María Magdalena cuando buscaba a Jesús desconsoladamente junto al sepulcro, se le apareció el Resucitado pero no lo reconoció, pensaba que era el hortelano. Sólo cuando Jesús la llama por su nombre: “María”, le reconoce y ella exclama “Rabbuni”. Encuentra al que buscaba, al que tanto amaba, a su Maestro.
¿Cómo debió percutir en su oído esta palabra? Ella conocía muy bien el tono de la voz de Jesús. El evangelio de Juan no lo narra pero podemos imaginarlo. Es la misma voz que desde la cruz dice: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”, que dice: “Mujer ahí tienes a tu hijo, y al discípulo que tanto amaba al Maestro: “Ahí tienes a tu madre”. Y antes de expirar exclama: “Padre en sus manos pongo mi espíritu”, palabras estas de un salmo que los israelitas rezaban al atardecer.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman