Mi vocación

Jesús no tiene otros brazos

10.03.10 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Jesús pasó por el mundo haciendo el bien. Cuando ascendió a los cielos, dejó a los apóstoles y a todos aquellos que creerían en él de continuar su labor en este mundo. Jesús ya no interviene directamente para enseñar, sanar, consolar y aliviar a los necesitados. Esta misión nos la ha confiado a cada uno de los que creemos en él.

Así que Jesús no tiene otros brazos que los tuyos y los míos para socorrer a los que están faltos de ayuda. Y ciertamente en el mundo hay muchos que prestan sus brazos para hacer acciones misericordiosas entre los pobres y afligidos. Pienso en tantos científicos que buscan en el estudio la forma de atacar enfermedades, en no cuantos médicos entregados a su labor de sanar, en un ingente número de maestros dados a su labor educativa para el progreso de los pueblos, en todos los voluntarios, bomberos, y de muchas profesiones dados a salvar vidas ante los desastres naturales como los últimos ocurridos en Haití y Chile. En los que saben compartir sus bienes con aquellos que lo han perdido todo.

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