Casi todos los días se suicida alguien en España porque no puede soportar mas la cruel maldad de los políticos y los banqueros. El último en hacerlo fue un hombre que iba a ser desahuciado en Murcia, el 14 de mayo. En la carta de despedida que redactó antes de quitarse la vida, culpó directamente a los políticos y a los banqueros de su muerte. Pero esas muertes no afectan a los poderosos que dominan España. Tanto políticos como banqueros, incluyendo a sus cómplices de la justicia, la prensa y la policía, desde sus conciencias de cemento, ponen cara de poker y dicen que no son ellos los que matan, sino la crisis. ¡Malditos sean, la crisis y ellos!
Hay sospechas muy fundadas de que los dirigentes del PP cobraban sobresueldos en dinero negro desde hace muchos años. Los socialistas se bañan cada mañana en corrupciones y abusos de poder, sobre todo en Andalucía, la región pocilga de España, donde el socialismo ha gobernado sin oposición desde que murió el caudillo. Un presidente del gobierno, un tal Zapatero, arruina al país, lo endeuda por varias generaciones y le conduce hasta el borde de la derrota, pero sus sucesores en el poder, miembros de la derecha del PP, en lugar de encerrarlo en prisión lo condecoran. El gobierno de Mariano Rajoy, al que los españoles dieron mayoría absoluta en las urnas porque prometió que adelgazaría el Estado, acabaría con el paro y perseguiría a los corruptos, ha incumplido todas sus promesas electorales y un año y medio después exhibe con impudicia y arrogancia una España con mas de 6 millones de parados (1.2 millones mas que los que tenía Zapatero al entregar el poder), mas endeudada que antes, con el Estado todavía mas atiborrado de parásitos con carné de partido y con la corrupción desatada, campeando por las instituciones, plazas y caminos de España. Dijeron que inyectarían vigor en las empresas, pero lo que han logrado es que cierren cientos de miles. Prometieron bajar los impuestos, pero los han subido mas de 30 veces en año y medio y hoy España es el país de Europa mas esquilmado con impuestos injustos y desproporcionados. A cientos de miles de españoles les roban sus ahorros en los bancos, vendiéndoles un producto basura llamado Participaciones Preferentes que comercializaban como un ahorro seguro, pero el gobierno, cuyo deber es combatir la injusticia, en lugar de castigar a los ladrones y de restituir lo robado, bendice y legaliza la estafa. Las cajas de ahorro españolas eran una institución hermosa, altruista y mas que centenaria, creadas para atender a los clientes mas pobres del sistema financiero, pero cuando llegaron a sus consejos de administración los políticos y los sindicalistas, fueron saqueadas, sin que no ocurra nada a los ladrones, ni se les exija devolver lo robado.
¿Qué está ocurriendo en España, un país extraño que sorprende al mundo porque los españoles siguen soportando la ignominia y el abuso de sus clases dirigentes sin rebelarse, sin alzarse contra la inmundicia, como hicieron el 2 de mayo de 1808 cuando arremetieron contra las tropas de Napoleón, a las que identificaban con la opresión.
Un país con mas de 6 millones de desempleados en el que la desesperación, la pobreza, la desconfianza y el odio a la clase política avanzan cada día mas, dominado por un par de grandes partidos políticos (PP y PSOE), cuyos historiales judiciales, con mas de 2.000 casos de corrupción y abuso de poder abiertos o investigados, les asemeja mas a grandes bandas de malhechores que a agrupaciones democráticas, debería ser "rescatado" por las democracia libres de Occidente y sus clases dirigentes, manchadas y cargadas de indignidad, deberían ser repudiadas o por lo menos combatidas como lo fueron en el pasado las dictaduras de Hitler, Musolini, Stalin, Ceaucescu y otros sátrapas de triste memoria.
España es hoy un asunto que compete al Tribunal Internacional de Justicia.
¿Es que acaso les faltan pruebas que demuestren que el pueblo español es rehén de una casta atrincherada en el poder que desprecia el interés general y el bien común y que sólo se dedica a controlar el poder, a exprimir a la nación y a subyugar a los ciudadanos?
La única explicación seria, lógica y hasta científica de lo que ocurre en la desgraciada España es que el general Franco nunca murió y que sigue vivo, dando órdenes, en la Moncloa, la Zarzuela, las Cortes y otros centros vitales del poder. Cualquier otra explicación del drama de España es incompleta, insuficiente e ilógica. El problema es que muchos creemos que el dictador nunca se habría atrevido a llegar tan lejos como sus descendientes de la falsa democracia.
Hay muchas cosas que han cambiado en apariencia, pero la realidad es otra muy distinta: desde la muerte del general, en España únicamente han cambiado el uniforme de los policías, que antes era gris y ahora azul, el nombre del régimen, que antes era una dictadura y hoy, sin serlo ni merecerlo, se llama "democracia" y la concesión a los ciudadanos de una libertad de expresión que, en realidad sólo sirve para ladrar en Internet porque las opiniones del ciudadano no cuentan en la vida real y los grandes medios de comunicación están bajo control férreo de los poderosos de siempre, de las mismas familias que mandaban en el Franquismo, miembros de aquellas castas que desde los tiempos del Imperio creen que el Estado les pertenece a ellos.
Hay muchos españoles que estamos en la resistencia y que vivimos una vida aparentemente libre, pero que en realidad se parece mucho a la que vivían aquellos disidentes soviéticos que se sentían cada mañana impotentes frente al inmenso poder del gobierno y del partido comunista. La única esperanza que tenemos es que cada día seamos mas y que algún día podamos alzarnos contra la ignominia. Hay otra salida, pero ni siquiera nos atrevemos a soñarla: que Europa y el mundo libre se den cuenta que España es una dictadura en manos de gente peligrosa y que se planteen una "cruzada" contra la opresión que anida en este pobre país.
Si no se convencen y creen que este análisis es exagerado, que lean la prensa española cada mañana, que escuchen a los tertulianos sometidos al poder engañando a la ciudadanía, que hablen con cualquiera de los escasos jueces decentes del país o que miren con lupa el patrimonio de los políticos y de sus amigos y testaferros, donde descubrirán que decenas de miles se han hecho millonarios con los cientos de miles de millones de euros que han sido robados y saqueados.
A sus ya tristes liderazgos europeos en corrupción, desempleo, blanqueo de dinero, tráfico y consumo de drogas, baja calidad de la enseñanza, fracaso escolar, prostitución y otros muchos, todos nefastos, España añade ahora el liderazgo europeo en rechazo y odio a su clase política, un fenómeno que crece de manera alarmante y que convierte a la mal llamada "democracia" española en un sistema ilícito y opresor, pues la democracia no puede existir sin la confianza y adhesión de los ciudadanos.
La arrogancia, la corrupción y la incapacidad de gestionar la crisis económica han hecho que España sea el país de Europa donde los ciudadanos están mas hartos de sus políticos, a los que ya consideran no como servidores del pueblo o del bien común, sino como a fracasados, desprestigiados, injustos y obsesionados por el poder y los privilegios.
Las encuestas señalan ya a la corrupción y a los políticos en España como dos de los cuatro mayores problemas del país. En Cataluña, el rechazo es todavía mayor porque la corrupción y los políticos son ya casi el primer problema de la ciudadanía. Pero lo mas inquietante es que el rechazo, en muchas zonas y ambientes de España, se está transformando rápidamente en odio, hasta el punto de que millones de españoles identifican ya a los políticos como su peor enemigo.
La causa del rechazo siempre es la misma: los ciudadanos, que no soportan que los políticos se hayan convertido en una "casta" privilegiada porque no lo merecen y porque el resultado de su gobierno es ruina, pobreza desempleo y fracaso, creen que los políticos no cuidan ni luchan por los intereses del pueblo sino por los suyos propios y los de sus partidos. El hecho de que la clase política haya cerrado sus ojos y oídos y no escuche el clamor de los ciudadanos, junto con la impunidad de una casta que ha cometido atrocidades contra el interés general, como saquear las cajas de ahorros, mentir hasta la saciedad, incumplir sus promesas electorales y estafar a millones de españoles con las participaciones preferentes, convierte al político en un ser apestado y merecedor del rechazo que recibe. La arrogancia, los privilegios y, sobre todo, el aislamiento elitista de la "casta" de los nuevos amos despierta rechazo y hasta odio en la ciudadanía, más que la ineficacia y la torpeza, ante las cuales el pueblo es más comprensivo.
Hay encuestas cuyos resultados son todavía peores que los que se dan a conocer. En esas encuestas sale reflejado un odio creciente al político que invalida la mal llamada democracia española, un sistema que, al ser rechazado por el pueblo, se transforma en algo ilícito y opresor.
Pero esas encuestas son cuidadosamente ocultadas por el poder porque los medios de comunicación son fácilmente manipulables en estos tiempos de crisis. Los medios necesitan tanto dinero, que quien tenga hoy cuatro euros y los invierta en publicidad, consigue blindarse. Y nadie tiene hoy más dinero que el poder político, un dinero que esquilma al ciudadano por la vía de los impuestos, y que emplea masivamente en imagen y publicidad.
Los estrategas de los partidos políticos tendrán que realizar esfuerzos inusitados para atraer a los ciudadanos y ganárselos, si quieren evitar que las próximas elecciones constituyan un escándalo mundial por el número de desertores abstencionistas, votantes en blanco y ciudadanos que votan nulo o a partidos pequeños para castigar a los grandes, a los que culpan de los grandes males del país.
La "venganza" de los ciudadanos españoles se está cociendo a fuego lento en una olla que nadie sabe si podrá resistir tanta presión sin un estallido social de protesta, algo que ha ocurrido con demasiada frecuencia en la Historia de España, jalonada de revoluciones, revueltas, motines y protestas masivas, que muchas veces se tornaron violentas y hasta sangrientas.
La de las preferentes en España es una de las mayores estafas de la Historia de las finanzas mundiales. Ha afectado a mas de 700.000 ahorradores, muchos de los cuales ni siquiera saben todavía que tienen ese producto tóxico y saqueado. Lo peor del caso no es que se haya violado el derecho a la propiedad privada, sagrado en los sistemas económicos occidentales, ni que se haya traicionado la confianza de los ciudadanos en el sistema bancario, sino que se han saqueado los ahorros de los mas desamparados, de gente que había acumulado un puñado de euros para vivir una vejez mas tranquila, en su mayoría pensionistas y trabajadores.
Se trata de uno de los crímenes mas inhumanos y sucios protagonizados al unísono entre las elites política y financiera de un mundo que se autoproclama falsamente como demócrata y civilizado. Es tan execrable y rastrero ese crimen que, por si mismo y sin tener en cuenta otras canalladas del poder, sería motivo suficiente para que cualquier demócrata dedique todo su esfuerzo político y ético a expulsar del poder a los canallas que lo realizaron, bendijeron y patrocinaron.
Lo de Chipre, donde han arrebatado parte de los depósitos a los ahorradores con mas de 100.000 euros depositados en los bancos, es un juego de niños comparado con el robo masivo perpetrado en España con las participaciones preferentes, realizado con el acuerdo de los dos últimos gobiernos para recapitalizar de manera encubierta, con dinero privado, a las cajas de ahorro, saqueadas previamente por los políticos, los sindicalistas y los poderosos que se sentaban en sus consejos y las controlaban.
Por mucho que la prensa sometida española guarde silencio, el sistema judicial se ponga de perfil y los políticos mientan, como es habitual, afirmando que están buscando soluciones, la verdad es que se trata de un robo realizado por gran parte de la banca, con permiso del Estado, perpetrado con el conocimiento y el consentimiento del Banco de España, de los organismos reguladores y de las autoridades gubernamentales.
Ese robo ha causado estragos que pesarán sobre el futuro de la economía española durante muchas décadas, mientras que otros daños son irreversibles e irrecuperables: ha destrozado la confianza de los ciudadanos en el sistema bancario; ha impulsado una colosal fuga de capitales hacia el extranjero y hacia debajo de los colchones y cajas fuertes caseras; ha liquidado la poca confianza en los políticos y en el sistema que le quedaba a los ciudadanos; ha arrasado la valiosa relación de confianza que existía entre los directores y empleados de sucursales bancarias y sus clientes, ha disparado el odio de los ciudadanos hacia las élites política y financiera y ha sembrado la sociedad de desesperación y desconfianza, restando toda legitimidad al sistema y convirtiendo a la gente en mas infeliz y triste.
El robo ha afectado a unas 700.000 personas, en su mayoría pequeños ahorradores y pensionistas. Si se les adjudican 15.000 euros estafados de media, el sistema se habría engullido unos 10.000 millones de euros, de los que apenas devolverá 3 o 4 mil millones, una estafa monstruosa perpetrada con la "garantía" del Estado.
Como consecuencia de la estafa masiva, un tremendo error del que hay que culpar, sobre todo, a Zapatero, a su ministra Elena Salgado y al jefe socialista del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, el sistema bancario español ha quedado herido de muerte porque perderá a chorros la confianza de los ciudadanos, y el mismo sistema político que bendijo el robo ha quedado pulverizado, con la desconfianza y el rechazo a la clase política creciendo cada día de manera mas alarmante.
La verdad en España es democrática y la mejor terapia para acabar con una casta política deleznable, madre y patrocinadora de la injusticia y el abuso de poder. Una de esas verdades que es necesario proclamar es que el cobro actual de impuestos masivos es un abuso de poder intolerable y corrupto, utilizado por el sistema para sufragar sus lujos y excesos, no para crear una sociedad más justa, ni para financiar mejores servicios. Los impuestos en la España de Rajoy son un abuso de poder.
En España ha llegado la hora de decir la verdad. Quizás no podamos expulsar a los malos políticos, ni cambiar el sucio mundo que ellos han construido, pero sí podemos decir la verdad hasta que la sociedad se dé cuenta que está en manos de gente miserable, sin valor y sin decencia política.
Hay aspectos del denostado Régimen Franquista que tenían mas decencia y hasta solvencia humana y democrática que la obra de estos politicastros que se llaman a si mismos "demócratas", cuando realmente son predadores insaciables, arrogantes, antidemócratas, ineptos y corruptos.
Los españoles, en aquellos tiempos de Franco, no hacían declaración de la renta y no pagaban otros impuestos que los indirectos, muy suaves, que gravaban a las bebidas alcohólicas, los combustibles y otros productos de lujo. El Franquismo, austero y eficiente, vivía con poco dinero y con pocos funcionarios y políticos, sin que le faltara nunca capacidad de generar orden y organización. España entera funcionaba sin que los ciudadanos tuvieran que ser esquilmados y saqueados por el Estado y la casta política, como ocurre ahora.
Ese robo masivo al ciudadano es la peor lacra del actual sistema.
Estamos en tiempos de pagar impuestos a Hacienda y sobre los españoles pesa como una losa de plomo esa obligación, que en el pasado, al principio de la etapa "democrática", era cumplida voluntaria y animosamente, mientras que ahora pagamos solo por miedo al castigo, con rabia porque ese dinero caerá en manos de gente que ha demostrado hasta la saciedad su capacidad de ser injusta y corrupta. sin que tengamos la seguridad de que nuestros impuestos van a ser empleados para financiar servicios necesarios y para hacer una sociedad mas justa.
Millones de españoles hacen en estos días la declaración de la renta de mala gana, con asco y con rabia, temiendo que sus impuestos vayan a ser empleados, como otros muchos fondos públicos, en pagar sobresueldos a políticos o para enriquecer ilícitamente a miles de canallas y sinvergüenzas incrustados en el Estado, militando en esos partidos poderosos que han gobernado tan mal que empujan a España hasta la pobreza, el fracaso y la desesperación.
Los impuestos en España no se utilizan hoy para crear una sociedad mas justa, ni para financiar servicios de calidad, sino para sostener un Estado enorme, insostenible, incosteable y plagado de gobiernos y parlamentos inútiles, de instituciones superfluas y de parásitos con carné de partido. El primer deber de un demócrata en la España injusta del presente es oponerse al abuso de poder que significan unos impuestos injustos y subyugadores, que no responden al interés general, sino al de los políticos y sus indecentes partidos.
Los últimos datos del CIS revelan que el rechazo ciudadano a los políticos, a sus partidos y al sistema avanzan de manera inexorable en España, lo que obliga a asumir que los políticos han fracasado y que el gobierno, los partidos y el mismo sistema han entrado en una dinámica que les convierte en ilícitos y en adversarios del ciudadano, que los repudia y considera indeseables.
El 86% de los españoles tiene poca o ninguna confíanza en Rajoy el 89% poca o ninguna confianza en Rubalcaba. Esos datos, unidos a la pésima valoración de la clase política y de las instituciones del Estado, incluyendo a la Monarquía, además del hundimiento de la confianza y el suspenso a todos y cada uno de los políticos sometidos al juicio de los ciudadanos, convierten el sistema político español en un fracaso completo que exige una refundación.
¿Qué mas necesitan nuestros políticos para admitir su fracaso y dimitir? Ningún país de Europa ni del Occidente civilizado atraviesa una situación de colapso democrático semejante. Lo de España es un profundo escándalo que no tiene ya solución. Los partidos están desprestigiados, los políticos son rechazados por los ciudadanos, las instituciones están devaluadas y el rechazo so convierte cada día mas en odio.
La reacción de los partidos políticos ante los resultados desastrosos de la encuesta ha sido decepcionante. El PSOE y el PP restan importancia a la encuesta y siguen criticándose y resaltado el fracaso del contrario, sin asumir que el fracaso es de todos los políticos, desprestigiados y rechazados, y que lo que se está hundiendo es todo el sistema.
La reacción del PP, el partido gobernante, es especialmente obtusa y reveladora de su distanciamiento con los ciudadanos y con la realidad.
El PP dice, tras datos del CIS, que "buena parte de la desafección" por la política desaparecerá cuando acabe la crisis, lo que equivale a interpretar los datos como superficiales y a no reconocer la crisis de la clase política y del sistema.
La mayoría de los votos que huyen de los grandes partidos no van a otros, sino a la abstención o el voto en blanco, lo que refleja el avance del rechazo general a los políticos y al sistema y que el terreno está abonado para que en España triunfe una opción política extremadamente crítica con la política tradicional, parecida a la que representa en Italia el Movimiento 5 Estrellas, del político-cómico Beppe Grillo.
La Guardia Civil (5,71), la Policía (5,65) y las Fuerzas Armadas (5,21) aparecen en la encuesta como las únicas instituciones que aprueban los ciudadanos. Sin embargo, el Sindicato Unificado de Policía no se cree esos resultados y afirma que le huelen "a cocina" porque los datos internos que manejen ellos reflejan un profundo deterioro de la imagen y el respeto ciudadano a la policía, precisamente por su apoyo a los políticos y a su política represiva.
Entre las profesiones mas denostadas figuran las de políticos, periodistas y jueces, las tres básicas y con elevado protagonismo en la democracia, lo que refleja el profundo deterioro y el rechazo ciudadano al sistema.
La Monarquía, por vez primera, aparece entre los diez grandes problemas de los españoles, una lista que sigue encabezada por el paro (1), la corrupción (2), la situación económica (3) y los políticos y sus partidos (4).
Si hoy se celebraran elecciones generales, el PP conseguiría de nuevo la victoria, con un respaldo electoral del 34%, lo que supone su peor dato de la era Rajoy, pero aún así aumenta un punto, hasta los 5,8, su ventaja sobre el PSOE respecto al mes de enero. Esos datos reflejan la pérdida de la mayoría absoluta que cosechó la derecha en las últimas elecciones y la pérdida de millones de votos. Suben las opciones de Izquierda Unida y de UPyD, pero todavía se encuentran a gran distancia, sin superar el 10 por ciento de apoyo ciudadano.
Los resultados de la encuesta del CIS deberían haber provocado una conmoción y una reacción contundente de los políticos y de sus partidos para salvar un sistema que atraviesa una crisis profunda, pero no ha sido así. El deterioro de la clase política española es de tal envergadura que no asumen que el rechazo ciudadano aumenta, es imparable y en muchas ocasiones se transforma en odio, lo que invalida el sistema y convierte en ilícitos al gobierno a la representación política, al liderazgo de los partidos, a los políticos y al mismo sistema.
Viajaba en un autobús una comisión especial de diputados de todos los partidos, para analizar los problemas agrarios del país.
En una de las tantas curvas el conductor del autobús pierde el control y el vehículo choca contra unas rocas que se encontraban en los alrededores.
Después de algunas horas, llegan al lugar de los hechos ambulancias, Guardia Civil, Ejército…, para tratar de dar auxilio a los lesionados, pero se dan cuenta de que no hay ninguna persona entre los restos del autobús.
Por lo tanto, empiezan las investigaciones.
La Guardia Civil se da cuenta que cerca de donde ocurrió el accidente hay una casa, a donde van a pedir información.
Sale un campesino de la casa a recibirlos y le preguntan:
- ¡¡¡Oiga, Usted!!! ¿Vio a los políticos que se accidentaron?
- ¡¡Sí, sí los vi!! ¡¡Y ya les di cristiana sepultura!!
- ¡¡¿No me diga que todos estaban muertos?!!
- ¡Bueno… algunos decían que no, pero ya sabe usted como son de mentirosos esos hijos de puta!!
Buena parte de los medios de comunicación españoles y de los periodistas destacados, aquellos que pueden influir directamente en la opinión pública, están cargándose de ignominia y son casi tan culpables como los políticos del desastre de España por cultivar la mentira y practicar la antidemocracia en su mas amplio espectro.
Como ha denunciado el alemán Die Welt, ante el desastre económico de los países del sur de Europa, entre ellos España, prefieren acusar a Alemania de colonialismo y de nazismo antes de reconocer la verdad de que sus gobiernos son corruptos, ineficaces y culpables directos de la ruina que les afecta.
El artículo de opinión, titulado "Una cuestión de decencia" y firmado por el periodista Ulrich Clauss, se lamenta la proliferación de imágenes de Angela Merkel con bigotes hitlerianos y de mensajes "groseros" y "anti-alemanes" en países como España, Italia, Grecia y Chipre.
En España, concretamente, ningún periódico o televisión es capaz de afrontar directamente los dos problemas mas graves que afectan al país: el primero es que toda su clase política está infectada de corrupción y es la principal culpable del desastre de la economía y de la ética; la segunda es que el país no es una democracia, una verdad conmovedora que los periodistas y los medios ocultan de manera activa hablando constantemente de "la democracia española", un fantasma inexistente en un país sin controles al poder de las castas políticas y los partidos, sin una Justicia independiente, sin separación de poderes, sin que el ciudadano pueda elegir sin trabas a sus representantes, sin castigo para los corruptos y sin defensa alguna de la verdad, sin una información limpia al servicio del ciudadano y sin una ley que sea igual para todos.
Es una verdadera lástima que tenga que ser la prensa extranjera la que desvele las grandes verdades de España, una vergüenza que reedita lo que ocurria en tiempos del dictador Franco, en los que había que leer la prensa internacional para saber la verdad sobre España.
Ese ocultamiento de la verdad carga de ignominia y de culpa a los periodistas españoles y sus medios de comunicación, incapaces de sumarse a la necesaria lucha que algunos ciudadanos aislados están librando, de manera desigual, contra el poder inmenso de los corruptos y los antidemócratas que controlan el poder.
Delante de las propias narices de los medios de comunicación españoles, sin que sus periodistas salten como un resorte para denunciarlos, se han cometido los abusos más indecentes y los peores atentados contra la ciudadanía. Los medios no se han lanzado al cuello del poder por sus violaciones de la ley al infectar lo público de corrupción; no se han denunciado las mentiras del poder y los incumplimientos de los programas electorales, lo que invalida y deslegitima la democracia; tampoco se ha denunciado el robo a los ciudadanos mediante las participaciones preferentes; no se ha denunciado la terrible contaminación de la Justicia, ni el hecho indecente en democracia de que los partidos políticos nombres a jueces y magistrados; tampoco se ha resaltado que existe un auténtico clamor popular, desatendido por los partidos políticos, como es habitual en España, que exige el fin de la financiación de los partidos y sindicatos con dinero procedente de los impuestos ciudadanos; los medios han silenciado el abuso de poder que representa que los españoles, que padecen sueldos bajos e insuficientes, estén pagando, proporcionalmente, los mayores impuestos de toda la Unión Europea; finalmente, nadie ha denunciado que los últimos gobiernos, sin publicidad y con disimulo, hayan metido la mano en los fondos de la seguridad social reservados para pagar pensiones y los hayan mal invertidos en comprar deuda española.
Hay otras mil fechorías, maldades y canalladas del poder silenciadas por los medios y por periodistas influyentes que silencian los dramas para seguir cobrando como colaboradores en los grandes medios. Las cajas de ahorro han sido saqueadas sin que la prensa lo denunciara como sus ladrones políticos y sindicales lo merecían, quizás porque esas cajas tenían cuentas generosas de publicidad con los medios. Nadie habla de las torturas camufladas, de los abusos policiales, de los desahucios injustos, de los miles de políticos que no pueden justificar sus abultados patrimonios, de los abusos de las organizaciones patronales y sindicales, de la inflación de empresas, instituciones, observatorios y otros muchos chiringuitos del poder, creados para colocar allí a los familiares y militantes. Nadie denuncia, por último, que el mayor problema de España es su degradada e inmoral clase política, ni que el Estado español, construido por los políticos, es tan injusto, enorme y costoso que si fuera adelgazado y limitado a su dimensión racional, más de la mitad de los problemas de financiación del país desaparecerían de manera fulminante. Ni siquiera se denuncia con la contundencia que merece el hecho dramático de que los ciudadanos rechazan masivamente a sus políticos, desconfían de ellos y transforman, poco a poco, ese rechazo en odio.
Seguir hablando de "la democracia española" en las presentes circunstancias es, por lo menos, una indecencia que descalifica a los periodistas sometidos y a buena parte de los degenerados medios de comunicación españoles, incapaces de servir a la verdad y dedicados por entero al servicio de sus amos y financiadores.
Gobernar bien es mas fácil que gobernar mal, pero los compromisos contraídos, las alianzas, el ansia de poder y, sobre todo, el alma degenerada y corrompida por el poder que poseen los partidos políticos y los políticos profesionales lo impiden. Al PP, al que los españoles regalamos una hermosa mayoría absoluta cargada de esperanza, porque creíamos en sus promesas y pensábamos que iban a limpiar el país de corrupción y abuso, le hubiera resultado muy fácil ponerse del lado del pueblo y gobernar de manera decente, pero han optado por traicionar las promesas y beneficiar a los corruptos y usureros, dando la espalda a los ciudadanos y a la democracia.
Al PSOE de Zapatero le ocurrió lo mismo. Fue elegido porque la gente creyó que Aznar mentía y era demasiado arrogante. El país se dejó engañar por la sonrisa azul de ZP y él nos pagó aliándose con la banca, con los corruptos y con todo lo que le ayudaba a mantenerse en el poder a toda costa, aunque para ello tuviera que arruinar la nación y dar alas a los nacionalistas que mas odiaban a España.
¿Por qué los partidos terminan siempre por traicionar al pueblo y por beneficiar a los corruptos y desalmados? La respuesta es sencilla: porque los partidos políticos son organizaciones pervertidas, en cuyo seno no se cuece nada bueno y sus líderes no se han preparado para defender el bien común y respetar la democracia, sino para mantener el poder a toda costa y para practicar el saqueo, la mentira y el abuso.
La clave del drama está en la esencia perversa de los partidos políticos, organizaciones cerradas donde se aprende todo lo malo de la política y donde los valores mas elementales están ausentes. En los partidos no existe el debate libre, ni la libertad de pensamiento, ni la búsqueda de la verdad, sino la sumisión al líder, el culto a la personalidad, el valor de la propaganda, el desprecio a la verdad y el concepto de servirse de la política, que ha suplantado al de "servicio al ciudadano". Dentro de los partidos se aprende a anteponer siempre el bien del grupo y los intereses propios al bien común y al interés colectivo.
La conclusión es evidente y nítida: mientras existan los partidos políticos, no existirá la democracia, ni el respeto al ciudadano, ni sobrevivirán otros valores que la mentira, el abuso y el egoísmo.
Problemas tan graves como el de las participaciones preferentes, una estafa monumental practicada por los bancos con el apoyo y la bendición del PSOE y del PP, nunca se habrían producido en una democracia auténtica, donde el bien general privara sobre la miseria y el egoísmo. Pero, una vez producido el daño, sería fácil repararlo ordenando a los bancos que devuelvan hasta el último céntimo entregado por unos ciudadanos que no querían especular con esos valores, sino depositar su dinero en lo que nos decían los directores de las sucursales: "un producto que es igual a un plazo fijo, pero que rinde mas".
La deriva escandalosa de la Jefatura del Estado, cuya familia está bajo sospecha y algunos de sus miembros señalados como corruptos, no habría sido posible si el monarca y sus allegados no hubieran sabido que los partidos que gobernaban España, manchados también de corrupción, abuso e ignominia, iban a permitirles cualquier desliz o utilización del poder y de la posición en beneficio propio.
El drama de los desahucios no le habría durado a un gobierno verdaderamente demócrata y decente ni medio asalto. Habría bastado con negociar con los bancos que cuando se desahucia la primera vivienda hay que estudiar el caso para evitar injusticias y tragedias.
Si los partidos no fueran asociaciones muy parecidas a bandas de maleantes, no habrían permitido que miles de políticos se enriquecieran con robos de dinero público, ni los habrían protegido porque "son compañeros", ni habría sido posible el saqueo vergonzoso y delictivo de las cajas de ahorros, ni habría sido posible que los ladrones y saqueadores sigan libres, sin pagar por sus crímenes y sin que ni siquiera les reclamen lo robado.
Si los partidos fueran organizaciones válidas y decentes, no mantendrían, en contra de los deseos de los ciudadanos, el insoportable e incosteable tamaño del Estado, plagado de enchufados sin otro mérito que ser familiares o amigos del poder o militantes con carné de partido.
Si, por último, los partidos y los políticos fueran personas con entrañas y decencia, se morirían de vergüenza y dimitirían ante los datos que, a pesar del maquillaje oficial, arrojan las encuestas, en las que los ciudadanos señalan la corrupción política como el segundo gran problema de la nación y a los mismos políticos como el cuarto.
La clase política sabe que sin confianza de los administrados en sus administradores, la democracia no puede existir, pero disimulan, se hacen las víctimas y llaman "nazis" a los que protestan por sus desgracias y humillaciones, cuando son verdugos empedernidos. También saben que gobernar con la opinión ciudadana en contra es un pecado contra la democracia que deslegitima a los gobiernos, pero ellos ponen cara de poker, rearman a la policía, refuerzan la mentira del periodismo y siguen gozando del festín.
Simplemente, son indecentes.
Dicen los falsos demócratas que la maldad del escrache reside en que coacciona a los diputados y senadores electos, impidiéndoles votar en libertad. Esa es una de las mentiras mas indecentes y sucias pronunciadas en esta falsa democracia española, en la que los diputados y senadores electos son permanentemente coaccionados por los partidos en los que militan, que les impiden siempre expresar sus ideas, hacer propuestas en libertad y votar en conciencia.
El escrache, en todo caso coacciona a los que ya están coaccionados por los partidos políticos.
Una de las paradojas mas sangrantes del actual sistema político español, al que algunos descarados llaman "democracia", es que los diputados y senadores, que deberían ser los reyes de la libertad de expresión, ya que desarrollan su trabajo en los dos principales templos de la palabra, tienen menos libertad real para expresarse y para comunicar sus ideas que cualquier otro ciudadano español. Diputados y senadores no pueden hablar cuando quieren sino cuando les da permiso su jefe de filas y ni siquiera pueden votar en conciencia o expresar las ideas que tienen, sino que deben votar lo que quiera el partido y expresar las ideas y conceptos que interesan al partido en el que militan. Son realmente esclavos de la política castrados, miembros de una cúpula falsamente democrática a los que se les impide defender libremente al pueblo que dicen representar..
Coaccionar a esos tipos a través de un escrache popular, como sostiene el PP, es imposible porque ya están permanente e intensamente coaccionados por sus propios partidos, que son los que les hacen un escrache constante.
En realidad, el escrache es la única ventana abierta que comunica a un diputado o senador con la realidad de España. Ellos están permanentemente aislados y alienados, sometidos al dictado de sus partidos, una esclavitud intelectual y política a la que llaman disciplina, pero que no es otra cosa que un vulgar sometimiento antidemocrático. Los diputados y senadores españoles ni son elegidos por los ciudadanos ni representan a los ciudadanos, ni tienen relación alguna con esos ciudadanos a los que dicen representar. La verdad es que son elegidos por las cúpulas de sus partidos, que son los que los colocan en las listas cerradas y bloqueadas que los ciudadanos tienen que votar en las urnas, sin poder alterarlas. En consecuencia, deben lealtad y sometimiento a esas cúpulas del partido, a las que deben su puesto y sus privilegios, sin que el ciudadano tenga nada que ver con esa elección. La absoluta e incomprensible ausencia de relación entre el representante y el representado es otra brutal aberración en democracia, pero que en España es la simple consecuencia del sometimiento del sistema a la dictadura de unos partidos que, aunque estén obligados por la Constitución y por el sistema a practicar la democracia interna, la desconocen y la sustituyen por unos sometimientos leoninos que son incompatibles con la verdadera democracia.
Una vez sabido esto, afirmar, como dicen gente como la Cospedal, la Soraya, el Rajoy y otros muchos energúmenos de la falsa democracia española, que el escrache "coacciona" a diputados y senadores y les impide votar en libertad, es para reírse a carcajada limpia. Los primeros que no permiten a senadores y diputados votar en libertad y en conciencia son los partidos políticos, que tampoco les permiten relacionarse con los ciudadanos a los que dicen representar, ni conocer sus anhelos y deseos, ni votar en conciencia, ni defender las ideas propias en el Congreso y el Senado, dos espacios de dignidad teórica que deberían ser los grandes templos de la libertad y de la palabra en democracia, pero que en esta España vulgar y políticamente degradada no son mas que territorios prostituidos por la dictadura de los partidos y por el ansia de control y de poder de las cúpulas partidistas.
La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en declaraciones a ABC, ha calificado de «nazismo puro» los escraches de los que están siendo objeto diversos miembros de su partido y aseguró que responden a un «espíritu totalitario y sectario» que recuerda a la España de los años 30.
Podría tener razón Cospedal si el "escrache" fuera un fenómeno aislado y no la respuesta de una sociedad ante el abuso, la corrupción y la indecencia del poder político, que lleva muchas décadas engañando, explotando, destruyendo la nación y causando a los ciudadanos, desde la arrogancia y la corrupción, daños terribles. Es ley universal que cuando los ciudadanos se sienten mal gobernados y víctimas de la injusticia y el abuso, tienen derecho a rebelarse y a expresar, de manera pacífica pero contundente, su protesta ante sus verdugos.
La Cospedal debería ser consciente de que los ciudadanos desprecian a los políticos en España y gritan en sus puertas porque están indignados y cabreados, porque son conscientes de que el manejo inmoral de los fondos públicos ha llevado al país a la ruina. También debería reflexionar sobre quien es mas nazi si el que se manifiesta en las calles y en las puertas de los hogares contra el abuso del poder o un poder que esquilma, saquea, engaña, arruina y gobierna de manera injusta y dañina.
Los políticos que padecen los gritos ciudadanos son los que han permitido el saqueo o saqueado directamente las cajas de ahorro y han estafado a cientos de miles de ciudadanos con el engaño de las participaciones preferentes, mientras apoyaban a los bancos en su brutal política de desahucios, basada en leyes que la Justicia Europea ha declarado injustas. Hay gente que se ha suicidado y que se ha quemado a lo bonzo agobiado por la injusticia que emana del poder de los políticos.
El manejo inmoral de los fondos públicos ha llevado al país a la ruina. Han saqueado las cajas de ahorro y han estafado a cientos de miles de ciudadanos con el engaño de las participaciones preferentes, mientras apoyaban a los bancos en su brutal política de desahucios, basada en leyes que la Justicia Europea ha declarado injustas. Han dejado seco al país y ese comportamiento ha sido el elemento principal para que España esté en bancarrota, con miles de familias pasando hambre, niños que no pueden comer en el colegio porque sus padres no pueden pagar el comedor, ciudadanos que han sido desahuciados y que mueren en la calle, como el caso de un chico de Teruel que murió de frío en su caseta de 4 m2 porque lo habían desahuciado al quedarse en paro, gente que se suicida, etc.....
Es cierto que no todos los políticos son indecentes, pero el gran drama de España es que los que no lo son guardan silencio y continúan al lado de los canallas, dentro de los partidos políticos, sin denunciarlos, lo que les convierte también en cómplices miserables. Estos inmorales que generan dolor e injusticia se encubren y se esconden tras el partido y la ideología para pervertir el orden de las cosas y decir que lo que hacemos los ciudadanos son maniobras de intimidación parecida a las de los criminales nazis. Pero, en honor a la verdad, hay que afirmar que los que es verdaderamente nazi es invertir el orden moral para que las victimas, después de haber sido saqueadas, engañadas, desahuciadas y convertidas en cadáveres vivientes, tengan que sentirse culpables por protestar contra los responsables del drama. El auténtico discurso nazi es hacer aparecer a las victimas como culpables y a los verdugos como inocentes.
El último barómetro del CIS, en el que la corrupción política aparece como segunda preocupación de los españoles y la clase política como la cuarta, confirma la crisis profunda y el fracaso del sistema político español, que necesita ser "reseteado".
El "termino" reseteado, aplicado a España, no es mio sino de una de mis mejores fuentes, un antiguo alto cargo del Departamento de Estado norteamericano que hoy es miembro de uno de los más prestigiosos think tanks demócratas de Washington, dedicado al estudio y análisis de la política mundial. Mi amigo, con el que hablo un par de veces al año y es lector esporádico de Voto en Blanco, me ha llamado para mostrarse escandalizado ante los resultados del barómetro del CIS y para decirme que en Estados Unidos, el sistema no podría resistir un rechazo ciudadano de tales magnitudes.
Mi amigo, el experto y valorado "analista", me recuerda que la injusticia "genera violencia" y me ha dicho: "Vente para acá porque eso tiene que estallar".
Opina que la esencia de la democracia no son sus normas, ni la elección de representantes, sino la confianza de los administrados en los administradores y que una clase política que cosecha desconfianza y hasta rechazo, como ocurre en España, es una clase política fracasada que ha "liquidado" el sistema y que tal vez lo haya colocado en un punto de "no retorno". Le he preguntado si esas opiniones son suyas o compartidas por otros expertos y me ha dicho: "todos los estudiosos que conozco opinan lo mismo".
El rechazo a la corrupción y a la clase política no son el principal problema, sino los síntomas de una enfermedad que se llama desconfianza, una enfermedad gravísima porque sin confianza la democracia no existe y se torna en una tiranía que los ciudadanos tienen que soportar.
Agrega que en Estados Unidos es inconcebible una situación como la de España y que, si se produjera, el sistema entero saltaría por los aires y tendría que abrirse un periodo constituyente, después de anular y suprimir a los partidos y poner bajo vigilancia severa a las instituciones del Estado.
Lógicamente, concuerdo con los análisis de mi amigo, que son los lógicos en cualquier democracia avanzada y decente del planeta. la situación de España es tan democráticamente denigrante y degradada que parece imposible que pueda recuperarse.
En lo único que difiero de mi amigo el experto estudioso es que para mi lo peor de España ni siquiera es la enfermedad de la desconfianza, sino la voluntad firme que comparten los políticos, los periodistas, los altos cargos del Estado y buena parte de la ciudadanía de no ver el problema y no asumirlo.
Esta mañana he escuchado a una tertuliana de Televisión Española decir que los datos del CIS son "exagerados" y que la corrupción no es para tanto. Un día antes, Rajoy aseguraba, con desfachatez supina, que está seguro que la mayoría de los españoles defienden y quieren una institución como la Corona.
Nadie sabe la verdad en España porque al poder no le interesa conocerla. Estoy seguro de que las encuestas del CIS, si siguen reflejando el estruendoso fracaso de la clase política, van a ser cocinadas o suprimidas en el futuro. También estoy seguro de que si se realizara una encuesta sobre el Estado de las Autonomías, la financiación de los partidos políticos con dinero público o los privilegios de "la casta", el resultado sería de rechazo abrumador. Por eso los políticos no preguntan a los españoles qué quieren, porque la respuesta les echaría del poder.
España tiene que ser "reseteada", lo que significa que le borren la memoria, el disco duro, su estructura de poder viciada y sus normas y leyes dramáticamente fracasadas ¿Qué más necesitan los políticos y sus periodistas sometidos para darse cuenta de que el sistema español está "colapsado" y que la falsa democracia española ha entrado en crisis total?
La clase política ha abusado del poder y ha ido demasiado lejos, situando a España en un estado de crisis profunda y sin retorno. El pueblo es imbécil, pero no tanto como para olvidar que las cajas de ahorro han sido saqueadas sin que nadie pague por ello ni devuelva el dinero robado, que muchos ancianos jubilados han sido estafados y saqueados con las participaciones preferentes, sin que los gobiernos de Zapatero y Rajoy hayan hecho nada por impedirlo, salva consagrar el expolio para que los banqueros tengan mas dinero. También se ha ide demasiado lejos provocando suicidios ante la oleada de desahucios, algunos de ellos injustos y amparados en una ley abusiva que ya ha sido condenada por la Justicia Europea. La gente no olvida que los miles de políticos ladrones que no pueden justificar sus patrimonios están libres y que nadie les reclama lo que han robado. Tampoco perdonan a los políticos que les cobren impuestos desproporcionados y que recorten los servicios básicos sin que ellos hayan renunciado al grueso de sus privilegios y sin que hayan adelgazado un Estado tan gordo, graso, insostenible y plagado de inútiles parásitos con carné de partido que es una ofensa a la decencia y que resulta imposible financiar en tiempos de crisis.
Por todos esos y otros muchos abusos y barbaridades, todos ellos adobados por el poder político con engaños y mentiras institucionalizadas, la falsa democracia española es hoy despreciada por sus ciudadanos, ha entrado en barrena y necesita, con urgencia, ser "reseteada".
(Este artículo está dedicado, con cariño y respeto, a todos los lectores y seguidores de Voto en Blanco que a veces se sienten solos y con cierto miedo a que sus análisis y conclusiones sean exagerados. Que sepan que en los más prestigiosos centros de estudios y análisis del planeta se piensa igual, incluso de manera mas radical y drástica que nosotros, sobre la indecente "democracia" española).
Desde el fin de la II Guerra Mundial, la conciencia moral del mundo nunca ha estado tan agotada y desalentada como ahora. Las violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos permanecen hoy impunes, sin que los ciudadanos reacciones, sin que los intelectuales y periodistas, teóricos vigilantes del pulso del mundo, adviertan el desastre, sin que surja, como en el pasado, movimiento alguno de protesta que haga temblar a los déspotas.
Sin que nadie reaccione, países como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán, China y otros están siendo oprimidos por sus dictaduras, en algunos casos encabezadas por chulos disfrazados de demócratas, que están siguiendo al pie de la letra un guión preescrito para esclavizar a los pueblos y recuperar la tiranía comunista con otros métodos y por otros caminos.
En algunas democracias teóricas, como España, transformadas en oligocracias alejadas del ciudadano, los hechos y dramas demuestran la impotencia inepta del poder político y hacen evidente el decaimiento y la degradación del país. El incremento de una corrupción casi siempre impune y el hecho de que grandes crímenes como los del 11 M permanezcan sin resolver están contribuyendo al hundimiento de la esperanza. En esta España degradada, el gobierno adopta sin escrúpulos medidas contrarias a la voluntad popular y se atreve a gobernar en contra de los deseos y opiniones de la mayoría, con impunidad y de espaldas al pueblo soberano.
En muchos países islámicos se asesina al que practica otra religión, se aplasta a la mujer, se mutila al delincuente, se predica la guerra y el exterminio del infiel y se violan a diario los derechos humanos básicos, sin que esas canalladas tengan consecuencias en el plano internacional.
Dirigida por gobiernos que llaman "pragmatismo" a la cobardía y a la ausencia de moral, la Humanidad está perdiendo la capacidad de sentir asco y de rebelarse.
Es fácil pensar que frente a los poderosos aparatos estatales de propaganda, los principales causantes del desfallecimiento moral y del envilecimiento, no hay defensa posible y que el librepensamiento y la resistencia están condenadas al fracaso, pero no es así si se analiza la Historia.
Hace poco más de un siglo, el "Yo acuso" de Emile Zola hizo temblar a Francia y poco después, en 1914, "Canto de odio", de Lissauer, una poesía de 14 versos, se transformaba en un acontecimiento capaz de cambiar la Historia.
La clave del desastre moral del mundo actual está en el uso de la propaganda y de la mentira organizada por parte de los gobiernos. Aunque sean pocos los que perciban la tragedia y sin que periodistas e intelectuales lo denuncien, lo cierto es que los mentirosos en el poder están destruyendo la estructura moral del mundo civilizado y lo están empujándolo hacia un nuevo tipo de barbarie.
Hítler fue el primero que utilizó la propaganda para convertir la mentira en algo natural. Los imitadores han sido muchos y en la España actual la mentira del poder está alcanzado el rango de política de Estado, después de la gran estafa al ciudadano que representó Zapatero y el incumplimiento salvaje de todas sus promesas electorales realizado por Rajoy. La mentira oficial está acabando no sólo con la democracia en España, sino también con la política, la confianza, la ética, la literatura y el arte.
La situación exige que cualquier regeneración pase por recuperar la verdad como modelo de convivencia y guía del liderazgo.
En España, la pandilla decadente de siempre, amparada bajo el paraguas del falso "progreso", la misma que en tiempos de Hítler y de Stalin llamaba cobardes a los prudentes y débiles a los humanistas, está actuando con apoyo oficial, llamando pesimista al que duda, etiquetando como antisistema al que protesta y señalando como fascista al que se rebela.
El poder político ha renunciado a ser ejemplar, despojando así al liderazgo de su principal fuerza moral, y no le importa humillarse, contradecirse y mentir con tal de mantenerse en el poder. Los políticos profesionales se han transformado en una raza maldita que pilota la decadencia, que arrasa la democracia y que conduce a la Humanidad por una senda sin principios ni valores, hacia la derrota y el fracaso.
Miércoles, 22 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Ramón Moscad Fumadó
Antonio García Fuentes
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Enrique Zubiaga
Rufino Soriano Tena
Toni García Arias