El otro día necesité un clip para poner orden a mis papeles. Pensé entonces en la cantidad de cosas pequeñas que son tan útiles en la vida diaria: un clip, un alfiler, un botón, una pinza para tender la ropa, a veces al lado de otros “instrumentos” pensados para facilitarnos la vida parecen pasar, por pequeños, inadvertidos. En ocasiones sin apreciarlos casi, solemos vivir rodeados de muchas cosas pequeñas que nos son sumamente útiles, habituales, fáciles de usar y en nuestra época fáciles también de tirar.
Y es que todo tiene su importancia, cada cosa presta su servicio, también las palabras. Una breve palabra dicha o callada en su momento oportuno puede ser el inicio de una etapa nueva en la vida. Un pequeño gesto puede expresar muchas emociones que nos invaden.
En nuestra existencia lo pequeño puede ser muy importante, y no podemos dejarlo perder. Lo pequeño es importante, marca una forma de ser y de existir centrada en lo habitual sin esperar las “grandes ocasiones” que quizás nunca llegaran.
En la oración ocurre también lo mismo. Una jaculatoria quizás repetida durante parte del día, una expresión de alabanza a Dios dicha más de una vez a lo largo de la jornada es capaz de mantener nuestro espíritu centrado en lo que es realmente importante. Si no logramos conseguir el espacio de tiempo para dedicarlo exclusivamente al Señor, dediquémosle esas breves palabras que son fruto de un corazón que quiere estar centrado en Dios. Texto: Hna. Carmen Solé.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman