El verano es también un tiempo propicio para contemplar las maravillas de Dios sobre la Tierra. Ver con ojos reposados el mar o contemplar las montañas y los campos puede llevarnos a reconocer a Dios presente en todo. Pero casi nadie nos tomamos la molestia de querer descubrir en las cosas de cada día la mano creadora y salvadora de Dios. Y es que el hacer de Dios en bien de los hombres suele ser siempre a partir de actuaciones no sobresalientes, nuestra vida es débil, somos, decimos a veces, bien poca cosa y Dios actúa en nuestra misma pequeñez.
Como un buen Padre nos protege, nos da su amor, y en su actuar no suele ser un salirse de lo ordinario. Prefiere que descubramos su amor, no por las grandes gestas sino por las obras repetidas, constantes y copiosas que llenan nuestra vida. El día a día de la mayoría de personas está repleto de “pequeños” milagros que ni tan siquiera solemos captar, por eso nuestro corazón al llegar al fin de la jornada, entona con dificultad la acción de gracias.
Pero Dios también hace grandes obras a favor de los hombres, obras que superan lo ordinario, Dios nos da ricas cosechas de pequeños granos, alimenta a muchos con pocos panes, pero siempre mueve el corazón de los hombres para hacer verdad el bien que desea ofrecernos. Dios hace crecer hierba en los montes y da su alimento a quienes le buscan con sinceridad. Texto: Hna. Carmen Solé. Foto: Hna. Gemma Morató.
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Hoy, a primeros de septiembre hemos paseado por la playa, cerca de nuestra casa.
No ha habido que esquivar sombrillas, ni bañistas, porque ya no están.
Han abandonado el ocio, el baño en el agua de mar, e incluso los paseos por la orilla.
Pero no penséis que existe paisaje de soledad.
El lugar de la multitud ansiosa de disfrutar de los baños, del sol, y hasta de las meriendas playeras, ha sido ocupado por las gaviotas, que se juntan orgullosas, en numero superior a los mil ejemplares, y que se pasean por el aire en grupos dirigidos por diferentes líderes, formando caprichosos dibujos en el cielo azul.
Es el milagro del día a día, de estación en estación, de año en año.
Son otros individuos, pero parecen los mismos.
Y los que quedamos para testimoniar estos hechos naturales y maravillosos, también cambiaremos, o seremos sustituidos por nuestros descendientes...
Pero Dios seguirá ahí.
Y seguirá pulsando el alma de sus criaturas.
Sábado, 2 de junio
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
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