Jesús pasó por el mundo haciendo el bien. Cuando ascendió a los cielos, dejó a los apóstoles y a todos aquellos que creerían en él de continuar su labor en este mundo. Jesús ya no interviene directamente para enseñar, sanar, consolar y aliviar a los necesitados. Esta misión nos la ha confiado a cada uno de los que creemos en él.
Así que Jesús no tiene otros brazos que los tuyos y los míos para socorrer a los que están faltos de ayuda. Y ciertamente en el mundo hay muchos que prestan sus brazos para hacer acciones misericordiosas entre los pobres y afligidos. Pienso en tantos científicos que buscan en el estudio la forma de atacar enfermedades, en no cuantos médicos entregados a su labor de sanar, en un ingente número de maestros dados a su labor educativa para el progreso de los pueblos, en todos los voluntarios, bomberos, y de muchas profesiones dados a salvar vidas ante los desastres naturales como los últimos ocurridos en Haití y Chile. En los que saben compartir sus bienes con aquellos que lo han perdido todo.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Baena Calvo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya