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El "recorte" que España necesita: el de políticos y enchufados

09.02.12 | 18:26. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España

Los gobiernos de España están realizando muchos recortes para evitar la quiebra, algunos necesarios y muchos otros innecesarios, pero el principal recorte que el país necesita, el que afecta al número de sus políticos y enchufados, sigue sin hacerse. España tiene en la actualidad casi 100.000 cargos públicos, incluyendo los cargos electos y los nombrados para cargos públicos de cierta relevancia, a los que hay que añadir unos 400.000 enchufados más, casi todos ellos familiares y amigos de políticos, colocados a dedo en las distintas administraciones, empresas e instituciones públicas, en su inmensa mayoría innecesarios y prescindibles.

La gente sabe que los políticos son los mayores culpables de los desastres de España, no sólo porque ellos han gestionado mal el poder, sino porque son tantos que resulta imposible mantenerlos. Cada día son más los ciudadanos indignados con los políticos y, aunque ellos pretendan ignorarlo, la gente empieza a odiarlos. La frustración y el desencanto avanzan y la gente siente que la protesta y el rechazo no son suficientes. Cada vez son más numerosos los que pasan a la etapa superior del enfrentamiento con la "casta" política: la insumisión fiscal y la desobediencia civil.

Esa enorme masa de políticos, enchufados y paniaguados constituye el peor lastre imaginable para un país que pugna por escapar de la ruina y que sueña con recuperar la prosperidad perdida. Pero los políticos españoles, verdadera plaga ineficiente, escasamente democrática y poco preparada, se niega a soltar ese lastre y prefiere la ignominia de arruinar a los ciudadanos con impuestos insoportables antes que expulsar del sector público a esa inmensa e inútil nube de enchufados.

La eliminación de más de la mitad de ese lastre no sólo es posible sino también recomendable y representaría el más fructífero y saludable "recorte" que España necesita en estos momentos. El ahorro que significaría prescindir de más de 200.000 cargos públicos inútiles casi sería suficiente para equilibrar las cuentas públicas y alcanzar, sin otros traumas, los compromisos de reducción del déficit público español.

Pero los políticos, de manera ignominiosa e indecente, se niegan a perder poder y a limpiar de escoria superflua el atiborrado sector público español, uno de los más costosos e irracionales de toda Europa. artificialmente engordado por los partidos políticos para asegurar una vida cómoda y sin problemas a miles de enchufados que no aportan nada al bien común.

Los expertos saben que si se suprimieran las costosas y antidemocráticas subvenciones a los partidos políticos, a los sindicatos y a las organizaciones patronales, si se realizara una saludable limpieza entre los cientos de miles de enchufados innecesarios y si se eliminaran empresas públicas e instituciones que no aportan nada al bien común y que, en muchos casos, duplican sus funciones, se reduciría drásticamente el déficit y los problemas económicos de España entrarían en una esperanzadora vía de solución.

Pero el problema, una vez más, es la casta política, el verdadero drama de España, no sólo por su ineficacia, torpeza y corrupción, sino por su arrogancia, nulo sentido de la democracia y por su egoísmo, que le lleva a anteponer sus propios intereses y los de sus partidos políticos a los del ciudadano y al bien común.

Si este análisis es correcto, la solución de los problemas de España pasa, ineludiblemente, por arrebatar el poder a los partidos políticos, devolver al ciudadano el protagonismo y el poder que le corresponde en democracia y por someter a la casta política al imperio de la ley y a los controles, normas y leyes que rigen el ejercicio de la democracia, reglas y normas que hoy ignoran o violan impunemente.

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El PP andaluz, preocupado por el prematuro desgaste de Rajoy, teme no alcanzar la mayoría absoluta

06.02.12 | 17:58. Archivado en Partido Popular, Andalucía, España

El PP andaluz está preocupado por el prematuro desgaste que está sufriendo Rajoy tras su inesperada subida de impuestos, contraria a sus promesas en la campaña electoral. El último sondeo del CIS revela ya la pérdida de dos puntos y las encuestas en Andalucía, donde a Javier Arenas solo le sirve una victoria por mayoría absoluta, parecen estancadas.

Aunque no lo declare en público, el PP andaluz está nervioso, tiene miedo ahora de no poder ganar por mayoría absoluta las próximas elecciones andaluzas y de que Andalucía permanezca cuatro años más en manos del agotado y corrupto partido socialista, gobernando esta vez en coalición con Izquierda Unida.

El miedo a no obtener los votos necesarios para "liberar" a Andalucía del yugo socialista proviene del intenso rechazo que ha producido en las clases medias y en los líderes de opinión la inesperada subida de impuestos decretada por el gobierno de Mariano Rajoy, en contra de lo que prometió en la campaña electoral, una medida que ha "cabreado" y "decepcionado" a amplios sectores de la población y que está causando daños en las expectativas electorales de Javier Arenas.

De hecho, las encuestas señalan un estancamiento en la subida del PP o, incluso, un ligero retroceso de sus posibilidades electorales en Andalucía, que los expertos atribuyen exclusivamente al desencanto de muchos ciudadanos ante la brutal subida de impuestos decretada por el gobierno de Mariano Rajoy, en contra de sus promesas electorales y de la filosofía que le llevó a ganar las elecciones, según la cual donde mejor está el dinero es en el bolsillo de los contribuyentes.

Hay muchos andaluces que piensan que el PSOE, por su corrupción e ineficacia, merece ser expulsado del poder en Andalucía, pero, después de la traición de Rajoy con los impuestos, muchos de esos votos tal vez no sean para el PP y se marchen hacia el Voto en Blanco, la abstención, UPyD o cualquier otra formación política minoritaria y no contaminada.

El "engaño" de Rajoy es el principal tema de los debates políticos y de las conversaciones en bares y en reuniones sociales. El argumento que se repite es que antes de haber subido los impuestos, los populares deberían haber eliminado muchos gastos prescindibles y superfluos, entre ellos las subvenciones a los partidos políticos, sindicatos y organizaciones patronales, tres organizaciones impopulares a las que muchos acusan de ser los principales focos de la corrupción, de la escasa calidad de la democracia y del hundimiento de la economía española.

Muchos miembros del PP reconocen la preocupación y el miedo a que no obtengan la mayoría suficiente para gobernar en solitario, lo que "condenaría" a los andaluces a seguir padeciendo, durante cuatro años más, un gobierno de izquierdas, esta vez plasmado en una coalición entre el agotado y desprestigiado PSOE y los comunistas de Izquierda Unida, lo que daría lugar a un gobierno todavía más radical e izquierdista, aislado de la corriente conservadora que ya ha conquistado casi la totalidad de España, todo un "drama" para Andalucía.

Los pensadores del PP andaluz están buscando soluciones a toda prisa, ya que el tiempo es escaso porque las elecciones serán en el próximo mes de marzo. Los escándalos terribles protagonizados por el PSOE andaluz, en especial la implicación directa de altos cargos del gobierno andaluz en el sucio asunto de los EREs falsos, quizás no sea suficiente para neutralizar la inmensa indignación provocada por la subida de impuestos de Rajoy, que convierte a los españoles en los ciudadanos de Europa más explotados y esquilmados a impuestos por su gobierno.

El argumento que más indigna es la constancia demostrada de que si se suman las tasas municipales, los IBIs, el IRPF y otros tributos, cada andaluz debe trabajar para el Estado una media que supera ya los seis meses de cada año, un auténtico e injusto abuso que convierte en depredadora y confiscatoria la política fiscal española.

Lo curioso del debate es que los andaluces se muestran dispuestos a pagar más para ayudar a salir de la crisis, como lo demuestran algunos datos de generosidad constatados, entre ellos el incremento notable de las donaciones a Cáritas y a otras organizaciones éticamente fiables, pero pocos entienden que el gobierno haya optado por meter la mano en la cartera del ciudadano antes de eliminar gastos superfluos, impopulares y hasta nocivos, entre los que sobresalen las subvenciones cuantiosas a los partidos políticos, sindicatos y patronal, organizaciones que en la mayoría de las democracias avanzadas no se nutren de los impuestos ciudadanos sino de las cuotas de sus afiliados.

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El PSOE se ha equivocado

05.02.12 | 09:11. Archivado en PSOE, Política, España

Al elegir a Rubalcaba como secretario general y no optar por un dirigente nuevo que esté libre de zapaterismo y no tenga responsabilidades contraídas con la corrupción y el mal gobierno, el PSOE ha cometido un gran error que deberá pagar caro. Rubalcaba, experto en manipulación y parte activa de todos los grandes dramas del socialismo español, desde el terrorismo de Estado y la corrupción generalizada en tiempos de Felipe González hasta la mentira, el empobrecimiento y el desprestigio, traídos de la mano de Zapatero, ha obtenido los votos de 487 de los 956 delegados, frente a los 465 conseguidos por su rival, la catalana Carme Chacón.

Ninguno de los dos candidatos representaba una verdadera renovación, pero Carme Chacón por lo menos se atrevió a cuestionar la etapa de Zapatero y pidió cambios profundos (Mucho PSOE por hacer), lo que la convertía en la menos continuista de los dos candidatos. Pero el congreso ha apostado por la continuidad, y apostar por la continuidad cuando la sociedad española te ha rechazado es un signo claro de arrogancia. Rubalcaba no puede ser la solución porque fue y es parte del problema.

El PSOE, que no ha hecho autocrítica y ha dejado de lado la renovación para elegir al cerebro gris, el conspirador, el Rasputin y el Maquiavelo, está seriamente quebrado y dividido en dos bandos de difícil integración. El de los perdedores sigue teniendo a Zapatero como referencia, mientras que el de los ganadores ha recuperado como referencia a Felipe González, un dinusaurio agonizante y caducado. El Congreso tardó casi dos horas en convencer a una Chacón indignada porque le habían hecho juego sucio, amenazándole con sacar a la luz los negocios de su marido, para que compareciera como pacífica y sumisa perdedora. El PSOE tardará mucho en limpiar la mucha sangre vertida por las navajas en Sevilla. Las heridas se curan con poder y reparto, pero el PSOE tiene poco poder y casi nada que repartirse.

El PSOE es ya un partido en el que imposible que triunfe la frescura, la osadía y el riesgo. Se ha convertido en una gran empresa que da de comer a mucha gente, en la que el cambio es contemplado como una temeridad y en la siempre ganan los profesionales de la supervivencia, del poder y del reparto de privilegios.

Con Rubalcaba y sin un rostro nuevo y limpio de culpas y complicidades, el PSOE tardará mucho tiempo en hacer olvidar a los españoles la ruina que han causado a España. Rubalcaba y los suyos ya saben lo que tienen que hacer para mitigar el desastre: convencer a los españoles, poco a poco, de que el culpable del drama no ha sido el socialismo, sino un inepto que se les coló en la secretaría general, llamado José Luis Rodríguez Zapatero.

Sin embargo, el cadáver de Zapatero lejos de haber sido sepultado, está muy vivo y la inmensa egolatría mendaz de ese tipo le hará actuar como un molesto y peligroso fantasma socialista derrotado y resentido, que seguirá influyendo en la vida de su partido durante muchos años.

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38 Congreso Federal Socialista: el PSOE cava su fosa en Sevilla

03.02.12 | 15:02. Archivado en PSOE, Política, Ideología, España

El PSOE, más parecido a una jaula de locos que a un partido político solvente, se reune hoy en Sevilla, en su 38 Congreso Federal, para apuntalar su decadencia y poner las bases a su inestable e inquietante futuro. Sin embargo, el partido parece desconocer que no puede haber renovación apostando por el pasado, con dos candidatos a secretario general implicados directamente en el "zapaterismo", una de las etapas más sucias, indecentes y dañinas del socialismo español, causante de estragos en la sociedad y promotor del desempleo, la pobreza, la tristeza, el fracaso y la actual angustia de España.

El PSOE tiene que elegir a partir de hoy, en Sevilla, al nuevo líder que sustituya al fracasado Zapatero en el timón del partido, pero, inexplicablemente, ha decidido elegirlo entre Rubalcaba y Chacón, dos cómplices de Zapatero, ministros del peor gobierno que ha tenido España en muchos años.

El que el PSOE inaugura hoy es el congreso de la mentira y de la frustración, un cónclave marcado por lo absurdo y por el surrealismo porque quiere afrontar el futuro apostando por el pasado; pretende recuperar el favor de los españoles sin antes pedirles perdón por los daños causados; quiere regenerarse utilizando piezas caducadas y tiene que optar entre dos modelos antiguos y agotados, el representado por Carme Chacón, que es una reedición del zapaterismo, pero con faldas, y el que representa Rubalcaba, que representa la promoción del mundo oscuro de las cloacas y los secretos del Estado, que incluye una traición táctica a un Zapatero con el que colaboró estrechamente en el gobierno, como vicepresidente y heredero oficial.

Salvo que elijan a un dirigente nuevo y limpio de responsabilidades con el nefasto zapaterismo, el PSOE aparecerá en el congreso como un partido desnortado y perdido que quiere sacar futuro del pasado y limpieza de donde no la hay.

El Congreso socialista, salvo sorpresas, parece un aquelarre enloquecido y preñado de contradicciones y apuestas tan imposibles como inconsistentes ¿Cómo puede buscar la regeneración un congreso presidido por Griñán, dirigente máximo de una comunidad, la andaluza, que se ha ganado el terrible "mérito" de ser la región española más corrupta y políticamente degradada? ¿Cómo pueden plantearse opciones de futuro limpias y decentes cuando se debate en un escenario marcado por escándalos de robo y rapiña tan terribles como los falsos EREs y el uso mafioso del dinero público por parte de la propia Junta de Andalucía, donde los jueces están ya investigando si la implicación en la orgía ha afectado sólo a directores generales o al gobierno en pleno, con dos presidente (Chaves y Griñan) potencial y presuntamente implicados? ¿Cómo puede un partido regenerarse sin haber reconocido antes que está degradado y postrado, sin ni siquiera haber admitido que el pueblo español le ha dado la espalda por sus errores, corrupciones y fechorías?

El congreso socialista de Sevilla es un auténtico fraude a España, que, a pesar de que los partidos políticos son su gran problema, necesita un partido fuerte para que le sirva de contrapeso a una derecha que, con un PSOE débil y hundido, carecerá de contrapesos y podría tornarse demasiado poderosa y arrogante.

El congreso socialista podría haber albergado la esperanza, en lugar de la inquietud, si hubiera emprendido el camino de la regeneración, una ruta que comienza reconociendo los muchos errores cometidos por Zapatero y su gobierno, la mala gestión de la crisis económica, la responsabilidad ante el desempleo masivo, el avance de la pobreza y el desprestigio mundial de España, y una alta dosis de culpa en la actual fortaleza del nacionalismo, el uso de la mentira desde el poder, el despilfarro económico y el amparo de la corrupción, entre otros muchos dramas, para, después, pedir perdón y, finalmente, haber optado por un congreso de verdadera renovación, con candidatos limpios de culpa y portadores de futuro.

Pero la opción ha sido otra, tal vez porque el socialismo, bajo Zapatero, se ha deteriorado al menos tanto como la misma España, y ha decidido elegir entre una catalana con profundos rasgos nacionalistas, que, en la España actual, es prácticamente imposible que sea admitida como líder, y un genuino representante de las cloacas del Estado, un tipo caducado por la edad y por sus implicaciones en los peores y más negativos fracasos políticos del socialismo español, desde el terrorismo de Estado y la corrupción galopante de Felipe González hasta la mentira, la corrupción, la alocada ingeniería social, el despilfarro, el endeudamiento masivo y la corrupción renovada "made in Zapatero".

A la vista de sus muchos errores, déficits, carencias y ceguera política, más bien parece que el PSOE se reune en Sevilla para cavar su fosa.

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Hacienda ya no es "de todos"; es "de ellos" (de los políticos) y cada día gana más desprestigio y rechazo

Hubo un tiempo en España, hace apenas tres décadas, que los ciudadanos pagaban con gusto a Hacienda sus tributos, creyendo que su dinero serviría para igualar la sociedad y para generar equidad y justicia. Pero aquellos tiempos han pasado a la historia y hoy los españoles, frustrados ante el abuso de poder y la corrupción que anida en los poderes públicos, solo pagamos por miedo a las sanciones, sin ninguna fe en que su dinero vaya a tener un fin honesto, con miedo a que sea robado por políticos delincuentes, empleado en financiar a los odiados partidos políticos o sindicatos, o, en el mejor de los casos, utilizado para construir aeropuertos y trenes innecesarios, obras faraónicas y ruinosas de políticos ególatras y despilfarradores.

La realidad fiscal de los españoles es injusta, desgarradora y cargada de oprobio. El ciudadano está obligado a pagar con sus impuestos la energía más cara de Europa, producida por ineficientes molinillos de aire y por paneles fotovoltaicos caros y poco productivos, todos ellos producto del capricho de unos políticos que, en vísperas de la crisis, apostaron, frívolamente, por las más costosas energías del planeta. Tiene que mantener, además, a uno de los Estados más gigantesco e irracionales de Europa y a la clase política más nutrida y parásita de Occidente, donde existen casi 100.000 cargos públicos y unos 400.000 amigos del poder colocados en el Estado y succionando sin parar las ubres públicas. Si a esa sangría se agregan el IRPF más alto de Europa, impuestos indirectos abrumadores, tasas municipales desproporcionadas y un largo etcétera injusto y brutal, que obliga a cada español en activo a trabajar más siete meses de cada doce para un gobierno que le mete las manos en la cartera sin misericordia y que le arrebata, contra su voluntad, siete de cada diez euros que gana, podemos concluir que, fiscalmente, el español vive peor que los campesinos y artesanos del medievo. Si, además, se agrega la financiación con impuestos de la gran corrupción, que ha hecho desaparecer muchos miles de millones de euros, robados por políticos sin escrúpulos y por amigos del poder, más la financiación, también con impuestos ciudadanos, de una masa de desempleados que ya supera con creces los cinco millones, el 23 por ciento de la población activa, podemos afirmar, sin duda, que la Hacienda pública, en España, es una enfermedad cancerosa y una inmensa fuente de injusticia y desigualdad, ya que, para colmo de males, los más ricos apenas pagan impuestos.

El mal estado de la economía española justifica el esfuerzo colectivo, pero no la injusticia en el reparto de ese esfuerzo. Desde hace demasiado tiempo, el mal gobierno, el abuso de poder y la injusticia impuesta por las castas políticas han convertido la Hacienda Pública española en una auténtica enfermedad cancerosa que infecta a toda la nación.

La realidad fiscal española es lamentable, peor, incluso, que el desastroso estado de la democracia. España paga mas impuestos que alemanes y noruegos, a pesar de que los ingresos españoles sean muy inferiores y que los servicios que el Estado presta a alemanes y noruegos sean de mucha mayor calidad. Proporcionalmente, España es una de los países mas esquilmados del mundo por su gobierno. Si a eso se agrega la injusticia y la corrupción reinantes en las esferas del poder, los españoles son los ciudadanos que pagan con mayor disgusto de toda Europa y con menos confianza en que sus impuestos sean utilizados para fines decentes y justos.

La situación es especialmente dramática después de la última subida de impuestos decretada por el gobierno de Mariano Rajoy, a pesar de que había prometido bajar los impuestos en su campaña electoral. El engaño ha caído como un jarro de agua fría sobre el electorado popular, que está dispuesto a hacer pagar la traición a la derecha en la primera cita con las urnas.

Lo curioso y desesperante es que los españoles no se niegan a pagar impuestos, sino todo lo contrario. El sentimiento de solidaridad está muy desarrollado en la sociedad española, como lo demuestran hechos tan evidentes como el crecimiento de las donaciones a Cáritas y a otras ONGs fiables en los últimos años, pero ya no están dispuestos a pagárselos a unos gobiernos que, en contra de la voluntad popular, mantiene sus cuantiosas subvenciones a los partidos políticos y sindicatos y que se niega a suprimer los privilegios ostentosos e inmerecidos de una clase política que, para colmo de males, ha demostrado su torpeza e ineficiencia hasta más allá de toda duda.

Los injustos y opresivos impuestos de Rajoy habrían sido aceptados por los españoles con gusto si antes se hubieran tomado medidas tan razonables y deseadas como la supresión de las cuantiosas ayudas públicas a partidos políticos y sindicatos, la supresión de empresas públicas e instituciones inútiles, creadas por los políticos para colocar a parientes y amigos y la privatización o cierre de las inútiles televisiones públicas autonómicas y locales, utilizadas por el poder político para esparcir propaganda, manipular y fortalecer su control y dominio sobre el ciudadano.

Hacienda ha sido convertida por los políticos en una institución rechazada y sin prestigio, tan devaluada como la misma clase política, los sindicatos y la patronal, todos considerados por el ciudadano como obstáculos que oscurecen la democracia e impiden el avance hacia la dignidad, la justicia y la decencia.

Incluso cuando estás muerto, Hacienda te saca el dinero, gracias a unos impuestos de sucesiones tan abusivos que, según muchos juristas, son alevosos, confiscatorios y antidemocráticos.

Los abusos de la Hacienda pública española están estimulando la evasión fiscal y convirtiendo a muchos españoles en pícaros dispuestos a utilizar cualquier truco, engaño o argucia legal para sustraerle dinero a un poder político que es considerado abusivo e injusto.

El gran error de Mariano Rajoy y su gobierno está siendo el de imponer sacrificios a los españoles antes de demostrar que el nuevo gobierno es honorable y decente. Tenía que haber suprimido antes privilegios sin sentido y gastos suntuosos e innecesarios, pero ha preferido avanzar por la senda de esquilmar a las clases medias. Mucha gente se siente explotada y maltratada por el poder, lo que le impulsa a acumular odio y rechazo hacia las clases dirigentes y las institiciones. Es esas circunstancias, la democracia es imposible en España porque es un sistema basado en la confianza y esa confianza ha desaparecido, tras ser suplantada, dia a día, por el desprecio y hasta por el odio a los polítcos, genuinos e incansables portadores de injusticia y abuso.

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La "broncemia", enfermedad propia de los que mandan

30.01.12 | 19:39. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España

La "broncemia", o acumulación de bronce en la sangre, es una enfermedad mental grave que se da con gran frecuencia entre los políticos, grandes banqueros, médicos famosos y otros miembros destacados de las élites. Los que la padecen, a medida que pasan los años y el bronce invade la corriente sanguínea, terminan creyendo que son estatuas de bronce que están situadas, por sus méritos y para admiración de todos, en las plazas y espacios públicos.

Se creen dioses, pero son tipejos cargados de soberbia, arrogantes y aislados que han perdido la noción de la realidad. El enfermo de broncemia pasa por dos etapas: la primera es el "Importantismo", en la que el infectado por el metal se cree tan importante que nadie es mejor que él; la segunda es la "Inmortalitis", que sobreviene cuando el bronce ya ha invadido todo su ser, lo que le lleva a sentirse inmortal, un ser infinito situado por encima de la muerte y del tiempo.

La broncemia se desarrolla, sobre todo, en los ambientes de poder e intelectuales, siendo sus dos ámbitos más propicios la Universidad y la Política, sobre todo esta última, donde la arrogancia y la egolatría inyectan inmensas cantidades de bronce en la corriente sanguínea de los políticos, que desarrollan síntomas muy agudos de "soberbia" y "solemnidad", típicos de la enfermedad. Pero se han observado casos importantes en otros estamentos, como la medicina, la Justicia, el deporte y la empresa.

La edad es un aspecto importante. La broncemia se desarrolla, generalmente, a partir de los 45 años, pero los casos más severos suelen producirse entre los 55 y los 65 años. El sexo también es un factor importante. La enfermedad es más frecuente entre los hombres, pero últimamente,con el auge del feminismo, los casos de mujeres invadidas por el bronce son cada día más frecuentes.

Los síntomas más característicos del broncémico son tres: la "diarrea mental", la "sordera interlocutoria" y el "reflejo cefalocaudal". La "diarrea" le hace hablar sin parar, de cualquier tema, hasta de lo que desconoce, con solemnidad, escuchándose a sí mismo, como si hablara desde un púlpito a seres inferiores; la "sordera" le impide escuchar y convierte al enfermo de broncemia en un ser desconectado de los que le rodean; el "reflejo cefalocaudal", por último, hace que el broncémico camine erguido, con la espalda rígida, con apariencia arrogante, como si fuera un Dios olímpico, quizás por acumulación de bronce en su columna vertebral.

Aunque la broncemia es una enfermedad antigua, casi tan vieja como el género humano, nunca se ha extendido tanto como en nuestro tiempo. Prácticamente todos los ciudadanos conocen a algún broncémico, fácilmente identificable por sus primeros síntomas: pierde la capacidad de sonreir, no sabe escuchar y habla sin parar, sobre todo de sí mismo.

La única medicina eficaz conocida contra la broncemia es el espíritu de servicio, una variedad del amor al prójimo que obliga a quien lo practica a estar más atento del otro que de él mismo. El espíritu de servicio es una actitud hacia los demás, que nos impulsa a satisfacer los deseos y necesidades del otro. Ese espíritu opera como una vacuna infalible y evita la broncemia con una eficacia total.

Los tres últimos presidentes del gobierno de España han sido broncémicos agudos. Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero contrajeron la enfermedad cuando ya habitaban en la Moncloa, mientras que José María Aznar llegó a la presidencia ya enfermo. Los tres perdieron el favor del pueblo como consecuencia de su broncemia, después de tornarse sordos, de practicar la diarrea mental y de perder el sentido del humor y de la autocrítica. Todos ellos se creyeron próceres casi eternos y, en algunos casos, como el de Zapatero, llegaron a creerse seres predestinados por el mismo destino para mandar y lastimosamente incomprendidos por su pueblo.

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Estamos fracasando, pero nadie lo admite

29.01.12 | 07:42. Archivado en Partido Popular, PSOE, Política, Democracia, Corrupción, España

Estamos creando un mundo desigual y desquiciado. Avanzamos en tecnologías y nos fascina Internet, pero escupimos sobre la ética, retrocedemos en valores y construimos un mundo desigual, injusto y desquiciado. Nunca antes tuvimos tantas tecnologías y recursos para ser mejores y más felices, pero nunca antes existió tanta injusticia y angustia. Nuestro fracaso nunca fue tan notable y doloroso.

Estamos fracasando, pero nadie lo admite. Tenemos tecnologías fascinantes y disponemos de Internet, la mejor herramienta para comunicarnos de toda la historia, pero escupimos sobre la ética, retrocedemos en valores y estamos construyendo un mundo injusto y desquiciado.

Tenemos los recursos para mejorar el mundo, pero nunca habíamos acumulado tanta soledad, injusticia y sufrimiento en nuestras sociedades, donde cada día hay más desempleados, desahuciados, desesperados y nuevos pobres sin orgullo, que duermen en las calles y hacen cola en los comedores sociales. La mentira tiene ya el mismo valor que la verdad. Los gobernantes mienten e incumplen sus promesas, sin que paguen por ello, mientras otros dirigentes roban sin ir a la cárcel. El Estado se ha convertido en el peor pagador y es el causante del cierre de miles de empresas. La gente ha dejado de fiarse del poder y el foso que separa a los políticos de los ciudadanos crece tanto o más que el que separa a ricos y pobres. Las facturas de la crisis las pagan los más débiles y los que mandan prefieren subir impuestos a liquidar sus propios privilegios y ventajas. Llaman democracia a lo que es una vulgar oligocracia de partidos. Sin coraje y sin una verdadera revolución ética, no habrá salida.

Si hablamos de impuestos, cabe gritar: ¡Bendita época feudal, cuando lo que único que se pagaba era el diezmo del señor y el de la Iglesia...! Entonces te quedaba el 80 por ciento para ti, pero ahora, nuestros políticos llegan a embolsarse más de la mitad de lo que ganas con tu trabajo. Si a los impuestos que pagamos ahora los españoles, después de la injusta y abusiva subida del IRPF decretada por Rajoy, agregamos las subidas en impuestos de lujo, matriculaciòn, IBI, notarios, etc., por cada 10 euros que podemos disfrutar, papá-Estado se ha embolsado 15. Encima si los ahorras también te penaliza; cuando donas algo a tus hijos, el Estado reclama su parte; cuando te mueres también pone la mano...etc. Para el señor feudal trabajabas en la época de la cosecha, pero para el Estado actual trabajas más de seis meses al año. No hay comparación y uno se pregunta si el feudalismo era más humano y justo que la actual "democracia" española.

Todo es surrealismo, mentira y engaño en esta España de opereta, donde la "democracia" es "oligocracia", donde al ciudadano se le considera "soberano" del sistema, pero se le trata como "esclavo", donde la derecha sube los impuestos mas que la izquierda, donde los partidos políticos se perdonan mutuamente los delitos y se condecoran, donde todos incumplen sus promesas electorales y en la que ni una sola regla básica de la democracia es respetada: poderes básicos del Estado bajo control político, Justicia desigual, al servicio de los poderosos, elecciones manipuladas por listas cerradas y bloqueadas, en las que quien elige es la élite de los partidos, no el ciudadano, prensa sometida y bajo control, sociedad civil en estado de coma, partidos y gobiernos sin controles ni contrapesos, gobiernos que mienten sin tener que pagar por ello, políticos que roban sin ir a la cárcel, donde se pagan más impuestos a cambio de menos servicios públicos, un país donde el que peor paga es el Estado, convertido en maquinaria morosa que arruina y cierra empresas... y un largo etcétera que convierte a la nación más antigua de Europa en una verdadera y despreciable piltrafa, campeona continental en drogas, alcoholismo, prostitución, blanqueo de dinero, fracaso escolar, desempleo, avance de la pobreza y mil desastres y canalladas mas, todas ellas fraguadas por una clase política deplorable, sin prestigio y fracasada, pero atrincherada como ninguna otra en el poder y en los privilegios, ejerciendo sobre el frustrado ciudadano un ineficaz gobierno y un dominio que es indecente, antidemocrático y obsceno.

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Subvenciones a los partidos: inmorales y rechazadas por el pueblo

Hay en España por lo menos una docena de iniciativas populares de protesta y de recogida de firmas para acabar con las odiadas subvenciones a los partidos políticos, sindicatos y patronal. Esas iniciativas responden al intenso deseo de los ciudadanos de evitar que los partidos políticos tengan que ser mantenidos, de manera opulenta, por los impuestos, ya abusivos y desproporcionados, que pagan los españoles.

Pese a las protestas y campañas, la clase política española está atrincherada en sus privilegios y no quiere renunciar al dinero público abundante que recibe. Es una actitud inmoral, indecente y antidemocrática, reflejo claro que la baja calidad de la mal llamada "democracia" española.

En medio de una feroz crisis económica que está llenando España de desempleados, nuevos pobres, empresas cerradas, tristeza e impuestos injustos y abusivos, los partidos presentes en la Cámara Baja se acaban de repartir ayudas por 20,8 millones de euros. Amaiur, el partido de los etarras, ingresó casi 150.000 euros en subvenciones por los 19 días que estuvo en el Congreso, en el año 2011, en concepto de "gastos de funcionamiento ordinario" de las fuerzas políticas. Lo recibido es apenas un anticipo porque el coste final de los partidos y sindicatos a las arcas públicas supera con creces los mil millones de euros al año.

No existe en estos momentos en toda España un escándalo más inmoral y antidemocrático que las subvenciones públicas a los partidos políticos, sindicatos y patronal, cobradas en contra de la voluntad popular, lo que las convierte en ilegítimas. Mantenerlas en contra de la opinión pública y de la voluntad ciudadana le está costando al gobernante Partido Popular y al propio Mariano Rajoy un desgaste intenso, mucho más rápido que el que padeció Zapatero en el inicio de su gobierno.

En las democracias avanzadas, los partidos y los sindicatos no reciben subvenciones y sobreviven gracias a las cuotas de sus afiliados. En países como Estados Unidos, recibir dinero público es considerado como una mancha y las subvenciones están prohibidas para fundaciones e instituciones de interés general.

Pero España es el paraíso de la injusticia y del abuso de poder. En contra de la voluntad popular, que debería constituir un mandato en democracia, el actual gobierno de Rajoy se ha empeñado en que los ciudadanos, a los que ya se les cobran los impuestos más altos y desproporcionados de toda Europa, sigan manteniendo a los partidos políticos y sindicatos, instituciones odiadas por la ciudadanía, que figuran en las encuestas como el tercer gran problema de la nación.

El Instituto Juan de Mariana publica hoy un informe que demuestra que los españoles pagan más impuestos que los alemanes y los noruegos, siendo sus salarios notablemente inferiores. Los políticos están asfixiando a los ciudadanos, una injusticia lacerante e insoportable que debe cesar y que convierte a las subvenciones a los partidos políticos en un expolio cargado de injusticia e indecencia.

Mantener esas subvenciones en contra la voluntad popular puede considerarse, además, pura "opresión".

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¿Nos gobiernan enfermos mentales?

23.01.12 | 17:39. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Ideología, España

El político y psiquiatra David Owen, que fue ministro de Sanidad y de Exteriores británico, afirma que sí, que muchos de los que hoy nos gobiernan son peligrosos enfermos mentales. La enfermedad explicaría muchos de lo que al pueblo le resulta inexplicable, incluyendo las mentiras, los fracasos y las medidas contra el ciudadano, la Justicia y la razón que se están adoptando frente a la crisis.

El director general de Trabajo de la Junta de Andalucia se gastaba 900.000 euros, provenientes del dinero para luchar contra el desempleo en cocaina y en copas.

La saqueada CCM concedió un crédito de 50 millones a un narcotraficante para que sus envios recalaran en el aeropuerto de Ciudad Real.

El hijo del Presidente de la Junta de Andalucia, acusado por la Policia de formar parte de una red de blanqueo de dinero y cohecho a cambio de contratos en la Junta de Papá.

La familia Botín ocultaba en Suiza unos 2.000 millones de euros evadidos al fisco español.

El ex-ministro Pepiño recibió en mano cerca de 3 millones de euros en un maletin de la trama de su primo a cambio de contratos.

Son noticias tomadas de la prensa escrita. Abrimos un periódico y nos provoca pánico. A veces, no tenemos más remedio que admitir que estamos siendo gobernados por delincuentes o por locos.

Cuando Zapatero se hundía sin remedio en las encuestas, rechazado visceralmente por los españoles, le preguntaron, en una entrevista, si se sentía mal ejerciendo el poder y con millones de ciudadanos rechazándole, pero, ante la sorpresa del entrevistador, afirmó que se sentía perfectamente y que dormía a pierna suelta. Lo mismo responderían hoy Rajoy, Montoro, Luis de Guindos, Artur Mas, Dolores de Cospedal, Griñán y muchos otros políticos españoles, a pesar de que deberían sentirse muy mal ante los estragos de la crisis, los millones de desempleados y pobres que llenan las calles de España y el inmenso sufrimiento que las medidas que ellos adoptan causan a millones de españoles.

Algunos idiotas creen que ser un buen político significa poder adoptar medidas dolorosas sin que les tiemble el pulso, sin que esas decisiones les afecten, por muy duras que sean. En realidad debería ocurrir lo contrario: el mejor político es el que siente dolor con sus administrados y el que duda, medita y sufre antes de adoptar decisiones graves que conllevan sufrimiento humano. Los insensibles son enfermos o canallas que han llegado al poder, mientras que los que sufren son seres humanos decentes que merecen la confianza de sus administrados.

¿Por qué ese comportamiento extraño e insensible de muchos políticos ante el sufrimiento que ellos mismos provocan o que no saben mitigar? La respuesta es que no pocos de los políticos que hoy gobiernan son auténticos enfermos mentales, necesitados urgentemente de tratamiento psiquiátrico intenso. Lo que Zapatero definía en su entrevista como signos de salud, son, precisamente, los síntomas más claros del "Síndrome de la Arrogancia", la enfermedad mental que David Owen define y que reclama sea incluida, con un número propio, en el Código Internacional de Enfermedades (CIE).

Tras desempeñar cargos como el de ministro de Sanidad (1974-1976) y el de Asuntos Exteriores (1977-1979) en el Reino Unido, Owen, médico de profesión, se ha concentrado en los últimos siete años en la medicina y en la investigación del cerebro humano. Durante este tiempo, el inglés ha desarrollado una tesis sobre este "síndrome de 'hybris'", para él un desorden de personalidad cuyos síntomas serían el aislamiento, el déficit de atención y la incapacidad para escuchar a cercanos o a expertos. David Owen (In Sickmess and in Power, 2008) explica que el dominio del poder ocasiona cambios en el estado mental y conduce a una conducta arrogante, por lo que las enfermedades mentales necesitan una redefinición que incluya el Síndrome de la Arrogancia en el elenco mundial de enfermedades mentales.

A algunos políticos, el poder les hace perder la cabeza, los convierte en arrogantes y soberbios y les aleja de la realidad, situándolos en una peligrosa alienación que les hace perder la noción de la realidad. Pero a otros los convierte en verdaderos y peligrosos enfermos mentales, incapacitados, según Owen, para tomar decisiones y gobernar. Cuando acceden al poder se creen dioses o sus enviados en la Tierra, propician el culto a la personalidad y muchas veces se tornan crueles. Algunos creen que esa enfermedad se da únicamente en las tiranías, pero lo cierto es que también se desarrolla en las democracias, afectando a personas que han sido elegidas en las urnas. El síndrome, en los dirigentes que gobiernan las democracias, al no poder comportarse como dictadores crueles, tiene otros rasgos y manifestaciones: se sienten eufóricos, no tienen escrúpulos, no son conscientes de sus errores y fracasos y son capaces de dormir a pierna suelta (como Zapatero) sin que ni siquiera les afecte el rechazo masivo de los ciudadanos o su inmensa y aterradora cosecha de fracasos, dramas y carencias que, para cualquier persona con salud mental, resultarían insoportables. Su alienación es de tal envergadura que cometen un error tras otro, porque la capacidad de análisis no les funciona y sus decisiones y medidas son producto del desequilibrio, la soberbia y la confusión extrema.

Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar y Zapatero han sido víctimas de lo que en España llamamos el "Síndrome de la Moncloa", un mal que aliena, atonta y aleja de la realidad a los mandatarios. Es probable que ese síndrome sea el mismo "Síndrome de la Arrogancia", descrito por Owen.

Es evidente que un tipo que duerme a pierna suelta, a pesar del sufrimiento y del rechazo masivo de sus conciudadanos, sin que su conciencia se conmueva ante los millones de desempleados, pobres y gente infeliz que ha generado su gobierno, ha debido perder la razón y estar gravemente enfermo.

Owen dice que los enfermos que padecen el "Síndrome de la Arrogancia" no están capacitados para gobernar y ponen en grave riesgo a los países que controlan.

¿Lo padece también Rajoy? ¿Hay alguna otra forma de explicar que un político prefiera subir los impuestos hasta asfixiar a sus ciudadanos, antes que suprimir lacras injustas y contrarias a la democracia como la subvención pública a los sindicatos y partidos políticos? ¿Por que Rajoyse esconde y no da la cara ante los españoles, a los que ha vaciado la cartera? Es probable que sólo un enfermo grave sea capaz de negarse a recortar gastos gubernamentales y prefiera meterles la mano en el bolsillo a los ya esquilmados ciudadanos. Es probable que sólo un enfermo sea capaz de adoptar esas decisiones, claramente contrarias al bien común, sin sentir dolor y angustia como ser humano.

Zapatero ya está en la tumba política, curándose, tal vez, de su enfermedad, retirado de la primera línea política, pero hay otros muchos políticos españoles en activo a los que se les ve la enfermedad nada más mirarles a los ojos u observando con atención su comportamiento. Carme Chacón deja a un lado su catalanismo radical y se presenta ante el PSOE como hija de un andaluz. A su flanco, sin que le moleste, se encuentra un despilfarrador empedernido como el manchego Barreda. Rubalcaba se presenta como ajeno al "zapaterismo",cuando ha sido su principal cómplice ¿Están locos o carecen de principios? Quizás las dos cosas, a juzgar por el aquelarre de insensateces y majaderías que ofrecen al ciudadano.

El caso más claro y evidente es el del presidente catalán Artur Mas, tan nacionalista, arrogante e insensible al sufrimiento ajeno que prefiere que algunos pacientes catalanes puedan morir por falta de atención médica, como consecuencias de los duros recortes en sanidad que ha ordenado, antes de cerrar sus innecesarias "embajadas" catalanas en el exterior.

A Artur Mas parece que no le importa lo que opinen sus administrados. Preso, probablemente, del "Síndrome de la arrogancia" se cree facultado para decidir sobre todo y optar por la política que él crea conveniente, incluso en contra de la voluntad de los ciudadanos. Es evidente que un dirigente que prefiere cerrar quirófanos a cerrar embajadas inútiles posee una inmensa y escandalosa carencia de democracia, pero es más evidente todavía que también podría padecer la enfermedad que el británico Owen ha descrito y tipificado con gran acierto. Los gobernantes valencianos parecen presos también, de la "locura de los políticos": no han podido pagar en diciembre la Seguridad Social de sus trabajadores y han necesitado la mediación del Gobierno por el vencimiento de una deuda de 123 millones, pero se niegan a recortar en el ruinoso Canal 9 de televisión regional. De manicomio, por lo menos.

Si esos políticos enfermos estuvieran en su sano juicio, dimitirían inmediatamente, ante la evidente incapacidad psicológica para gobernar a un pueblo de hombres y mujeres libres. Deberían comprender (pero la enfermedad les impide asumirlo) que, sin el apoyo de los ciudadanos, que son los "soberanos" en democracia, un gobernante rechazado equivale a un tirano.

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Rajoy, inquietante incognita del presente español

21.01.12 | 10:47. Archivado en Democracia, Corrupción, España, Justicia, Rajoy, Gobierno del PP

Una de las grandes incognitas de la España presente es saber si Rajoy es un político decente y demócrata o se trata de otro energúmeno mediocre que, al estilo de Zapatero, ha llegado al poder para servir más a los intereses de su partido y de la oligocracia que a los ciudadanos y a la democracia.

Jose María Aznar, que fue quien lo designó "a dedo" como su heredero, parece tener esa misma duda cuando acaba de instarlo a que no defraude la confianza que los españoles han depositado en él al otorgarle una sólida mayoría absoluta en las últimas elecciones, con el mandato expreso de que saque a España de la crisis y borre las huellas del nefasto periodo de gobierno socialista.

Aznar ha recordado a Rajoy que el "gran activo" de la sociedad española actual es el profundo deseo de cambio de una mayoría de la sociedad, que apoya las reformas liberalizadoras y un nuevo diseño responsable, austero y limpio del sistema político.

El miedo a que Rajoy, al entrar en contacto con el gobierno diario, debilite su impulso reformista original y se convierta en otro mediocre incapaz de emprender las reformas que España necesita está creciendo cada día, incluso dentro del Partido Popular, cuando se observan los primeros movimientos y pautas del nuevo gobierno.

Algunos de los primeros movimientos del actual gobierno son desmoralizadores y están causando preocupación en las propias filas de los populares, que no entienden ni la dramática subida de impuestos adoptada con extrema urgencia, ni el inesperado apoyo de Rajoy a la Tasa Tobin (impuesto a las transaciones financieras), medidas ambas más socialdemócratas que liberales y más propias de un gobierno socialista que de las promesas y postulados del PP.

Tiene razón Aznar en considerar que el mejor activo de la España actual es el deseo de cambio y la predisposición de los ciudadanos a aceptar sacrificios y esfuerzos para cambiar una política y una economía víctimas de la corrupción, la torpeza y el abuso de poder. Si Rajoy frustra esos deseos de la sociedad española, la decepción será enorme y el desgaste del Partido Popalar será acelerado e imparable.

Aunque de manera discreta y mesurada, lo que ha hecho Aznar es dar un "aviso" a Rajoy, recordándole que el mandato que ha recibido de las urnas es el de realizar reformas profundas y adoptar decisiones drásticas, no el de contemporizar con los sinvergüenzas y dejar intactas las miserias y dramas de la España actual.

Cada día son más desconcertantes y decepcionantes algunas declaraciones del gobierno de Rajoy, como las de que la reforma laboral "no abaratará el despido" o las dudas expresadas por el ministro Montoro sobre el difícil cumplimiento de los compromisos de España de reducir el déficit público, inmediatamente corregidas por la vicepresidenta Soraya.

Muchos populares y ciudadanos demócratas están desconcertados y no entienden ni la drástica subida de impuestos, claramente contraria a las promesas electorales del PP, realizada de manera injusta, antes de afrontar otros sacrificios que afectaran a los lujos y excesos de la clase política y del propio Estado, ni las condecoraciones otorgadas a Zapatero y a sus ministros, cuando el pueblo quería que fueran castigados, ni la promesa realizada por el mimo Rajoy, de que no perseguiría ni pediría cuentas a los socialistas por los abusos y barbaridades de su ruinoso y nefasto gobierno.

El miedo a que los rasgos "maricomplejines" se impongan en Rajoy al impulso reformador se afianza cada día más en amplias capas de la sociedad española, donde se teme que el nuevo gobierno sea incapaz de luchar contra la corrupción, adelgazar drásticamente al Estado, perseguir a los chorizos y poner de rodillas a los sindicatos y a la patronal, organizaciones moralmente degradadas y tristemente acostumbradas a las subvenciones y al compadreo con el poder, o que continúe con su injusta e indecente política de hacer pagar a las clases medias y a los más débiles la gruesa factura que Zapatero y los suyos han acumulado con el despilfarro, el abuso de poder, la arbitrariedad y el endeudamiento irresponsable y enloquecido.

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El autogobierno y el hombre nuevo

19.01.12 | 07:20. Archivado en Política, Democracia, Corrupción, Ideología, España

Hace pocos días escribí un artículo titulado La tragedia de ser gobernados, que despertó reacciones muy positivas, aunque también algunos interrogantes sobre la posibilidad de que el hombre pudiera llegar algún día a autogobernarse. Algunos dijeron que eso no era posible y me emplazaron para que escribiera un artículo explicando por qué y cómo el ser humano puede llegar un día a merecer el autogobierno o, dicho como lo decía J. L. Borges, "Espero que el hombre algún día alcance a merecer no ser gobernado".

En aquel artículo dije que "El destino del hombre es el autogobierno" y que "Ser gobernados por otros siempre es un fracaso, una humillación y una insoportable opresión que se ha justificado en la Historia aludiendo a las bajas pasiones e instintos del ser humano, algo que está por demostrar. Si, para colmo, como ocurre en España, nos dejamos gobernar por una casta política elitista y arrogante, plagada de corruptos y canallas sin escrúpulos, la humillación se convierte en indignidad, fracaso y atentado contra las leyes supremas de la razón y de la vida."

A lo largo de mi vida, por mi condición de corresponsal de prensa en numerosos países y de organizador de foros de opinión, he conocido de cerca a muchos altos mandatarios. Casi todos ellos eran despreciables endiosados que se creían con derecho a gobernar y que carecían de respeto alguno por sus "subditos", pero hubo dos que se salvaron un poco de esa riste condena, quizás porque se hicieron a si mismos o por su condición humana de luchadores natos. Fueron el dictador panameño Omar Torrijos y el presidente italiano Sandro Pertini. Los dos me dijeron que el poder es malo por naturaleza y que el hombre debe aspirar a autogobernarse y a suprimir los gobiernos. A ambos les pregunté por qué decían eso. Torrijos me dijo que "el poder tiende a justificar su existencia creando conflictos e injusticias, que después soluciona" y me explicó el caso de la policía, que si no hay delitos los crea para incrementar la inseguridad y aumentar constantemente su poder. Perttini me dijo algo todavía más grave: "el poder tiende siempre a oprimir y a envilecer al ciudadano para justificar su existencia y hacerse imprescindible" y concluyó: "los gobiernos saben que carecen de sentido si los ciudadanos fueran honrados, educados y responsables, por lo que luchan para que sean justo lo contrario".

Poco tendría yo que añadir a tan sabias y sorprendentes declaraciones de dos hombres que conocían el poder porque lo estaban ejerciendo cuando pronunciaron aquellos terribles juicios.

Pero voy a permitirme la licencia de poner sobre la mesa el ejemplo de las rotondas, cada día más numerosas porque aportan autogestión del tráfico rodado en las carreteras y ciudades y solucionan muchos problemas. La rotonda elimina semáforos y guardias y entrega al ciudadano toda la responsabilidad del tráfico rodado. Curiosamente, funcionan y es muy difícil que se produzcan accidentes o problemas en esos espacios. La clave de su éxito es que el ciudadano, sin interferencia de la autoridad, al gestionarlas, se torna responsable y cumplidor.

Lo mismo podría ocurrir en miles de espacios de la vida política, social y cultural que, en manos de los ciudadanos y sin autoridades que las gestionen, funcionarían mil veces mejor.

Sin embargo, tienen razón los que afirman que el ser humano, por sus bajas pasiones, no está preparado actualmente para ejercer el autogobierno. Pero la explicación es la que daban Torrijos y Pertini: el mismo poder es el que introduce esas bajas pasiones en la ciudadanía, para envilecerla y así justificar su dominio y opresión.

Mientras tengamos al frente de nuestras vidas a políticos formados e incubados en esas organizaciones mafiosas y nada ejemplares llamadas partidos políticos, la humanidad jamás avanzará y el hombre será siempre más esclavo que libre. Los partidos políticos forman a los futuros dirigentes de la sociedad en un ambiente siniestro, donde no existe libertad sino sometimiento al lider, donde se han suprimido el libre debate, el reino de la verdad y la opinión sincera, donde la sumisión sustituye a la libertad y donde todo el que actua de acuerdo con su conciencia o libre albedrio será laminado por el verticalismo autoritario que convierte a las élites en cúpulas endiosadas y obtusas, muchas veces enfermas de aquel "sindrome de la arrogancia" que describe magistralmente en sus libros el médico británico David Owen, otro que conoce bien el poder desde dentro por haber sido ministro de Sanidad y de Asuntos Exteriores de su país.

El mundo tiene que ser cambiado para que se salve. Los que gestionen el poder no pueden ser políticos profesionales a los que el ciudadano no exige valores ni competencias, sino ciudadanos elegidos por su virtud, independencia, preparación y honradez. Poner a mafiosos o a vulgares mediocres desconocedores de la democracia y de la grandeza humana al frente de la sociedad es un suicidio. Cuando el mundo sea gobernado por filósofos virtuosos, estrechamente vigilados por ciudadanos y hayan quedado prohibidos los malvados partidos políticos, entonces, sólo entonces, el hombre podrá empezar a avanzar hacia el autogobierno, conquistando cada día nuevos metas en el autocontrol, la disciplina, la virtud y la canvivencia con sus semejantes.

El gran problema del mundo, desde que lo conocemos, es que casi siempre ha sido empujado por sus gobernantes hacia el lado miserable de la vida, estimulandoles la envidia, el odio, la violencia y otras bajas pasiones que sólo convienen al poder, que así se justifica, se hace necesario y permite a las élites poderosas disfrutar de privilegios que no merecen y que construyen sobre las privaciones de las mayorías.

Fidel Castro, a quien también conocí cuando era corresponsal extranjero en Cuba, decía algo parecido a lo que afirmaban Torrijos y Pertini, pero adobado por su totalitarismo marxista leninista: "el comunismo va a crear un 'hombre nuevo' que ya no necesitará ser gobernado y nos permitiremos, entonces, suprimir el Estado".

Todos sabemos lo que ocurrió con el comunismo, que quería suprimir el Estado, pero sólo supo convertirlo en un gigante cruel y asesino. Sin embargo, reconocía que la meta del ser humano es prescindir del gobierno y del Estado, dos instituciones que degradan la especie humana y que reducen al hombre, rey de la creación, a la condición de esclavo sometido a grupos organizados.

No sé si estas reflexiones explican y justifican mi afirmación de que "El destino del hombre es el autogobierno", pero al menos demuestran que bajo gobiernos como los que, por desgracia, estamos sufriendo, la Humanidad no puede avanzar y tiende a retroceder, rodeada de abuso, corrupción y de manadas de chorizos y delincuentes afincados en el poder, con más poder del que merecen. Por lo que a mi respecta, creo firmemente que el hombre avanzará a pasos de gigante hacia la perfección y la verdadera civilización si no tuviera el lastre de sus gobiernos y creo también con toda mi alma en la afirmación de Rousseau, cuando dijo que "la voluntad política es indelegablo y cuando el hombre permite ser representado por otros, pierde la condición de ciudadano y se torna esclavo".

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Fraga

16.01.12 | 17:24. Archivado en Partido Popular, Política, Democracia, Ideología, España

Casi todos los políticos hablan bien de Fraga porque ellos son los principales beneficiarios del Estado que Fraga ayudo a crear. En España se habla bien de los que mueren y Fraga ya ha dejado de existir. Pero este blog, comprometido con la verdad, no puede sintonizar hoy con lo políticamente correcto. Hasta sus adversarios le ensalzan porque fue el principal creador de este Estado español, ajeno al ciudadano, que tantos privilegios y ventajas otorga a la casta política. Los únicos que no pueden hablar bien del político desaparecido son los demócratas de España, pues Fraga fue el principal símbolo y artífice de aquel "todo queda atado y bien atado" que perpetuaba el "Franquismo" hasta nuestros días. Para mi, Fraga merece todo el respeto como persona y como hombre que nunca se aprovechó de la política para enriquecerse, pero, como diseñador del actual Estado español, merece todo mi rechazo.

Manuel Fraga Iribarne fue uno de los principales creadores y soportes de la actual "partitocracia" y uno de los principales culpables de que el Franquismo agonizante no fuera sucedido por una auténtica democracia, sino por la actual dictadura camuflada de partidos políticos. De él dijo Felipe González, uno de los beneficiarios del "sistema" que Fraga ayudó a crear, que "le cabía el Estado en la cabeza". Es cierto, pero el Estado que Fraga tenía en su cerebro y que, para desgracia de los demócratas, parió con la ayuda de los partidos de izquierda y nacionalistas, es el mismo Estado injusto, arbitrario y desigual que hoy ha arruinado a España, al que los demócratas verdaderos y gente decente cada día desprecian más.

Además de ser el máximo cerebro del “atado y bien atado”, lo fue también de la “Constitución”, de la Partitocracia, de la personificación del sueldo oficial y de una política "eterna" en la que la casta jamás se baja del coche oficial, salvo cuando muere. El Estado que Fraga tenía en la cabeza es el que hoy es campeón europeo de la corrupción, del desempleo y de la ruina económica, cobijo de lujo para políticos casi impunes, siempre con sueldos y cargos públicos, en el gobierno o en la oposición, cada día más alejados de su pueblo, acostumbrados a anteponer sus intereses al bien común, incapaces de dimitir, que rara vez pisan las cárceles, aunque las merezcan por sus abusos de poder, robos y arbitrariedades.

Aseguran que fue un gran político. Político, a secas, tal vez, pero lo que nunca fue es un verdadero demócrata, como tampoco lo fueron Peces Barba, Alfonso Guerra y los demás "ponentes" de la Constitución, más interesados en sustituir el "caudillismo" del Caudillo con el "caudillismo" de los partidos que en crear una democracia verdadera de ciudadanos libres.

Fraga habría sido más demócrata si en lugar de una Constitución al servicio de los partidos y de los políticos profesionales hubiera ayudado a redactar una Constitución al servicio de los ciudadanos y de la democracia; habría sido más demócrata si hubiera introducido en el texto de la Carta Magna artículos que impidieran la corrupción, la rapiña y la arbitrariedad de los políticos y la cárcel y la devolución de lo robado para los delincuentes; habría sido más demócrata si se hubiera retirado a su cátedra, después de ocho o diez años de ejercicio político, demostrando así que la política es un medio y no un fin, un tránsito que debe ser efímero porque el poder siempre corrompe y envilece.

Será recordado no sólo como el fundador de la derecha española actual, adaptada a la partitocracia, tan demócrata como el PSOE, IU y los partidos nacionalistas, sino también como "padre" del "dedazo" en política, promotor del amiguismo, defensor de los privilegios de la casta y padrino de esta España autonómica, costosa e inviable, malditamente dividida en 17 trozos tan autónomos que muchos de ellos reman en sentido contrario y algunos sueñan con la independencia, tras haber aprendido a odiar a la patria con todas sus pervertidas y antidemocráticas fuerzas.

Pero, teniendo en cuenta que su cadáver está en la capilla ardiente, resaltemos sus grandes valores: fue un gran patriota que siempre amó a España y fue uno de los escasos políticos que no se enriquecieron con el poder. Miles de concejales, alcaldes, cargos políticos y altos cargos del gobierno y de las instituciones, con menos de la mitad del tiempo que Fraga estuvo en la política, se han hecho millonarios y no son capaces de explicar su patrimonio.

Francisco Rubiales

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