Amamos el sol que llena nuestra vida de color y de calor. A los que Dios nos ha concedido el don de la vista, nos es imposible comprender el mundo de aquellos que no ven. Nuestras expresiones más sencillas tienen muchas veces relación con esta vista que el Señor nos concede. Pensamos en la luz del sol, esa luz que nos guía cada día y que hace más fáciles nuestros pasos, que nos ayuda a no confundirnos, que orienta y dirige toda actividad, todo trabajo. Nos gusta la luz y no sabemos vivir sin ella.
El profeta Isaías en varios de sus capítulos habla también de la luz. En el capítulo 58, por ejemplo, nos dice que nuestra vida se llenará de luz si vivimos en justicia, si ayudamos a los demás, si no oprimimos al pobre, si queremos buscar caminos para liberar a los demás de sus males. Esta es la luz que la bondad de cada hombre produce sobre sí mismo y sobre los demás. Hacer de nuestra vida un inmenso deseo de ayudar a los demás es optar por la luz derivada de la justicia que genera la paz.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman