Mi vocación

Vivir en esperanza

13.12.10 | 08:00. Archivado en Adviento
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El ahora, el hoy, es tan breve y limitado que debemos vivir en la esperanza del después, del mañana, aunque a veces, precisamente por su debilidad, nos aferramos a este ahora y lo revestimos de una importancia que no posee. La esperanza es una virtud, es un don de Dios que nos mantiene en una actitud de firmeza deseando ver llegar aquello que anhelamos. La esperanza es una actitud que estamos llamados a hacer crecer desde nuestro interior y somos responsables no sólo de mantenerla viva, sino de comunicarla a los demás con nuestra forma de vida, con nuestras expresiones y deseos.

arcoirisTodos vivimos en la esperanza de un mañana mejor, de un después que será distinto, más luminoso, en el cual las lamentaciones grandes o limitadas del hoy serán superadas. De ahí la importancia del después, de ese después que nunca poseemos, porque acaba convertido en hoy. Cuando el Señor nos concede la vida, la salud, para poder emprender un día nuevo, nos gusta imaginar que será por completo lleno de toda clase de bienes y el dolor o el mal habrán desaparecido, todo será nuevo, todo será hermoso. Después volveremos a la rutina, a repetir lo de cada día y acabamos dando gracias a Dios por haber podido volver a hacer aquello que ya hicimos ayer.

Adviento es tiempo de esperanza, de ilusión, nos corresponde saber cuidar esta esperanza de una vida nueva, para contemplar el nacimiento de un niño, el nacimiento del Niño-Dios, que nos llevará a no decaer, que con su gracia nos lleva a mantener levantada la cabeza para poder vislumbrar y vivir la llegada del Mesías, el Salvador de nuestro mundo, de nuestra persona. Texto: Hna. Carmen Solé.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por saruce 14.12.10 | 11:43

    Los cristianos somos personas vinculadas estrechamente con la esperanza.
    Reconocer esta vida terrenal como un camino para llegar a Dios, en lugar de una meta, en sí misma, nos produce una cierta agilidad espiritual.
    Hablas, hermana Carmen de "volver a la rutina", cuando la realidad nos manifiesta el día a día, tal como es, y no como podríamos haberlo soñado.
    Pero esa misma realidad puede llegar a ser hermosa y atractiva.
    Te miras de pie, ves que hablas con los demás, que puedes ayudarles, que sonríes y te sonríen, que te necesitan y los necesitas...
    Y después, Dios.
    No podemos hacer más que darle gracias.
    Esto ya es demasiado.

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