La caída del Imperio Romano tiene curiosas y sorprendentes coincidencias con la actual decadencia de Europa, que merece la pena analizar. Numerosos expertos e intelectuales de Europa y Estados Unidos están estudiando el fenómeno desde la preocupación por la decadencia actual de la hasta hace poco pujante cultura europea.
Uno de los equipos que ponen mayor énfasis en el estudio es el inspirado por El Vaticano, cuyo actual pontífice, Benedicto XVI, es muy sensible al problema de la decadencia de Europa, como ya lo demostró cuando era conocido como el teólogo Ratzinger.
La clave de que la sociedad española soporte sin rechistar los abusos del poder, la impunidad de sus políticos, la mentira como método de gobierno, el terrible deterioro que padece la democracia y el mal gobierno reside en que escasean los ciudadanos y abundan los esclavos.
Decía Aristóteles al comienzo de Política: “no todos los hombres libres lo son por naturaleza, ni todos los esclavos lo son por naturaleza”. Aristóteles concebía al ciudadano como ejemplo de hombre completo y maduro por su capacidad de ser libre, de vigilar la marcha de la comunidad, de participar en sus decisiones, por su obediencia a las leyes, por la defensa de sus derechos y por su capacidad de juzgar y debatir con parsimonia y y sin juicios preconcebidos, todo lo contrario de lo que hoy es un militante de base radicalizado de uno de nuestros partidos políticos.

El triste espectáculo ofrecido por la clase política tras las elecciones del 27 de mayo y el previo de los referendums sobre los estatutos autonómicos de Cataluña y Andalucía, vergonzosamente aprobados por apenas un tercio del electorado, han hecho que la petición de una reforma de la Ley Electoral española comience ya a ser un clamor en una sociedad abochornada ante la degradación política y ya convencida de que algunas leyes que regulan el sistema político español son profundamente antidemocráticas.
Las subastas de comunidades y pueblos, las alianzas antinatura entre partidos, los pactos entre perdedores y el vomitivo espectáculo de la lucha por el poder sin ideologías, principios y decencia, son consecuencia directa de los profundos defectos de diseño de la normativa electoral española, ideada para que la dictadura franquista fuera sustituida por otra dictadura, la de los partidos políticos, sin que el ciudadano, en teoría soberano y dueño del poder en la democracia, tuviera protagonismo alguno.

Zapatero comenta en sus círculos más próximos que el Partido Popular ha alcanzado ya el máximo de su poder electoral, que está estancado en intención de voto y que tiene cerrado su camino hacia el poder como consecuencia de su estrategia favorita, a la que denomina "Arrinconar a la derecha extrema", una frase trucada que esconde la verdadera intención de Zapatero y de su partido: "impedir que el Partido Popular pueda gobernar".
Se trata de una estrategia que en España es legal porque la legislación electoral es deficiente y, en algunos aspectos, antidemocrática, pero que es democráticamente ilícita y reveladora de claras tendencias totalitarias, ya que pretende dos objetivos que constituyen sendas agresiones graves contra la auténtica democracia: impedir la alternancia y perpetuarse en el poder.

La ley electoral española es tan beneficiosa para las minorías que parece haber sido redactada por tipos como Jordi Pujol o Juan José Ibarretxe. Si hubiera sido redactada por verdaderos demócratas y primase la voluntad de la mayoría, que es el criterio decisivo en democracia, los partidos políticos tendrían menos poder, la victoria del PP en las recientes elecciones del 27 de mayo habría sido abrumadora y la derrota del PSOE habría sido histórica.
El PSOE ha sabido crear una dinámica perversa en la democracia: cuando gana, gobierna y cuando pierde, también gobierna, gracias a sus "alianzas de perdedores". De ese modo dificulta la alternancia y pervierte el sistema. Los que pierden se unen, tuercen la voluntad de la mayoría y toman el poder. Es la victoria de los que pierden frente a los que vencen, toda una barbaridad democrática.
El filósofo Philip Pettit, amigo de José Luis Rodríguez Zapatero y autor del conocido ensayo "Republicanismo, una teoría sobre la libertad y el gobierno", ha visitado España y ha presentado en público una evaluación ridícula del gobierno Zapatero, al que otorga un "sobresaliente", tras ignorar el análisis de errores cometidos y pasar por alto violaciones flagrantes de la propia doctrina "republicana", perpetradas por el gobierno español.
En la página 237 de la edición española de su libro (Paidos 1999), Pettit profundiza sobre la necesidad de que, para evitar la dominación del gobierno, las leyes básicas (como los Estatutos de Cataluña y de Andalucía) sean aprobadas por mayorías muy cualificadas, sugiriendo "dos tercios". En concreto dice: "al menos en lo atinente a las leyes básicas más importantes, desde el punto de vista de la no dominación, no debería resultar fácil cambiarlas. En particular, habría que exigir más que el mero hecho del apoyo de una mayoría en el parlamento o incluso entre la población".
Algunos ilusos todavía creen que ETA es de izquierdas. Otros muchos creen hasta que ETA y su brazo político, Batasuna, pueden adaptarse a la democracia. Muchos de esos crédulos están en la izquierda española e internacional, donde la confusión y la desideologización les lleva a convivir con totalitarismos de tinte izquierdista sin admitir lo que es obvio: que todos los totalitarismos son fascistas, independientemente del color que vistan o defiendan. Pero la mayoría de estos pobres diablos que creen que ETA es una organización revolucionaria de izquierdas militan en los nacionalismos radicales, donde el virus totalitario también corre por las propias venas.
¿Cómo puede ser de izquierdas y parte de un sistema democrático un grupo terrorista, ETA, cuyo principal objetivo es el “restablecimiento”, mediante la violencia ejercida contra una población civil inerme, de una unidad política definida por su homogeneidad racial y cultural? Cualquiera que analice la historia descubrirá que esos eran los objetivos y métodos del partido nazi en la Alemania de los años treinta del siglo XX.
Sevilla, que ya es, probablemente, la capital europea con mayor densidad de funcionarios, gerentes, asesores, directores y todo tipo de enchufados del poder político, pagados con el dinero de los ciudadanos, creará una docena más de organismos y entes autónomos, según decisión del nuevo gobierno municipal, la coalición del PSOE e Izquierda Unida que encabeza el alcalde socialista Sánchez Monteseirín.
La ciudad tiene ya más de 125.000 funcionarios y "colocados" en las administraciones públicas, a los que se agregarán algunos centenares más, designados por socialistas y comunistas para que ocupen plazas en esos nuevos organismos descentralizados, con oficinas y presupuestos propios, que se agregarán a los veinte que crearon en los últimos ocho años.
Tal densidad significa que Sevilla tiene un número de funcionarios y de empleados públicos similar al que estaba al servicio de la Corona (sin contar los militares), en todos los dominios del emperador Felipe II, en los que "nunca se ponía el sol". También significa que la mitad de la economía local depende, directa o indirectamente, de las administraciones públicas y del poder político.
Quizás sea una reacción lógica ante los abusos del nacionalismo extremo vasco y catalán o tal vez sea la respuesta de la gente de bien ante la disgregación nacional impulsada por el gobierno de Zapatero, pero el patriotismo está tomando cuerpo en la sociedad española, donde aumenta cada día el amor a la patria común y el respeto a los simbolos patrios, la bandera y el himno.
Salvo entre los núcleos recalcitrantes de militantes y simpatizantes de los partidos nacionalistas, socialistas y de Izquierda Unida, donde el concepto de patria, la bandera y el himno siguen siendo tratados como estigmas anatemizados del llamado "fascismo", la recuperación del sentimiento patrio crece no sólo en la derecha sino también en la izquierda, en los caladeros del centro y en esa masa creciente de ciudadanos que cree más en la democracia que en los partidos y que, asqueados de la degradación política, cada vez se inclina más por la abstención o el voto en blanco.
Tengo muchos amigos socialistas que me dicen que Zapatero debería dimitir. A veces creo que me lo dicen porque saben que apoyo esa tesis, pero hace unos días uno de ellos se sinceró y me dijo: "la verdad es que estamos aterrorizados ante lo que se nos vendrá encima cuando el PSOE pierda el poder y ya no podamos evitar que la Historia nos señale como traidores por el desprecio demostrado a la democracia y por gobernar en contra de los intereses de la nación".
Casi agotada la legislatura, el balance de Zapatero es negativo. Nadie puede negarle el mérito de la osadía y de haber actuado donde otros no se atrevieron, "ampliando los derechos", como él dice, pero también es evidente que ha deteriorado la posición de España en el plano internacional y que ha fracasado en cada una de sus grandes líneas de gobierno, desde la llamada "paz con ETA" a las reformas territoriales, con estatutos traumáticos, como el catalán y el andaluz, acusados de inconstitucionalidad y apoyados de manera ridícula en los dos referenda más fracasados de la historia de la democracia.
Me aseguran mis fuentes y me convencen de que el famoso "proceso" de Zapatero sigue intacto, que el PSOE continúa negociando con ETA y que la prisión de Otegui y de De Juana Chaos son sólo gestos para la galería, carnaza para los imbéciles.
Me aseguran, incluso, que ambos ingresos en prisión podrían haber sido pactados con De Juana y Otegui, que habrían aceptado ser encarcelados por dos razones, porque el ingreso en prisión les refuerza y porque en la cárcel están más seguros frente a esa parte de ETA que tiene las pistolas y que está cada día más nerviosa y en completo desacuerdo con las "debilidades" negociadoras de los militantes aberzales que quieren pasarse "a la paz".
Me dicen y me creo que el "rigor" de Zapatero con la banda es sólo aparente y que todo está orientado a engañar de nuevo a la opinión pública, mientras "el proceso sigue adelante", en busca de una victoria que permita al PSOE, con Zapatero al frente, ganar las próximas elecciones generales, que es lo único que importa al presidente y a su equipo.

Los españoles, después de haber disfrutado de nuestro único instante de poder en la democracia española, el que tenemos cuando depositamos el voto en la urna, hemos retornado a la marginación política diaria, donde continuamos contemplando, impotentes, las miserias y suciedades del sistema, entre las que destaca el deplorable espectáculo de las subastas políticas de regiones y pueblos.
Los partidos negocian como si el poder público fuera género de un mercadillo: ¿Quien me da mas? Los partidos pequeños, generalmente nacionalistas radicalizados y borrachos de un poder excesivo, con apenas un puñado de votos, imponen su condición de bisagras del poder a los partidos mayoritarios y se convierten en dictadores en miles de ciudades y autonomías.
Al cumplirse 30 años desde las primeras elecciones libres, tras la muerte de Franco, es plenamente constatable que la democracia española ya no existe.

Treinta años después de las primeras elecciones libres, tras la muerte del general Franco, la llamada "democracia" española ya no existe, tras haber sido cuidadosamente prostituida por los grandes poderes y transformada en una oligocracia donde los partidos políticos ocupan la cúspide y controlan casi la totalidad del poder.
La Constitución, garantía del sistema, apenas tiene vigencia en regiones como el País Vasco y Cataluña, mientras flaquea en el resto de un Estado donde el "demos" (pueblo) ha sido suplantado por el "oligo" de las élites dominantes.
Casi la totalidad de los controles que la democracia establece para limitar los grandes poderes han dejado de existir, hasta el punto de que en España los poderosos son prácticamente impunes. Los partidos políticos han acabado con la separación de los poderes; la sociedad civil ha sido invadida por los partidos políticos y está al borde del coma; las elecciones son escasamente libres porque son los partidos políticos, con sus listas cerradas y bloqueadas, los que realmente eligen a los representantes, no los ciudadanos; los elegidos en las urnas no responden ante sus electores, sino ante las poderosas élites de sus respectivos partidos; la ley, máxima garantía del sistema, es interpretada y aplicada según convenga al gobierno; las fuerzas de seguridad, más que al servicio de la ley parecen estar al servicio del partido que gobierna.
Los recientes resultados electorales de Francia, Bélgica y España confirman que el socialismo retrocede y que una enorme ola azul está invadiendo Europa, donde España, con Zapatero al frente del socialismo más radical, y la Italia de Romano Prodi son ya dos islas rojas aisladas en el continente.
En Francia, la victoria de Sarkozy en las legislativas esta siendo aplastante y el socialismo, derrotado y sin ideas, se retira a la trastienda para ser refundado. En Bélgica, la coalición liberal socialista que gobernaba el país, ha sufrido una durísima derrota y ambos partidos han salido muy disminuidos y tocados de su examen ciudadano en las urnas. El cristiano demócrata Yves Leterme se perfila como nuevo primer ministro belga.
La victoria en España del Partido Popular en las recientes elecciones municipales y autonómicas del 27 de mayo, ha sido interpretada internacionalmente como una confirmación de la ola azul que atraviesa Europa.
Los siete cerrojos ideados por la democracia para mantener el despotismo encerrado para siempre en una jaula de acero han saltado por los aires en España. Los partidos políticos y los políticos profesionales han traicionado la democracia y, tras domesticar a la bestia Leviatán, le han abierto la jaula para ejercer, con ayuda del monstruo, el dominio sobre los ciudadanos.
La democracia nació con un miedo terrible al Estado y a las tendencias absolutistas del poder. La Humanidad padeció durante milenios el despotismo de los monarcas y el dominio de elites crueles que humillaban, explotaban y asesinaban. Durante los siglos XVII y XVIII, aquel "Antiguo Rñegimen" fue derrotado y empezó a ser sustituido por una democracia que tenía plena conciencia de que el Estado es el peor enemigo del ser humano.
Si perteneces, como nosotros, a esa media España que ha frustrado el plan ideado por Zapatero y la peor parte del PSOE para lograr el fin de la lucha armada etarra a cambio de concesiones políticas, económicas, morales y hasta legales, debes felicitarte y sentirte orgulloso porque has impedido que se cause un enorme daño a España y a su incipiente, aunque ya deteriorado, sistema de libertades y derechos.
El plan era realmente astuto y parecía brillante. Sus objetivos eran firmar con ETA la paz y recibir a cambio el apoyo entusiasta de la sociedad española, lo que tendría dos consecuencias inmediatas: el Partido Popular quedaría desacreditado, aislado y al margen del poder por muchos años y el PSOE ganaría las elecciones y establecería una hegemonía electoral durante muchos años, sin alternancia posible en el gobierno.
La imagen pública del presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dado un giro de 180 grados tras el fin de la tregua de ETA y el resultado de las elecciones del 27 de mayo. A pesar de su retórica truculenta y de sus lloros ante Iñaki Gabilondo, ha dejado de ser percibido por la sociedad como un "ganador" y se ha convertido en un derrotado, "probable perdedor" de los próximos comicios generales.
Y como un perdedor empiezan a tratarle hasta sus más "intimos" aliados, desde su partido hasta ETA y el grupo editorial PRISA, donde ya se le critican errores tan suculentos como su conducción de la lucha contra el terrorismo o sus interferencias autoritarias en la vida interna del partido, sobre todo en Madrid, donde el PSOE, mas que una derrota ha obtenido una reprimenda del electorado.
Sin su imagen de ganador y de político con suerte, a Zapatero le queda poco en la mochila, quizás sólo su habilidad para la manipulación y el engaño.

"Salve Zapatero, los que van a morir te saludan"
El presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, se niega a admitir algo tan obvio como su responsabilidad en los futuros atentados y asesinatos de ETA, tras la ruptura de la tregua. Cuando, en su reciente entrevista televisiva, Iñaki Gabilondo le apuntó que sería responsabilizado de esas muertes, con rostro conpungido y aparentemente indignado, como si responsabilizarle fuese una gran injusticia, Zapatero dijo "Hasta ahí podíamos llegar".
Y, sin embargo, los que van a morir víctimas de ETA ya le están gritando ese terrible "Ave Zapatero, morituri te selutant" (Salve Zapatero, los que van a morir te saludan), como hacían ante el emperador los gladiadores que se enfrentaban a muerte en el circo de Roma, porque su responsabilidad ante esas muertes es doble, una como presidente del gobierno, cargo que le hace responsable de lo bueno y de lo malo que ocurra en el país que le ha entregado las riendas del poder y todos los recursos, con el mandato expreso de que cuide a sus ciudadanos, y otra, mas intensa, como artífice personal de una política concreta que ha revitalizado a los terroristas, que estaban acosados y al borde de la derrota cuando él llegó al poder, con su financiación cortada, fuera de las instituciones, sin voluntarios que sustituyeran a los detenidos, con los presos casi rebelados y expulsados como parias de los foros internacionales.
Pero Zapatero, personalmente, los ha revitalizado, los ha convertido en interlocutores de un gobierno presuntamente democrático, ha puesto a la justicia a su servicio, ha mejorado la situación de los presos, los ha presentado en el Parlamento Europeo como "gente de paz", los ha devuelto a las instituciones, les ha permitido reorganizarse, rearmarse, refinanciarse con dinero público, remozar sus filas y, lo que es todavía más grave, les ha devuelto la moral de victoria, mientras despreciaba, visible y públicamente, a sus víctimas.
Es obvio que el principal responsable de los futuros asesinatos, si se produjeran, sería la propia ETA, pero Zapatero tendría la nada despreciable responsabilidad especial de haber insuflado vida y moral a la bestia asesina, dotándola de la fuerza necesaria para que asesine más y mejor, con el agravante de que no obtuvo nada a cambio de sus concesiones y de las humillaciones del Estado, realizadas, para mayor escarnio de la democracia, seguramente, en contra de la opinión mayoritaria de la sociedad española, una parte importante de la cual ha salido masivamente a la calle, en varias ocasiones, para rechazar precisamente la política de concesiones a los terroristas.

El peor error ante Zapatero es considerarlo idiota. Puede que sea poco escrupuloso con la democracia o que tenga un desmesurado sentido del "ego", pero es un estratega duro que siempre esconde ases en la manga. Ahora tiene dos escondidos: el primero es el de provocar una escisión en las filas de ETA y el segundo es lanzar contra la banda toda la furia de la policía y de la ley, capitaneando una indignada reacción del Estado contra el terrorismo.
ZP confía que, con esos dos ases, todavía puede ganar la batalla y también las próximas elecciones generales.
Sus informaciones son que ETA está prácticamente fracturada y que la división entre los duros, que quieren vivir de la sangre, y los que blandos, quieren vivir de la política, es ya insalvable. El problema es que los "políticos", que son los que han impulsado la tregua, encabezados por Otegui, Ternera y De Juana Chaos, están asustados y saben que ellos podrían ser las primeras víctimas mortales de la banda si dan el paso definitivo hacia la escisión, porque, para ETA, "disentir es morir".
ETA ya asesinó en el pasado a los suyos que optaron por la paz. ETA no consiente las deserciones y las discrepancias internas y ahí están para demostrarlo Pertur, desaparecido, y Solaun y Yoyes, asesinados.
Pero la carta más valiosa que esconde ZP es la de encabezar una inesperada y rabiosa reacción del Estado contra la banda, legitimada desde el argumento de haber hecho todo lo posible por la paz, "sin que ETA haya respondido a nuestros esfuerzos". Se trataría de una especie de venganza sarracena, muy potente y aparatosa, que, según Zapatero y sus asesores, tendría como efecto inmediato que la sociedad española se pusiera detrás de él, apoyando su nuevo liderazgo.
Un trozo de esa carta la mostró el día 6 de junio, cuando respondió a Pio García Escudero en el Parlamento que del mismo modo que había liderado la paz, haciendo todos los esfuerzos posibles, lideraría la lucha contra ETA, con el mismo empeño y ardor.
El punto débil de esa estrategia es que se producirán muertes en el bando de los demócratas y que el PP y su corte mediática intentarán responsabilizar a Zapatero de esas bajas. Por eso ZP necesita vitalmente lo que el llama "apoyo unánime" de los demócratas, un apoyo al que sus adversarios se resisten a otorgarle no sólo porque no se fían de él sino porque nadie sabe que política apoyarían, si otra negociación, si otro GAL, si una mezcla de rigor y de mano tendida, o tal vez un trueque definitivo de Navarra y de la excarcelación de los presos a cambio de una paz definitiva.
El gran problema del hábil ZP es que la democracia no funciona como él cree y que el poder, en democracia, no puede ser, como a él le gusta, una partida de ajedrez con reglas cambiantes y jugada a oscuras, en la trastienda, sino que exige que el juego se atenga a las leyes y que se celebre en el centro del estadio, con todas las luces encendidas y con el público presente, actuando como testigo y parte del espectáculo.
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La tregua de ETA ha terminado y ha quedado demostrado, una vez más, que al totalitarismo asesino sólo se le vence con las armas. Creiamos que aquella lección había sido aprendida por Europa cuando los demócratas tuvieron que derramar sangre para vencer a los nazis, pero Zapatero no lo sabía y se empeñó en tratar a la bestia con halagos, concesiones y humillaciones. Ahora, tras el fracaso, ha llegado la hora del pueblo, el momento en que los ciudadanos deben hablar. Y, en democracia, los ciudadanos siempre hablan ante las urnas, con la papeleta en la mano. La legislatura debe terminar ya y Zapatero, derrotado e incapacitado para liderar la defensa de un Estado al que él colocó de rodillas, debe convocar elecciones.
ETA se dispone a matar de nuevo. El gobierno ha fracasado en lo que fue su apuesta central: acabar con el terrorismo por la vía de la negociación. Para detener el brazo asesino de ETA y ser premiados con otra victoria electoral y más años en la Moncloa, Zapatero y los suyos han hecho todas las concesiones posibles, incluso algunas de dudosa legalidad y humillantes para una democracia. En contra de la opinión mayoritaria de los españoles, ha interpretado la ley de manera favorable a ETA, ha dejado de perseguir y detener asesinos, ha escamoteado la información a la sociedad, ha permanecido indiferente ante el terrorismo callejero y hasta ha lavado la imagen internacional de la banda etarra. Todo eso sin conseguir nada a cambio.

Mientras que el Partido Popular recupera posiciones y crece en España, gracias a que preserva su identidad y se diferencia cada día más del PSOE, frente al que se presenta como auténtica alternativa, en Andalucía, el PP pierde las elecciones y retrocede porque, desnortado, se parece cada día más a su adversario socialista.
La última "gran" decisión política del PP de Andalucía, la de idear una alianza con Izquierda Unida para arrebatar la Alcaldía de Sevilla al socialista Monteseirín, constituye un error de altos vuelos que la dirección nacional del PP debería haber impedido a tiempo. La desgraciada iniciativa proyecta tristeza y desasosiego hacia el electorado andaluz de derechas, al que se le lanza el mensaje de que el PP andaluz es hoy capaz de pactar hasta con el diablo con tal de acceder al poder.

Mis fuentes próximas a la Moncloa aseguran que "el jefe", siempre seguro y autosuficiente, se encuentra confuso y desorientado tras los resultados electorales del 27 de mayo, inesperados y decepcionantes para la cúpula socialista, que no sabe cómo reacionar ni qué hacer, sobre todo con el espinoso asunto de Navarra, y, posteriormente, con el anunciado fin de la tregua de ETA, una "puñalada" que ha terminado de hundir a ZP en un profundo desconcierto.
Mis informadores opinan, como yo, que ZP se siente muy inseguro y ya se ha dado cuenta de que su estrategia de acosar y aislar al PP ha fracasado porque está despertando entre los españoles el instinto de proteger al débil frente al fuerte, el que lleva a situarse anímicamente al lado del héroe solitario que lucha contra todos.
La reciente visita a Madrid de la secretaria de estado norteamericana, Condolezza Rice, no ha servido para mejorar las deterioradas relaciones entre Estados Unidos y España, sino para enrarecerlas todavía más. El antiamericanismo militante de José Luis Rodríguez Zapatero está costando a España mucho dinero, prestigio e influencia internacional.
Muchos acusan a ZP de haber puesto en peligro la unidad de España, de haberse humillado ante ETA o de haber envilecido la polítca y la convivencia, pero pocos se han atrevido a cuantificar las pérdidas económicas que España ha padecido como consecuencia de la política de Zapatero.
Muchos observadores y analistas creen que Zapatero, además de ser, seguramente, el peor presidente de gobierno de la democracia española, también es el mas costoso. Sus errores, su intervencionismo, su aislamiento con respecto a las grandes potencias de Occidente y, sobre todo, su política de enemistad con Estados Unidos, alimentada con su desplante a la bandera de Estados Unidos en el desfile militar de Madrid, la retirada precipitada de las tropas españolas de la alianza de Irak y de otros muchos enfrentamientos, todos ellos consecuencias del antiamericanismo de ZP, han costado a España la pérdida de decenas de miles de millones de euros en ocasiones perdidas, en contratos frustrados y en posibilidades saboteadas desde Washington y sus aliados.
Cuando el elemento decisivo de un sistema de gobierno es el partido político y cuando el poder está controlado por los partidos y no por los ciudadanos, ese régimen debe denominarse "Partitocracia" y no "Democracia". La democracia es el gobierno del pueblo, mientras que la partitocracia es el gobierno de los partidos políticos.
España reune todos las condiciones técnicas y científicas para ser considerada una "Partitocracia" pura: partidos políticos ultrapoderosos que se apoderan del Estado e infiltran los poderes básicos, prevalencia del partido sobre el ciudadano, ocupación o control, por los partidos, de la sociedad civil y de las grandes instituciones que necesitan ser libres (universidades, medios de comunicación, sindicatos, religiones, etc) y una estructura legal, incluyendo una ley electoral, que beneficia a los partidos políticos más que a los ciudadanos, entre otras.
Uno de los rasgos característicos de la Partitocracia es que son los partidos y no los ciudadanos los que en realidad eligen a los representantes democráticos. En España (y en otros muchos países aparentemente democráticos), esa usurpación del derecho ciudadano al voto se consigue por medio de las listas cerradas y bloqueadas, elaboradas por los partidos, que son en realidad los que eligen, mientras que el ciudadano no puede elegir a las personas que le representan sino a los partidos que deben o no ocupar el gobierno.
Domingo, 3 de junio
José Pómez
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
Carlos Ruiz Miguel