Hacia los años setenta fui enviada a una obra de Protección Menores en Badalona. Allí me encontré con 40 niños y niñas de 3 a 12 años. Eran tiempos difíciles, para conseguir algo para estos niños se tenía que luchar mucho pero lo íbamos consiguiendo. Lo primero fue mejorar la alimentación, luego poner algunos parches en la casa, mejorar el personal docente, intentar elevar el nivel de las cuidadoras. En cada una de estas acciones se tenía que librar una batalla con los responsables.
El ambiente entre el personal, por cierto muy escaso, era muy cordial y de mucho compañerismo, de un gran interés por aquellas criaturas a las que la vida poco les había sonreído. Formábamos un buen equipo.
Pasé en esta obra unos años inolvidables. Se vivía intensamente todos los percances y reveses que acaecían a los niños acogidos en el hogar; una intentaba superar sus grandes vacíos con cariño y dando lo mejor de si. Se tenía que hacer de madre y padre ya que para educar hay que exigir y amar.
Una de las grandes luchas fue con los padres de los acogidos, pues ellos no querían que sus hijos siguieran estudios al terminar su estancia en el hogar. No podré olvidar jamás el altercado que formó una familia porque la hija quería ir a otro centro para continuar estudios. Su madre le dijo: “Escoge entre nosotros o estudiar, si quieres estudiar olvídate de nosotros”. La niña con lágrimas a los ojos respondió: “Estudiar”. Y con esta perspectiva dejamos la casa de sus padres. La muchachita a lágrima viva y yo con el corazón encogido sin encontrar palabras para consolarla. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Sábado, 2 de junio
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Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
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