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Haití, un largo via crucis

12.02.10 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida

Nos llegan noticias directas desde Haití a cual más dura y cruda. Puerto Príncipe es como si lo hubieran rasado con una cuchilla. No se han salvado ni los barrios ricos ni los pobres. En todas partes la desolación, la tristeza y la muerte. Todavía hay muchos cadáveres entre las runas, el hedor es fuerte. Muchas de estas personas que yacen bajo los escombros quedarán sepultadas para siempre; es casi imposible recuperarlas. Es peligroso rescatar lo que se ha quedado dentro de las casas que no se han derrumbado por completo porque puedes quedar atrapado.

Una de las hermanas que llegó primero para ayudar se quedó impresionada cuando encontró a una de nuestras hermanas machacando un analgésico con una piedra para dárselo a un herido con un trago de agua y le comentó ante el asombro de ésta: “Por suerte tenemos agua potable, hay gente que bebe de los charcos. Los sueros, las gasas, las jeringas que pudimos rescatar del almacén del hospital se terminaron en un abrir y cerrar de ojos. Suerte que nos han dado más y así hacer algo por esta pobre gente que está sufriendo en el cuerpo y moralmente porque además de perder sus familiares, han perdido casa, y se han quedado con sólo lo puesto”.

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