Mi vocación

Un texto para serenar el espíritu

30.07.18 | 08:00. Archivado en Fe

SerenidadHe aquí que hay textos de la Escritura que son como un bálsamo cuando nos sentimos inquietos espiritualmente. Uno de ellos es del libro del Apocalipsis en su capítulo tercero versículo veinte: “Mira. Yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraremos en su casa y cenaremos juntos”.

El hecho de sentar a la mesa a alguien es que hay una intimidad con él. No siento a la mesa a un extraño que llama a mi puerta. Comer juntos significa una relación de amistad, si ésta no existe ni el que llama ni yo nos sentiríamos cómodos cenando juntos. Si soy caritativa le invitaré a comer pero no sentarlo a la mesa con los demás miembros de mi familia o de mi comunidad. Es posible que ni él ni los demás estuvieran a gusto.

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Un salmo sobre la pasión de Jesús

18.07.18 | 08:00. Archivado en Fe

Pasión“El que no tenía pecado se hizo pecado por nosotros” (2Co 5,21). Desde esta perspectiva el salmo 37 podría ser la oración de Jesús durante su pasión.

“Señor, no me corrijas con ira, no me castigues con cólera” (v 2). Ésta bien podría ser la súplica de Jesús camino del Gólgota. Pocos se compadecían de su condena a muerte; había sido escarnecido por la soldadesca, el pueblo había gritado: “Crucifícalo”; los que habían admirado sus milagros han desaparecido.

“Mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas,… estoy agotado deshecho del todo” (v 5-9). Bajo el peso de la cruz y agotado por los tormentos que le habían afligido, Jesús camino del Calvario está extenuado, de tal manera que debían temer que no llegaría hasta el lugar del suplicio, así que obligaron a Simón de Cirene que llevara la cruz junto a Jesús.

“Mis amigos y compañeros se alejan de mi” (v 12). Esto es lo que hicieron los discípulos en el Huerto de Getsemaní. Todos lo abandonaron al ver la guardia que se acercaba para prender a Jesús.

“En ti Señor, espero” (v 16). Jesús dando un fuerte grito dijo: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lu 23,46). Dicho esto expiró.

Junto a Jesús oremos con este salmo por todos los sufrientes de nuestro mundo. Texto: Hna. María Nuria Gaza.


En la hilera de los pecadores

09.07.18 | 08:00. Archivado en Fe

Bautismo El dominico francés Cirille Marie Richard comenta: Entre los que visitan al Bautista y se ponen en la hilera de los pecadores está Jesús de Nazaret. Juan se niega a bautizarle diciendo que es él el que tendría que ser bautizado por Jesús. De esta forma Juan Bautista expresa la grandeza del Nazareno. Pero por otra parte muestra que Juan no ha comprendido que Jesús se quiere hacer pequeño. Juan había expresado que él tenía que menguar y Jesús crecer. Tiene una concepción equivocada del Mesías, hace como Pedro que no quiere que Jesús le lave los pies. Lo comprenderás más tarde, le replica Jesús En esta ocasión Jesús quiere expresar la solidaridad completa con su pueblo, no quiere hacerse superior a sus hermanos sino a vivir con ellos y para ellos.

Jesús expresa de esta forma su preferencia con los pecadores. Lo dirá: “No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores” (Lc 5,32), son ellos que necesitan el perdón de sus pecados. Como la multitud de gentes que se ponen a la cola para recibir el bautismo, ¿me imagino yo mismo situado a la cola de espera, al lado de Jesús, no tal como soy sino como me gustaría ser? ¡Su contacto me purifica! Texto: Hna. María Nuria Gaza.


La fidelidad del Señor en los salmos

25.05.18 | 08:00. Archivado en Fe

FidelidadLa fidelidad del Señor es de siempre y para siempre. En la Sagrada Escritura vemos como Dios es fiel, su Palabra es verdadera, no puede romper su promesa. Veamos como los salmistas, en los cincuenta primeros salmos del salterio cantan esta fidelidad de Dios para con su pueblo y por cada ser creado por él:

Salmo 18,8 “El precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante”.
Salmo 22,1 “El Señor es mi pastor, nada me falta”.
Salmo 24,10 “El obrar del Señor es fruto de su amor fiel”.
Salmo 25,1 “Confío en el Señor no tengo miedo de caer”.
Salmo 28,7 “El Señor es mi fuerza y mi escudo: en él confía mi corazón”.
Salmo 30,3 “Señor Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste”.
Salmo 31,15, 16 “Yo confío en ti, Señor, te digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis azares”.
Salmo 33,7 “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias”.
Salmo 34,10 “Todo mi ser proclamará: Señor, ¿Quién como tú que defiendes al débil del poderoso, al pobre y humilde del explotador?”.

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El bautizo del eunuco

25.04.18 | 08:00. Archivado en Fe

FelipeEl episodio del bautismo del eunuco etíope, Hechos 8,26-40, es una auténtica narración del camino catequético del bautismo. Este extranjero lee la Escritura pero no entiende. Felipe, el catequista, le explica a partir de la lectura que hace este extranjero y de las preguntas que le hace. Esta narración de los Hechos, encierra los pasos de una persona que desea bautizarse:

Primero: Pide que le aclaren sus dudas. Ha oído hablar de la religión católica pero tiene muchas dudas.
Segundo: Después de ser esclarecido y catequizado sobre la vida de Jesús está abierto a la fe.
Tercero: El eunuco ve agua y pide el bautismo. En todo camino catecumenal, siempre es el catecúmeno quien pide ser bautizado. En el bautizo de los infantes son los padres y padrinos que piden el bautismo.

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Feliz incrédulo

09.04.18 | 08:00. Archivado en Fe

Michelangelo Merisi, detto il CaravaggioGracias a Santo Tomás los creyentes hemos recibido la bienaventuranza de Jesús: dichosos los que sin haber visto creen.

Pero en la carta a los Hebreos leemos: “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir aquello que se espera; es estar convencidos de la realidad de las cosas que no vemos” (11,1 y 2). Cita, a continuación, una serie de hombres que en la Escritura creyeron sin ver y especialmente exalta la fe de Abrahán: “Por la fe Abrahán, cuando Dios lo llamó. Obedeció y salió para ir al lugar que le iba a dar como herencia. Salió de su tierra sin saber a donde iba, y por la fe que tenía vivió como extranjero en la tierra que Dios le había prometido. Por la fe Abrahán recibió fuerzas para ser padre porque creyó que Dios cumpliría sin falta la promesa a pesar de que Sara no podía tener hijos y él era ya era demasiado viejo (8-11). Por la fe, Abrahán, cuando Dios le puso a prueba, tomó a Isaac para ofrecerlo en sacrificio. Estaba dispuesto a ofrecer su único hijo a pesar de que Dios le había prometido que por medio de él tendría una gran descendencia” (17 y 18).

Esto no lo pudo tener presente el apóstol Tomás, pues, por suerte nuestra, no se había escrito aún. Texto: Hna. María Nuria Gaza.


Las murallas de Jericó

30.10.17 | 08:00. Archivado en Fe

MurallasJericó, ciudad bien defendida con sus murallas, parecía infranqueable por los israelitas conducidos por Josué. ¿Cómo podían acceder a ella tan bien defendida? ¿No es esto lo que nos ocurre ante las dificultades que se nos presentan?

Josué propone al pueblo de Israel algo que está a su alcance: Dar cada día una vuelta alrededor de la ciudad durante seis días y al séptimo dar siete vueltas. Así que cada día daban una vuelta siete sacerdotes con el arca, luego volvían al campamento. Al séptimo día dieron siete vueltas y al toque especial todos gritaron con todas sus fuerzas y la muralla se vino abajo. (Jos 6,11-27).

Así que Josué nos invita en el día a día a levantarnos de madrugada y caminar con el Señor con la esperanza puesta en Él. De Él nos vendrá la luz para descubrir lo que hay que hacer, Él nos dará la fuerza para no dimitir ante las dificultades, el coraje para continuar la lucha ante los contratiempos. Y luego cuando haya pasado la tempestad nos daremos cuenta que es Él quien ha hecho caer la muralla que nos parecía infranqueable, lo único que nosotros hechos hecho ha sido confiar, estar convencidos de que nuestra vida está entre sus manos. Texto: María Nuria Gaza.


La fe admirable de Abrahán

30.06.17 | 08:00. Archivado en Fe

AbrahánEn las lecturas de la Eucaristía de estos días leemos en el libro del Génesis la historia de Abrahán. Abrahán, este hombre admirable que pone ante nuestros ojos su obediencia ciega a la llamada de Dios.

Salir de su tierra, ponerse en camino sin saber a donde le conduciría el querer de Dios. Dejar su tierra, su clan, en una edad avanzada en la cual las aventuras hacia lo desconocido ya no están generalmente en los planes de la edad madura.

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Una casa para el Señor

05.06.17 | 08:00. Archivado en Fe

ConfiarDavid, antes de emprender su último viaje, dijo a su hijo Salomón que había preparado mucho material para la construcción del templo de Jerusalén que hubiera deseado construir; pero el Señor le dijo que sería su hijo quien emprendería dicha obra. David quiso trasladar el arca de la alianza del Soto de Jaar a Jerusalén (v 6). El salmo 131 es un texto muy antiguo que evoca este traslado.“Muchos expertos creen que este canto resonó en la celebración solemne del traslado del arca del Señor, signo de la presencia divina en medio del pueblo de Israel, a Jerusalén, la nueva capital escogida por David” (Benedicto XVI audiencia miércoles 14 septiembre 2005). En este traslado el propio rey David iba ofreciendo sacrificios y danzando ante el arca.

Este salmo encierra dos juramentos. El primero de David: “No entraré bajo el techo de mi casa, no daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob” (v 3-5). Estos versículos del salmo evocan el hecho de David narrado en el segundo libro de Samuel en su capítulo 6, la súplica del monarca de que el Señor resida entre ellos, igual que él los acompañó durante la marcha por el desierto: “Levántate Señor ven a tu mansión, ven con el arca de tu poder” (v 5). ¡Ojalá nosotros como David tengamos el deseo ardiente de que el Señor habite en nosotros y entre nosotros.

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Nadie las arrebatará de mi mano

24.05.17 | 08:00. Archivado en Fe

En manos de DiosHe aquí una frase que reconforta nuestro corazón. Si somos ovejas de su rebaño, dice Jesús, en el evangelio de San Juan en el capítulo 10: “Nadie las arrebatará de mi mano”. Es más continua: “Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno”. No hay duda. Podemos estar ciertos, si estamos con Él y con el Padre no hay que temer, nos encontramos en todo momento entre las manos de Jesús que se entregó para darnos vida y entre las manos del Padre que nos ha creado para estar con Él.

Podemos pasar por momentos duros, con dificultades de toda clase pero en estos momentos no dudemos que estamos entre unas manos que nos sostienen, que no nos van a soltar para dejarnos caer contra el suelo y quedar estrellados. El problema del hombre surge cuando duda de que está en manos de Dios y corre hacia los ídolos, los falsos dioses que prometen y no pueden cumplir sus promesas, porque tienen manos y no tocan, nariz y no huelen, garganta y no hablan.

Pero si queremos seguir al Pastor de nuestras almas, el que no quiere bien más de lo que nosotros podemos esperar, no hay que temer nadie nos puede arrebatar sus manos. Texto: Hna. María Nuria Gaza.


La aparición de Jesús al lago de Tiberiades

03.05.17 | 08:00. Archivado en Fe

La pesca milagrosa, Juan 21,1-25

san pedro el pescadorEl evangelio de San Juan sitúa esta segunda pesca milagrosa después de la resurrección de Jesús. Lo enmarca en Galilea, allí donde Jesús dijo que lo verían. Parece que los apóstoles no estaban muy seguros de verlo pues Pedro se decide a ir a pescar. “Me voy a pescar” los otros contestaron: “Nosotros también vamos contigo”. Esto demuestra que no tenían muchas esperanzas de verlo porque de lo contrario estarían dispuestos a esperar su llegada. Fueron pues, pero aquella noche no pescaron nada.

Al amanecer se aparece Jesús en la orilla y les pregunta: “Muchachos, ¿habéis pescado algo?” Respondieron: “Nada”. Les dice Jesús: “Echad la red a la derecha de la barca y pescareis”. Y pescaron una gran cantidad de peces grandes, ¡ciento cincuenta y tres! Y es Pedro el que arrastra la red hasta la orilla. Y la red a pesar de la gran cantidad de peces no se rompe.

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Lo que alcanza la fe

30.01.17 | 08:00. Archivado en Fe

libros-santa-feCuatro hombres llevan un inválido en una camilla, quieren presentarlo a Jesús porque están seguros que él lo sanará. Pero es imposible entrar en la casa donde se encuentra por el gentío que barra la puerta. ¿Qué hacer? Encuentran la solución: Subir al tejado, levantar unas tejas y por el agujero hacer descender al paralítico y ponerlo delante del Maestro. Manos a la obra, suben al inválido y lo hacen descender por el boquete. El paralítico queda delante de Jesús que al ver la fe de aquellos hombres dice: “Tus pecados quedan perdonados”.

Los fariseos y maestros de la ley (hoy diríamos los teólogos) que estaban allí sentados pensaron: “Este hombre blasfema, nadie puede perdonar pecados, sino solamente Dios”. Jesús se dio cuenta de lo que estaban pensando y dijo: “¿Qué es más fácil decir tus pecados quedan perdonados o decir al paralítico: Levante, toma la camilla y vete a tu casa? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder para perdonar pecados a ti te digo, levántate, toma la camilla y vete a tu casa”. (Mr 2, 1-12).

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Lunes, 20 de agosto

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