Entre los personajes que desfilan en los evangelios de Adviento, que nos preparan a la Navidad, hay uno que me parece muy relevante, San José. El evangelio de Mateo lo define como "un hombre bueno". “Bueno”, dice mucho pero no sé si encierra todas las virtudes de este santo varón. “Bueno” lo era porque no quiso denunciar a su prometida María, o quizás porque no se quiso interponer al plan de Dios, en el caso que su joven prometida le hubiera confiado el misterio que se realizaba en ella. Además de bueno, es el hombre que se fía completamente de Dios.
El Señor siempre le habla en sueños: “José hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María tu mujer”. Y José se despertó e hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. Es además el hombre obediente a la voluntad de Dios y la cumple a rajatabla.
Es el hombre humilde. No es protagonista en las escenas evangélicas; siempre queda en segundo plano pero su misión es primordial para el futuro humano de Jesús y de María. Con la aceptación de asumir la misión de padre, Jesús tiene una familia y María un esposo que vela por ella y por la familia, le procura el sustento y la protege en los momentos difíciles.
¡Qué desecho de virtudes y cuantos ejemplos nos da este Santo! Por algo es el patrón universal de la Iglesia y modelo de santidad para todos los creyentes. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Sábado, 2 de junio
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