El salmo 50 lo compuso David cuando el profeta Natán le recriminó su pecado con Betsabé mujer de Urias. (Cfr. II libro Samuel). David era un hombre con grandes cualidades y grandes debilidades. Su humildad le hace reconocer con sencillez sus errores. Por esta razón el Señor le amó y le perdonó su pecado.
La falta que cometió David la tuvo siempre ante sus ojos es el dolor de no haber estado a la altura del amor que Dios le ha demostrado en tantas ocasiones: Primero salvándolo de de la ira del rey Saúl, luego poniéndolo al mando del pueblo de Israel. Dios es justo en su castigo. Pero el amor de Dios más grande que nuestros pecados.
El salmista implora la misericordia del Señor, que sea Él quien lo lave de su iniquidad. “Ni que tus pecados sean rojos como la púrpura yo los purificaré y quedarán más blancos que la lana del batanero”, dice el profeta Isaías.
Sábado, 2 de junio
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