Mi vocación

¿Cómo encaja la Iglesia, en su cosmovisión, a las otras religiones?

07.03.12 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

Logo diálogo interreligiosoDesde la perspectiva de la teología de la revelación, el acercamiento a otras religiones plantea múltiples interrogantes: ¿Existe una revelación de Dios en las otras religiones? ¿Qué relación existe entre la revelación de Dios en Cristo y su manifestación en las religiones no cristianas? ¿Cómo encaja la Iglesia, en su cosmovisión, a las otras religiones? Intentaremos ver posibles respuestas a partir del libro Vaticano II: Balance y perspectivas de René Latourelle.

El Concilio Vaticano II dio nuevos impulsos a la reflexión teológica acerca de las otras religiones, especialmente en la declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia católica con las religiones no cristianas.

El hecho de que la sección más importante de este documento esté consagrada a las relaciones de la Iglesia con el pueblo judío y su religión tiene un gran significado. Una teología cristiana de las religiones no puede menos que basarse en una teología cristiana del judaísmo, siendo el choque con el judaísmo la primera situación de “pluralismo religioso” en la historia de la Iglesia. La historia de conflictos y enemistades que siguió a este choque pesa gravemente sobre la teología cristiana, no sólo respecto al judaísmo, sino respecto a las demás religiones en general.

Se advierte aquí el papel fundamental de una teología bíblica de las religiones, sin la cual las elaboraciones teológicas correrían el riesgo de quedarse únicamente en el plano de las construcciones de carácter filosófico. De manera análoga se puede afirmar que una sana teología de la misión es inconcebible sin una clara visión teológica de la misión de la Iglesia en, con y hacia Israel.

También es destacable la relación de la Iglesia con el Islam (NA 3), a partir de la búsqueda común de la justicia escatológica y mesiánica.

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Lo esencial en el Concilio Vaticano II

22.02.12 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

Concilio Vaticano IIEn el momento de la convocatoria conciliar la Iglesia católica estaba en paz, no había en su interior herejías, habían surgido gérmenes de renovación y se encontraba segura para afrontar una seria revisión de su propia vida. Con todo, había dentro de la Iglesia, entre los años 1945-1959, frecuentes tensiones entre conservadores y progresistas. La necesidad de un giro religioso se manifestó en el contexto del cambio social y cultural vertiginoso generado después de la II Guerra Mundial y observable en a) el final del colonialismo y la presencia activa y creciente del Tercer Mundo; b) la industrialización de los países nordatlánticos, con sus consecuencias de emigraciones, turismo, ocaso del mundo rural, urbanizaciones gigantescas y nacimiento o aparición de la sociedad de consumo y c) la difusión de la televisión, con un fuerte impacto en la cultura y pautas de comportamiento.

Ciertos problemas acuciantes de la humanidad se hicieron presentes en el Concilio: el hambre en una gran parte del planeta, la escasa vigencia de los derechos humanos en innumerables países y la carrera de armamentos.

AGGIORNAMENTO

El Vaticano II, a diferencia de otros concilios, no se convocó para rechazar una herejía o superar una crisis profunda. Su primer propósito, según el pensamiento de Juan XXIII, fue muy claro: no habría condenas, ni siquiera del marxismo o del comunismo. Pero aunque el Papa convocante no había dibujado el programa del Vaticano II, su objetivo más evidente era el aggiornamento de la Iglesia, expresión que sustituía al término reforma, impronunciable en la convocatoria conciliar por su apropiación protestante. Se trataba de renovación, adaptación, y sobre todo, de diálogo y apertura.

Destacamos en este trabajo diversos temas esenciales del Concilio a partir de algunos artículos del libro de Alberigo-Jossua, eds.

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Bartolomé de las Casas, de encomendero a defensor de los indios

20.02.12 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

De las CasasLa vida de este intrépido personaje es apasionante. Nacido en Sevilla en 1484, conoció de adolescente a un indio que Cristóbal Colón había regalado a su padre. De joven pasa a estudiar latín y leyes en Salamanca.

El 15 de abril de 1502, siguiendo los pasos de su padre que había participado en el segundo viaje de Colón, llega a la isla Española. Durante 1503 se dedicó a extraer oro, participando en la campaña de conquista del gobernador Nicolás de Ovando, y bajo las órdenes del capitán Diego Velázquez de Cuellar, recibió una encomienda.

Ordenado de sacerdote en Roma en 1507, vuelve a Las Indias, donde continúa en posesión de una encomienda. Él mismo confiesa que hizo trabajar duro a sus indios, siguiendo las condiciones de trabajo del lugar y tiempo, aunque no los maltrató ni los castigó abusivamente. En 1512 interviene en la conquista de Cuba como capellán del conquistador Diego Velázquez, recibiendo también una encomienda de indios.

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Eclesiología litúrgica

10.02.12 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

LiturgiaEl Concilio Vaticano II quiso que la liturgia volviera a ser el centro de la vida espiritual de los bautizados. A lo largo de la historia, especialmente en Occidente, la liturgia había quedado desplazada por las devociones y las prácticas de piedad.

La Sacrosanctum Concilium demuestra que todavía queda mucho por hacer. La liturgia transmite la fuerza para llegar a ser testigos del Misterio pascual de Cristo pero muchos desconocen cuestiones fundamentales de la vida litúrgica y aún no es el centro de su vida espiritual.

La SC 43 afirma que el «El celo por promover y reformar la sagrada Liturgia se considera, con razón, como un signo de las disposiciones providenciales de Dios en nuestro tiempo, como el paso del Espíritu Santo por su Iglesia». Pasada la euforia de las formas se debe buscar la euforia de los contenidos, para que la liturgia todavía sea la fuente de espiritualidad de los bautizados.

Sacrosanctum Concilium supuso la cristalización de las líneas fundamentales del movimiento litúrgico. El sujeto de la celebración ya no es “el celebrante” o “presidente” sino la asamblea litúrgica. Los fieles que la forman no son espectadores ni se unen sólo espiritualmente al celebrante sino que todos son “actores”, todos son “celebrantes”, y toda su existencia debe quedar comprometida con lo que se ha celebrado (cf. SC 48). La finalidad de la liturgia es conseguir que la vida espiritual de los fieles quede plenamente inserta en el misterio de Cristo, cosa que a la vez implica ser y sentirse parte viva del Cuerpo eclesial, y, por lo tanto, que el modo de actuar sea testimonio.

La reforma litúrgica es paso del Espíritu y la liturgia fuente del verdadero espíritu cristiano, en consecuencia, la liturgia debe ser fuente de espiritualidad. El Sínodo de los Obispos de 1985 afirma que dónde se vive más intensamente la realidad de la Iglesia como “misterio” es en la liturgia y que dónde se asimila más la dimensión espiritual y el llamamiento a la santidad es también en ésta.

Del Concilio se desprende que “la liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Cristo” hoy. La liturgia es también el lugar donde la Iglesia manifiesta y comunica a los fieles la obra de la salvación, llevada a cabo por Cristo, de una vez por todas. La liturgia es pues “el lugar” privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios y con su enviado, Jesucristo, en la Iglesia reunida por el Espíritu Santo. La liturgia es un hecho de orden espiritual.

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Iglesia y misión en el Concilio Vaticano II

13.01.12 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

Iglesia y misiónEl Decreto Ad Gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, fue promulgado por Pablo VI el 7 de diciembre de 1965 en la cuarta y última sesión del Concilio Vaticano II.

El Decreto apunta los principios de la actividad misionera para la llegada del Reino de Dios (AG 1). Señala el deber de todo el Pueblo de Dios, especialmente de los obispos, de «anunciar el Evangelio en todo el mundo» (AG 29), la responsabilidad de los misioneros que se encargan de la evangelización (AG 23) y el cómo alcanzar la constitución de comunidades de fieles bien estructuradas (AG 15).

Toda la Iglesia es misionera, «los fieles cristianos tienen dones diferentes» y «deben colaborar en el Evangelio cada uno según su oportunidad» (AG 28), todos han de sentir como propia esta tarea (AG 36).

La actividad misionera queda comprendida en la “misión” de la Iglesia y se precisa qué debe entenderse como “misiones” (AG 6). Redefine el estatuto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (AG 29), la cooperación de todo el Pueblo de Dios en la actividad misionera y subraya también la importancia de mantener la relación con quienes la desarrollan (AG 37).

El texto del Decreto Ad Gentes fue aprobado, después de siete redacciones, por 2394 votos afirmativos y sólo 5 negativos. Fue la votación más alta de todo el Concilio.

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Teología del laicado en el Vaticano II

04.01.12 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

Iglesia y laicadoNingún concilio, antes del Vaticano II, había hablado específicamente del laicado. El capítulo IV de Lumen Gentium está dedicado exclusivamente a los laicos, aunque en un primer momento quedaban unidos al capítulo “Pueblo de Dios”, la redacción final les dedicó un apartado exclusivo.

Debemos destacar dos novedades en la estructura de dicho capítulo: del número 30 al 33 se describe el laicado de manera positiva señalando qué significa ser laico. Del número 34 al 38 se presenta la estructura teológica del laicado a partir de los tria munera de Jesucristo: sacerdote, profeta y rey.El elemento teológico más importante y positivo lo encontramos en el número 31, del cual podemos destacar dos cosas:

- La participación del ministerio triple del Pueblo de Dios:
«Con el nombre de laicos se designan aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde» (LG 31).

- La índole secular de los laicos:
«El carácter secular es propio y peculiar de los laicos. Pues los miembros del orden sagrado, aun cuando alguna vez pueden ocuparse de los asuntos seculares incluso ejerciendo una profesión secular, están destinados principal y expresamente al sagrado ministerio por razón de su particular vocación. En tanto que los religiosos, en virtud de su estado, proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas. A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor» (LG 31).

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La defensa de la persona humana

23.12.11 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

Dignidad humanaEn mayo de 1963 se presenta la primera redacción de la que será la Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II. Sus redactores eran miembros de las comisiones de la fe y costumbres y del apostolado de los seglares. Se pidió otra redacción que desarrollara la parte doctrinal y las instrucciones prácticas quedaran en un apéndice. Esta segunda redacción tampoco fue satisfactoria, se redacta una tercera en francés y en julio de 1964 se presenta una cuarta redacción, llamada “esquema 13” que será como el primer texto oficial.

En mayo de 1965 es enviada otra nueva redacción a los obispos de todo el mundo. Tras otras correcciones y debates, finalmente el 6 de diciembre de 1965, después de tres años de discusiones, se realiza la primera votación que es repetida al día siguiente con el resultado de 2309 votos favorables, 75 adversos y 10 nulos. Pablo VI la promulga como “Constitución pastoral”.

RELACIÓN DE LA IGLESIA CON EL MUNDO DE HOY

La “Constitución pastoral” es el documento del Concilio Vaticano II que trata de la relación de la Iglesia con el mundo actual. Tiene como finalidad última la inculturación de la fe en la sociedad adelantada, democrática, vertebrada por los derechos humanos con los cuales la Iglesia se solidariza.

Desarrolla, además, una antropología coherente, para poder «responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura» (GS 4): El hombre es imagen de Dios (GS 12); aparece dividido en sí mismo (GS 13); es, pero, uno en cuerpo y alma (GS 14); está dotado de interioridad; porque tiene una dimensión espiritual (GS 14); por la cual puede captar la realidad: el verum (GS 14); con la dignidad de una conciencia que es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre (GS 16); por la conciencia abierta, el hombre -ser social- se une a los otros hombres para buscar la verdad y para resolver los problemas prácticos (GS 16); el hombre está dotado de libertad (GS 17); y es capaz de recibir la fe por el don del Espíritu Santo (GS 15); que culmina su deseo de llegar a la comunión con Dios y con Cristo (GS 18).(Cf. ROVIRA BELLOSO, J. M., «Gaudium et Spes, una Constitució pastoral», en Revista Catalana de Teologia XXXII/1 (2007), pp. 191-203. )

A partir de esta concepción del hombre como imagen de Dios, la Constitución presenta a Cristo como medida del hombre y a la fe en Cristo como la oferta enriquecedora y pacífica para la sociedad desarrollada de la modernidad.

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La revelación divina

16.12.11 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

Palabra de DiosEl trabajo de la Constitución Dei Verbum se prolongó durante toda la asamblea conciliar, fue de las primeras en ser presentadas y la última en ser aprobada, pues se redactaron cuatro esquemas. El primero, fue rechazado por los obispos por su carácter demasiado escolástico, muy apologético y demasiado conceptual. Las sucesivas correcciones fueron afinando el texto hasta lograr su forma definitiva.

El Concilio Vaticano II libró un debate sobre las fuentes de la Revelación y expuso de una manera adecuada la realidad de la Revelación, aparecieron claras las relaciones del Magisterio con la Escritura y de la Tradición con la Escritura.

Se afirmará que la Sagrada Escritura es el fundamento de la teología y por consiguiente toda la labor teológica debe arrancar de la Escritura y apoyarse siempre en ella. El Concilio dejará claro que la Escritura vigoriza, rejuvenece la teología y la nutre con su propia savia. Cuando el Concilio Vaticano II habló de la necesidad de que el estudio de la Escritura fuera “el alma” de la teología, expresión tomada de León XIII y de Benedicto XV, era porque el método teológico que se usaba entonces la relegaba a ser un puro corolario de las afirmaciones dogmáticas. Ésto no significaba que la investigación teológica se centrara sólo en los textos bíblicos pero sí quedaba bien asentada la preeminencia de la Sagrada Escritura, Palabra auténtica de Dios, en la teología, la pastoral, la predicación o la catequesis. Se recomienda la lectura asidua, atenta y profunda de la Sagrada Escritura, tesoro de la revelación confiado a la Iglesia y se recomienda que las traducciones sean esmeradas. La concepción de la verdad en la Biblia recibe también una nueva luz (Cf. GRILLMEIER, A., «La Sagrada escritura en la vida de la Iglesia», en “La Revelación divina”, t. II, pp. 148-159.).

No podemos olvidar que el Secretariado para la Unidad de los Cristianos contribuyó en gran medida a dar a la Dei Verbum una inspiración ecuménica.

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La comunión eclesial

09.12.11 | 08:00. Archivado en Concilio Vaticano II

KoinoniaEl Concilio Vaticano II opta por la eclesiología de comunión, aunque en un principio no fue un tema evidente, será con los años cuando se verá la importancia de esta afirmación. En la eclesiología del Vaticano II el misterio de la Iglesia se describe, definitivamente, como koinonía. Afirma LG 1, «la Iglesia es en Cristo como un sacramento, es decir, como signo e instrumento de la comunión íntima con Dios y de la unidad del género humano».

El Vaticano II subraya abundantemente que la comunión entre los cristianos se da en la participación de la Eucaristía, que es también el vértice de la comunión eclesial, así como de la comunicación de la Palabra divina. La misma constitución jerárquica de la Iglesia es comunional o colegial, así como, debido a la participación bautismal común en el único sacerdocio de Cristo, también es participativa y comunional toda la vida de los fieles.

La comunión eclesial se difunde en todos los niveles, tanto en la dirección vertical de la comunión de la Iglesia peregrina con la Iglesia celestial, como en la dirección horizontal, hacia toda la familia humana, para quien la Iglesia constituye «un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación» (LG 9).

Por todas estas razones, la II Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos de 1985 considerará la comunión a la luz de la experiencia posconciliar y proponiéndola como idea central y fundamental en los documentos conciliares, señalará sus fuentes en la Palabra de Dios y en los sacramentos. Dirá además que la eclesiología de comunión no puede reducirse a puras cuestiones de organización o a problemas que se refieren únicamente a la posesión de unos poderes.

A pesar de ello, la noción de koinonía es también fundamental para el orden en la Iglesia y especialmente para una correcta relación entre la unidad y la pluriformidad en ésta, para la participación y la corresponsabilidad en todos los niveles y también para la responsabilidad ecuménica.

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Jueves, 30 de octubre

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