Mi vocación

El “yo” por el tú

16.11.18 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

tu-yoIrremediablemente, cuando tenemos un encuentro con Dios, de manera profunda, provoca en nosotros un movimiento, un cambio… una transformación. Esa relación surgida del tú a tú hace crecer en el ser humano uno de los sentimientos más fuertes que existen, el amor.

El amor hace que el “yo” comience a tener unos matices distintos y a aparta el ego para acercarse a otras realidades… ya que lo que hasta ese momento se había conocido… era un tanto ficción, ilusión y mentira. No somos solos en la vida, no caminamos solos en nuestro quehacer; al contrario, necesitamos la sonrisa del otro, el cariño y el abrazo de quien nos rodea, por eso, cuando hemos descubierto esta necesidad, es cuando nos acercamos al verdadero significado del amor. Amar es dar, ofrecer, olvidarse de los propios caprichos para pensar en lo que agrada al otro; también es dolor, sufrimiento, porque el amor es como una rosa, bella y hermosa, aunque posea también espinas.

La alegría profunda en el ser humano sólo nace en él cuando se ha aprendido a amar, cuando el egoísmo ha dejado de instalarse en la persona y cuando los primeros atisbos de amor surgen en la vida. No desechemos la oportunidad de amar a las personas, la felicidad de la gente que amamos es nuestra felicidad. Texto: Hna. Conchi García.


Un cartel

14.11.18 | 08:00. Archivado en Oración

RezarEncontré un cartel que decía: “Meditando. Vuelvo en 30 minutos”. Teniendo presente la imagen y lo curioso de la misma, me hizo pensar si a lo largo de la jornada, con todo lo que se hace y se vive, hay tiempo para un cartel así o parecido. ¿Hay tiempo para parar? Quizás la respuesta sea un no, pero sí que hay necesidad de respirar “por dentro” y en ese sentido cada uno sabrá dar su respuesta, desde lo que sabe que necesita realmente.

En todo lo que vivimos, en esos momentos en los que alcanzo a decir no puedo más, o qué cansancio o tengo tal preocupación, etc.… necesitamos tomar aire, oxigenarnos para seguir. Cada uno tendrá sus “válvulas de escape”, aquello que le ayude, pero qué bueno que hubiera un tiempo en el que pusiéramos el cartel: “Ahora estoy rezando….ahora es tiempo para Dios”… "Ahora busco el silencio también conmigo mismo"….; pongamos el título que queramos, ya sea visible para otros o no.

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Miro al cielo y ahí estás tú

12.11.18 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

velaEl día en que la Iglesia celebra litúrgicamente la conmemoración de todos los fieles difuntos: “La Iglesia, tras celebrar la dicha de los bienaventurados en el cielo, se dirige al Señor a favor de los que nos han precedido con el signo de la fe y de todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe solo Dios conoce, para que, purificados de todo pecado, puedan gozar de la felicidad eterna” (Magnificat; noviembre 2018). De entrada no es un día alegre, nos hace recordar personas queridas que ya no están físicamente con nosotros y eso humanamente duele. Desde la esperanza de la resurrección, nos han precedido en la vida eterna.

Un día me llegó una historia en la que se decía que la vida era como un tren y hay gente que se baja antes de estación y así se nos van de este mundo terrenal. Creo que de alguna manera u otra, todos tenemos personas conocidas más cercanas o menos que fallecieron, el tren los dejó en la estación.

Quise vivir ese día en acción de gracias, aunque duele el corazón, pero sé que mirando al cielo, ahí están, en la eternidad donde Dios les acogió un día inesperado para los que los amamos pero donde ese tren les detuvo en esa parada donde la luz de los ojos humanos se apagaron, para abrirse al misterio de la LUZ eterna.

Dicen que el tiempo todo lo cura, puede ser pero lo que en el tiempo permanece siempre es el Amor. En la mente y corazón hoy hay nombres grabados, historias vividas juntos, muchos momentos alegres y si hubo alguno menos, el tiempo ya los curó….

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Pedid y se os dará

09.11.18 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

DarHay imágenes que podemos recordar porque en ellas algo nos llamó la atención, nos interesó o incluso pudo marcarnos, pero sin duda que nos hablan. Ahora tengo la imagen de dos personas que iban caminando tranquilamente, metidas en su conversación, cuando de repente alguien detuvo aquellos pasos y les pidió que le compraran algo de comer. En ese momento todo pasó rápido, alguien te sorprende y te pide algo que no esperas…aquellas personas respondieron afirmativamente a la petición: “Tengo hambre, dame de comer…”.

Las montañas se alcanzan poco a poco, con pequeños pasos y perseverancia… Quizás no escalemos nunca ninguna pero sí que aunque a veces parezca poco lo que se hace o se pueda aportar, para otra persona puede ser más de lo que creemos que estamos dando.

A veces un sencillo gesto puede ayudar a alguien que lo necesita, lo importante y lo que Dios ve siempre, es lo que hay dentro de nosotros, el amor que nos mueve a ir hacia los otros y saber palpar situaciones que fácilmente pueden pasar desapercibidas o bien podemos pasar tranquilamente sin comprometernos, quizás pensando en que otro ya ayudará.

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No os preocupéis por el mañana

07.11.18 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Tejer“Por tanto, os digo: No estéis preocupados por lo que habéis de comer o beber para vivir, ni la ropa con que habéis de cubrir vuestro cuerpo. ¿No vale la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa?”(Ma 6, 25). Cuantas veces andamos preocupados por el mañana sin saber si éste llegará.

Recuerdo lo que me comentó un religioso. Su madre quedó viuda con cuatro hijos en unos tiempos muy difíciles. Ella para sustentar la familia tejía. Cuando tenía un determinado tejido que le llevaría una peseta de ingresos decía: “Ya tenemos asegurado el pan para mañana”. Recogía su telar y se dedicaba a atender sus hijos. Les enseñaba a rezar y a ayudar a hacer las tareas del colegio. De este modo la pobre viuda consiguió sacar adelante su familia.

Creo que el ejemplo de la confianza que esta madre daba a sus hijos era la mejor catequesis. Sus hijos supieron apreciar la fe de esta mujer que con serenidad, esfuerzo, constancia y confianza en la providencia fue una ayuda excepcional que sus hijos no iban a olvidar nunca. Texto: Hna. María Nuria Gaza.


Vengo aquí, mi Señor…

05.11.18 | 08:00. Archivado en Fe

FeEncontré esta oración: “Vengo aquí, mi Señor….”, y ya desde el momento en que la leía encontré ese momento de paz que va serenando por dentro. Cada vez más valoro el tener un tiempo para “respirar”, “tomar aire” o mejor dicho, ese tiempo compartido cuando digo: “Vengo aquí, mi Señor….” y te presento mi vida, con esta oración hoy, e intentando cada día gustar de esa gratuidad cuando el tiempo no lo marca un reloj, no es una actividad más o ahora toca esto, sino que es el querer y sentir que es ahí donde me acoges, donde se alimenta el alma, donde se “pone gasolina”, donde se llame como se llame hay una búsqueda que provoca un encuentro que va más allá y toca en el aquí y ahora de lo que se va viviendo.

Ahora recuerdo un anuncio de este pasado verano con motivo del mundial, de una bebida, que venía a decir que habiendo tenido tiempo para prepararte, que no te falte en el momento más importante esa bebida… más o menos era algo así. En el camino de seguimiento al Señor, el momento importante será cuando nos vayamos dejando guiar, moldear, acompañar por Él. Ahora puede ser tu momento más importante con Jesús, porque es en el hoy que vives, donde puede tener cabida su presencia, es ahora que puedes encontrarle si lo buscas, es ahora que puedes decirle: “Vengo aquí, mi Señor….”.

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Estos son los que vienen de la gran tribulación

02.11.18 | 08:00. Archivado en Santos

SantosAyer, primero de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos. En la primera lectura de la Misa se lee: “Entonces uno de los ancianos me preguntó: ¿Quiénes son estos que están vestidos de blanco, y de dónde han venido? Tú lo sabes Señor, le contesté. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Ya no sufrirán hambre ni sed, ni los quemará el sol, ni el calor los molestará. Dios secará toda lágrima de sus ojos” (Conf. Ap 7, 13-17).

El autor del libro del Apocalipsis dice que era una multitud inmensa que nadie podía contar; gente de toda raza, de toda nacionalidad, de toda lengua. Y podríamos añadir hoy, de toda época. En la primitiva Iglesia los santos fueron los mártires que son quienes lavaron sus túnicas en la sangre del Cordero, pero en el transcurso de la historia se ha visto enriquecido el calendario de los santos con hombres y mujeres bautizados que en su vida supieron plasmar la muerte de Cristo para participar de su resurrección.

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Lunes, 19 de noviembre

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