
“Los ordenadores son inútiles.
Sólo sirven para dar respuestas”. (Picasso)
Lo que a alguien le llevaría una hora lo hace el ordenador en medio minuto, pero eso es porque otra persona se ha pasado varias horas enseñándole al ordenador lo que tenía que hacer. La respuesta que da una máquina no vale nada, porque ya antes la había dado otro. Si no, no estaría en la máquina.
La verdadera respuesta es la que brota de mí mismo, la que encuentro yo por mi cuenta, la que invento, la que imagino al menos que es respuesta, y lo es para mí porque yo la he hallado. No quiero preguntas fáciles ni atajos prestados. No quiero fórmulas de máquina ni andares de robot. No quiero máquinas. Quiero la libertad creativa de arriesgar mis respuestas. No quiero depender de la pantalla fría de dígitos iguales. No quiero preguntarle nada.
En un chiste alguien teclea en un ordenador el cortés ruego: “Díganos algo sobre usted mismo.” Y en la pantalla aparece la respuesta: “Pienso, luego existo.” ¡Qué más quería! Texto: Magua.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman