Mi vocación

Acabar el día

28.02.11 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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BIC015Al apagar la última luz de la casa, antes de acostarse, es bueno recorrer mentalmente el día terminado. Un día más en la vida y seguramente un día similar a los demás.

Casi siempre la jornada suele transcurrir entre luces y sombras, aciertos y desaciertos, palabras pronunciadas, silencios mantenidos, encuentros deseados, experiencias que quizás no han llenado nuestras expectativas, pero con sus limitaciones este ha sido el día vivido, el día lleno de posibilidades y que habremos aprovechado o no para hacer el bien y evitar el mal.

Para mañana nos queda continuar con lo bueno y procurar reparar los males, la experiencia de hoy debería ayudarnos a que ese mañana ya cercano fuera realmente mejor. El compromiso de cada uno con su propia vida es una invitación a ser hoy mejor que ayer.

Difícilmente alcanzaremos las metas propuestas, esta realidad no debe desanimarnos, al contrario, es bueno proponerse unas metas que pretendan mejorar nuestro día a día y cada día descubrir que no lo hemos alcanzado, así constatamos que el camino no ha terminado, mañana Dios nos ofrecerá una posibilidad nueva para ser mejores.
Acabar el día, apagar la última luz es ya una preparación para ese día de mañana que confiamos será mejor que el hoy terminado. Apagar la luz nos acerca ya a volver a encenderla para con la ayuda de Dios vivir otro amanecer y otra jornada más llena de su presencia, más llena de su Amor. Texto: Hna. Carmen Solé.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por saruce 28.02.11 | 20:31

    Algunos, en lugar de examen de conciencia, únicamente solemos dar gracias a Dios, antes de apagar la última luz.
    El amor es una predisposición de la naturaleza humana, pero no deja de ser una actitud espiritual.
    Y quien se pasa el día envuelto en el amor de Dios, de su familia, de su entorno, con sus pequeños pros y contras, imagino que de poco ha de arrepentirse.
    El mismo amor corregirá los pequeños flecos que se van dejando a nuestro paso, por habernos ido "enganchando con las astillas de algunos muebles sin pulimentar".
    Y el mañana podrá ser soleado, o nublado, o lluvioso, e incluso tormentoso, pero el alma estará alegre, serena y esperanzada en propagar el amor a Dios y los que nos rodean, de esa forma tan natural...
    Cualquier mañana, hermana Carmen, es siempre una invitación importante, y muy especialmente, para quienes hemos vivido muchos "ayeres".

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