Mi vocación

El silencio de la soledad

19.03.10 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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Tenemos momentos de todo, vivimos envueltos en un mundo donde la comunicación es la orden del día, ¡es imprescindible!, buscamos con quién hablar, nos encontrarnos para tomar algo, escuchamos música para relajarnos, trabajar… o simplemente para que nos acompañe y así, no sentirnos solos.

Es una gran suerte contar con todo ello, pero también, cuando lo decidimos, somos capaces de buscar momentos de encuentro con nosotros, del silencio que nos hace bien porque ya nos saturan otras muchas cosas. La soledad en sí, no es mala, es más, cuando buscamos este silencio también estamos buscando la soledad, aquella que nos hace completos porque nos da la oportunidad de ser nosotros mismos. Es un tiempo de regalo, de gracia, porque no siempre tenemos la valentía de proponérnoslo y dejar de lado el ruido de la vida diaria.

Por otra parte, pongo un acento en todas aquellas personas que sin buscar... se encuentran, forzosamente, con el silencio de la soledad. Con aquella que los deja a un lado sin la oportunidad de cambiarla. Pienso concretamente en una persona, un interno de la prisión que halló la libertad esta semana y que experimentó la impotencia que se siente al no poder compartir lo que sentía. Al salir del centro penitenciario, aproximadamente las diez de la noche, miró a la izquierda, a la derecha y… ¿dónde ir?.

A veces tenemos la necesidad de contar con alguien, de poder expresar lo que llevamos en el corazón y en el “alma”. Todos deseamos ser escuchados, consolados, amados, nadie puede decir lo contrario. Por eso, cada momento es único, hemos de saber aprovecharlo y vivirlo a fondo. Nuestro reto es: ser personas de paz y de escucha desinteresada. Que encuentren en nosotros el espacio para reír y llorar si así fuese necesario. Aunque siempre tendremos la seguridad de Aquel que jamás nos falla, y en situaciones de soledad nos habla, si sabemos escucharle, para decirnos como en el profeta Isaías:“…aunque los montes se debiliten y las colinas se derrumben, mi misericordia no se apartará de ti. Mi pacto de paz será inconmovible…”. Texto: Hna. Conchi García.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por antonio juan villareyes 25.03.10 | 16:58

    el silencio nos ayuda a conocernos a nosotros mismos yo propongo a todo el que quiera probarlo i es gratis, de vez en cuando aislarnos en una habitacion sin ruido exterior i escucharnos a nosotros mismos, nos sorprenderemos haz la prueba

  • Comentario por saruce 20.03.10 | 15:03

    Creo, hermana Conchi, que hemos sido educados, quizás mal formados, en despreciar o huir de la soledad.
    ¡Cuánto bien nos hace detenernos en mitad del camino, para escucharnos a nosotros mismos!.
    Y después, nos sentimos reconfortados, porque hemos llegado a simpatizar con ese ser desconocido que todos llevamos dentro.
    Cuando nos dirigimos a Dios, esa soledad es fundamental, a veces:
    "Hagamos aquí una tienda ... para que nadie nos moleste".
    Pero la soledad que duele, es la que nos crean los demás, y que no podemos o no sabemos asumir.
    En este último caso, hay que buscar un consuelo espiritual. Y sin fe en Dios, la cosa está "chunga".
    Un abrazo.

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