“¡La misericordia se otorga, no se gana! Se concede a los mendigos: ¡no la compra la virtud!”, dice Morris West en una de sus novelas.
Por esto nuestra situación de seres limitados es la de ponernos ante el Señor con una actitud humilde, del pobre necesitado porque no tenemos mérito para alegar ante Él. Todo ser humano es una pobre criatura ante el Hacedor, no hay de que presumir. Todo lo recibido es pura gracia. ¿Por qué será que en muchas en circunstancias nos pensamos que somos alguien, que lo conseguido ha sido por nuestro esfuerzo? Claro sin olvidar el dicho popular: “A Dios rogando y con el mazo dando”. ¿Por qué nos imaginamos que somos superiores a los demás si es el Señor que nos lo ha concedido?
Además las cualidades que tenemos nos han sido dadas para ponerlas al servicio de los demás, nos dice San Pablo. Si esto lo tuviéramos bien presente en nuestro quehacer cotidiano nuestras relaciones serían más agradables, y la vida de aquellos que tienen menos cualidades más fácil. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman