En las idas y venidas de cada día compartimos nuestra parte de mundo con gente de muchas clases, de orígenes diversos y cada uno vive su circunstancia especial, a nivel personal o familiar. La vida para unos se les muestra sonriente, feliz, otros en cambio viven su día a día cargados con preocupaciones por un presente incierto o por el dolor y el sufrimiento de una enfermedad.
Escuché una vez la expresión de que cada persona o cada familia vive como envuelta en “olas” distintas según cada momento. “Olas suaves” de gozo y de paz, etapas en las que el mar de la vida se presenta suave y trasparente, como acariciador. En otras etapas las “olas son encrespadas” por la presencia del sufrimiento moral o físico y el mar se vuelve oscuro, denso y sonoro.
Sea como fuere, con la pesada cruz del sufrimiento o con la suavidad de la tranquilidad, generalmente nos gustaría poder caminar siempre sobre estas olas, hallando a través de la oración la gracia para ir avanzando hacia el encuentro con el Señor. Y es Jesús quien invita, como lo hizo con San Pedro a caminar sobre las aguas si sabemos fiarnos de su presencia y de su promesa salvadora.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital