La Sagrada Escritura cita con frecuencia la imagen del pastor y de las ovejas. El pastoreo fue en la antigua Palestina y aún hoy día, un oficio muy común, conocido por todos. Por ello los profetas, los salmistas y el mismo Jesús sacan con frecuencia la imagen del pastor y las ovejas.
Jesús en el capítulo 10 del evangelio de San Juan se presenta como el buen pastor: “Yo soy el buen pastor que da la vida por sus ovejas”. Pero no todos los pastores son buenos pastores. El profeta Ezequiel, en el capítulo 34, amenaza a los dirigentes de Israel porque ellos no actuaban como buenos pastores que cuidan de su rebaño con esmero: “¿No deben los pastores apacentar su rebaño? Vosotros os habéis tomado la leche, os habéis vestido con su lana, habéis sacrificado las ovejas más gordas, no habéis apacentado el rebaño. No habéis cuidado las enfermas, ni habéis tornado la descarriada, ni buscado la perdida.” Y es que las ovejas son animales que necesitan del pastor porque si se extravían no saben encontrar el redil, no pueden sin la ayuda del pastor encontrar pastos. Por esto el salmo 22 dice: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar”.
El pastor que está identificado con su rebaño, conoce sus ovejas y las llama por su nombre, no así el mercenario porque no tiene interés por las ovejas, le interesa sólo el salario que percibe.
San Agustín tiene un escrito sobre los Pastores, los encargados de conducir los fieles por el buen redil, en que reprocha a los malos pastores: “No habéis fortalecido a las ovejas débiles”. Son los pastores que buscan sus propios intereses y no los de Jesucristo, que se aprovechan de la leche y la lana de las ovejas, mientras no se preocupan de ellas ni piensan en fortalecer su mala salud”.
Al reflexionar sobre estos escritos de San Agustín me he dicho, que en realidad todos somos pastores, porque todos tenemos a nuestro lado personas que pueden necesitar de nuestra ayuda, de nuestro consejo, o que están a nuestro cuidado en sentido físico o espiritual. ¿Soy un buen pastor que conduzco a las ovejas a buenos pastos y a fuentes tranquilas? O, ¿me despreocupo de ellas mirando sólo de sacar provecho de las personas que están a mi lado o con las que tengo alguna relación? Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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Creo que habría que puntualizar algo, que me resulta muy importante, en todas esas lecturas del pastor y las ovejas.
La palabra de Dios, reflejada en la Biblia, habla de la visión o la actitud de Dios hacia los hombres, es decir, desde el amor y la misericordia infinitos, dirigida a seres humanos libres.
Por esa razón no podemos pensar en pastores (obispos, sacerdotes, religiosos...) que dirigen a sus ovejas como rebaños impersonales, a los que suministran el alimento, normalizando la forma en la que ha de ser ingerido, y hasta las vías por donde han de caminar.
Porque Jesús nos dijo que es el buen pastor, pero también que es el camino, la verdad y la vida.
Es preciso no confundir al buen pastor con el dictador que todos llevamos dentro.
Porque es más fácil exigir que educar.
Y ES QUE el amor se enseña con ejemplos, y no con normas estrictas.
Y menos aún con el cayado o azuzando a los perros para reconducir a los rezagados.
Sábado, 2 de junio
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