Mi vocación

Catalunya: rabia visceral o paz, oración y diálogo

10.11.17 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

DiálogoSer capaz de escribir algo desde la perspectiva eclesial de lo que vivimos en Catalunya es realmente un reto y hay que ser muy honrado y lúcido para no caer en hablar de sentimientos. Los sentimientos son importantes, reales, nos configuran como personas y humanizan, pero llevar un problema político al ámbito sentimental es peligroso y a veces, hasta manipulador, y desgraciadamente se ha hecho y se está haciendo desde distintos y variados estamentos.

La situación política y ahora judicial sobre Catalunya ha dinamitado puentes y roto lazos, me cuesta pensar que las cosas sean tan sencillas como para dar fácilmente la razón a unos sobre otros, sobre todo desde la fe en Jesús. Son varias las reflexiones que nos podemos hacer.

- Cada creyente y especialmente sacerdotes y religiosos somos hijos de una tierra y de un pensar, y nadie puede arrebatarnos la capacidad de expresión, pero a veces las opiniones personales, muy respetables, deben quedar por debajo del anhelo de sembrar paz y serenidad. Ojalá todos aquellos que tienen un cargo eclesial, forman parte de una comunidad o son destacados líderes en las redes sociales hagan primar la premisa de la paz, la oración y el diálogo antes que reivindicar sus ideales políticos o de hacer afirmaciones categóricas, que engrandecen a unos y empequeñecen a otros, que incitan a todos y envalentonan a unos y ridiculizan a otros. No es cuestión sólo de callar, sino de hacerse entender, presentar puntos de vista, compartir aquello que creemos que no está bien y plantear caminos de encuentro y por encima de todo, rezar y pedir oraciones.

Se ha llevado todo a una cuestión visceral nunca vista por algunas generaciones, familias y comunidades hasta ahora bien avenidas, se ha sacado una rabia visceral difícil de comprender y digerir, y eso en nuestro ámbito cristiano no debemos permitirlo. Cuántas veces hablamos de paz y reconciliación, cuántos son los defensores activos de la justicia y la paz y ahora, en este tema, todo se les ha desmoronado. Tenemos una oportunidad grande de afianzar nuestro compromiso y de huir de las rabias contenidas que explotan sin más y como nunca (¿qué llevamos dentro para que salga de esta forma?). Hay que hacer un trabajo de sanación interior y de mucha verdad y honradez en nuestros diálogos familiares y comunitarios. Pero hay que buscar espacios para ir construyendo una sociedad que ame. Por encima de todo, nuestra ley es el amor y esto se nos está yendo por sutiles rendijas.

- Diálogo que se ha frustrado en los políticos, me pregunto si no hay en España alguien con suficiente peso y con autoridad moral que los siente a hablar, aunque se digan disparates, pero que empiecen a hablar y busquen el bien común. ¿Nadie lo puede conseguir? Debemos continuar en la escalada de “yo esto”, pues “yo más”… No se puede mirar desde un solo lado, aunque tengamos o creamos tener toda la razón del mundo. El dialogar es lo único que puede mediar, y los que tienen cualquier poder, son los que antes deben ceder para escuchar y plantear sociedades serias, modernas, solidarias y en paz. La historia nos muestra que todo conflicto ha necesitado mesas de mediación o negociación, a no ser que se haya optado por la vía de la represión que sólo lleva a la violencia y al odio; luego, rehacer vínculos requiere años y años como un bosque quemado.

- Los Medios de Comunicación no han sido objetivos, esto tan difícil y casi imposible siempre, pero esta vez se han pasado tres pueblos, unos y otros. Todo es sesgado, manipulado, la verdad y la veracidad se perdieron en defender banderas, pero al final lo que debemos conseguir es humanizar. Preocupante como en según qué medios, periodistas distinguidos, gente de cultura, utiliza lenguaje soez y barriobajero para definir e insultar a sus contrarios. Esto no debe permitirse en ningún medio que se precie de dar una información de calidad, pues todos sabemos de la importancia de los medios para generar opinión pública.

Por otro lado, los MCS de Iglesia deben dar un mensaje de reconciliación, deben buscar personas que ayuden a dar argumentos para encontrar puntos de reencuentro y sus dirigentes no deben permitir programas de un solo lado con tintes demasiado políticos y a menudo con rencor y retintín. A los medios de Iglesia les convendría releer completo el Decreto Inter Mirifica del Concilio Vaticano II, tan actual en su fondo, o el Catecismo en sus números 2464-2499 que animo a reflexionar de nuevo y muy seriamente.

Traigo el Inter Mirifica en su número 8: “Puesto que hoy día la opinión pública ejerce un poderosísimo influjo en la vida privada y pública de los ciudadanos de todos los sectores, es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia también en este campo; y así, con la ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública”. Y el Catecismo, en el número 2470: “El discípulo de Cristo acepta ‘vivir en la verdad’, es decir, en la simplicidad de una vida conforme al ejemplo del Señor y permaneciendo en su Verdad. ‘Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos conforme a la verdad’ (1 Jn 1, 6)”.

- La situación es dolorosa, parece ya casi ridículo pedir diálogo, escucha, humildad y sensatez, pero los seguidores de Jesús no tenemos otro camino, el del amor y el perdón, y así, de esta manera, tal como se está o lo estamos haciendo, no se construye nada de eso. Todos debemos hacer un examen de conciencia y ver qué nos está pidiendo el amor: ¿generar caminos de oración, paz y diálogo o aprovechar nuestro lugar para sentenciar y sentenciar, sin más? Y, por último, para amar, antes hay que conocer y mucha gente opina sin conocer, pero nunca podrá amar porque no ha hecho el esfuerzo de acercarse al otro, ni de sentarse con él.

Y ya acabando el artículo, me llega el mensaje del papa Francisco, para la I Jornada Mundial de los Pobres, el próximo 19 de noviembre, con el lema: “No amemos de palabra sino con obras”, y en el primer párrafo afirma: “el amor no admite excusas”. Realmente, basta de excusas, escarmientos y reproches, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine para sembrar paz y reconciliación ahora que se acerca Adviento y Navidad y este rencor en nuestros corazones desaparezca, porque si nosotros los de a pie nos reconciliamos, la política se verá abocada, tarde o temprano, a tomar otros derroteros.

Sor Gemma Morató i Sendra, Dominica de la Presentación.
Dra. en Humanidades, periodista, teóloga moral y maestra de educación especial.


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