El año de gracia del Señor, fue ciertamente el año de su venida entre los hombres. Pero cada año puede ser y es un año de gracia para los hombres de buena voluntad.
Que en este año 2011, que iniciamos mañana, y en todos los acontecimientos que nos depare el mismo sepamos descubrir la gracia del Señor que nos visita, tanto en los momentos favorables como en los adversos, por aquello de que Dios escribe recto en líneas torcidas. Que sepamos como Sta. Teresa de Lisieux repetir en nuestro interior “Todo es gracia”.
Feliz y santo Año 2011 para todos y especialmente para los lectores de nuestro blog. Y que en las circunstancias duras, que seguro las habrá a lo largo del año, sepamos descubrir en ellas el amor de Dios, como hizo Sta. Teresita del Niño Jesús en su vida que no fue precisamente un camino de rosas. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
A veces al leer el libro del Eclesiastés cuando dice "vanidad de vanidades. Todo es vanidad" no prestamos demasiada atención y si se la prestamos lo encontramos fuera de lugar, expresión exagerada, pesimista, etc... Pero cuán bien nos haría saber enfrentar la vida siempre mirando al cielo, desprendidos de todo. Te das cuenta, como en los momentos más impensados, surgen contratiempos, momentos duros, inesperados, y aquello que decían los abuelos se hace realidad: "torres más altas han caído".
Que el Señor nos dé la fe, la fuerza, la perseverancia, para ser felices y disfrutar de todo, para sufrir con lo que hace sufrir pero nunca perder la paz del alma sabiendo que las cosas de este mundo pasan, y nuestra seguridad está más allá, en la esperanza que debemos hacer crecer cada día y con la seguridad de que Dios nunca nos abandona. Texto: Sor Gemma Morató.
Sí, de la misma forma que el Rey Herodes quería matar al Niño que los Magos iban a adorar, también hoy matan a los discípulos de Jesús.
Leo con dolor en Religión Digital, que en la isla de Jolo, en Filipinas, un atentado hiere a 11 personas durante la Misa de medianoche. En Nigeria un grupo islámico extremista mata al menos a 38 cristianos en diversos puntos del país de mayoría cristiana la noche de Nochebuena. En Irak este año por temor a las represalias los cristianos no han tenido Misa del Gallo.
Me entristece profundamente pensar que además de todos los sufrimientos que acarrean los iraquís, les sea privado a los cristianos acudir a la Misa de Medianoche para encontrar la fuerza para sostenerse en la dura prueba que están sufriendo. Pocas alegrías tienen que hasta se ven privados de este consuelo.
"Dichosa tu, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá"
(Lc 1, 45)
Entre los personajes que desfilan en los evangelios de Adviento, que nos preparan a la Navidad, hay uno que me parece muy relevante, San José. El evangelio de Mateo lo define como "un hombre bueno". “Bueno”, dice mucho pero no sé si encierra todas las virtudes de este santo varón. “Bueno” lo era porque no quiso denunciar a su prometida María, o quizás porque no se quiso interponer al plan de Dios, en el caso que su joven prometida le hubiera confiado el misterio que se realizaba en ella. Además de bueno, es el hombre que se fía completamente de Dios.
El Señor siempre le habla en sueños: “José hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María tu mujer”. Y José se despertó e hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. Es además el hombre obediente a la voluntad de Dios y la cumple a rajatabla.
Es el hombre humilde. No es protagonista en las escenas evangélicas; siempre queda en segundo plano pero su misión es primordial para el futuro humano de Jesús y de María. Con la aceptación de asumir la misión de padre, Jesús tiene una familia y María un esposo que vela por ella y por la familia, le procura el sustento y la protege en los momentos difíciles.
¡Qué desecho de virtudes y cuantos ejemplos nos da este Santo! Por algo es el patrón universal de la Iglesia y modelo de santidad para todos los creyentes. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Andamos ya por los días cercanos a la Navidad y parece que todas las cosas se tiñan de un color especial. Por las calles mucha gente camina más ajetreada de la habitual, los niños parecen más expresivos y ruidosos que de costumbre, cada uno quizás va pensando en la fiesta que ya está cerca, en los preparativos, recuerdos y deseos que estos días comportan.
Navidad se convierte para muchos en un tiempo de alegría, de deseo de compartir con los demás cuanto tienen y de buscar los medios para dar gusto convirtiendo en realidad aquellos buenos propósitos que a lo largo del año se nos han quedado como adormilados y sin llevar adelante. El tiempo de Navidad es un tiempo de ilusión, y para bastante gente se quedará en eso, en tiempo de soñar con una realidad inalcanzable, un sueño que brota del corazón y que desea extenderse a cuantos nos rodean, pero que no logra tener el sentido de plenitud que los cristianos podemos tener.
El Nacimiento del Hijo de Dios que celebramos es algo más que una ilusión, es una celebración que se convierte en el inicio del tiempo porque en medio del silencio Dios ha hablado a los hombres. Nos invita a procurar que nuestro corazón vibre con una actitud lo más acorde posible a lo que Dios espera de todos y cada uno.
La gloria del Señor envolvió de claridad a los pastores que se encontraban en la región. La luz es una palabra que viene con frecuencia en los textos del tiempo de Navidad:
“La vida era la luz de los hombres”. “Juan venía para dar testimonio de la luz”. “La Palabra era la luz verdadera”. “La luz resplandece en las tinieblas”. “Existía la luz verdadera que al venir al mundo ilumina a todos los hombres”. “La luz resplandece en la oscuridad y las tinieblas no la han podido ahogar”. (Prólogo del evangelio de San Juan. Día de Navidad).
“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló”. (Primera lectura Misa de medianoche).
“Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque ha nacido el Señor”. “Amanece la luz para el justo y la alegría para los rectos de corazón”. (Salmo 96, Misa de la aurora).
“Hoy brilla una nueva luz, la del Señor que nos ha nacido”. (Introito de Santa María Madre de Dios).
“El Señor te bendiga y proteja, haga ver la luz de su mirada”. (Números 6. Primera lectura solemnidad de Sta. María Madre de Dios).
“Que el Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros” (Salmo 66, solemnidad de Sta. María Madre de Dios).
“El Padre de la gloria os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón”, (Efe. 1. Segunda lectura del segundo domingo después de Navidad).
“¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz! Los pueblos caminarán a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora”. (Is. 60. Primera lectura del día de la Epifanía del Señor).
También en el relato de la adoración de los magos habla de la estrella. Una estrella es siempre luminosa. Por Navidad se adornan las calles y las casas con luces, que éstas sean un símbolo de la luz y esperanza que reine en nuestro corazón por la venida de Jesús el Redentor. “Sobre la noche reina la luz de tu esplendor; en medio del silencio del eco de tu voz”, canta uno de los himnos de Navidad. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
“La palabra “shalom” significa el estado esencial del ser humano, tal y como verdaderamente debe ser. Dios en el nacimiento de Jesús presenta de nuevo el ser humano tal como fue pensado por Dios” (Anselm Grüm).
Así que esta palabra encierra un significado que va mucho más allá de la ausencia de guerra. Es salvación, obra de Dios. El ser humano que posee “shalom” es el ser que vive en armonía.
Cuando los pastores oyen el anuncio de esta paz a los hombres de buena voluntad entra en ellos esta armonía, esta alegría que les hace ir con diligencia al portal y allí encuentran todo tal como les había anunciado el ángel. Encuentran al dador de la paz junto a José y María. Luego regresaran a sus rebaños dando gloria a Dios por lo que habían visto. Todos los que lo oían se quedaban admirados de lo que decían los pastores. Estos hombres de oficio humilde y despreciado fueron los privilegiados de contemplar el gran don de Dios a los hombres: El Hijo de Dios hecho hombre para traer la paz y el bien a la humanidad. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
El ahora, el hoy, es tan breve y limitado que debemos vivir en la esperanza del después, del mañana, aunque a veces, precisamente por su debilidad, nos aferramos a este ahora y lo revestimos de una importancia que no posee. La esperanza es una virtud, es un don de Dios que nos mantiene en una actitud de firmeza deseando ver llegar aquello que anhelamos. La esperanza es una actitud que estamos llamados a hacer crecer desde nuestro interior y somos responsables no sólo de mantenerla viva, sino de comunicarla a los demás con nuestra forma de vida, con nuestras expresiones y deseos.
Todos vivimos en la esperanza de un mañana mejor, de un después que será distinto, más luminoso, en el cual las lamentaciones grandes o limitadas del hoy serán superadas. De ahí la importancia del después, de ese después que nunca poseemos, porque acaba convertido en hoy. Cuando el Señor nos concede la vida, la salud, para poder emprender un día nuevo, nos gusta imaginar que será por completo lleno de toda clase de bienes y el dolor o el mal habrán desaparecido, todo será nuevo, todo será hermoso. Después volveremos a la rutina, a repetir lo de cada día y acabamos dando gracias a Dios por haber podido volver a hacer aquello que ya hicimos ayer.
Adviento es tiempo de esperanza, de ilusión, nos corresponde saber cuidar esta esperanza de una vida nueva, para contemplar el nacimiento de un niño, el nacimiento del Niño-Dios, que nos llevará a no decaer, que con su gracia nos lleva a mantener levantada la cabeza para poder vislumbrar y vivir la llegada del Mesías, el Salvador de nuestro mundo, de nuestra persona. Texto: Hna. Carmen Solé.
“Sí” o “no” son palabras muy cortas pero que encierran en sí una gran fuerza. Un “sí” o un “no” pueden cambiar el rumbo de la historia. Un sí a la paz, un no a la guerra, hubieran cambiado la vida de muchos pueblos. Un sí a la vida, a la solidaridad, a la misericordia siembra esperanza. Un sí al odio, a la venganza, al rencor, siembra desazón, temor, desconfianza.
Dag Hammarkjöld, secretario de las naciones Unidas desde 1953 a 1961, comentaba que para los místicos medievales la negación de sí había sido el camino de la autorrealización y en la simplicidad de espíritu y la profundidad del alma encontraban la fortaleza para decir sí.
El sí y el no luchan con frecuencia en el interior del ser humano.
No, fue la respuesta de Eva al plan de Dios Creador. No obedeció al precepto de respetar y dejar de comer del fruto del árbol del bien y del mal. Desde este momento el hombre lleva en su interior una fuerza contradictoria que lucha constantemente.
El 14 de octubre de 1653 la familia Poussepin acogía en su seno a su primogénita. El mismo día de su nacimiento la bautizaron con el nombre de "Marie". Y en su larga vida fue una buena imitadora de su patrona, como María estuvo siempre atenta a las necesidades de los demás. Al escribir los “Reglamentos para su Comunidad” aconseja a sus hermanas que procuren “aumentar de día en día la devoción a la Santísima Virgen y que la mejor manera de honrarla es imitar las virtudes que ella practicó en un grado eminente”.
Hoy que celebramos una gran fiesta mariana y queremos tener en comunidad un recuerdo especial a lo que nos dijo nuestra Madre Fundadora, pidamos por su intercesión, estar siempre dispuestas a ejercer la caridad. Marie Poussepin nos repite que “la caridad debe ser el alma de la comunidad”. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
El cólera está haciendo estragos en Haití. Esta terrible bacteria se extiende en contacto con el agua y casi siempre a través de residuos humanos. Las condiciones higiénicas de esta isla caribeña son desgraciadamente propicias para que la enfermedad se propague con rapidez.
Un país arrasado por el terremoto del 12 de enero de 2010, azotado por el huracán Tomas en este último mes de noviembre, sin un alcantarillado adecuado, la gente tiene que defecar al aire libre, la población vive hacinada y hay lluvias torrenciales con frecuencia y para colmo no hay acceso a agua limpia. Antes del terremoto sólo un 17% de la población disponía de agua potable. Ahora la situación ha empeorado mucho. Así que todas las condiciones para que esta enfermedad contagie a toda la población son inmejorables.
El miércoles de la primera semana de Adviento leímos el Evangelio de San Mateo (15,29-37) que nos narra que Jesús cura toda clase de enfermos: tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros. Luego tiene compasión de la gente que lo sigue porque hace tres días que no comen y no los quiere enviar a sus casas en ayunas porque tiene miedo que desfallezcan por el camino. Con los pocos panes y peces come toda la gente.
“En un momento dado el Señor vino en carne al mundo, del mismo modo, si desaparece cualquier obstáculo por nuestra parte, en cualquier hora y momento se halla dispuesto a venir de nuevo a nosotros, para habitar espiritualmente en nuestras almas con abundancia de gracias” (San Carlos Borromeo). Esta es la venida que puede acaecer en cualquier momento de nuestra vida, es el adviento constante del Señor Jesús.
La primera venida es la que esperaron con tanto ahínco los profetas en Antiguo testamento, el que esperó con gran reverencia María la madre de Jesús y más desde el momento en que se le anunció que ella era la escogida para ser la madre del Redentor. En los nueve meses en que el Hijo de Dios se iba tejiendo en sus entrañas, su espera reverente también debía crecer hasta que lo pudo estrechar en sus brazos llenos de ternura maternal. María es el modelo por excelencia del adviento.
Es hermoso el amanecer, se inicia el día y podemos contemplar cómo la luz del sol va dibujando cada uno de los elementos que conforman nuestro entorno, cada cosa va tomando poco a poco su color, su valor. En ciertos momentos del año, o en algunos lugares, el amanecer es tan hermoso que en ocasiones nos gustaría poder detener esta luz primera para que todo el día estuviera iluminado por ella.
El amanecer es el inicio de un día nuevo que el Señor nos ofrece, limpio aún de cualquier acontecimiento negativo que nos pueda ocurrir a lo largo de la jornada, y por eso también nos gustaría detener el tiempo. En ocasiones, si conociéramos por adelantado cuales van a ser los hechos del día, sus tintes, quizás preferiríamos quedarnos en el amanecer, sin que nada avanzase.
Pero la vida está constituida por una sucesión de amaneceres y atardeceres que nos enseñan cómo tantas cosas que habían parecido importantes pierden su valer al final de la jornada y tantas otras que ni habíamos soñado han dejado una marca profunda en nuestro espíritu. Gozar de un amanecer hermoso, tener el corazón dirigido a Dios que nos ama, nos brinda la fuerza, la gracia para caminar hacia el anochecer del día y de la vida. Saber dar gracias a Dios por cuanto vivimos, agradecer la compañía de quienes caminan con nosotros hace más hermoso cada día, y nos lleva al descanso de la noche con la esperanza de vivir mañana más plenamente. Texto: Hna. Carmen Solé.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
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