Estamos acostumbrados a tener seguridades, es decir, buscamos una certeza en la que apoyarnos, necesitamos una muleta que nos sirva de justificación. Después de mucho indagar, es posible que ni siquiera encontremos lo que salimos a escudriñar… Lo cierto es que solemos dar muchas vueltas antes de hallar la respuesta final. Creo que nuestra misma inseguridad hace que el camino llegue a ser más largo de recorrer.
La mayoría de veces, las cosas son más sencillas de lo que pensamos y tan sólo nos tenemos que dejar llevar del corazón. Sí, porque es el único que habla con sinceridad, es el que puede llenar nuestra vida de verdad y de amor, es aquel que jamás se cansa de decirnos que nos ama y que hemos de amar.
Hay una frase muy conocida de “El principito” que dice: “Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve con el corazón”. Hay cosas que no podemos controlar, que salen fuera del alcance, de nuestro gobierno. Aunque lo deseemos nunca podremos dominarlo todo, y se ve claramente en aquello que aún teniéndolo porque forma parte del ser humano, no podemos zarandearlo a nuestro querer. Todos sabemos lo que es la alegría, la tristeza, la soledad, el amor…, pero no podemos decidir sobre ello, sólo podemos proponernos ser y buscar la felicidad. Lo más importante en el hombre es: lo que es él mismo, lo que a simple vista no somos capaces de percibir. Aquello importante es lo que se lee con el lenguaje del corazón, en definitiva, del Amor.
La fuerza más grande que tiene el ser humano es precisamente ésta, el amor, por eso tengamos esta mirada para con los hermanos. Procuremos ir a lo esencial, y para ello nuestros ojos han de estar orientados hacia el corazón. Texto: Conchi García.
Domingo, 3 de junio
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Asoc. Humanismo sin Credos
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