La vida de este intrépido personaje es apasionante. Nacido en Sevilla en 1484, conoció de adolescente a un indio que Cristóbal Colón había regalado a su padre. De joven pasa a estudiar latín y leyes en Salamanca.
El 15 de abril de 1502, siguiendo los pasos de su padre que había participado en el segundo viaje de Colón, llega a la isla Española. Durante 1503 se dedicó a extraer oro, participando en la campaña de conquista del gobernador Nicolás de Ovando, y bajo las órdenes del capitán Diego Velázquez de Cuellar, recibió una encomienda.
Ordenado de sacerdote en Roma en 1507, vuelve a Las Indias, donde continúa en posesión de una encomienda. Él mismo confiesa que hizo trabajar duro a sus indios, siguiendo las condiciones de trabajo del lugar y tiempo, aunque no los maltrató ni los castigó abusivamente. En 1512 interviene en la conquista de Cuba como capellán del conquistador Diego Velázquez, recibiendo también una encomienda de indios.
Lo que él llama su “conversión” tuvo lugar el 15 de agosto del 1514. Pero ya en la fiesta de Pentecostés de este año, estaba decidido a dejar las encomiendas. Este cambio radical en su vida venía madurando desde las navidades de 1510, en que oyó predicar al dominico fray Pedro de Córdoba y a quien hizo de intérprete en una conversación que mantuvo en la villa de la Concepción con los indios del lugar. El sermón del también dominico fray Antón Montesino en el adviento del año siguiente fue el segundo aldabonazo en la conciencia del clérigo Bartolomé de Las Casas sobre la condición humana libre y sobre la vocación a la fe cristiana y a la santidad de los indios. La conversión de Las Casas con ese fondo luminoso de humanismo y cristianismo fue sincera y plena. Fue el defensor acérrimo de los indios.
Testigo directo de los acontecimientos que describe, medita sus consecuencias y su trascendencia, bajo el punto de vista humano y evangélico; los hace suyos, y decide consagrar su vida por entero, hasta el heroísmo, a resolverlos, atacando los vicios desde su raíz, urgiendo los remedios oportunos a las más altas esferas de los responsables. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Domingo, 3 de junio
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Asoc. Humanismo sin Credos
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