Hay etapas de la vida en que parece que nuestros días transcurren en un ambiente casi de monotonía, roto solamente por los leves acontecimientos cambiantes que el día a día lleva consigo siendo siempre distintos los días son a veces muy iguales. Pero de repente ocurre algún hecho o tiene lugar algún encuentro inesperado que nos proporcionan un punto de vista distinto, un cambio, una luz nueva que quizás cuando somos capaces de meditarlo nos conduce a modificaciones que pueden afectar nuestra vida o nuestra visión de algunos aspectos de la misma.
Un hecho inesperado puede ser el punto de arranque de algo que quizás resulte importante o decisivo o quizás no quede de este hecho más que un recuerdo fugaz o lejano. Sin embargo, en ciertos momentos, quizás cuando menos lo imaginamos vuelve a resurgir aquello que fue tan efímero, pero que en el fondo fue importante porque modificó en un momento nuestro presente y aun sin llegar a tener conciencia de ello fue el punto de arranque para un porvenir distinto.
Y es que cualquier hecho o encuentro que Dios pone en nuestro camino suele ser para algo y por algo. A veces puede faltarnos la lucidez para descubrir su sentido más profundo a todo cuanto nos ocurre, un sentido que si lo llenamos de su verdadero significado puede ser una gracia, un regalo de Dios, o podemos dejarlo simplemente en algo sin sustancia que se borra y desaparece de nuestro quehacer diario. Texto: Hna. Carmen Solé.
Viernes, 17 de febrero
Francisco Baena Calvo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya