Mi vocación

En buena compañía

03.09.18 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Compañia

“…Hay, en el ser humano, un ansia profunda de encuentro, de cercanía, de intimidad y pertenencia. Ser persona es ser en relación. Esas relaciones nos definen y nos sostienen. Nadie se entiende a sí mismo sin trazar alrededor un mapa de nombres y afectos….; Hay relaciones que, sencillamente, no colman nuestra necesidad de encuentro y pertenencia. Pero hay otras que sí. Quizás sean un círculo más restringido en la propia vida, pero, quien más, quien menos, todos tenemos algunos nombres grabados a fuego en nuestra historia…” (Bailar con la soledad. José María Rodríguez Olaizola, SJ).

Es bien cierto que tenemos algunos nombres grabados a fuego en nuestra vida, que forman parte de nosotros mismos, esas personas que colman la necesidad de encuentro y pertenencia. Hace poco celebré mi cumpleaños y pude quedar en distintos momentos con algunas personas, unas que veo más a menudo y otras que hacía tiempo que no, pero se hicieron presentes. Puedes quedar para tomar un café, dar un paseo… esos encuentros a niveles muy distintos por el tipo de relación me lleva a dar gracias por esas personas que forman parte de mi vida y especialmente por las que sé que son un apoyo importante y me dan siempre un plus. Sí, ese plus de estar con alguien compartiendo gratuitamente, donde te enriqueces mutuamente, puedes hablar sencillamente con confianza y eso no siempre es fácil pero sí que es fruto de un camino recorrido juntas, donde las dos partes aportan, donde se está en los buenos momentos pero donde sabes con certeza que está cuando la vida cuesta, cuando no todo va de cara pero ahí tienes una mano amiga de verdad.

Que mejor regalo que sentarte junto a alguien con quien puedes gustar de su presencia, mirarte a los ojos y saber que estas para lo que haga falta. Hago una mirada y percibo unas muy buenas amistades, un regalo de Dios, unos lazos para seguir cuidando, cultivando. Recibí algunos regalos materiales y claro está que da gusto, pero aunque suene a tópico y no lo es, el verdadero regalo sabemos que está en lo más sencillo y ahí está el poderte dar un abrazo con las personas que forman parte de tu propia historia, que llevas en el corazón, que quieres. Gustar de un café en buena compañía te deja el buen gusto de la amistad compartida. Esos momentos de gratuidad, van calando en nuestro corazón, van ensanchando el espacio para la gente con la que de verdad vale la pena compartir el tiempo y hablar de aquello que solo el corazón saca a relucir cuando se siente cómodo con el otro. No hay prisas cuando la presencia del otro es un regalo. Texto: Hna. Ana Isabel Pérez.


Lunes, 24 de septiembre

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