Un sembrador salió a sembrar. Parte de la semilla cayó en el camino, otra en tierra llena de piedras, otra cayó entre espinas y otra por fin cayó en tierra buena. Es un sembrador generoso, no escatima la semilla, la esparce por doquier (Cfr. Mt 13, Mc 4, Lc 8).
Este sembrador no es otro que Dios Padre. No tiene porque dosificar su semilla porque ésta no se agota, su gracia es infinita. Los terrenos donde cae la semilla son distintos como distintos son los hombres. Hay tierra buena y tierra estéril que no produce. Tierra que tiene piedras y en ella difícilmente va a crecer la semilla, tierra muy fértil que produce hasta cien granos por semilla, otra tierra menos fértil que produce sesenta granos por uno y otra que produce treinta. Bien lo sabe el campesino que se esfuerza en abonar la tierra estéril, en sacar piedras del terreno pedregoso, en arrancar las malas hierbas.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
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