Poder levantarse y echar a andar es para la mayoría un gesto simple, un acto que repetimos a lo largo del día sin ni pensar en ello, nos movemos físicamente para cumplir un trabajo, para llevar adelante un compromiso, para realizar un servicio a otra persona, o simplemente para gozar del hecho de poder caminar y movernos con independencia.
La movilidad es un regalo de Dios; no poder moverse limita la vida, el espacio parece que se reduce o que se agranda excesivamente y se convierte en una dificultad. Quienes padecen alguna forma de parálisis de cualquier categoría lo saben bien y saben también cuán dolorosa es para el cuerpo la inmovilidad.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman