Mi vocación

Lo pequeño

04.02.11 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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CorazónEl conjunto de la vida de cada persona se suele ir construyendo a base de cosas, actitudes, o gestos muy simples, que por su misma simplicidad a penas nos damos cuenta de cuánto significan y de todo aquello que nos aportan.

Los pequeños detalles suelen tener siempre mucho valor, facilitan la vida de cuantos se benefician de estos gestos llenos de atención y normalmente repletos de cariño. Encontrar en la casa, en la comunidad siempre las cosas listas y a punto, hechas sin que nadie se dé cuenta pero que comportan mucha atención es un gesto una dedicación que no solemos saber agradecer suficientemente.

En los evangelios se nos narran también muchos gestos de Jesús aparentemente sin valor pero que generan salvación. Aquella mujer que sólo deseaba tocar el vestido de Jesús para curarse, sólo un pequeño gesto pero lleno de confianza podría devolverle la salud. Aquella pobre viuda cuyo hijo llevan a enterrar, pero la presencia de Jesús al lado del difunto, devuelve la vida al hijo llorado. Y así muchos otros relatos están llenos de pequeños gestos de Jesús.

Creo que también los pequeños gestos que realizamos pueden ser capaces de generar aspectos de felicidad: una sonrisa dirigida hacia quien la está esperando, una palabra de bondad o de cariño, pueden mitigar facetas de dolor o de angustia. En cambio, un gesto de desprecio o una palabra hiriente pueden causar un profundo dolor en el alma.

Actuar en todo momento con el corazón lleno de bondad es un don de Dios. Es un don que debemos pedir y cultivar. Es un don que quienes pretenden seguir las enseñanzas de Jesús deben pedir sin cesar para intentar vivir sembrando bienestar, un bienestar que brota de un corazón dispuesto a ayudar y que se dirige con confianza a Dios. Texto: Hna. Carmen Solé.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por saruce 05.02.11 | 13:03

    Creo que aciertas en todo tu planteamiento, hermana Carmen.
    Las personas (no me gusta escribir sociedad, ni mundo, porque son conceptos demasiado grandes, imposibles de abarcar) necesitamos la amabilidad del momento, el gesto agradable, que nos muestren simpatía, o cuando menos, una ligera deferencia.
    Siempre he admirado vuestra vocación, es decir, ese amor que prodigáis a los más necesitados.
    Hacer sonreír a un bebé, es de lo más gratificante.
    Hacerlo con un adulto, con una persona anciana, que ya ni se acuerda de reír, es un milagro continuo.
    Vosotras sois especialistas en proporcionar esas pequeñas cosas que alegran la vida de los demás. Y me imagino que harán "sonreír" a Dios.
    ¡Que Él os bendiga, y siga dándoos fuerzas!.

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