Mi vocación

Limpiar la pecera

20.04.18 | 08:00. Archivado en Santos

PeceraHace muy pocos días que se publicó y salió a la luz la nueva Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate (Mt 5, 12) del papa Francisco, que anima a la alegría y el gozo de la vida, y hace una llamada a la santidad, a ser santos… pero no como algo utópico sino como llamada de Dios al ser humano; así le propone el Señor a Abraham: “camina en mi presencia y sé perfecto” (Gn 17, 1), y en otras muchas citas en las que se reflejan que estamos llamados a ello: “sed santos, porque yo soy santo” (Lv 11, 45).

Reflexionando esta semana con un grupo de chicos en la prisión, hablamos precisamente de esta llamada a cambiar nuestras vidas, a dar más de nosotros mismos y a ser sensibles a las necesidades de los demás. Compartimos que tenemos en nuestras manos el camino para andar en santidad, aunque nos parezca algo que está fuera del propio alcance.

En este compartir el padre mercedario con el cual trabajo en prisión explicó una historia que creo pudo iluminarlos y darles alguna pista respecto al tema: en una parroquia, el sacerdote que se ocupaba del lugar se le ocurrió colocar a la entrada una pecera grande, donde la vida de cuatro pececitos estaba a la vista de todos los feligreses. El párroco no se le ocurrió pensar que en cuestión de tres días la pecera comenzaría a perder la nitidez y que la suciedad se apoderaría de dicho espacio. Limpiar una pecera no es fácil, sobre todo si quieres mantener el clima habitual de los animalitos que ya viven en ella; por lo cual se le ocurrió poner dentro de la pecera dos peces que tuviesen como misión dicha limpieza… es decir, el pez payaso o el pez gato son unos peces que poco a poco y con mucha paciencia van limpiando el hábitat, y aunque les lleve tiempo… al final no queda rastro de ese color verde en el agua o la suciedad que se incrusta en las paredes de la pecera.

Cuento esta historia porque me parece un ejemplo muy claro para imaginar qué pasaría si nosotros fuésemos uno de esos pececitos en el ámbito en el cual nos movemos y relacionamos. Para ser santos no hemos de hacer grandes milagros, ni buscar misiones imposibles, sólo se ha de vivir en el momento y lugar que nos toca con la característica de querer crear buen ambiente, de no provocar situaciones negativas, buscar la verdad, en definitiva, de “limpiar” lo que hay de malo para aportar sólo cosas positivas y buenas.

¿Es posible llegar a la santidad? Es posible llegar a tener muchos actos de santidad si somos capaces de trabajar por hacer nuestro mundo mejor y aportar al mundo del otro: alegría, escucha, amor, ayuda y apoyo. El pez limpiador podemos ser nosotros, aquel que aporta lo que necesitan los demás, aquel que ofrece un camino nítido… seamos un poco Nemo y corramos en busca del otro. Texto: Hna. Conchi García.


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