Mi vocación

La felicidad es el camino

27.09.10 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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Camino

He recibido en estos días una reflexión de un amigo la cual me ha llevado a querer compartirla desde una postura sincera. Nos solemos convencer a nosotros mismos que la vida será mejor después de…, siempre vamos “rellenando” ese después y cada vez más necesitamos poder tener lleno ese espacio, pero lo cierto es que, sólo existe una felicidad que te lleva a olvidarte de todo lo demás y si buscamos en el lugar equivocado, volveremos al inicio. Nos pasa algo parecido a Sísifo con la dura subida de la roca.

Creemos que después de acabar unos estudios llegaremos al lugar soñado, pero a continuación seguimos llenando nuestra vida con diferentes cosas. Será después de encontrar un trabajo, de formar una familia, de tener la casa que siempre soñamos, de… ¡tantas cosas!.

Lo cierto es que no hay mejor momento para ser felices que ahora mismo, y sin duda, depende de nosotros, sino es ahora: ¿cuándo? La vida siempre estará llena de “después”, de retos; por ello es mejor hacer un guiño y sonreír en este preciso instante. No hay un después, ni un camino para la felicidad de la que tanto se habla y busca, pienso que esa felicidad es el camino y es ahora. Aunque, también creo que para que sea plena hemos de aprender a compartirla y a vivirla con los demás abriendo nuestros brazos convencidos de que podemos amar.

El apóstol San Pablo explica en pocas palabras lo que significó para él encontrarse con Cristo, su felicidad. Nos dice lo que aportó a su vida, lo que fue su experiencia:

“Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe, y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos. No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús”. Flp 3, 7b-13

Texto: Hna. Conchi García.


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