso, se muestra incapaz de adaptarse a la crisis y de someterse a la severa dieta de adelgazamiento que le recomiendan los expertos.
Para los desgraciados ciudadanos de España, el Estado no sólo es ya, como ha quedado demostrado por la Historia, el mayor estafador, el más violento asesino y el peor enemigo de la libertad, sino también el más grande obstáculo para la prosperidad y el bienestar.
El Estado español se ha convertido en un monstruo descontrolado que se ha multiplicado sin freno, como las células cancerosas. Además de los 17 gobiernos autonómicos, España cuenta con 50 gobiernos provinciales, plasmados en otras tantas diputaciones, auténticos minigobiernos repartidores de presupuestos, de ayuntamientos que se han acostumbrado a vivir en la opulencia gracias al "boom" del ladrillo, algunos de los cuales tienen más funcionarios en activo que Felipe II en todo su imperio, donde "nunca se ponía el sol". Si a esa administración víctima de elefantiasis se agregan los enchufados del poder, los asesores, los dedocrizados, los baneficiados por los partidos y otros especímenes de la fauna pública española hipertrofiada, resulta evidente que España posee un Estado tan desproporcionado, obeso e inútil que puede llevarle hasta la ruina a velocidad de vértigo.
El frío ambiguo y decepcionante posicionamiento del gobierno español frente a la ocupación rusa de Georgia, con miles de víctimas causadas por el ejercito ruso (primero silencio, después una declaración neutra que se inclina por el diálogo, sin distinguir entre agresores y agredidos, ni entre los que tenían la soberanía y los que utilizaron una violencia invasora ajena al derecho internacional, y, finalmente, enviando una fragata española a la flota occidental destacada en el Mar Negro), no sólo refleja la cobardía de nuestros dirigentes políticos a la hora de defender el derecho internacional y los principios democráticos, sino que fortalece la tesis de que el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y su partido, el PSOE, se sienten hoy más próximos a Moscú que a Washington, más cerca, ideologicamente,de lo que representa el Kremlin que de lo que significa la Casa Blanca.
Ocurrió en Venezuela, pero las enseñanzas del caso pueden ser útiles en España y en cualquier otro país donde la defensa del ciudadano por parte del Estado sea deficiente o nula.
Lo cuenta un caraqueño:
Yo tengo un sueño muy liviano, y en una de esas noches noté que había alguien andando sigilosamente por el jardín de mi casa.
Me levanté silenciosamente y me quedé siguiendo los leves ruidos que venían de afuera, hasta ver una silueta pasando por la ventana del baño.
Como mi casa es muy segura, con rejas en las ventanas y cerrojos internos en las puertas, no me preocupé demasiado, pero está claro que no iba a dejar al ladrón ahí, intentando penetrar en mi hogar.
Tomé el teléfono y llamé en voz baja a emergencias de la policía e informé la situación, dando mi dirección.
Me preguntaron si el ladrón estaba armado, de qué calibre era el arma, si estaba solo etc. y si ya estaba dentro de la casa.
Aclaré que no y que de las características del arma no sabia nada.
Me dijeron que no había ninguna patrulla cercana para prestar ayuda, pero que mandarían a alguien cuando les fuera posible y que si pasaba algo les volviera a llamar.
Pasaron quince desesperantes minutos y, tras comprobar que el ladrón seguía en el jardín, tomé el teléfono, llamé nuevamente y dije con voz calmada:
¡Hola!, soy fulano y hace un rato llamé porque había alguien en mi jardín. Ya no hay necesidad de que envíen una patrulla con urgencia porque ya maté al ladrón de un tiro con mi escopeta de caza, calibre 12. Lo malo es que el tiro hizo un desastre, pues le volé la cabeza y ahora estan sus sesos regados por el jardín.
Pasados menos de tres minutos, había en mi calle:
5 patrullas de la Policía Metropolitana,
3 patrullas de la Disip,
1 patrulla de la Guardia Nacional,
1 helicóptero del CICPC, así como 3 patrullas con funcionarios de Homicidio, Inspecciones y Medicatura Forense,
1 unidad de rescate de Protección Civil,
1 Fiscal del Ministerio Publico,
3 defensores del pueblo,
los círculos bolivarianos del barrio vecino y 10 dirigentes vecinales,
4 equipos de reporteros, de Venezolana de Televisión, Venevisión, Televen y Globovisión,
1 diputado, 2 concejales y 1 grupo de los derechos humanos, que no se perderían esto por nada del mundo.
Ellos en su conjunto agarraron al ladrón in fraganti, quien estaba mirando todo con cara, mas que de asombro. Tal vez él estaría pensando que era la casa de un Jefe de Policía o de un familiar de alguno del gobierno.
En medio del tumulto, un comisario se me aproximó y me dijo:
'Creí que había dicho que había matado al ladrón.'
Yo le contesté:
“Creí que me habían dicho que no había nadie disponible.”
Recientemente, aterrorizado ante la posibilidad de comparecer en el Parlamento para explicar sus marrullerías sobre la financiación autonómica, Zapatero, una vez más, ha preferido enviar al "paliza" de Solbes y prometer dinero público para evitar su desgaste personal. Ante la crisis devastadora que padece España, prefiere negar su existencia y aplicar terapias suicidas como el incremento del gasto público y el endeudamiento, sin importarle que conduce la nave del Estado directamente hacia la ruina. Lo peor de Zapatero tal vez no sea su ineptitud, que le convierte en el peor gobernante español desde Fernando VII, sino lo costoso que es. Sus errores y arrogantes terquedades le están costando a España decenas de miles de millones de euros.
Zapatero ha basado su política interna en el reparto del dinero de las arcas del Estado, puesto al servicio de los intereses del poder, no del pueblo. Lo ha repartido con especial generosidad a los nacionalistas, para comprar voluntades, aislar a la oposición y asegurarse la mayoría suficiente para gobernar. Su promesa última de 400 euros a cada español, incumplida porque dejó al margen a los más pobres, acabó de un sólo golpe con las reservas del Estado. ZP es toda una ruina para España. Si una investigación solvente calculara lo que Zapatero le ha costado a la economía española, el resultado, de muchos miles de millones de euros, sería aterrador.
Personalmente, tengo motivos para alegrarme de la desaparición del programa "La noche menos pensada", de RNE, porque en él fui censurado, pero, como demócrata, lamento su cierre porque, salvo algunos errores de bulto importantes, es un programa plural y abierto donde pueden oirse opiniones libres, algo extraño en la radio oficial del gobierno Zapatero, amigo de la manipulación y del control mediático de la información y las ideas.
El programa "La noche menos pensada" de Radio Nacional de España, está a punto de desaparecer. Su desaparición es democráticamente lamentable ya que, a pesar de algunos graves errores, es el programa más abierto y plural de una cadena de emisoras que cada día es más "la radio del gobierno" y deja de ser "la radio pública" de España.
Personalmente, tengo motivos para alegrarme de la desaparición del programa "La noche menos pensada", de RNE, porque en él fui censurado, pero siempre es triste la desaparición de un programa donde, a pesar de ciertos brotes de manipulación, podían oirse ideas distintas a las amparadas por el poder dominante, tal vez porque en la madrugada la audiencia es siempre elitista y minoritaria.
Fui invitado a dicho programa para hablar de mi libro Políticos, los nuevos amos, editado en Almuzara, pero la entrevista fue eliminada del programa 40 minutos antes de su inicio, cuando el coche de RNE ya había salido de la emisora para recogerme en mi hotel de Madrid. La excusa de su director, Manuel Hernández Hurtado fue que aquella noche un cuñado suyo había sido hospitalizado y él tenía que ecudir al hospital.
Sospeché desde el principio de que algo raro había ocurrido y mis sospechas se hicieron más fuertes cuando Manolo HH nunca me volvió a invitar.
Más tarde, gracias a mis contactos con muchos colegas periodistas de RNE, supe que el motivo real del aplazamiento fue un caso de "censura", que denuncié en mi blog y ante el Defensor del Pueblo, que aceptó la denuncia a trámite y abrió el correspondiente expediente oficial.
El expediente quedó cerrado porque la dirección general de RNE defendió ante Enrique Múgica que lo que me hicieron no fue un caso de censura sino de mala praxis profesional y de escasa educación.
Desde entonces he escuchado muchas veces el programa en la madrugada y le he visto contribuciones al pluralismo y al librepensamiento, junto a algunas manipulaciones burdas como la ocurrida en la madrugada del miércoles pasado, cuando el programa, en fase de despedida, sólo dejaba entrar las llamadas de los "amigos" que pedían que el programa siguiera, mientras algunos críticos, a pesar de estar llamando durante horas, nunca lograron que su llamada entrase, como denunciaron algunas personas en los días posteriores, en otros programas radiofónicos.
Nadie es perfecto.
Olvidando que la duda es un síntoma de inteligencia y de cordura, el presidente del gobierno de España, José Luís Rodríguez Zapatero, ha dicho que él nunca se subiría a un barco “en el que el capitán tuviera dudas”. Tras afirmar, después, que él sólo se sube "a un barco en el que el capitán diga que tiene plena confianza en cómo van a salir las cosas", ha reiterado que el único futuro que contempla para España es de progreso y ha asegurado que "con el viento a favor o con el viento en contra", el Gobierno siempre estará al lado de los trabajadores.
El “Solo sé que no sé nada” de Sócrates es una bofetada a la seguridad enfermiza de un Zapatero al que le faltan conocimientos, solvencia, pericia, sentido de la libertad, conocimiento de la democracia, respeto a la verdad y hasta idiomas para dirigir una democracia avanzada.
José María Aznar demostró en el todavía reciente congreso del PP una inexcusable cobardía ante el electorado del Partido Popular, que le contemplaba y escuchaba con la esperanza de encontrar en sus palabras luz y respuestas ante el novedoso y sorprendente rumbo impuesto por Mariano Rajoy al partido. Aznar, que fue quien designó a Rajoy como "heredero", sin mediar proceso democrático alguno, debería reflexionar sobre su responsabilidad y remediar su gran error expresando sus ideas sin tapujos, anteponiendo la verdad a cualquier otro principio o conveniencia, como es el deber de todo democrata y de cualquier ser humano decente.
Su discurso en el congreso de Valencia fue decepcionante porque en él quiso nadar y guardar la ropa, ser crítico, pero sin herir, decir lo que había que decir, pero sólo a medias. Fue un discurso medido y cobarde, incapaz de disipar la confusión y las dudas que envuelven a la militancia de derechas, cuyo mayor defecto es que ocultó la verdad y la manipuló para que no fuera, como debe ser siempre ante la crisis y en democracia, rompedora y causante de sano escándalo. A partir de ese discurso, la responsabilidad de lo que le ocurra al PP en el futuro también será suya.
El Banco de España, a través de su gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, cree que es urgente reformar el sistema de pensiones para que las finanzas publicas sean sostenibles, y ha vaticinado que, sin esas reformas, el gobierno podría tener pronto dificultades para abonar las pensiones. Coincidiendo con esa advertencia, desde algunos ámbitos del poder se lanzan globos sonda que plantean "dificultades" para pagar las pensiones en el futuro.
La advertencia del gobernador y la incapacidad del actual gobierno para afrontar la demoledora crisis económica que atenaza a España hace retornar a los españoles, sin misericordia y sin paracaídas, a los tristes y vergonzosos años ochenta y principios de los noventa, cuando la política económica ruinosa de Felipe González, también con Pedro Solbes al frente de las cuentas públicas, trajo consigo la amenaza constante de la ruina de las arcas del Estado y el miedo a que el gobierno dejara de pagar las pensiones, una época que todos creían lejana y superada.
Si el actual gobierno, por imprevisión e ineficiencia, pusiera en peligro el sistema de pensiones y los ancianos y viudas dejaran de cobrar, nadie duda que los españoles se lanzarían de cabeza a la rebeldía cívica, incapaces de asumir una dosis tan elevada de mal gobierno y sin entender cómo se ha vivido del despilfarro público y del abuso de privilegios sin nutrir y blindar suficientemente las arcas de la Seguridad Social.
Cada día es más fuerte el rumor de que Mariano Rajoy fue reclutado por la Masonería durante el viaje que realizó a México, tras haber sido derrotado en las elecciones generales de marzo, del que regresó transformado y decidido a imprimir a su línea política un sorprendente cambio de rumbo que le eleja de los postulados tradicionales de la derecha española y le acerca a los enfoques y estrategias socialistas, un partido también "minado" por la fe masónica.
Por el momento no existen pruebas determinantes, aunque sí sospechas e indicios, cada día más fundados, de que el cambio radical experimentado por Mariano Rajoy, líder de la derecha española, durante el viaje a México que realizó tras perder las elecciones generales de marzo de 2008, se debe a que abrazó la fe masónica y decidió someter su estrategia política a los intereses y postulados de ese poderoso grupo de presión y de poder internacional, en el que se asegura que también militan numerosos dirigentes del PSOE.
El blog Espacios Europeos publica un artículo, titulado "Rajoy, tentado por la Masonería, allá en el Rancho Grande”, donde se aportan datos de gran interés sobre esa tesis.
Han convertido la "democracia" en una palabra sagrada y en el talismán de su fe política, pero los que se llaman "progresistas" desconocen la verdadera democracia y la confunden con la oligocracia de partidos, que es lo que de verdad adoran. También confunden los derechos y libertades del pueblo en democracia con el populismo. Por eso defienden a Cuba, Venezuela y otras dictaduras populacheras que en realidad son tan democráticas como el III Reich.
Todo es confusión en la "progresía", una fe que ni siquiera es una ideología, porque le falta consistencia y grosor intelectual. Nació para tapar las enormes brechas que dejó abiertas en la izquierda mundial la caída del Muro de Berlín, pero al final ha resultado un bodrio frívolo, insolvente y peligroso porque abre un atajo que lleva hacia el totalitarismo. Julio Anguita la definió con tanta crueldad como precisión cuando dijo que la progresía es "el sumidero por donde se han ido las auténticas ideas de la izquierda".
Sus contradicciones y paradojas son memorables: están contra la pena de muerte, pero defienden el aborto, que causa cientos de miles de muertos, y la eutanasia; siempre hablan de tolerancia, pero no soportan la disidencia y llaman "fascistas" a los que piensan diferente, a los que, si pueden, condenan al ostracismo; dicen que la igualdad es lo más importante, pero ellos se hacen millonarios en el poder, dejan libres a los Albertos, multimillonarios acusados de estafar miles de millones, y meten en la cárcel al que roba un jamón en un supermercado; proclaman la libertad a los cuatro vientos, pero han creado la doctrina de lo "políticamente correcto", una especie de pensamiento único dictatorial al que hay que someterse por la fuerza, hasta el punto de que todo el que se atreva a deambular por las sendas libertarias de lo "políticamente incorrecto" es tratado como proscrito.

Un día no muy lejano, cuando la democracia recupere la dignidad y la limpieza que le ha arrabatado la oligarquía de partidos, la arrogancia con que actuan los actuales dirigentes políticos, que no dudan en imponer su voluntad a la de la inmensa mayoría de los ciudadanos, será castigada con la destitución fulminante o con la cárcel.
Implicar a un país en una guerra en contra de los criterios de la inmensa mayoría, como hizo José María Aznar, o negociar con ETA otorgando a los terroristas todo tipo de concesiones y ventajas, a pesar del rechazo masivo de la opinión pública española, como hizo Zapatero, son dos claras expresiones de esa arrogancia política que es incompatible con la auténtica democracia.
Pero no son esas las únicas manifestaciones de ese estilo de gobierno vigente en España, que un día, por fortuna, será considerado ilegal. También lo son la aprobación, por empeño personal de Zapatero, de un Estatuto de Cataluña que, además de ser rechazado por la inmensa mayoría de los españoles, tiene fundadas sospechas de inconstitucionalidad, o la imposición a todo un pueblo, a pesar del masivo rechazo de los consumidores, de un odioso canón que sólo beneficia a la SGAE y que se basa en el terrible argumento de que todos somos o seremos piratas.
Sarkozy, al inaugurar la presidencia francesa de la Unión Europea, ha declarado que su principal objetivo es superar el "NO" de Irlanda al Tratado de Roma. Es una lástima que no haya dicho que su misión principal será acercar Europa a unos ciudadanos que la miran con recelo y como un repugnante monopolio de los políticos.
La última cumbre en Bruselas de los 27 jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea demostró que los oligarcas y burócratas europeos le tienen miedo a sus respectivos pueblos y que no se atreven, como reclaman los europeos, a someter el futuro de la Unión y del Tratado de Lisboa a un proceso de consultas populares.
Atemorizados y avergonzados porque están seguros de que las consultas a a los ciudadanos les dejarían en ridículo y podrían en evidencia que los pueblos y sus representantes políticos están divorciados y en posiciones alejadas, los máximos dirigentes de los 27 estados de la Unión finalizaron la cumbre con las tradicionales conclusiones adoptadas por consenso. En una de ellas, el Consejo Europeo dice que hace falta más tiempo para analizar la situación en Irlanda después de su "NO" al Tratado de Lisboa, un tiempo que será aprovechado para proseguir con la ratificación parlamentaria de ese tratado en los restantes países.
Los políticos, avergonzados porque cada vez resulta más evidente que ya no representan a sus respectivas sociedades, sino a ellos mismos y a los intereses de las élites poderosas, confían en que las sucesivas ratificaciones parlamentarias creen el ambiente favorable que permita aceptar el Tratado de Lisboa, a pesar de que los ciudadanos de Irlanda lo hayan rechazado en referendum.
Barack Obama, candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, ha decidido renunciar al dinero público que deberían entregarle como candidato demócrata (nada menos que 84 millones de dólares) y financiar su campaña exclusivamente con fondos privados.
Aunque muchos saben que el principal motivo de esa renuncia es que los fondos privados son más generosos y permiten una campaña más rica y poderosa, su decisión ne deja de ser valiente y responde a las espectativas del "candidato del cambio", de lo que se espera del líder de un movimiento reformista intenso que ha prendido en la ciudadanía y que podría llevarle hasta la Casa Blanca.
La financiación pública de las campañas presidenciales norteamericanas fue instituida en 1974, precisamente para moderar los gastos de las campañas. Desde entonces es una tradición que nadie se había atrevido a desafiar.
La tesis de Obama es que el dinero público debe tener otro fin en un país como América, necesitado de políticas sociales muy intensas, y que las campañas, como los partidos, deben ser sufragadas por los militantes y simpatizantes.
La postura de Obama representa todo un desafío y un mensaje de limpieza para los partidos y los políticos modernos, especialmente para los europeos, cada día más adictos a los fondos públicos.
En el caso de España, aunque la financiación pública es intensa, obsesiva y, según muchos analistas, hasta abusiva, los políticos y sus partidos no paran de presionar a la opinión pública para que esa financiación del Estado se incremente. Incluso llegan a argumentar, con una inaceptable desfachatez, que parte de los numerosos casos de corrupción se producen, precisamente, porque la financiación pública a los partidos es escasa.
En algunos sectores intelectuales de la sociedad española empieza a reivindicarse la "virilidad", un valor vinculado al rigor, al coraje y a la entereza, escaso y perseguido en la actual cultura "progre" que domina España, donde priva la "debilidad", lo "light", lo "relativo", lo "femenino" y lo "flexible". Ceder y retroceder empieza a ser mal visto y tener principios y resistir comienza a estar de moda. La cultura de la cobardía pierde terreno y cede su sitio al valor, a la ética y a la entereza.
Decenas de miles de ciudadanos, entre ellos el gran escritor Miguel Delibes, se están adhiriendo al reciente Manifiesto por la Lengua Común, firmado originalmente por una veintena de intelectuales, que exigen que la Constitución Española y el gobierno garanticen el uso del español como lengua común, un movimiento valiente y digno que puede encuadrarse en la recuperación de lo viril en una España cada día más cobarde y menos firme.
La realidad constata que en casi media España (Cataluña, País Vasco, Baleares y Galicia), los castellano parlantes son discriminados y padecen merma de sus derechos sustanciales, sin que el gobierno haga nada por defender sus pisoteados derechos, teóricamente garantizados por la Constitución. Es importante resaltar que en tres de esas comunidades gobierna el PSOE.
Varios intelectuales presentan en Madrid ‘El Manifiesto por una lengua común', suscrito, entre otros, por la historiadora Carmen Iglesias, Albert Boadella, Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi Espada, Alberto González Troyano, muchos de ellos próximos a la formación liderada por Rosa Díez Unión, Progreso y Democracia (UPyD), como los escritores y pensadores Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Álvaro Pombo o Carlos Martínez Gorriarán. Reivindicando la importancia del castellano ‘como lengua común para el juego de la democracia' ‘y su posición asimétrica respecto al resto de lenguas oficiales españolas, de alcance circunscrito a las autonomías bilingües', reclaman al Parlamento las modificaciones o esclarecimientos tanto constitucionales como estatutarios que garanticen en todos los campos y ‘en todo el territorio nacional' los derechos de quienes opten ‘por la lengua común'.
Curiosamente, también, en Francia se ha abierto el debate lingüístico. La Academia de la Lengua Francesa pide que se retire el texto sobre la reforma del artículo 1 de la Constitución, que añade a su enunciando que “las lenguas regionales pertenecen al patrimonio francés”. Luego, en el artículo 2 de la Carta Magna, se afirma que “la lengua de la República es la francesa”. El rechazo procede de que “nos parece que colocar la lenguas regionales antes que el francés en la Constitución es un desafío a la lógica y una negación a la república, una confusión del principio de nación y objeto de política”.
Visto desde la distancia, el reciente congreso del PP se cerró en falso y dejó demasiadas heridas e incógnitas abiertas. La sustancial es saber si Rajoy será capaz de crear el nuevo partido que pretende sin romper el viejo PP. Centenares de compromisarios en el Congreso y tal vez millones de votantes en las calles y hogares de España han decidido "resistir" al inexplicable viraje de Rajoy.
Dicen las crónicas del Congreso del PP que cuatro miembros de las Juventudes de Zaragoza estuvieron a punto de gritar "Aznar: ¡Vuelve!" tras escuchar su discurso. Nosotros, que no somos del PP ni de ningún otro partido, sino militantes de la democracia, si podemos gritar "Aznar, vuelve" porque nos gusta el buen café más que el descafeinado, porque preferimos las ideas y los principios a la maniobra y el talante, porque creemos que la democracia se enriquece con el contraste y el debate más que con el engaño y el marketing.
Rajoy ha sido reelegido, pero su victoria es pírrica. Obtuvo sólo el 78.8 de los votos de los compromisarios, menos que cualquier otro presidente del PP en el pasado. Traducido a votos, eso significa que ha perdido más de dos millones de votantes y que esa masa de antiguos votantes, al igual que han hecho los compromisarios, votarán en blanco o se abstendrán en las próximas elecciones.
Si a esa ya gruesa cifra de rechazos agregásemos los muchos que le han votado porque no quieren arruinar sus carreras políticas o porque viven espléndidamente de los sueldos y del poder que les proporciona el partido, Rajoy habría perdido de manera abrumadora y vergonzosa porque su migración a ese "centro" vacío de ideas fuertes y al talante zapateril repugna hoy a nueve de cada diez peperos.
La ministra del miembro, ahijada y apadrinada de Cháves primero y de Rubalcaba después, es producto de la incultura de aquellas herencias de la LOGSE y de la ESO, que crecieron en el desértico semillero de la otra anterior que extirpó el latín de nuestro Bachillerato. Quizás, llamada a la alta tarea ministerial, no de la Igualdad, sino de “Igualdad de la Insuficiencia”, para distraer el ambiente, de modo que el ciudadano, agobiado por la galopante crisis económica, se entretenga en hablar de miembra, mientras olvida la terrible subida de los precios, el paro que no cesa, el déficit y el gasto y despilfarro que han extenuado las arcas del erario.
Aquí, con la inútil llegada de la Autonomías, inútil, para nosotros, no, para ellos, que se autoensueldan, se instaló también la nueva clase política, cuyo mérito y conocimiento estriba en haber hecho “carrera” en la militancia de un partido. Así hemos visto, cómo las distorsiones y perversiones lingüísticas se imponen y generalizan hasta el hartazgo. Un día allí, en la Vasconia, un político soltó la insulsez de “los vascos y las vascas” y ahí está hasta la saciedad de la mayoría inculta. Otro, una feminista, en su inopia, toma la incongruencia “genre” del inglés y sin ningún rigor gramatical, nos introduce la aberrante “violencia de género”. Género y Número son dos categorías morfológicas, que indican masculino o femenino, singular o plural, y no hombre o mujer, y por tanto, no tienen agresividad ni violencia. Y, hoy, se nos habla de miembra y no se reconoce con humildad el error, sino que se mantiene, se argumenta y se recurre a la Real Academia con ánimo de ilustrarla y fijar su labor, como si los demás fuésemos ilusos. Del dicho ciceroniano: “Humanum errare est”, ni atisbo, pues, del latín ni su existencia conocen.
Cuando todo un gobierno que se dice democrático, como el de Zapatero, emplea su enorme poder en beneficiar a un colectivo mediocre e incapaz de ganarse la adhesión del mercado, asume una gran responsabilidad y envía a la sociedad un mensaje perverso: "No importa que seais mediocres y profesionalmente pobres; lo único importante es que apoyeis al poder". De este modo se conducen a los pueblos hacia la ruína.

El odiado canon de la SGAE ya ha entrado en vigor porque el gobierno, amparando a sus amigos artistas, ha decidido imponerlo, enfrentándose incluso a una sociedad que rechaza masivamente ese impuesto preventivo e injusto que gravará no sólo a impresoras, grabadoras y cd's, sino también a móviles, MP3 y memorias USB y que convierte a España en un pueblo de piratas.
Los artistas amigos del presidente Zapatero, muchos de ellos millonarios insaciables, quieren ahora que el gobierno también castigue de manera ejemplar la piratería que ellos mismos propician con el "canon" y solicitan, incluso, que se les corte el acceso a Internet a los que pirateen canciones y videos en la red.
Entre esos artistas de mentalidad autoritaria y un gobierno que le debe demasiados favores están llevando a la sociedad española, una vez más, hasta la confusión y la esquizofrenia. Por un lado nos obligan a pagar un canon que presupone que los consumidores serán piratas, pero, al mismo tiempo, quieren reprimir la piratería que ya han cobrado por anticipado. La única explicación a ese desaguisado indecente sólo puede encontrarse en las antiguas estructuras ideológicas de la desaparecida URSS de Stalin y Breznev, cuando el pueblo esclavo era sometido a la dictadura del contubernio del partido y de los intelectuales y artistas oficiales, sometidos y defensores del régimen.
Nadie, salvo los políticos, tiene en España peor imagen que la SGAE. Tal vez injustamente, la asociación que agrupa y defiende a los artistas es percibida por el ciudadano como una banda recaudadora insaciable, adicta a las subvenciones y artisticamente mediocre, incapaz siquiera de hacer competitivo al cine o a la música española, que alcanza sus objetivos gracias a su contubernio con el poder político de la izquierda.
Con la opinión pública en contra y en oposición hostil, la SGAE, por mucho apoyo del gobierno que consiga, está condenada a perder esta guerra, aunque ahora esté ganando batallas. Cuando Zapatero sea desplazado del poder o cuando la presión de los ciudadanos y de otros partidos lo haga necesario, los artistas millonarios serán abandonados por el poder y tendrán que competir libremente y sin ventajas en la sociedad, generando calidad, como los demás ciudadanos y empresas.
Hoy, en Valencia, parece un ganador porque nadie se ha atrevido a plantar cara a su ambición, pero su calvario empezará el lunes, cuando tenga que construir un partido cuyo diseño nuevo no convence a casi nadie. Después de los primeros movimientos en el Congreso, todo comienza a aclararse: el trasatlántico del PP ha puesto rumbo hacia el desarme ideológico y el talante.
A Rajoy le ha pasado como a muchos combatientes derrotados, que terminan imitando y pareciéndose demasiado a su adversario ganador. Rajoy, líder de la derecha española, quiere renunciar a las ideas básicas de la derecha y emigrar hacia un "centro" político donde nunca hay ni ideas fuertes ni principios irrenunciables, sino únicamente pragmatismo y talante. El PP de Rajoy quiere convertirse en un partido atrapatodo y atrapavotos para parecerse al PSOE de Zapatero, sobre todo en el talante y la maniobrabilidad.
El gran problema es que lo que Rajoy envidia de Zapatero es lo que repugna a muchos de los dirigentes, al grueso de las bases y a gran parte de la militancia actual del PP: la capacidad para dialogar y hasta pactar con gente situada en las antípodas ideológicas, obsesionada, incluso, con destruir al Estado. Rajoy quiere, como Zapatero, poder pactar y compartir el poder con el PNV, con el nacionalismo catalán en pleno y con el nacionalismo gallego, sin que el independentismo sea un obstáculo, sin que lo impida la persecución que el nacionalismo extremo realiza de la lengua castellana o el odio infinito a España que destilan sus líderes. Pero ¿es eso lo que quieren los actuales votantes y simpatizantes del PP?
Algunos blogs y algunos blogueros tienen tanta calidad que sorprenden y obligan a pensar por qué razón un instrumento humilde y completamente amateur, como un blog, puede tener más imaginación, calidad y, sobre todo, honestidad informativa, que muchos medios consagrados en la primera fila del periodismo.
¿Es éste el caso del blog "Desde el exilio"?
Juzguen ustedes mismos tras leer es siguiente viejo post del mencionado blog, que reproducimos:
Moderador: Señoras y Señores, bienvenidos a nuestro programa especial “Encuentros en el exilio”. El tema de hoy en nuestro espacio informativo: ¿Para qué necesitamos un Estado?
Me alegra poder presentarles hoy en plató a tres destacados pensadores europeos. Den conmigo la bienvenida al francés Jean- Jacques Rousseau, al inglés John Locke y a su compatriota Thomas Hobbes. Sr. Hobbes, permítame empezar con usted. Se le considera como el fundador de la filosofía del Estado moderno. Su trabajo principal publicado en 1651 lleva el título “Leviathan“. ¿Qué se esconde tras un título tan enigmático?
Hobbes: Verá, en mis tiempos los hombres todavía tenían un buen conocimiento del Antiguo Testamento. En él, en los libros de Job e Isaías, también en los Salmos, se menciona un monstruo marino de nombre Leviathan - una especie de serpiente o dragón - que inspiraba terror en todo el mundo. Utilicé este monstruo como símbolo para el poder público. El Estado, como máxima fuente de poder terrenal, somete por medio del temor a sus administrados.
Hemos sondeado y detectado en la prensa que, desde las últimas elecciones de marzo y en plena crisis económica, se han publicado al menos una docena de auto-subidas de sueldos decretadas por políticos de distintos colores, en las administtraciones central, autonómica y municipal, lo que significa que han debido producirse poco más de un centenar, ya que las estadísticas demuestran que apenas suele publicarse una de cada díez, porque la mayoría de esas subidas, por ser vergonzantes y mal asumidas por los ciudadanos, suelen mantenerse casi en secreto.
En el mismo periodo, tan sólo un gesto político ejemplarizante y solidario con los millones de ciudadanos que están padeciendo la crisis en carnes propias, el de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que acaba de congelar su sueldo y el de sus consejeros y colaboradores. Es éste un gesto que los ciudadanos agradecerán y que debería haber tenido, en primer lugar, el gobierno de la nación, empezando por el presidente Zapatero.
Admirada y envidiada en todo el mundo hasta hace pocos años por su prosperidad y pujanza, España es hoy un monigote inerme y en declive, víctima de cinco crisis convergentes y de un gobierno inepto e ineficiente.
Cinco crisis asolan España: la primera es la crisis financiera, de carácter mundial, que ha convertido el dinero en un bien escaso y miedoso; la segunda es la de la escalada del precio del crudo, también mundial, que dispara la inflación y sofoca los transportes; la tercera es la del estallido de la burbuja del ladrillo, internacional pero especialmente virulenta en España, un país que había crecido gracias a su impresionante desarrollo urbanístico e inmobiliario; la cuarta es la corriente de protestas y huelgas salvaje que atraviesa e impregna a la sociedad española, que se siente frustrada y manipulada, cuyas primeras manifestaciones son las recientes huelgas salvajes de camioneros y de pescadores, pero a las que sucederán capítulos sucesivos de ciudadanos cabreados e indignados por el mal gobierno, la corrupción, la tiranía de los partidos políticos y el abuso del poder político; y la quinta, seguramente la más grave, es una crisis generalizada de confianza en el liderazgo, en las instituciones y en el sistema que afecta no sólo a la economía, sino a toda la sociedad, causando graves daños al mercado, a la convivencia y a la producción.
Si a esas cinco crisis convergentes se agregan los efectos demoledores que proyecta sobre la sociedad y el futuro de los españoles como pueblo un mal gobierno, inepto y frívolo, al frente del cual se encuentra un iluminado llamado Zapatero, que, tozudo, ni siquiera reconoce la existencia de la crisis, con una desconcertante confianza en su propia suerte, incapaz de tomar medidas para frenar el declive económico, inútil a la hora de enfrentarse a las fuerzas centripetas y disgregadoras del nacionalismo, sin la suficiente valentía para defender ideas y principios frente a mafias y bandas con intereses ajenos a los de la nación, impotente para garantizar la seguridad a sus ciudadanos, sin brio para acabar con la corrupción política, sin la solvencia necesaria para generar confianza, únicamente preocupado por la imagen, acobardado e incapaz de tomar medidas impopulares, puede afirmarse sin miedo a error que España está al borde del colapso como nación y como sociedad moderna y desarrollada.
¿Es el INEM el paradigma del fracaso de lo público en España? La empresa tiene más de 20.000 funcionarios y un presupuesto de más de 1.000 millones de euros, pero, a pesar de que las empresas están demandando más de 100.000 trabajadores, el INEM no logra suministrarlos y apenas interviene en el 7% de las colocaciones. Cada colocación pública puede salir hasta trece veces más cara que en una empresa privada de trabajo temporal.
El INEM es un desastre, pero no es lo peor en el terreno público, donde otros sectores y actuaciones le disputan el record de ineficacia, ineficiencia y derroche.
La sanidad pública pasa por ser el escaparate del éxito de la gestión pública en España, pero se trata de un espejismo, no sólo porque las listas de espera sigan incrementándose o porque los políticos y los enchufados dispongan de una sanidad de élite, dentro de la pública. sino porque es más cara e ineficiente que la privada. La principal cualidad de la sanidad pública es que tiene dinero suficiente para invertir en equipòs altamente costosos, pero su eficiencia está por los suelos. La sanidad pública es tres veces más costosa que la privada y cinco veces más ineficiente, a juzgar por lo que cuesta una cama o una operación, por el tiempo de espera y otros muchos índices y datos.
Federico Jiménez Losantos, el más popular y crítico de los periodistas radiofónicos españoles, ha sido condenado por criticar a Alberto Ruíz Gallardón, alcalde de Madrid y dirigente destacado de la derecha española, al que tendrá que pagar 36.000 euros como compensación.
Es una sentencia amedrentadora, destinada a meter miedo en el cuerpo a los periodistas críticos con el poder político. El objetivo es lograr que cuando un periodista, sobre todo si es anónimo, humilde y mal pagado, se siente ante su ordenador para escribir una información crítica del poder político sienta miedo y piense que si han condenado a Federico, con lo poderoso que es, ¿qué no harán conmigo?
Muchos destacan estos días que 862.415 irlandeses han bloqueado a casi 500 millones de europeos; otros argumentan que Irlanda ha sido desagradecida porque es el país que más fondos europeos ha recibido para el desarrollo, pero casi nadie resalta la gran verdad: que el único pueblo que ha sido directamente consultado ha dicho "NO" y que el resto de los 27 gobiernos de la Unión, por miedo a sus ciudadanos, han decidido hurtarle la voz a sus pueblos y ratificar el Tratado de Lisboa por la vía parlamentaria, evitando así un seguro y masivo rechazo a la manera antidemocrática de construir Europa que han elegido los políticos.
El comportamiento de los políticos y borócratas europeos provoca miedo entre los demócratas europeos, que ya ven la democracia en peligro. Las últimas dudas sobre el triste destino de la democracia europea se disipan ante declaraciones de gente con tanta responsabilidad en Europa como el portugués Durao Barroso y el español López Garrido, que han dicho que el proceso de ratificación "debe seguir adelante", a pesar de que el documento de Lisboa prevé su extinción si algún país miembro lo rechaza.
Antes de que se abrieran las urnas irlandesas, este blog publicó un artículo anticipando el posible rechazo de los ciudadanos irlandeses al Tratado, un rechazo fundado en que los ciudadanos ya no se fian de los políticos y en que prefieren votar "NO" a las propuestas de unos partidos políticos que, con demasiada frecuencia, les manipulan y engañan.
España, masivamente poblada por gente sometida al poder, por víctimas del clientelismo político y por cobardes sin agallas ni amor a la libertad, se está quedando sin ciudadanos. El problema es que sin ciudadanos no puede haber democracia, ni una sociedad vigorosa y pujante.
La sociedad española está hoy políticamente dividida en cuatro bloques, el último de los cuales es el de los auténticos ciudadanos, la única gente verdaderamente libre y responsable del país, consciente de sus derechos y deberes, con capacidad de análisis y de crítica, que desea participar en los procesos de toma de decisiones, un residuo casi insignificante de personas que, marginadas o acosadas por el poder, se refugia en pequeños grupos y se encuentra casi en peligro de extinción.
Los otros tres grandes grupos son: en primer lugar los militantes, simpatizantes y “hooligans” que pertenecen a un partido político; en segundo lugar las huestes del clientelismo, los muchos que sienten miedo a perder sus privilegios y ventajas, gran parte de ellas provenientes de las administraciones públicas; y el tercero, probablemente el más numeroso, agrupa a los que viven indiferentes a la política o frustrados por la desastrosa marcha de lo público.
Los políticos europeos contienen hoy la respiración ante el temor a que los ciudadanos de Irlanda digan "NO" al Tratado de Lisboa y cierren de nuevo la puerta al futuro de una Unión Europea que quiere construirse según los intereses bastardos y antidemocráticos de los políticos y de espaldas a los ciudadanos.

Los políticos europeos tienen miedo a que Irlanda diga hoy "No" al Tratado de Lisboa y se niegan a entender el por qué del rechazo reiterado de los ciudadanos europeos al futuro de la Unión. Holanda y Francia ya rechazaron la Constitución del arrogante Valery Giscard e Irlanda puede decir ahora "No" al Tratado de Lisboa, sustituto de aquella constitución fracasada, porque los políticos son ya vistos por los ciudadanos como los enemigos del progreso y del pueblo, interesados en construir Europa de espaldas a la ciudadanía.
Aquel hermoso y esperanzador poryecto de la "Europa de los Ciudadanos", nacido a finales del siglo XX, fue asesinado por los partidos políticos y por los gobiernos, que decidieron relegar a los ciudadanos del proceso de construcción y monopolizarlo desde los partidos políticos, los gobiernos y el sucio concepto de la "política profesional".
El mayor problema al que tendrá que enfrentarse Pilar González, elegida secretaria general del Partido Andalucista (PA) en el congreso extraordinario celebrado el pasado fin de semana, es, una vez más, disipar la sospecha de que ella es testaferro de los destacados "historicos" del partido, un "estigna" que podría convertirla en otra dirigente fracasada de ese partido ruinoso.
Pilar, que, con el apoyo de los "históricos", ganó por un estrecho margen de 69 votos al otro candidato, Francisco Jiménez, alcalde de Utrera, tiene como principal reto revitalizar un partido que los nadaluces han casi borrado del mapa político, expulsándolo del Parlamento de Andalucía, porque todo lo que ofrece resulta innecesario y nada apeticible para los electores andaluces. Pero esa renovación será imposible si no se cumplen dos condiciones difíciles: desprenderse del pasado hasta sus últimas consecuencias y cambiar radicalmente el partido, logrando que ofrezca a los andaluces algo que les interese, no el viejo nacionalismo "light" y la fragilidad ideológica extrema que ha "adornado" al andalucismo durante toda su historia, unos rasgos que le han permitido pactar hasta con el diablo con tal de alcanzar el poder, siempre bajo el dominio de unos viejos líderes endiosados, a los que el pueblo andaluz ya no soporta y ha decidido dar la espalda.
A muchos no nos gusta su estilo, pero eso no es ya lo más relevante. En un país de cobardes, donde los periodistas y los intelectuales suelen estar sometidos en masa al poder o irracionalmente alineados como "hooligans" con un partido político u otro, un tipo como Federico Jiménez Losantos, capaz de fustigar a diestro y siniestro, es un lujo, una necesidad terapeutica, una vacuna frente a la tiranía.
Es cierto que FJL es a veces cruel y pasional, que no es capaz de soportar la crítica que él reclama como derecho informativo propio y que responde a los que le cuestionan con ataques desproporcionados que amedrentan al adversario, pero también es cierto que es el único líder de opinión en la radio española que es capaz de exigir la dimisión a los sinvergüenzas de un bando y de otro, de poner de relieve el absolutismo y la opresión, de fustigar a diestro y siniestro, a socialistas, nacionalistas, comunistas, populares y hasta a los mismos obispos que le pagan el sueldo, como también lo es que sus peores enemigos, los únicos que han sido capaces de sentarle en el banquillo de los acusados, son los miembros de esa derecha española que no logra desprenderse de sus barnices totalitarios.