Cuando yo era joven, la familia era el ámbito más normal para crecer y vivir. Era tan normal que parecía el único ámbito donde una persona podía desarrollarse y crecer. Nacer y desarrollarse en una familia que nos apoya y nos sostiene es tener como un regalo, una facilidad para crecer, para aprender a tomar pequeñas o grandes decisiones adecuadas a cada edad y a cada momento y que van forjando la personalidad y el futuro de cada uno.
La familia nos apoya, corrige y alienta en los compromisos que se van tomando, nos ayuda a reconocer los riesgos que comporta cada decisión, nos sostiene ante las dificultades y problemas.
Actualmente el modelo de familia ha cambiado, ha dejado de ser estable como era y con ello se ha transformado todo, porque no sólo ha cambiado lo inmediato en la educación de cada miembro de la familia, sino que se han modificado los valores, y especialmente ha desaparecido todo cuanto hacía referencia a la estabilidad y al sacrificio necesario para lograr cada una de las metas propuestas.
De este modo los adolescentes no hallan el lugar donde se valoren y apoyen sus opciones, ni donde se los corrija en sus extremismos, ni donde se les ayude a lograr la estabilidad tan necesaria en esta etapa de la vida. No es de extrañar pues que para muchos los puntos de referencia se sitúen en ámbitos alejados no sólo de su propio ambiente, sino quizás de la misma realidad.
En este ambiente familiar desestabilizado, donde parece que se hayan perdido los valores más esenciales de toda vida humana, debemos también intentar hacer geminar el ámbito de la trascendencia, y predicar la Buena Nueva para que todos puedan redescubrir a Jesús Salvador de todo mal. Texto: Hna. Carmen Solé.
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Posiblemente, lo que ocurre en los tiempos actuales es que los jóvenes no desean, no están dispuestos a formar una familia.
Esta escasez de valores sociales, espirituales, y el propio "afán por no complicarse la vida", como dicen, no son el mejor caldo de cultivo para establecer una familia.
Es más fácil enamorarse y desenamorarse, vivir con unos o con otros, según le pete a uno, sin grandes "responsabilidades".
Pero, curiosamente, cuando sus dificultades les resultan insuperables, o ellos lo toman así, recurren a la familia tradicional, es decir, a sus padres, abuelos u otros familiares, en busca de ayuda.
"Lo religioso no está de moda", y por lo tanto, para estar en la ola hay que separarse de cuento huela a sacristía, para no ser calificado de "retro o carca" en la pandilla.
Pero lo normal es mirar al cielo, y pedir al Padre una miajita de ayuda.
Dios y el tiempo nos suelen ayudar a recapacitar por nuestros errores.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
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Francisco Baena Calvo
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