Sin apenas periodistas independientes, la democracia española está herida
05.12.07 @ 15:08:32. Archivado en Medios de Comunicación, Democracia, Corrupción
Gran parte de los periodistas españoles han perdido la independencia y la libertad para criticar y fiscalizar al poder político. Muchos de los críticos sólo atacan al bando contrario, ocultando los errores y miserias del bando propio, comportamiento típico de los "comisarios políticos". Sin una prensa libre capaz de controlar al poder público a través de la verdad, la democracia no puede existir. El sometimiento de los periodistas a los grandes partidos políticos es, probablemente, la mayor carencia actual de una democracia española que se degenera, pierde apoyos entre los ciudadanos y se transforma, poco a poco, en una despreciable oligocracia de partidos que nada tiene que ver con el sistema original.
Si alguien nos hubiera dicho hace treinta años, en aquellos momentos en que agonizaba el Franquismo y la democracia se abría camino, que treinta años después buena parte del periodismo español se encontraría masivamente politizado, controlado por los partidos políticos, comprado, maniatado y amordazado, no lo hubiéramos podido creer. Y, sin embargo, es cierto.
La "censura" franquista ha sido sustituida con éxito por la "autocensura", un recurso más eficaz e incruento que la degenerada democracia española ha utilizado para amordazar a los medios de comunicación y liquidar la crítica. G. Orwell ya había vaticinado que la autocensura sería más eficaz que la censura y que con ella podría controlarse la libertad de expresión sin necesidad de prohibir nada.
Muchos periodistas e intelectuales de la España actual viven a sueldo del poder político o trabajan en medios que han tomado partido por la derecha o la izquierda. Dedican sus mejores esfuerzos no a difundir la verdad, a crear opinión libre o a informar verazmente a los ciudadanos, como es su deber, sino a colaborar en tareas útiles al poder, como manipular la información, generar argumentos y enfoques para que una opción política derrote a la contraria y difundir informaciones que benefician a quienes les apoyan y pagan.
Aunque parezca increíble, los fondos de reptiles de la democracia han sido más abundantes y eficientes que los de la dictadura. El refrán "periodistas aplaudidores, vendidos a buenos postores" se ha convertido en una verdad palpable en la España de principios del siglo XXI. La perversión del sistema ha anulado viejos principios y valores por entonces vigentes y ha convertido en aceptable el lamentable y humillante hecho de que miles de periodistas e intelectuales se hayan convertido en "sobrecogedores" porque admiten sobres y recompensas que, directa o indirectamente, provienen del poder político y que les llegan por múltiples vías y caminos, desde la publicidad al tráfico de influencias, sin olvidar concesiones y negocios de toda índole.
La situación de los intelectuales es todavía más triste, si cabe. Gente que en el pasado era montaraz, iconoclasta, independiente y libre hasta el insulto se ha transformado en material sometido que mendiga ante el poder poltronas de asesor, encargos a dedo o espacios en tribunas, consejos de administración y medios públicos. El intelectual en España, salvo excepciones imperceptibles, ha dejado de ser luz y guía para transformarse en materia gris sometida al poder, que la utiliza para fabricar argumentos, orientar los debates, manipular y controlar a la sociedad.
Cada día es más difícil encontrar en España a un periodista o a un intelectual independiente y libre. Los que quedan suelen sobrevivir penosamente y pagan un alto precio por su libertad. Confundidos, indignados, malviviendo o refugiados en Internet, el último reducto libre, tienen dificultad para entender cómo la sociedad española ha perdido con tanta rapidez y facilidad el culto a la verdad y los valores de independencia y servicio a la comunidad, a través de la información, valores que asumieron con ilusión en las antiguas facultades universitarias.
Los sojuzgados o controlados por el poder son legión: muchos militan directamente en un partido y han cambiado voluntariamente el oficio de periodistas por el de "agitadores"; no son pocos los que trabajan en empresas o medios públicos, donde están obligados a defender las tesis del gobierno que les compensa; otros trabajan en medios alineados con un partido político u otro; la mayoría recibe pagos por encargos, trabajos temporales y colaboraciones "envenenadas"; y buena parte de los restantes participan de los fondos de reptiles, subvenciones, contratos y publicidad que proceden del poder y que son el aliento que mantienen vivos a la prensa, la radio, la televisión, productoras, gabinetes, revistas especializadas, opúsculos, monografías, libretos y librillos.
Quién no lo crea que revise el registro de nóminas, reconocimientos, ayudas, becas, premios, subvenciones, colaboraciones, asesorías y demás dádivas del poder.
El brazo del poder político es largo y no sólo paga a los autores, sino también a los editores, sin olvidar a productores, guionistas, estrategas, pensadores, cámaras, fotógrafos y a toda una variopinta legión de profesionales sobrecogedores que utilizan la inteligencia para vivir. Muchos de ellos saben que son piezas imprescindibles para el control de la opinión pública, la libertad y la inteligencia colectiva, pero otros prefieren creer que siguen vinculados a la verdad, ignorando que ya no difunden "la verdad", sino "la verdad del poder", que no es la misma.
La España de hoy, guste o no, es una sociedad alineada con un bando u otro, donde es muy difícil vivir al margen de los "políticamente correcto", donde es casi imposible encontrar el pensamiento libre y en la que el periodista y el intelectual independiente son especies en peligro de extinción.
Aunque el alquiler y la compra de intelectuales y periodistas es un vicio de alcance nacional, en algunas autonomías ha alcanzado una perfección tan elevada que es casi imposible superarla. Es el caso de Cataluña, donde el control de los medios y de la inteligencia ha alcanzado el nivel del "virtuosismo" y la "excelencia". Nadie sabe cuantos millares de intelectuales y periodistas catalanes están mantenidos por la Generalitat para obtener a cambio apoyo ciego y defensa de osadías nacionalistas, independentistas y hasta estatutos grotescos que no pasarían el filtro de cualquier democracia europea honrada.
Andalucía y Extremadura son las otras dos comunidades más sometidas al pensamiento dominante, impulsado por gobiernos regionales cuyo peso y poder excesivo agobian y abruman a la sociedad.
En la España actual ocurre hoy lo mismo que en aquella sucia Italia de finales de los años "setenta", cuando los periodistas e intelectuales podían agruparse en cuatro categorías: los comunistas, los socialistas, los democristianos y los muertos de hambre.
En España el sometimiento de la inteligencia a los partidos políticos y al poder público sigue teniendo vigencia y campea pujante el siniestro y antidemocrático principio de "o estás con el poder o estás jodido".
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Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Suscribo su comentario. Le felicito por su claridad de ideas.
Gracias por leer Voto en Blanco, que, como usted dice, pretende ser un ejercicio de libertad y de lucidez política.
Cordiales saludos.
F. Rubiales
F. Rubiales
Tampoco los ciudadanos son libres. Hay una mayoría que forma su opinión escuchando a los " creadores de opinión ", manipulados por partidos políticos, anestesiados con Grandes Hermanos y cotilleos de patio de vecinas en una televisión en la que todo vale, incluido el Diario de Patricia; ninguneados por políticos ignorantes que sólo los tienen en cuenta a la hora del voto que les mantendrá subidos al machito. En fín, que los ciudadanos tendrían que despertar y dejar de quejarse en el bar, el taxi o la peluquería y empezar a exigir todo aquelo a lo que tienen derecho, pidiendo que trabajen para ellos, todos esos del coche oficial, coche que, por cierto, pagan ciudadanos.
Francino no es grande en sí mismo, es una persona que está ahí porque dice lo que sus amos quieren, no por sí mismo. Sin embargo la audiencia de Federico está más por él que por la cadena. Es una diferencia importante. FJL tiene sus principios y es coherente con ellos. Gente como Gabilondo opina siempre lo que le diga el PSOE.
Ejem, estamos de broma, no?
Que no lo podamos encuadrar exactamente en el PP no le hace independiente, por favor
A la par ataque paralelo a la prensa, hacíéndolo dependiente totalmente del ejecutivo mediante el juego de las licencias.
Los dos poderes que pueden frenar los desmanes del poder ejecutivo y criticar al legislativo (controlado por sus líderes) están maniatados.
Resultado: La democracia solo existe para votar lo que uno quiere.
Saludos y espero que la suerte cambie.
El periodista que tan solo trabaja en un medio, no puede hacer otra cosa que tragar. En caso contrario, a la calle. Esta "libertad" de los "dueños" se ha instaurado en el país en todos los campos posibles.
Y tras todos ellos están los políticos, de unos u otros signos. Por lo tanto aquí los que menos están mediatizados son los que trabajan para la Iglesia Católica y sus medios de comunicación. Saludos.
Orwell ya hablo de estos periodistas en REBELION EN LA GRANJA eran los borregos, aunque ahora se comportan tambien como perros.
Valga el ejemplo de Losantos por ser el más estruendoso, pero que no se quede ahí. Hay más, y desgraciadamente casi ninguno de ellos está en la izquierda ideológica
Saludos
Los estandartes del periodismo de derechas llevan años diciendo que aconsejan el voto al PP como mal menor, a la vez que mantienen, desde siempre, un escrupuloso rigor y coherencia en sus principios, propios e intransferibles, con los que comulgará el que quiera y el que no, no.
Por desgracia, un arma muy eficaz del totalitarismo es la proyección: "¿Que ya no consigo que te tragues lo bueno que soy? Vale, soy muy malo, pero que sepas que el otro es tan malo como yo"(sigue)
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Francisco Rubiales
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