Dejaron su tierra y sus familias para poder sostener a los suyos. Creo que serán muy pocos los que abandonan su país como aventureros, sino que se aventuran por necesidad.
Me estremece la situación de tantos extranjeros esperando salir de Libia. Algunos indocumentados, muchos olvidados de sus países, algunos que por razones étnicas no pueden volver a su tierra. Esperan hacinados en el desierto donde las noches suelen ser muy frías, con la incertidumbre encima y con miedo, otros esperan un barco que se los lleve si hay suerte. Seguramente que algunos conocieron los horrores de la guerra y otros sólo de oír esta palabra, se angustian. Aguantando hambre y sed porque ya no queda dinero en sus bolsillos. Su esperanza de lograr una situación mejor ha quedado truncada.
Este es el calvario de miles de extranjeros que buscaban un porvenir mejor. ¿Qué será de estos hombres y sus familias?
Que las naciones se compadezcan de estas gentes es la petición que alzo a Dios Padre. Sólo Él puede mover los corazones para que les presten una ayuda. Es la oración del salmista: “Alzo mi voz suplicante, de él me vendrá la ayuda, la ayuda me vendrá del Señor que hizo cielo y tierra”. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital