Si a lo que ya existe le añadimos un elemento nuevo, un ingrediente distinto, se modifica el valor o el gusto de lo que constituía el punto de partida. Ejemplos bien fáciles pueden venirnos a la imaginación: un guiso, por ejemplo, cambia completamente si le añadimos sal o azúcar. Pues lo mismo ocurre con las cosas de cada día.
Si a cualquier comentario, o cualquier noticia, les añadimos buen humor, una sonrisa, una palabra. Intentar añadirle este gramo agradable a cada cosa, hace que la vida resulta más fácil para todos. Hace unos días una persona mayor con un estado de salud débil que se halla en una situación de dependencia casi total decía: “estoy bien, no me falta nada, lo tengo todo”, luego tras un momento de silencio, pensativa añadió “pero me gustaría ver en la cara de quienes me cuidan más sonrisas”. Es cierto que cualquier cosa realizada o dicha con una sonrisa en los labios se convierte en algo mucho más fácil.
Seguramente muchos recordamos aquella canción de la película Mary Poppins: “con un poco de azúcar, la píldora que os dan…”. Le pido al Señor que nos conceda saber poner este poco de azúcar en la vida de los demás y que los demás lo pongan también en mi vida. Texto: Hna. Carmen Solé.
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Completamente de acuerdo contigo, hermana Carmen.
La sal o el azúcar de nuestras vidas, más o menos corrientes, son las actitudes y poses que adoptamos en cada momento.
Y los demás lo perciben al instante, sin tener que explicarlo con minuciosidad.
Una actitud abierta y desenfadada, es primordial para obtener la confianza, y hasta el acercamiento, de alguien desconocido con quien deseemos contactar.
Tengo una debilidad confesable. Me encanta escribir cuentos a los niños de la familia, o de los amigos, y en todas las dedicatorias les pido que hagan felices a sus mayores, sonriendo.
Yo no entendería jamás a un santo triste.
Imagino que Jesús de Nazaret tendría una sonrisa capaz de mover el mundo.
Pero ya que estamos en el tema, nada me conmueve más que la risa o la sonrisa franca de un viejo.
Dentro de poco, yo seré viejo, también, y tengo aprendido esa lección.
Espero no defraudar a quienes me traten.
Sábado, 2 de junio
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