Muchas personas de nuestra sociedad viven, según parece, teniendo borrada de su vida cualquier referencia a Dios. Pero no por ello dejan de utilizar en muchas ocasiones un lenguaje marcado por expresiones de fe, sin saber qué dicen, desconociendo el sentido creyente de algunas expresiones, se utilizan sin demasiada preocupación por aquello que expresan.
Decimos, por ejemplo, “Adiós” sin que muchos recuerden que la expresión completa era “vaya con Dios”, o se repite sin pensar “Virgen santa”, desconociendo la referencia y la invocación a la Virgen María cuya protección se implora con esta expresión. Cuando llega, por ejemplo, la Navidad, se compran regalos, se celebran fiestas familiares, pero en nuestra ciudad pocos se acuerdan de cuál es el verdadero motivo de la fiesta, y otros intentan hacérnoslo olvidar. Y así nos pueden venir a la memoria muchos otros ejemplos.
Hace unos días un conocido que se reconoce completamente indiferente ante el tema religioso me comentó un texto breve que le había llegado a sus manos y que definió como un deseo que toda persona lleva en su interior. El texto decía: “Confío en lograr la luz necesaria para buscar la solución a mis problemas, la paz para hacerles frente y la fuerza para superarlos”.
Pensé cuan cerca están a veces de Dios aquellos que dicen desconocerlo, y que no buscan su presencia. Pensé que también los creyentes podemos dirigir esta oración a Dios esperando hallar en Él la luz y la gracia, para solucionar los problemas. Y sin duda, Dios mismo nos dará su paz y su fuerza para hacer frente a las adversidades. Texto: Hna. Carmen Solé.
Sábado, 2 de junio
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