Jesús pide a sus oyentes que sean luz en Mateo 5, 14. Este pasaje, no en vano, va precedido de las bienaventuranzas.
Seremos luz en la medida que vivamos de su espíritu: Si somos pobres y desprendidos; si nos afligen o si nos afligimos por las desgracias que pueden sufrir los demás; si somos pacíficos y pacificadores; si deseamos ardientemente que la paz y la justicia reinen en nuestro mundo; si tenemos misericordia de tantos humanos que viven abandonados o tantos que viven hundidos en sus miserias; seremos luz si vamos con la verdad por delante, aún en detrimento nuestro; si además de ser pacíficos, trabajamos para que se establezca una auténtica paz en la sociedad y finalmente seremos luz si somos perseguidos por causa de nuestra fe. En este caso si nos mantenemos serenos y firmes en nuestro convencimiento, es posible que seamos luz para nuestros perseguidores.
Pero todo esto no podremos lograrlo sin la ayuda de Jesús que es el prototipo del cumplimiento de las bienaventuranzas. Él mismo se proclamó: “Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no camina en las tinieblas”. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Sábado, 2 de junio
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Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
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