No todo es malo en la crisis y en la actual experiencia dramática de España. Junto a miles de efectos negativos, como la pobreza, la desconfianza, la desigualdad, la inseguridad, la corrupción, la pérdida de derechos fundamentales y otros, existen, también, cambios positivos en la sociedad, como el rechazo al mal gobierno, el deseo de verdad, la añoranza de valores y principios morales, la conciencia de que necesitamos democracia, no la oligocracia sucia que nos gobierna, y otro que tiene una gran importancia cultural y política: el hundimiento de muchos "dogmas progres" que han envenenado la cultura política española de las últimas décadas.
Ya no son creíbles ni velen mentiras como "la derecha siempre es mala", "la cadena perpetua es inconstitucional", "las autonomías son maravillosas", "papeles para todos" o "lo público es mejor que lo privado". La crisis está demostrando que la realidad es muchas veces la contraria y que esa filosofía "progre" era una estafa cuyo fin último era sustentar en el poder y el dominio a unos partidos de izquierda que muchas veces se han olvidado del pueblo y del bien común para dedicarse de lleno a sus privilegios y ventajas elitistas: sueldos, pensiones, coches oficiales, tarjetas "visa", guardaespaldas, dietas, secretarias e incrementos del patrimonio muchas veces injustificados.
Los "dogmas progres" están siendo rechazados por la sociedad cada día más intensamente. Las clases sociales más desposeídas están descubriendo que los que afirmaban ser sus protectores no sólo les dejan sin trabajo y sin esperanza, sino que también les retrasan la edad de jubilarse y ponen en peligro los fondos públicos que deben pagar las pensiones.
Muchos se preguntan si la filosofía "progre" mejora el mundo o si, como parece evidente, conduce a Cuba, a Venezuela, a Irán y a otros paraisos de la "progresía" donde los derechos humanos son pisoteados y la pobreza "triunfa" en la sociedad.
Cada día resulta más evidente que aquel Alfonso Guerra que hablaba a los "descamisados" de España pidiendoles el voto era un manipulador que lo que pretendía con sus mensajes es seguir subido al coche oficial, del que no se ha bajado desde que murió el dictador Franco.
El pueblo, cada día más hundido por la crisis, con cinco millones de parados reales y muchas familias sin protección social alguna, es cada día mas consciente de que la filosofía del "progreso" no busca una nueva sociedad más justa, sino el fortalecimiento de los privilegios de la "casta" política, una estafa de grandes dimensiones que refleja el egoismo y la miseria de aquellos que ordeñan a diario al Estado para su propio beneficio.
La imagen de aquel alcalde "progre" de Madrid, Enrique Tierno Galván, afirmando que las promesas electorales "están para no cumplirlas" y la de aquel Alfonso Guerra desvergonzado, sosteniendo que "Montesquieu ha muerto", se ven hoy con toda claridad como cargas de indignidad e indecencia de una política que ya entonces era corrupta y antidemocrática, aunque la mayoría de los españoles, ofuscados en aquellos tiempos por las ansias de libertad, no supieramos ver toda la indignidad y el despreicio a la democracia que aquellas afirmaciones escondían.
Gracias quizás a la crisis y a que España está hoy de rodillas, al borde del foso de la pobreza y la derrota, al que ha sido conducido por sus políticos, con especial protagonismo de los "progres" fracasados, muchos ciudadanos, hasta hace poco integrantes de la masa de borregos que ha votado en las urnas a inútiles, ventajistas y tramposos nada demócratas, son conscientes ahora de que han sido engañados y utilizados. Aunque no sean filósofos ni doctores, la intuición y la lógica les hace sospechar que, bajo el paraguas de la cultura "progre", se ha dilapidado el dinero en España, se ha destruído el trabajo y la esperanza, se ha creado pobreza y desigualdad, se han formado generaciones de jóvenes incapaces de esfuerzo y competitividad, se han aplastado los valores, se han enriquecido legiones de políticos corruptos y se han puesto las bases para que la próspera España caiga en la ruína y vuelva a ser África.
Nota: distinguimos entre el verdadero "Progreso", positivo y causante del avance de la Humanidad, y las actuales doctrinas "progres" que imperan en España, filosofía barata que suele terminar siempre en tribus de parásitos que ordeñan al Estado y en sociedades empobrecidas y esclavizadas por sus amos políticos.
Voto en Blanco (versión original del blog)
Cuando no éramos cobardes 
Muchos españoles estamos desesperados porque este gobierno, que está destrozando la nación y empobreciendo a los ciudadanos, no dimite, ni es obligado a dimitir por una oposición decente, ni convoca elecciones anticipadas, ni es relevado.
Muchos españoles de bien se preguntan qué debemos hacer para demostrar el rechazo a los estragos que causan Zapatero y los que le apoyan. Muchos se quejan de que los demócratas sólo seamos capaces de criticar, sin salir a las calles para protestar, sin aportar otras vías de solución.
Convencidos de que lo más urgente para España es librarnos del inepto Zapatero y en vista de que ningún partido político español tiene la decencia y el valor de convocar a los ciudadanos para que sean protagonistas y exijan el cambio que España necesita, nosotros, desde Voto en Blanco, hemos decidido que:
A PARTIR DE AHORA, CADA LUNES, DESDE LAS 18.00 A LAS 20 HORAS, ESTAREMOS CONCENTRADO EN LAS PUERTAS DE NUESTROS RESPECTIVOS AYUNTAMIENTOS PARA PROTESTAR Y EXIGIR CON NUESTRA PRESENCIA EL RELEVO URGENTE DE ZAPATERO Y DE SU INEPTO GOBIERNO.
Será una protesta pacífica y cívica. Conversaremos entre nosotros y desearemos convertirnos en multitud. No nos importa ser pocos o estar sólos en la protesta, pero al menos nosotros daremos el paso y haremos visible nuestra rebeldía. Hay que acudir portando alguna prenda blanca, ya sea una camisa o un pañuelo. Así nos reconoceremos. Con ese color blanco queremos expresar que rechazamos la corrupción y el mal gobierno y que deseamos una democracia limpia y digna, sin parásitos y depredadores en el timón.
El lunes 8 de febrero, a las 18.00 horas, los de Sevilla estaremos en la Plaza Nueva de Sevilla, con la "camisa blanca de la esperanza", exigiendo cambio y regeneración.
¿Alguien nos acompaña?
Los mercados ya no confían en el verdugo de España. Los españoles que le rechazan son cada día más. El presidente de los españoles se ha convertido en un obstáculo que impide la regeneración y el verdadero progreso. Echar a Zapatero es ya un reto urgente. Mientras que el actual presidente permanezca en el poder, la salvación es imposible. La situación económica es tan insostenible que España necesita un gobierno de coalición que conduzca los despojos del país hacia su largo calvario de dolor.
España necesita un gobierno de transición que sustituya urgentemente a Zapatero y que convoque elecciones. Los mercados ya no creen en su liderazgo y los españoles tampoco. Librarnos de Zapatero es la primera necesidad del país. La parte decente de España que queda debe reaccionar y obligarle a que se marche y nos deje renacer. Tal vez el camino sea una moción de censura del PP, apoyada por CIU y una parte del propio PSOE. Pero la vía más urgente y menos traumática sería convencerle de que estorba y de que debe abandonar.
A la España destrozada que deja Zapatero le quedan tres opciones; dolor, quiebra o inflación.
La quiebra no la queremos; la inflación es imposible mientras permanezcamos en la Zona Euro; el dolor queda como única salida digna para un pueblo que necesitará tratamiento psicológico para olvidarse de los estragos causados por el peor dirigente de España desde Fernando VII. Pero ni siquiera la vía del dolor y del sacrificio está abierta mientras Zapatero permanezca en el poder.
Dolor significa aprobar medidas impopulares que el inepto de la Moncloa es incapaz de adoptar: reforma laboral, bajadas de sueldos, austeridad pública y muchas otras, todas dolorosas. Si Zapatero no hubiera negado la existencia de la crisis para ganar votos, si hubiera adoptado a tiempo las medidas oportunas, el dolor que espera a España habría podido evitarse.
No hay más culpables de la tragedia que Zapatero y sus palmeros, en especial los de su propio partido y los que le acompañaron en su gobierno, que no tuvieron ni el valor ni la decencia de hablarle claro, a tiempo, para frenar su letal catarata de errores.
España es su víctima y los españoles le recordaremos eternamente como una plaga.
El rezo del agnóstico, siempre hipócrita, ha sido el último gran esperpento en la carrera de ZP, toda una negación a sus creencias y principios personales, realizada con luz y taquígrafos en la capital del Imperio. La foto con Obama, a su juicio de gran valor para conservar el poder, "bien vale una oración".
Los agnósticos no rezan porque no creen en Dios, pero Zapatero sí lo hace. Incluso ha leído un pasaje bíblico. La mayor parte de la gente decente y con principios del mundo sería incapaz de exhibir en público sus contradicciones o de renegar de sus principios ante una audiencia masiva. Sólo un político es capaz de tanta hipocresía y cinismo, sólo un miembro profesional de "la casta" es capaz de un esperpento de tan gran tamaño, con las cámaras como testigos.
El mismo que en España acosa al cristianismo, reconoció ante los poderosos de Washington que "España es cristiana". ¿Cinismo, cobardía o frivolidad? Las tres cosas a la vez.
Leyó los versículos 14 y 15 del capítulo 24 del Deuteronomio para hablar de proletarios y de la explotación del jornalero por parte del patrono. Demagogia barata y trasnochada, cinismo por parte de quien tiene a cinco millones de españoles en el paro. Con rostro compungido, adaptó su discurso a la audiencia conservadora y religiosa, demostrando sus dotes de actor. Allí no conocen con detalle todos sus fracasos y desastres: que en España, acosa a la Iglesia Católica, que está dejando a España sin resuello y arruinada, que ha destrozado la igualdad constitucional situando a Cataluña, su granero de votos, por encima de las demás regiones de España, que su liderazgo es una fábrica de paro y de pobreza que ya ha logrado records sobrecogedores, nada menos que cinco millones de parados y ocho millones de pobres en una España que hasta hace pocos años era próspera y envidiada por su crecimiento.
Para colmo de cinismo y de mentira, el mismo que está arruinando a España con su política demencial y estúpida, afirmó en Washington, ante los empresarios convocados por la Cámara de Comercio, que su gobierno es "el impulsor de una economía eficiente".
Es tan evidente que Zapatero acudió al desayuno de la oración para hacerse una foto y no para pedir a Dios la ayuda que él y su arruinado pueblo necesitan que el esperpento estaba garantizado. Hasta la bolsa española, que mientras Zapatero leía el Deuteronomio se hundía perdiendo un 6 por ciento, parecía interesada en desmentir sus alardes y falsedades.
Para colmo de males, el emperador Obama, al que Zapatero venera ridículamente como una especie de "salvoconducto político", ni siquiera se reunió con él.
Lo que nadie entiende es cómo sus compañeros de partido, de gobierno y la legión de asesores que cuidan su imagen le permitieron esa exhibición mundial del nivel de hipocresía que puede desplegar alguien sin más principios e ideología que mantenerse en el poder.
La única explicación de la "oración" de Zapatero es la rastrera doctrina de que un profesional del poder debe hacer cualquier cosa a cambio de controlarlo, incluso cerrar los ojos del alma y rezumar hipocresía, como hizo el rey Enrique IV de Francia y III de Navarra, que, para ganar poder, renunció al calvinismo y pronunció aquel histórico "París bien vale una misa" (Paris vaut bien une messe).
Lo que ha dicho Zapatero en Washington es que "La Moncloa bien vale una oración".
Si no se introducen con urgencia correcciones drásticas, si los ciudadanos, con la ayuda de los intelectuales y periodistas, no consiguen imponer un cambio de rumbo a la política, nos dirigimos hacia un mundo que, a mediados del siglo XXI contará con 9.000 millones de pobres y 1.000 millones de ricos, tan injusto como políticamente insostenible.
En España, un país conducido por su inepto gobierno hacia la pobreza y el fracaso, esos cambios son especialmente urgentes. El caso de España está siendo estudiado ya en las escuelas de estudios políticos como un caso escandaloso de mal gobierno y de fracaso de la clase política.
Hoy, nuestros dirigentes electos, herederos de la vieja y eterna casta dominante, nos piden que confiemos en ellos y que les entreguemos todo el poder, asegurando que son capaces de solucionar ese déficit de democracia y justicia que sus predecesores nunca supieron compensar. Nos cobran impuestos por adelantado, como si fueran los viejos tributos que se pagaban a los conquistadores, sin tener que rendir cuentas a nadie; legislan sin pedirnos opinión y aplican las leyes desigualmente, según les conviene; se fijan sus propios sueldos; se autoadjudican el monopolio de la violencia y nos dejan indefensos frente a policías, ladrones, asesinos y toda esa delincuencia armada que, sin explicación, domina muchas calles y barrios; exigen sumisión y se atiborran de privilegios, pero no dan nada a cambio, salvo un mundo que sigue mal ordenado, desigual, injusto, violento y con los grandes valores en una triste decadencia, cuyo rasgo mas relevante y lacerante es que la felicidad es inalcanzable para la inmensa mayoría de los humanos.
Sus planteamientos son falsos y sus promesas son mentiras. No tienen soluciones, ni les interesa solucionar los problemas. La "casta" política lleva más de cinco milenios luchando contra los mismos problemas, sin haberlos solucionado jamás porque si los solucionan ellos dejan de ser imprescindibles. La guerra sigue destruyendo hogares y vidas desde hace cinco mil años; la sociedad continúa dividida entre pobres y ricos; la injusticia, propiciada por el poder, campea por el mundo y causa estragos; la enfermedad es una lacra, sobre todo para los pobres; el hambre sigue diezmando pueblos y razas; la inseguridad angustia al hombre; la violencia covierte la vida de los débiles en un infierno.
Curiosamente, esos males que la "casta" promete arreglar desde hace siglos son fenómenos que ellos desconocen porque no existen en sus palaciós y burbujas de abundancia, seguridad y dinero. Los poderosos jamás entran en contacto con el hambre, la injusticia, la violencia, la guerra y otras nuchas plagas que azotan a los débiles y a los humildes.
Ellos, la "casta" de los nuevos amos del mundo, son el problema, el verdadero drama del mundo y el mayor obstáculo para la regeneración y para que podamos crear un mundo mejor.
Retrasar la jubilación de los españoles hasta los 67 años, ampliar los periodos de cotización, limitar las pensiones de viudedad y realizar reformas amplias en el sistema de pensiones sin tocar los privilegios de los políticos, los únicos en España que reciben la máxima pensión con sólo siete años en el cargo, es una canallada política que merece desprecio y rebeldía cívica. Arrebatar derechos a los españoles y mantener los ya insultantes privilegios de la "casta" política española es reflejo de despotismo y bajeza.
Muchos españoles estaríamos dispuestos a apretarnos el cinturón y a luchar contra la crisis asumiendo medidas de austeridad, pero hacerlo sin que los insultantes privilegios de los políticos también caigan es basura antidemocrática. La "casta" tiene que dar ejemplo y encabezar la peregrinación de los españoles por el calvario. Al fin y al cabo, los culpables del drama han sido ellos, sobre todo Zapatero y los ineptos que le han acompañado en el gobierno. Si no lo hacen se van a topar de frente con la rebeldía indignada y justa de un pueblo que aprenderá a odiarlos todavía más.
Las medidas injustas del gobierno de Zapatero se suceden mientras la olla de España acumula ya tanta indignidad y presión que puede estalllar. La sociedad, indignada, siente cada día más ganas de rebelarse y de acabar con la injusticia y la arrogancia de la casta política española.
El gobierno, incapaz de crear empleo y de sanear la economía, da ahora zarpazos a los derechos ciudadanos retrasando la edad de jubilación y reduciendo las pensiones. Se trata de una medida rechazada por la inmensa mayoría de los españoles que Zapatero, exhibiendo despotismo y arrogancia, pretende aprobar, pero que no afecta en modo alguno a los privilegios y ventajas acumulados por la casta política.
Si hubiera reconocido a tiempo la existencia de la crisis, que negó para ganar votos, y si hubiera tomado a tiempo las medidas que los expertos y los organismos internacionales le recomendaban, el "pensionazo" no habría sido necesario. Él es el culpable del nuevo avance de los españoles hacia la pobreza.
Olvidando el principio de igualdad y la obligación de ser ejemplares, los gobernantes españoles no cesan de acumular basura en su ya maloliente y deplorable comportamiento.
Los españoles, que bajo este gobierno se dirigen, raudos, hacia la pobreza y el fracaso, cada día tienen más difícil cobrar sus pensiones y disfurtar de la vejez tranquila que merecen. El sistema de pensiones, saneado y próspero hasta hace pocos años, ya no recibe aportaciones del gobierno, que gasta más de lo que debe. El sistema de protección para los viejos también ha sido arruinado por la mala gestión de los políticos, Sin embargo, ellos, los miembros de la odiada "casta", a pesar de ser los culpables del desastre de España, jamás pierden sus privilegios y mantienen intactos sus abusos y ventajas. En lugar de cotizar los 35 años a la seguridad social, como cualquier ciudadano, a ellos les bastan 7 ejerciendo como políticos para tener derecho a la máxima pensión posible.
Reformar el sistema y retrasar la jubilación de los ciudadanos sin tocar los privilegios de la casta demuestra un nivel de insensibilidad de tanta envergadura y una arrogancia tan opresora que los españoles no deberíamos soportarlo.
La rebeldía ante la injusticia es urgente y necesaria. El nivel de abuso y desvergüenza ha alcanzado niveles antidemocráticos, antiéticos e insostenibles.
Zapatero debería ver la película Invictus para que aprenda lo que es política positiva al servicio de un pueblo. Al contemplar la grandeza de alma y el esfuerzo honrado por la unidad y el verdadero progreso, uno, inevitablemente, siente una vergüenza profunda por tener en España un dirigente político como Zapatero. Al lado del "Invictus" Nelson Mandela, nuestro Zapatero es todo un "ineptus", un enano político sin grandeza alguna.
No he podido dejar de comparar a Mandela con Zapatero durante toda la película. La confrontación de "Invictus" con "ineptus" causa dolor y vergüenza a cualquier demócrata y a la gente de bien.
He visto la película Invictus y he llorado de emoción ante la epopeya de Nelson Mandela, un hombre grande y generoso que supo perdonar a los verdugos que le tuvieron encerrado durante 30 años en una celda sudafricana de menos de seis metros cuadrados . He sentido mucha emoción ante la grandeza del lider negro que, encerrado y aplastado por sus enemigos políticos, repetía sin rendirse: "Soy dueño de mi destino y capitán de mi alma".
Ante el gran espectáculo de Mandela construyendo su nueva nación unida, no he podido evitar sentir también lástima porque España, en lugar de un líder grande y generoso, capaz, como Mandela, de perdonar a sus verdugos y de poner su liderazgo al servicio de la unión de su destrozado pueblo sudafricano, ha tenido la mala suerte de tener como líder a un pobre diablo incapaz de perdonar, empeñado en dividir a su pueblo, en enfrentar a las derechas con las izquierdas y en reabrir esas viejas heridas que generan odio y violencia en los pueblos.
Al contemplar cómo Nelson Mandela hacía política de la grande, de esa que extrae y proyecta lo mejor de cada ser humano, uno siente lástima de España y un profundo desprecio hacia el lider que hemos elegido entre todos, un ser pequeño y negativo que antepone sus intereses a los de su pueblo y que conduce a la nación hacia la ruína.
La pequeñez política de Zapatero, comparada con la grandeza de Mandela, resulta insultante y genera una mezcla irresistible de tristeza por lo que tenemos, envidia de lo que no tenemos y desolación ante la patria destrozada.
Ver la última película de Clint Eastwood es un "deber" para todo español que añore la democracia, que ame la decencia y que conserve la capacidad de emocionarse ante los ideales, la superación y la grandeza.
Nota: Dueño de mi destino, capitán de mi alma (master of my fate the captain of my soul).- La frase original es de William Ernest Henley (1849 -1903), poeta, crítico y redactor inglés.
La pluma (el pensamiento y las ideas) y la espada (la fuerza bruta) se han enfrentado a lo largo de la Historia por el dominio del mundo. A veces ha predominado una y otras veces ha dominado la otra. En nuestros días, la espada, manejada por castas políticas y gobiernos que nunca antes habían tenido tanto poder, parece ejercer un dominio indiscutible. Sin embargo, la pluma conserva toda su fuerza potencial porque la palestra donde se libra la contienda es la Opinión Pública.
Las experiencias de Voto en Blanco y de otros muchos ciudadanos y medios que reaccionaron ante la decadencia y la corrupción blandiendo el pensamiento, las ideas y la crítica al poder, demuestran que la pluma puede ser más fuerte que la espada. Hace seis años, cuando este blog comenzó a emitir afirmando que muchos políticos españoles eran corruptos, que los valores estaban siendo abandonados, que la democracia española había sido traicionada y asesinada por la clase política y que había que reformar la Constitución y la Ley Electoral, aquellas ideas parecían exóticas y suicidas. Sin embargo, hoy, después de años de lucha constante y de más de 20.000 artículos con análisis, argumentos, denuncias y protestas, las cosas están cambiando tanto que hasta José Bono, un destacado engendro de la "casta" inepta, aboga por cambiar la Ley Electoral para "acercar a electores y elegidos".
La pluma puede ser más fuerte que la espada, pero necesita dos condiciones: que sea inteligente y que tenga paciencia. Los análisis lúcidos, los argumentos solventes, la verdad, al fin y al cabo, terminan por abrirse paso, incluso en un mundo tan corrupto y degradado como el de la "casta" política española, muchos de cuyos miembros carecen de escrúpulos y son capaces de aplastar la democracia con tal de conservar sus ilegítimos privilegios y su asqueroso dominio sobre el Estado y los ciudadanos.
Cuando en 2004 empezamos a decir que la "Democracia estaba secuestrada" y que los políticos eran los nuevos amos de nuestro mundo, con fueros y privilegios superiores a los que tenían durante el absolutismo la nobleza y el clero, demostrando también que el poder político era ya superior al poder económico, nos tacharon de radicales y de antisistemas, sin saber que para nosotros no existe una alabanza mayor que ser llamados "antisistemas" por los esclavos de un sistema que se ha pervertido y que ha perdido sus rasgos nobles y dignos. Hoy, según las encuestas, dos de cada tres españoles rechazan más o menos abiertamente el sistema, aunque muchos de ellos todavía sigan apoyando a "su partido" para evitar que gane "el contrario".
Pero ya apenas les queda un paso para ser libres y dejar de estar sometidos a los que viven de subyugar y de aplastar. La pluma va doblegando a la espada con sus análisis, con sus argumentos lúcidos y convincentes, destapando el engaño, cultivando la verdad y confrontándola con la mentira y la opresión.
No existe mejor prueba de que la pluma se abre camino que lo que reflejan las encuestas sobre los políticos, considerados ya como el tercer gran problema de España, detrás de la situación económica y el paro. En pocos meses y sin "maquillajes" y "cocinas", las encuestas reflejarán que ese rechazo cívico a "la casta" ocupa el primer puesto que justamente merece esa clase dirigente que nos lleva hasta el fracaso, la pobreza y la desesperanza.
Afirmaciones que hace cinco años nos hicieron perder amigos y nos colocaron en la "línea de fuego" del poder, hoy son ya compartidas por una creciente masa de españoles como realidad irrefutable: "la corrupción en el sector público es indecente, masiva y escandalosa"; "la democracia ha sido asesinada en España", "el gobierno miente", "los ricos son cada día más ricos y los pobres más pobres", "los periodistas sometidos son los perros del poder", "los políticos son los nuevos amos del mundo", la sociedad civil española está en estado de coma", los sindicatos y la patronal están comprados", "los partidos políticos se han convertido en el principal obstáculo para la democracia", "La Constitución no se respeta", "en España no se cumple ni una sóla regla básica de la democracia", ... etc. etc.
El aumento de la audiencia del blog y la participación en sus debates, la proliferación imparable de blogs democráticos y el aumento del rechazo cívico al corrupto y al mal gobernante son algunos de los muchos "signos" que demuestran el avance de la razón frente a un poder político privado de razón, que sólo sabe esgrimir su fuerza.
La pluma fue más fuerte que la espada en la Revolución Francesa, en el derrocamiento del Sha de Irán, Reza Palhevi, en la caida del Muro de Berlín y en otros muchos momentos brillantes y exultantes de la Historia. Muchos pueblos, movidos por las ideas, se han lanzado a la calle para expulsar a los corruptos del poder o han utilizado las urnas para librarse de parásitos indecentes.
España, uno de los países del mundo democrático más maltratados por su clase política, que ha sido capaz de arruinar el esfuerzo colectivo y privar a los ciudadanos de la prosperidad y la esperanza que se habían forjado, pronto se convertirá en una nueva muestra patente de que de que el poder de la razón puede derrotar al sucio poder del privilegio corrupto y a la fuerza embrutecida del Estado, cuando los ciudadanos exijan con determinación a sus representantes menos envilecimiento, más democracia, mas valores, menos corrupción, más eficacia, más control ciudadano sobre la "casta" y que se abran de par en par las puertas de las cárceles para que ingresen en ellas los muchos miles que han robado, oprimido y violado en España la Constitución con contumacia.
Bajo el gobierno de Zapatero no sólo se está destruyendo la economía, la prosperidad, la confianza de los ciudadanos en sus dirigentes, el tejido empresarial y la educación de los niños y jóvenes, sino también la sanidad pública española, hasta hace poco la "joya de la corona" y el principal motivo de orgullo del sector público español.
Hasta hace pocos años, cada vez que acusabas al gobierno de ineficacia y de incapacidad para gestionar con calidad y eficiencia, ellos citaban el ejemplo de la sanidad pública, pero ahora ese sector, en franca y veloz decadencia, ha sido cubierto desde el poder con un pesado y opaco manto de silencio.
Cietamente, la sanidad pública funcionaba y la medicina privada era en España un capricho, pero las cosas han cambiado y, si el deterioro continúa, muy pronto la sanidad pública será una peligrosa trampa y la medicina privada, una necesidad para los que quieran sobrevivir a la enfermedad y esquivar la muerte.
En quiebra técnica y con gran parte de su personal desmoralizado, la sanidad pública española pierde calidad y solvencia a ritmo de vértigo. Si usted quiere comprobar algunos de los dramas que padecen los usuarios de la sanidad pública hay decenas de páginas, portales y foros en Internet que recogen quejas y dramas. El de la Asociación El Defensor del Paciente es uno de ellos.
Muchos médicos con experiencia y prestigio abandonan la sanidad pública española porque en el extranjero cobran más y están mejor considerados. Todos acusan al sistema de lo mismo: más que socializar la sanidad la han vulgarizado y privado de calidad.
Inglaterra y Portugal son los paraísos para los médicos y enfermeras españolas, mientras la sanidad pública de Zapatero cada día contrata más médicos latinoamericanos, africanos y árabes, todos ellos con formación de inferior calidad, que sí aceptan los bajos sueldos de España.
En algunas ciudades españolas, entre ellas Pontevedra, las enfermeras se niegan a realizar las visitas domiciliarias en sus propios vehículos porque no les pagan la gasolina. Los sindicatos independientes denuncian casos escalofriantes de listas de espera de años, de unidades móviles que carecen de instrumentos y medicamentos vitales para atender urgencias y de muchos casos de pacientes que murieron con enfermedades graves porque el médico tardó años en practicarles las pruebas necesarias.
A primeros de enero, una paciente pidió ser atendida en Cirugía Vascular, en un hospital en Vigo, y le dieron cita para marzo de 2011, a pesar de que tenía un volante de visita "preferente".
Las quejas de los proveedores del sistema sanitario son escalofriantes y la lista de empresas que han tenido que cerrar porque la sanidad pública les debe facturas de años atrás es interminable.
El grave deterioro de la sanidad es un tema altamente sensible y casi tabú en España, que los grandes medios de comunicación ni siquiera tocan porque hablar de ellos irrita a los políticos, a los que esos medios están sometidos y vinculados en una densa y oscura red de intereses, publicidad, concesiones, filtraciones y otros trueques y compromisos, muchas veces inconfesables. Lo mismo ocurre con los periodistas, muchos de los cuales están sometidos a los grandes poderes y se comportan como "perros del poder", difundiendo la "verdad oficial" en lagar de la simple "verdad".
Uno de los participantes más activos de Voto en Blanco cuenta que una vez le atendió una médico cubana y al verla hablar y actuar salió corriendo y se compró las pastillas de siempre.
La Sanidad es altamente deficitaria ya en especialistas. Atención primaria está corta de personal. Todo lo que no sea el médico de cabecera que te cura el catarro y distribuye tabletas, está fallando.
Para realizarte pruebas básicas, como ecografías, de las que muchas veces depende la vida, te apuntas en la lista de espera y pueden tardar meses en llamarte. Si las especialidades son más complejas, como la neurología, por ejemplo, la espera puede llegar a ser de un año o más.
La gente se defiende con picaresca y caradura porque se juega la vida y acude a las urgencias con exigencia, donde les atienden, aunque ese espacio es cada día más un infierno de masificación, poco tacto y mal ambiente.
La crisis económica ha agravado la situación sanitaria hasta extremos increíbles, pero la prensa no trata esos asuntos en España. El dinero es escaso en las administraciones públicas y los políticos no están dispuestos a destinar a la Sanidad lo que ese capítulo, vital para los ciudadanos, exige. Prefieren que descienda la calidad de manera ostentosa y colocar al sistema sanitario en quiebra técnica antes de renunciar a al dinero que el poder utiliza para comprar voluntades y ganar votos, absolutamente prioritario para los políticos profesionales (de uno y otro signo) que, lamentablemente, malgobiernan España.
El gobierno venezolano reprime con saña las manifestaciones ciudadanas de protesta por la falta de libertad y por la violación de los derechos fundamentales. El régimen ya reconoce que han muerto dos estudiantes de los muchos que se echaron a la calle, ya sea para defender el "chavismo" o para protestar por el cierre de la televisora privada RCTV, crítica con el gobierno de Chávez. Los estudiantes mueren en las calles de Venezuela, víctimas de un fascismo que se viste de rojo para disimular su gusto por la opresión. Ya no es posible disfrazar de progreso ese "Socialismo del Siglo XXI" que propicia Hugo Chávez y que, en realidad, es un sucio fascismo que coincide en su esencia totalitaria con los de Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot, Pinochet y otros muchos.
Dos estudiantes asesinados en las calles de Venezuela por una violencia generada por el régimen de Hugo Chávez, que reprime sin contemplaciones la protesta masiva por la libertad y en contra del cierre de la única gran cadena de televisión que mantenía posiciones independientes y críticas.
Algunos socialismos se han deteriorado tanto que se confunden cada día más con el peor fascismo. Han abandonado la ética, se han olvidado de la igualdad, han renunciado a los valores y sólo conservan el apego al poder. Sin ética y sin valores, nada les impide controlar el poder a cualquier precio. Ese socialismo es fascismo en estado puro.
Quien quiera ver fascismo puro en acción que mire hacia Venezuela, donde la policía ha tomado las calles para aplastar la revuelta de los que reclaman derechos tan fundamentales como la libertad de prensa y de información. Afincado en el poder y manteniéndolo con todos los medios que el Estado pone a su servicio, existe un gorila totalitario que se viste de rojo para disimular el color negro de sus venas, que amedrenta y aplasta la adversario, que intimida a los que se le oponen, que cierra los medios de comunicación críticos y que lanza a sus perros, soldados, policías y pandilleros, a las calles para sembrar el miedo y la inseguridad entre la gente que aspira a ser libre y próspera. Eso es fascismo en estado puro, aunque, para engañar, le llamen "Socialismo del siglo XXI" o "Revolución Bolivariana".
En Cuba, desde donde soplan la mayoría de los vientos totalitarios de Occidente, el color rojo también disimula el negro fascista del terror y la opresión de los hermanos Castro. El fascismo cubano tiene las cárceles repletas, las calles y cuadras atiborradas de chivatos y espias al servicio del partido único y mantiene uno de los ejércitos más nutridos y mejor armados del mundo, a pesar de que el pueblo en masa pasa hambre. Eso también es fascismo en estado puro.
Cuando cayó el muro de Berlín, desapareció también aquel comunismo que tenía ideología y que pretendía explicar el mundo desde su óptica. Gran parte de sus herederos han cambiado el color rojo por el negro y se han hecho fascistas puros. Han aprendido a manipular la democracia y han descubierto que el pueblo, con su inocencia y deseos de paz y justicia, puede ser engañado si se esgrimen con astucia y eficacia la mentira y las viejas consigna del igualitarismo, la protección social y el apoyo a pobres y a débiles.
Por mucho que se vista de rojo, cualquier observador independiente y demócrata descubrirá pronto que el fascismo conserva los mismos rasgos y tics que tuvo en la Alemania de Hítler, en la Italia de Mussolini , en la Argentina de Videla o en el Chile de Augusto Pinochet, casi idénticos también a los que patrocinaron Stalin y Mao: los adversarios son encarcelados o exterminados; los líderes se mantienen eternamente en el poder, el pueblo es engañado, manipulado y marginado; la policía y el ejército dejan de servir a la nación para servir al partido único; la economía fracasa; la libertad desaparece y la verdad es expulsada de la sociedad y de la vida cotidiana.
El auge del socialismo totalitario y su adaptación a la democracia, a la que manipula y pervierte desde dentro, ha provocado todo un cambio de 180 grados en el análisis correcto del mundo político, que ya no se divide en izquierdas y derechas, sino en totalitarismo y democracia.
El primer deber de la gente de bien no es ya militar en la izquierda o la derecha, sino en la democracia, que es algo muy diferente. La principal obligación de los justos es oponerse a los totalitarios, a los que marginan al pueblo, a los que anteponen el Estado al individuo, sean de derecha o de izquierda.
En el bando totalitario, revueltos en un cóctel sin ética y sin otro objetivo que el poder, conviven hoy todos los fascistas, los que no respetan los derechos humanos, los que adoran al Estado, los corruptos, los que protituyen la democracia, los que han expulsado al pueblo del poder y los que han abrazado la mentira como método infalible de gobierno. En el bando negro de la Historia, en el núcleo del nuevo fascismo, que no es otra cosa que el viejo fascismo travestido de falsa democracia y de populismo engañoso, están hoy países como Cuba, Irán, Venezuela, Nicaragua y otros, todos ellos con el denominador común del desprecio al ciudadano y la exaltación del Estado y del líder, rasgos que también fueron dominantes en la Alemania hitleriana, la Italia musoliniana, la China maoista y la Rusia estalinista, entre otros regímenes sanguinarios y opresores, todos ellos cargados de oprobio y dignos de desprecio.
Pero el verdadero drama para los demócratas del mundo no es que exista el bando del mal, algo que ha ocurrido siempre a lo largo y ancho de la Historia, sino que existan complices tan ajenos a la democracia, que ni siquiera perciben la alitosos fascista, que conviven con la corrupción política mundial y que, para colmo de desvergüenza, mantienen relaciones amistosas y de cooperación con esos modernos estados sátrapas del siglo XXI, nidos de fascismo y enemigos mortales de la democracia, la libertad y el bien.
Para desgracia y vergüenza de los demócratas, la España de Zapatero, amigo y estrecho colaborador de Cuba, Venezuela, Irán, Nicaragua y otras sucias satrapías, es uno de esos paises que han perdido la capacidad de distinguir entre fascismo y democracia, entre desvergüenza y dignidad, entre el bien y el mal.
La presencia, ayer, de Zapatero en Davos fue la triste exhibición internacional de un cateto al que el destino y las masas aborregadas de España han colocado al frente de una de las diez economías más potentes del mundo. Parecía una película del inolvidable Paco Martínez Soria o una versión dantesca de aquel entrañable "Cateto a Babor" de Alfredo Landa, film en el que un lugareño de la España rural e inculta, trasladado a la "mili", se convierte en el hazmerreir de sus compañeros y quien destroza los nervios del sargento Canales.
Pero la diferencia clave y el toque dramático es que un "cateto" procedente de la España rural puede ser gracioso en la "mili", pero un cateto elevado hasta la presidencia del gobierno de España es, por definición, una tragedia y un peligro que ponen los pelos de punta.
Zapatero había sido invitado seis veces al Foro de Davos, el más importantre del mundo, después de la ONU, pero siempre había dicho "No", ganándose la antipatía del equipo directivo del Foro. Este año aceptó la invitación, pero lo hizo tarde y tuvo que ser colocado con calzador en una mesa redonda de segundo rango porque no había ya otro espacio disponible.
Allí, compartiendo el banquillo de los acusados con Grecia, compareció sin saber inglés, paralizando el debate entre risas del público, hasta que llegó su traductora de la Moncloa. Cuando se dirigió a la audiencia, formada por gente triunfadora y de prestigio en el verdadero poder y las finanzas mundiales, ya iba "lastrado" por su pésima gestión de la economía española, por su fama de inútil, por la losa de plomo que representan los cinco millones de parados españoles y por la ruina amenazante de un país que en el mismo foro había sido ya señalado como "un peligro para la Eurozona, mayor que Grecia".
La de Davos fue una ocasión más perdida. La "alubia feliz" de la Moncloa no dijo ni una sóla cosa de las que Davos esperaba oír: austeridad pública, esfuerzo, adelgazamiento del Estado, apuesta decidida por la educación, reforma laboral, control de la presión fiscal, consenso político ante la amenaza de ruina...
El cateto "made in Spain", en lugar de exhibir hechos y sustancias, siguió planeando, como Alicia, por el País de las Maravillas, pidió "fe" en la economía española a gente que sólo entiende el lenguaje del balance. Pedir fe a los grandes empresarios del mundo presentes en Davos fue tan ridículo como pedirle a un banquero suizo que llene de avellanas su caja fuerte.
Zapatero en Davos, inseguro, con su traductora monclovita al lado, manejando promesas y aplastado por el inmenso bagaje de su fracaso como dirigente en España, no sólo fue el patético ejemplo de un cateto colocado por el cruel destino al frente de una de las grandes economías del mundo, sino la constatación ante el gran foro mundial de que España está en riesgo y de que un tipo así, sin preparación suficiente y sin conocer el idioma común, ni siquiera tendría sitio como directivo en una empresa media mundial.
España, arrastrada por su pésimo representante, demostró en Davos que no está preparada para los grandes desafíos del mundo presente, un mundo que ni siquiera entiende y en el que aplica recetas de demostrado fracaso, como la subida de impuestos, el endeudamiento público vertiginoso y la destrucción suicida de su tejido productivo.
Tras el espectáculo del "cateto peligroso" en Davos, España está obligada a aprobar urgentemente tres medidas vitales: los futuros presidentes deben ser obligatoriamente demócratas, deben saber inglés y deben ser examinados, antes de entrar en la Moncloa, por un tribunal honrado, independiente y lúcido, capaz de evaluar sus neuronas, su solvencia ética y su capacidad de liderazgo.
Más de media España sueña ya a diario con que Zapatero dimita o sea obligado a dimitir. No pocos de esos "soñadores" saben que el relevo posible, tanto si es del PP como del PSOE, tendrá carencias dramáticas porque el problema de España no está sólo en la baja calidad de sus dirigentes políticos, sino en la escasez de democracia y de decencia en los partidos políticos y en el mismo sistema. Sin embargo, el cambio de Zapatero por "quien sea" siempre será positivo porque es casi imposible superar en torpeza e inutilidad al actual inquilino de la Moncloa.
Muchos ciudadanos, convencidos del terrible y dramático axioma de que "todos los políticos son iguales", se preguntan si ganaríamos algo si Zapatero es forzado a dimitir y el pueblo español se ve obligado a elegir entre otros nuevos ineptos alejados de la verdadera democracia: Rubalcaba o Bono, por el PSOE, y Rajoy, por el PP.
La respuesta es sencilla: destronar a un inepto es ya un logro democrático. El siguiente paso es evitar que otro inepto le sustituya y conseguir que los ineptos y los sinvergüenzas no tengan cabida en nuestro sistema. Lograr que Zapatero se vaya es, indiscutiblemente, una victoria popular y un avance de la democracia, pase lo que pase después.
Si Zapatero fuera forzado a dimitir y a convocar elecciones anticipadas, la victoria de la democracia frente al mal gobierno y la indecencia sería indiscutible. Pero, como todas las victorias, nunca será completa y requerirá vigilancia permanente, acoso al poder y nuevas luchas para cerrarle el paso a los futuros ineptos, sinvergüenzas o canallas. El ciudadano debe aprender una lección de gran dureza: la democracia jamás se consigue porque necesita la vigilancia constante de la gente de bien, la defensa permanente de los ciudadanos y la lucha sin cuartel de los hombres libres frente a los mafiosos, los oligarcas, los falsos demócratas y otros especímenes de la peor fauna del planeta humano, siempre atraída por el poder y el dinero, eternamente obsesionada en el dominio y el abuso.
Hasta que no aprendamos la lección fundamental de la existencia, que nada cambiará mientras no cambie el ser humano, tendremos que vigilar y luchar sin descanso.
Cada vez que el pueblo ganó una batalla en la Historia y la libertad y la decencia parecían haber conquistado cotas de gran valor, el avance se convirtió en retroceso, los cadáveres de los luchadores libres sembraron las calles y el bien fue derrotado por los canallas y opresores de siempre.
El imbécil borbón francés Luis XVI fue decapitado por el pueblo en la Revolución Francesa, justo con su frívola esposa austriaca, pero terminó sustituyéndoles Napoleón, un tirano con más poder que inundó Europa de sangre y que llevó a la tumba a millones de franceses. El Zar fue fusilado en Rusia, pero tomaron el poder los profesionales bolcheviques, asesinos y tiranos de peor envergadura y calaña, gente como Stalin, capaces de sembrar la tierra rusa de cadáveres. En nuestra España, los demócratas sucedieron al muerto Franco, pero en realidad eran falsos demócratas que sustituyeron la dictadura franquista por una dictadura de partidos que abrió las puertas a la corrupción, envileció a la sociedad, la sembró de esclavos manipulados, destruyó la escala de valores, instauró la mentira como esencia del poder y rompió es espinazo de España.
El problema siempre ha sido el mismo, pero los ciudadanos jamás aprenden esa verdad suprema: nada puede cambiar si no cambia el individuo. No es posible construir una sociedad noble y justa colocando a un canalla encima de un corrupto, debajo de un sinvergüenza y al lado de un golfo. Mientras que las piezas no sean buenas, el edificio construido será una estafa.
La única solución: fabricar verdaderos ciudadanos, gente libre y orgullosa de sus derechos y deberes, cumplidora, reflexiva e incapaz de delegar lo que es indelegable, la voluntad política, a representantes e intermediarios, sean los que sean.
Miércoles, 10 de febrero
JUAN JULIO ALFAYA
Rufino Soriano Tena
Julio César Izquierdo
Vicente A. C. M.
Francisco Rubiales
Jorge Moragas
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Angel Escuredo
Jesús Montesinos
Pedro Fernández Barbadillo
Juan Fernandez Krohn