Cuando los israelitas salieron de su tierra iba Jacob en cabeza. Era un grupo pequeño. Emigraron hacia las tierras de Egipto porque el hambre los acuciaba. Al principio no tuvieron problema para instalarse en Egipto, hasta el faraón les ofreció las tierras de Gosen para que habitaran en la región y pastorearan sus rebaños. Fueron bienvenidos en tierra extraña. (Gen. 46-47).
Pero años más tarde aparecieron los problemas: Los israelitas habían crecido mucho, el faraón desconocía el por qué estaban allí aquellos extranjeros y fueron sometidos a dura esclavitud (Ex. 1).
Algo semejante pasó con los emigrantes que vinieron a nuestro país. Durante varios años fueron bienvenidos porque faltaba mano de obra; si lograban permiso de residencia cotizaban en la seguridad social y esto era muy bueno para las arcas de esta institución y para los españoles en general.
Hacían los trabajos que los del país no querían. Poco a poco se fueron situando. Los primeros venidos llamaron a otros que como ellos pasaban mucha necesidad en sus países de origen. De este modo los campos y las ciudades se llenaron de emigrantes que buscaban una mejor condición de vida.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital