San Pablo comenta en la segunda carta a los corintios que nuestra fuerza ante las dificultades, no estriba en nosotros sino que la recibimos de Dios. En el bautismo hemos recibido la gracia pero esta gracia la llevamos en vasijas de barro que fácilmente se pueden romper (Cfr. 2Co. 4,7) Esto nos lleva a no presumir de nuestras propias fuerzas sino en confiar que el Señor nos dará la capacidad de guardar el don recibido sin mérito alguno por nuestra parte.
En la misma carta a los corintios el Apóstol de las gentes explica como había pedido a Dios alejara de él, el aguijón que en su carne le abofeteaba, pero recibió de Dios esta respuesta: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza” (2Co. 13,9). Y esto es lo que hace exclamar a Pablo: “Cuando soy débil es cuando soy fuerte”.
Jueves, 16 de febrero
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