Mi vocación

Los nuevos cirineos

29.03.10 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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Vamos teniendo noticias de Haití y del trabajo que nuestras hermanas realizan después del trágico terremoto. En la Plaine, un barrio de Puerto Príncipe, que no sufrió tantos desastres como el centro de la ciudad, había un centro de formación para jóvenes. Ahora este edificio se ha rehabilitado para hospital provisional y dispensario. Allí un equipo de médicos, enfermeras, entre las que se encuentran nuestras hermanas, y psicólogos, operan y atienden numerosos pacientes que acuden cada día.

Otra hermana continúa su trabajo en el hospital de niños enfermos de sida que quedó en pie. Ahí también se hace tratamiento psicológico. Una de las dos escuelas en que trabajaban nuestras hermanas y que no se derrumbó, los niños van más que para seguir el curso escolar, para hacer terapia de grupo. Los niños tienen mucho miedo de entrar en edificios. Hay que hacerles recuperar la confianza y sacarles los traumas que llevan dentro. Es un trabajo lento; poco a poco se van recuperando.

En medio de todos los problemas con que se topan diariamente, hay también escenas conmovedoras, llenas de gratitud y alegría. Contamos una:
Desde Barcelona estábamos preparando un cargamento de medicamentos, especialmente antibióticos, y material sanitario que pensábamos mandar a Republica Dominicana y desde allí las hermanas que tienen misiones en éste país, lo llevarían a Puerto Príncipe porque el aeropuerto es muy pequeño y está bloqueado por la ayuda humanitaria que llega de Estados Unidos y por los vuelos que llegan con personalidades.

Y he aquí que un señor se ofreció a una de nuestras hermanas que trabaja en un hospital de Barcelona, para ir a llevar todo el cargamento personalmente a las hermanas de Haití. Él sabía como tenía que actuar para llegar hasta Puerto Príncipe. A la hermana en cuestión le pareció estar ante un ángel de la guarda.

El Señor ya ha regresado de la Isla Española. Encontró a nuestras hermanas, les entregó todo lo que le habíamos confiado y además un saco de arroz y otro de harina de trigo de 90 Kilos. Imaginemos la alegría que tuvieron el personal médico y sanitario ante semejante regalo: Medicamentos y comida que hace buena falta a tanta gente que aguanta hambre. El señor encantado y admirado de ver el trabajo que se realiza en este improvisado hospital.

En Haití queda muchísimo por hacer. Todavía no funcionan ni bancos, ni gestorias, ni bufetes de abogados, ni notarías y un sin fin de nis. La gente que ha quedado sin casa vive en tiendas de campaña los más afortunados y el resto en toldos improvisados. Imaginemos lo que esto significa en tiempo de lluvia. La ayuda humanitaria difícilmente llega a los lugares apartados. No hay vuelos regulares lo que entorpece mucho la ayuda de los voluntarios, éstos tienen que llegar a Santo Domingo y hacer el resto del recorrido por carretera. Esto encarece los viajes y pérdida de tiempo.

Gracias a todos los que habéis contribuido con vuestros donativos a aligerar la cruz que pesa desmesuradamente sobre los hombros de los haitianos. Sois los nuevos cirineos que camináis junto a Jesús. Confiamos que habrán muchos más porque Haití lo necesita. Texto: Hna. María Nuria Gaza.

Para ayudas:
Dominicas de la Presentación.
Entidad bancaria: “La Caixa”.
Nº de cuenta: 2100 0832 62 0101192037. Barcelona.


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