En las bodas de Caná, María, atenta al acontecer, se da cuenta de que falta vino y suplica a su Hijo que interceda por aquellos recién casados en apuros: “No tienen vino”. “Haced lo que Él os diga”. Estas dos cortas frases son suficientes para que Jesús haga su primer milagro.
En este cataclismo ocurrido en Haití, pidamos a María que estimule la ola de solidaridad en favor del pueblo haitiano.
Se necesitan muchos voluntarios para curar heridos y enfermos traumatizados por los hechos, para ocuparse de tantos niños en peligro de desaparición, para consolar y apoyar ancianos y muchas personas que han quedado solas.
Es necesaria la generosidad de todos para reconstruir este país. Dios no puede actuar sin nuestra participación. Jesús en el milagro de la multiplicación de los panes, quiso la colaboración de todos. ¿Cuantos panes y cuantos peces había en el descampado? Y por la amplitud de miras de los que tenían pan y unos pocos peces, comió todo el gentío.
De este mismo modo si todos compartimos, es decir “partir con”, este pueblo tan postrado por las desgracias naturales pero más por la avaricia de unos pocos, podrá levantarse de nuevo y mirar con esperanza el futuro. Es de desear que la comunidad internacional ayude a encontrar caminos de justicia para un pueblo que hace tantos años que vive aplastado bajo una injusticia tan desoladora. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
GRACIAS A TODOS LOS QUE YA HABÉIS COLABORADO CON VUESTRA GENEROSIDAD, las Hermanas de Haití, las que han ido para ayudar, y todas, lo agradecemos de corazón.
Para ayudas: Dominicas de la Presentación.
Entidad bancaria: “La Caixa”.
Nº de cuenta:
2100 0832 62 0101192037. Barcelona
Los comentarios para este post están cerrados.
Los vencedores no son aquellos que están siempre aferrados a sus bienes; ni los que pasan la vida rezando con las cuenteas secas el deber; son aquellos que aman porque viven, y vencen de veras porque de veras se dan; los que aceptan el dolor con toda su alma y con toda su alma separan el dolor, los que crean porque conocen el secreto de la única alegría , que es el secreto del desprendimiento. (TAGORE)
¡Bravo! Así es. Gracias
Voces airadas se oyen por todos lados, preguntando que dónde estaba Dios cuando ocurrió lo de Haití.
Y ¿dónde estaba Dios cuando Jesús, su hijo, moría en la cruz con gran sufrimiento?.
La respuesta es simple. Estaba con los de Haití, al igual que estaba junto a Jesús, dándole su amor.
Ese amor "incomprensible" de Dios, hace dudar a muchos.
Pero justificar la tibieza de corazón por no comprender los designios de Dios, es poco honrado.
Amar siempre, a pesar de lo que suceda, y confiar en Dios, es lo que aconseja la fe en Quien nos amó hasta el punto de darnos a su hijo.
Sábado, 18 de febrero
Guillermo Gazanini Espinoza
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos