Mi vocación

El salmo 111 y Oscar Romero

17.10.18 | 08:00. Archivado en Santos

San RomeroAl rezar el salmo 111 me ha venido al pensamiento Monseñor Romero, el primer Santo del Salvador. ¡Cuántas veces no habría rezado este salmo el sencillo y piadoso obispo de San Salvador! Al rezarlo en la oración de vísperas el día de su canonización no podía más que pensar en su figura.

Se inicia el salmo con una bienaventuranza: “Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos” (v 1). El temor a la muerte no acalló su voz. Él amaba a Dios y a su pueblo salvadoreño, por éste se desvivió con entrega total. Se veía a las puertas de la muerte y así se lo confió a un sacerdote amigo: “Me van a matar”.

“Su linaje será poderoso en la tierra” (v 2). Sí, porque con su muerte martirial todo el mundo habla de este pequeño y hermoso país del Salvador.“En su casa habrá riqueza y abundancia, su caridad es constante y sin falta” (v 3). Riqueza espiritual, porque la casita en que vivía era más que humilde; impresionaba visitarla por su sencillez. Siempre he comentado que lo más lujoso, en mi opinión, que había en la casa era una hamaca que le había regalado su pueblo. Y en el armario donde guardaba los ornamentos estaba el alba manchada con la sangre del día que lo asesinaron. Un auténtico santuario.
“El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo” (V 6). Por los siglos de los siglos se va a invocar su nombre: San Oscar Romero, ruega por nosotros.

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