En muchos aspectos nuestro interés se halla dirigido hacia la consecución de una meta más o menos importante, más o menos trascendente, pero casi siempre nuestro día a día tiene un motivo, un fin al que deseamos llegar. Suele ocurrir que si la meta nos aparece con claridad, el camino para conseguirla a veces se nos desdibuja. Y es que casi siempre el camino tiene muy poco a ver con la meta deseada o soñada.
Y si esta sensación se repite a lo largo de la vida, en las épocas de juventud se da una mayor distancia entre la meta deseada y el camino generalmente arduo para lograrla. Si un joven desea ser arquitecto o historiador o veterinario por ejemplo, los años de estudio le resultan bastante alejados de cuanto pretende lograr, de aquello a lo que se quiere dedicar, de la vocación que sueña llevar adelante. Sólo quienes son capaces de no perder de vista su meta podrán aceptar las dificultades de su camino y sabrán mantener un buen nivel de ilusión y de esperanza sin caer en el desánimo o el abandono.
Pero en cualquier etapa de la vida, una sucesión de metas más o menos fáciles de conseguir van tejiendo el camino de cada persona, de modo que andamos caminando hacia el futuro sin poseer más realidad que el presente. Vivimos con el deseo de acercarnos a la meta y buscamos con ilusión encontrarla. No perder el ritmo, seguir con paso firme hasta alcanzar aquello que deseamos y que llena la vida de ilusión es un desafío constante para cada persona. Texto: Hna. Carmen Solé.
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Hermana Carmen, a veces es muy difícil saber optar por una meta, ya sea en la juventud o en la madurez.
Con alguna ligera discrepancia contigo, o con tu escrito, considero que lo importante en la vida es el camino, y no la meta, aunque ésta se halle bien dibujada en la mente.
Como creyente, creo que el regalo de la vida no es más que el señalamiento de un trayecto, durante un tiempo determinado.
La meta, las posibles metas finales las determina la fe en Dios, o cualquier otro tipo de creencias o fijación de objetivos.
Y ES QUE cada día, cada hora, cada instante, es un tramo de ese viaje vital que nos acerca a nuestra fecha de caducidad terrenal, y nos acerca "irremisiblemente" a Dios.
Que las metas no nos impidan olvidarnos del camino, con todos y cada uno de sus senderos, encrucijadas y rutas alternativas posibles.
Tener los pies en la tierra, para adorar al Dios del cielo.
Un abrazo.
Sábado, 2 de junio
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