Hace unos días al oír en la iglesia el canto “cuando el pobre nada tiene y aún reparte, cuando un hombre pasa sed y agua nos da. Cuando el débil a su hermano fortalece, va Dios mismo el nuestro mismo caminar”, me vino a la memoria la acción de una señora, madre de 12 hijos, de un barrio humilde de Barcelona.
En el mismo bloque que vivía esta familia, vivía también un borrachín empedernido que tuvo que ser hospitalizado. Durante su ausencia, tuvo que ir sanidad a desinfectar su casa. De tal modo que cuando este hombre fue dado de alta no tenia colchón. El dinero era escaso en aquella época. Se pudo comprar una tela de colchón, ¿y la lana? Pues la vecina me dijo: Mire hermana, yo cojo un puñado de lana de cada colchón de los míos y ya tenemos colchón para él. Otras vecinas trajeron una, una sábana, otra una manta y así el hombre al llegar a su casa encontró una cama bien preparada.
Jueves, 16 de febrero
Francisco Baena Calvo
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