Mi vocación

Conversión por admiración

05.01.18 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

AdoraciónFhatima, una joven india, fue con su familia a Francia. Como era una chica muy inteligente, con gran esfuerzo de sus padres, pues tenían seis hijos, estudió en la Sorbona. Allí tuvo un profesor católico que admiró profundamente. Éste murió relativamente joven. Ella fue a su entierro. Durante la celebración se dijo para sí: “Cuando yo muera quiero encontrarme en el paraíso con este profesor tan admirable”.

Y ni corta ni perezosa se fue a encontrar al sacerdote que había celebrado las exequias y le contó su decisión. Tuvo una buena conversación con él y le invitó a tener algunas entrevistas. Después de un tiempo de catecumenado se bautizó. Tenía su misal y acudía diariamente a la celebración de la Eucaristía. Como mujer inteligente preguntaba mucho sobre las lecturas, los comentarios de las mismas y otras lecturas que traía su misal. De esta forma autodidacta se iba formando su identidad católica.

Así como dice el refrán que todos los caminos conducen a Roma, también el Señor tiene sus caminos para llevar a todos los seres al camino de la Verdad. Sólo hay que estar abiertos a la luz que él ofrece constantemente. En la solemnidad de la Epifanía vemos como todos los pueblos razas y naciones acuden a adorar al Dios verdadero. Texto: Hna. María Nuria Gaza.


Jueves, 26 de abril

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