Mi vocación

Sin perder la sonrisa

18.01.19 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Sonrisa

Llega un momento en la vida en el que hay que poner un punto a parte de muchas cosas. El inicio de año puede convertirse en inicio de algunas expectativas, de algunos cambios y de algunas promesas que pueden o no hacerse realidad. No quiere decir que haya que terminar con todo, simplemente, hay que empezar a buscar dentro de uno mismo y dentro del corazón el camino de donde procede la auténtica alegría.

Cultivar el amor es fuente de alegría, de sonrisas sinceras y de compartir sin miedo a intrusiones porque la sinceridad y la verdad van cogidas de la mano y ante ello es imposible sentir ningún tipo de miedo.

La autenticidad en una persona no es ser ingenuo frente a la vida sino ser valiente. Por eso dar su lugar al amor produce la verdadera alegría, sinceridad y autenticidad. Nuestro rostro ha de mostrar precisamente el amor que recibimos de Dios, el amor que nos tienen los otros y el amor que somos capaces de dar. Nuestro rostro ha de ser signo de lo que llevamos dentro y la sonrisa es la escritura más clara de la bondad de Dios, que perdura en cada ser humano. No perdamos esa sonrisa, aquella que habla de lo que tenemos en el corazón y de lo que podemos transmitir a los demás. Es posible que nuestra sonrisa provoque algunas otras… y alegre la vida de más de uno; únicamente por eso, merece la pena. Texto: Hna. Conchi García.


Jueves, 21 de febrero

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