Nos llegan noticias directas desde Haití a cual más dura y cruda. Puerto Príncipe es como si lo hubieran rasado con una cuchilla. No se han salvado ni los barrios ricos ni los pobres. En todas partes la desolación, la tristeza y la muerte. Todavía hay muchos cadáveres entre las runas, el hedor es fuerte. Muchas de estas personas que yacen bajo los escombros quedarán sepultadas para siempre; es casi imposible recuperarlas. Es peligroso rescatar lo que se ha quedado dentro de las casas que no se han derrumbado por completo porque puedes quedar atrapado.
Una de las hermanas que llegó primero para ayudar se quedó impresionada cuando encontró a una de nuestras hermanas machacando un analgésico con una piedra para dárselo a un herido con un trago de agua y le comentó ante el asombro de ésta: “Por suerte tenemos agua potable, hay gente que bebe de los charcos. Los sueros, las gasas, las jeringas que pudimos rescatar del almacén del hospital se terminaron en un abrir y cerrar de ojos. Suerte que nos han dado más y así hacer algo por esta pobre gente que está sufriendo en el cuerpo y moralmente porque además de perder sus familiares, han perdido casa, y se han quedado con sólo lo puesto”.
Cuenta otra hermana que llegó al día siguiente del terremoto a Puerto Príncipe y que tiene horror a la sangre, que vio una hilera interminable de heridos que acudían a lo que era uno de los hospitales en el que trabajaban nuestras hermanas. Allí se encontraba una de las hermanas enfermeras que ante tamaña situación se quedaba inmóvil, como paralizada. Entonces la asustadiza la sacudía para que reaccionara. Los primeros días fueron inexplicables, no podrán olvidarlo nunca: El calor, el cansancio de trabajar sin parar, el llanto de las gentes, los gemidos de los heridos, la cantidad ingente de muertos tendidos por todas partes y la tierra que se movía a cada momento.“En ciertos momentos todas nos volvemos enfermeras”, comenta otra, "no se pueden dejar sin atención los heridos, nosotras hacemos de auxiliares de las hermanas enfermeras”.
Las hermanas están en el Barrio de la Pleine, duermen en un campo de fútbol con más de 500 personas por el miedo de que la casa que ha quedado insegura se venga abajo y también para vigilar la camioneta por temor a que se la roben, ya que los delincuentes de la cárcel de Cité Soleil, al venirse ésta al suelo, corren por la ciudad.
Las noches, en la oscuridad, se hacen largas por la inseguridad y el dormir en malas condiciones y los días cortos por tanto quehacer. El barrio donde se encuentra la Nunciatura sufrió graves desperfectos y el Nuncio duerme también en la calle. Un psiquiatra colombiano con trece años de experiencia en Médicos sin Fronteras, comenta: “Lo que ha pasado aquí es una desgracia que ha caído sobre la miseria”. Y continua: “Aquí en cuanto a salud mental, tendremos trabajo para muchos años. La única ventaja que tiene este pueblo es que tiene una gran capacidad de resistencia, lo que los faculta para soportar mejor el dolor”.
Una de las buenas noticias es que continúa a llegar personal cualificado para atender tanta desolación, los alimentos empiezan a llegar a los lugares apartados. Otra buena nueva es que los dos países de la isla Española que vivían de espaldas ahora se miran como hermanos. Dos hermanas Dominicas de la Presentación acaban de llegar de Puerto Rico en un avión militar. Muchas congregaciones mandan personal para que los equipos puedan relevarse y rehacer fuerzas. Los haitianos se organizan y colaboran eficazmente con los equipos de auxilio y rescate, así como en la distribución de alimentos en lugares de difícil acceso donde todavía no había llegado la ayuda.
Oremos para que el Señor sostenga al pueblo haitiano, a los socorristas y también para que mueva los corazones de quienes tienen dinero para que compartan sus bienes con los que lo han perdido todo. Recordemos que hace más feliz dar que recibir. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Para ayudas: Dominicas de la Presentación.
Entidad bancaria: “La Caixa”.
Nº de cuenta:
2100 0832 62 0101192037. Barcelona
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman