Mi vocación

Alabar al Señor

17.11.17 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Tobias y SaraEn el libro de Tobías tenemos un buen ejemplo de un fiel orante. La oración sincera tiene un gran poder y jamás es desoída por Dios Padre. Tobías, este israelita deportado a Nínive, que jamás dejó de practicar las buenas obras, y que por practicarlas perdió la vista, más tarde es recompensado. Su oración en los momentos difíciles era la siguiente: “Tú eres justo Señor, todo lo que haces es justo. Tú procedes siempre con amor y fidelidad. Tú eres el juez del mundo. Ahora, Señor, acuérdate de mí, vuelve tus ojos hacia mí. No me castigues por mis pecados, por las faltas que yo y mis antepasados hayamos cometido sin saberlo. Hemos pecado contra ti. Hemos desobedecido tus mandatos. Por eso tú nos has entregado al saqueo, al destierro y a la muerte… Reconozco que todas tus decisiones son justas al castigarme por mis pecados. No hemos cumplido tus órdenes, no hemos sido leales contigo… Déjame ir al lugar del eterno descanso. Prefiero morir a pasar tantas angustias en mi vida y tener que escuchar tantos insultos” (Tb 3-6).

Su hijo, que como su padre, es un sincero creyente, cumple el mandato de su padre de ir a Media a buscar una plata que le había quedado allí y que en los tiempos de escasez en que vivían les venía de perlas. Tobías se pone en camino acompañado por un ángel que va de incógnito. A orillas del rio Tigris, el hijo de Tobías que llevaba el mismo nombre de su padre, un pez quiere atacarle. El acompañante misterioso le dice de coger el pez y sacarle el hígado, el corazón y la hiel que pueden serle de gran utilidad.

>> Sigue...


Jueves, 14 de diciembre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Noviembre 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930